25 septiembre, 2024

San Carlos de Sezze OFM, Jesús traspasó su corazón

 San Carlos de Sezze – Minutos De Amor

 

 ¡Oh! San Carlos de Sezze, vos sois, el hijo del Dios
de la vida y su amado santo, y, en el que, carne se
hacen las palabras de Aquél, que todo lo ve y juzga
cuando dice: “Al que se humilla, Dios lo enaltece”.
Y, así fue vuestra santa vida, una, llena de vejámenes,
humillaciones, y constantes pruebas, tantas que, Él
mismo se os apareció, para animaros y os dijo: “Animo,
que, éstas cosas no os van a impedir entrar en el
paraíso”. Y, vos, humilde como erais, sólo dijisteis:
“Señor, encendedme en amor a Vos”. Y, la repetisteis
tanto que, un día, en elevación plena de la Santa Hostia
un rayo de luz de la Sagrada Forma salió y en vuestro
corazón se posó. Y, desde el día aquél, vuestro amor
a Dios, inconmensurable fue, y que, en tres libros
nos dejasteis para la posteridad: uno autobiográfico,
otro sobre la oración y el último sobre la meditación,
donde plasmáis los secretos, de cómo, al cielo hay
que arribar y con total seguridad. Y, así, un día voló
vuestra alma al cielo, para coronada ser, con corona
de luz y eternidad, como premio a vuestro amor a Dios;
!Oh¡, San Carlos de Sezze, “humildad viva del Dios Vivo".

© 2024 by Luis Ernesto Chacón Delgado
________________________________


25 de Septiembre
San Carlos de Sezze
Franciscano
Año 1670

“Al que se humilla, Dios lo enaltece” (Lc. 14, 11).

Este humilde hermano franciscano escribió por orden expresa de sus superiores los recuerdos de hechos especiales que le sucedieron en su vida. Son los siguientes. Nació en 1620 en el pueblo italiano de Sezze. De familia pobre, cuando empezó a asistir a la escuela, un día por no dar una lección, el maestro le dio una paliza tan soberana que lo mandó a cama. Entonces los papás lo enviaron a trabajar en el campo y allá pensaba vivir para siempre.


Pero sucedió que un día una bandada de aves espantó a los bueyes que Carlos dirigía cuando estaba arando, y estos arremetieron contra él con gravísimo peligro de matarlo. Cuando sintió que iba a perecer en el accidente, prometió a Dios que si le salvaba la vida se haría religioso. Y milagrosamente quedó ileso, sin ninguna herida.

Entonces otro día al ver pasar por allí unos religiosos franciscanos les pidió que le ayudaran a entrar en su comunidad. Ellos lo invitaron a que fuera a Roma a hablar con el Padre Superior, y con su recomendación se fue allá con tres compañeros más.

El superior para probar si en verdad tenían virtud, los recibió muy ásperamente y les dijo que eran unos haraganes que sólo buscaban conseguirse el alimento gratuitamente, y los echó para afuera. Pero ellos se pusieron a comentar que su intención era buena y que deberían insistir. Y entraron por otra puerta del convento y volvieron a suplicar al superior que los recibiera. Este, haciéndose el bravo, les dijo que esa noche les permitía dormir allí como limosneros pero que al día siguiente tendrían que irse definitivamente. Los cuatro aceptaron esto con toda humildad, pero al día siguiente en vez de despacharlos les dijeron que ya habían pasado la prueba preparatoria y que quedaban admitidos como aspirantes.

En el noviciado el maestro lo mandó a que sembrara unos repollos, pero con la raíz hacia arriba. Él obedeció prontamente y los repollos retoñaron y crecieron. Después el superior del noviciado empezó a humillarlo y humillarlo. Él aguantaba todo con paciencia, pero al fin viendo que iba a estallar en ira, se fue donde el maestro de novicios a decirle que se volvía otra vez al mundo porque ya no resistía más. El sacerdote le agradeció que le hubiera confiado sus problemas y le arregló su situación y pudo seguir tranquilo hasta ser admitido como franciscano.

Ya religioso, un día entraron a la huerta del convento unos toros bravos que embestían sin compasión a todo fraile que se les presentara. El superior, para probar qué tan obediente era el hermano Carlos, le ordenó: “Vaya, amarre esos toros y sáquelos de aquí”. El se llevó un lazo, les echó la bendición a los feroces animales y todos se dejaron atar de los cachos y lo fueron siguiendo como si fueran mansos bueyes. La gente se quedó admirada ante semejante cambio tan repentino, y consideraron este prodigio como un premio a su obediencia.

Para que no se volviera orgulloso a causa de las cosas buenas que le sucedían, permitió Dios que le sucedieran también cosas muy desagradables. Lo pusieron de cocinero y los platos se le caían de la mano y se le rompían, y esto le ocasionaba tremendos regaños. Una noche dejó el fogón a medio apagar y se quemó la cocina y casi se incendia todo el convento. Entonces fue destituido de su cargo de cocinero y enviado a cultivar la huerta. A un religioso que le preguntaba por qué le sucedían hechos tan desagradables, le respondió: “Los permite Dios para que no me llene de orgullo y me mantenga siempre humilde”.

Después lo nombraron portero del convento y admitía a todo caminante pobre que pidiera hospedaje en las noches frías. Y repartía de limosna cuanto la gente traía. Al principio el superior del convento le aceptaba esto, pero después lo llamó y le dijo: “De hoy en adelante no admitiremos a hospedarse sino a unas poquísimas personas, y no repartiremos sino unas pocas limosnas, porque estamos dando demasiado”. Él obedeció, pero sucedió entonces que dejaron de llegar las cuantiosas ayudas que llevaban los bienhechores. El superior lo llamó para preguntarle: “¿Cuál será la causa por la que han disminuido tanto las ayudas que nos trae la gente?”

“La causa es muy sencilla –le respondió el hermano Carlos-. Es que dejamos de dar a los necesitados, y Dios dejó de darnos a nosotros. Porque con la medida con la que repartamos a los demás, con esa medida nos dará Dios a nosotros”. Desde ese día recibió permiso para recibir a cuanto huésped pobre llegara, y de repartir las limosnas que la gente llevaba, y Dios volvió a enviarles cuantiosas donativos.

Tuvo que hacer un viaje muy largo acompañado de un religioso y en plena selva se perdieron y no hallaban qué hacer. Se pusieron a rezar con toda fe y entonces apareció una bandada de aves que volaban despacio delante de ellos y los fueros guiando hasta lograr salir de tan tupida arboleda.

El director de su convento empezó a tratarlo con una dureza impresionante. Lo regañaba por todo y lo humillaba delante de los demás. Un día el hermano Carlos sintió un inmenso deseo de darle el golpe e insultarlo. Fue una tentación del demonio. Se dominó, se mordió los labios, y se quedó arrodillado delante del otro, como si fuera una estatua, y no le dijo ni le hizo nada. Era un acto heroico de paciencia.

¿Qué era lo que había sucedido? Que el Superior Provincial había enviado una carta muy fuerte al director diciéndole que le había escrito contándole faltas de él. Y éste al pasar por la celda de Carlos había visto varias veces que estaba escribiendo. Entonces se imaginó que era él quien lo estaba acusando. Su apatía llegó a tal grado que le hizo echar de ese convento y fue enviado a otra casa de la comunidad.

Al llegar a aquel convento el provincial, le dijo al tal superior que no era Carlos quien le había escrito. Y averiguaron qué era lo que este religioso escribía y vieron que era una serie de consejos para quienes deseaban orar mejor. El irritado director tuvo que ofrecerle excusas por su injusto trato y sus humillaciones. Pero con esto el sencillo hermano había crecido en santidad.

Las gentes le pedían que redactara algunas normas para orar mejor y crecer en santidad. El lo hizo así y permitió que le publicara el folleto. Esto le trajo terribles regaños y casi lo expulsan de la comunidad. El pobre hombre no sabía que para esas publicaciones se necesitan muchos permisos. Humillado se arrodilló ante un crucifijo para contarle sus angustias, y oyó que Nuestro Señor le decía: “Animo, que estas cosas no te van a impedir entrar en el paraíso”.

La petición más frecuente del hermano Carlos a Dios era esta: “Señor, enciéndeme en amor a Ti”. Y tanto la repitió que un día durante la elevación de la santa hostia en la Misa, sintió que un rayo de luz salía de la Sagrada Forma y llegaba a su corazón. Desde ese día su amor a Dios creció inmensamente.

Al fin los superiores se convencieron de que este sencillo religioso era un verdadero hombre de Dios y le permitieron escribir su autobiografía y publicar dos libros más, uno acerca de la oración y otro acerca de la meditación.

Gracias hermano Carlos porque nos dejaste estos bellos recuerdos de tu vida. Con razón el Papa Juan XXIII sentía tanta alegría al declararte santo en 1959, porque la vida tuya es un ejemplo de que aún en los oficios más humildes y en medio de humillaciones e incomprensiones podemos llegara un alto grado de santidad y ganarnos la gloria del cielo.


(http://www.ewtn.com/spanish/Saints/Carlos_de_Sezze.htm)

24 septiembre, 2024

Nuestra Señora de las Mercedes Patrona de las Fuerzas Armadas y Policía Nacional del Perú y Patrona de los Presos

 Fiesta de Nuestra Señora de la Merced

 

¡Oh!, Señora Nuestra de la Merced, Vos, sois
la tierna y amorosa Madre del Dios de la Vida,
María, y la misma que, os aparecisteis a San Pedro
Nolasco, para decirle que fundara una comunidad
religiosa y que ella, a pedido Vuestro, a socorrer
se dedicara a los cautivos en lejanos sitios,
y que vos, San Pedro, no tardasteis en realidad
hacer. Misericordia, ayuda y caridad significa
“merced”. Y, la “Vuestra”, tiempo mucho lleva,
a los prisioneros consolando y materialmente
ayudando. Y, Dios, jamás os ha abandonado pues,
mártires y santos, ayer hoy y mañana tiene.
Vuestros religiosos muchos cautivos rescataron
que presos estaban en poder de los sarracenos.
Desde entonces Señora Nuestra, vuestros Padres
Mercedarios difundieron con amor, la devoción
a Vos, y que, pronto se expandió por el mundo todo.
“Estuve preso y me ayudaste. Todo el bien que
le hiciste a los demás, aunque sea a los más
humildes, a Mí me lo hiciste”, dice Jesús, Dios
y Señor Nuestro. Santa Patrona de las Fuerzas
Armadas y Policía Nacional del Perú y Patrona
de los Presos, os recordamos con amor especial
pues Vos, sois la Madre del Dios de la Vida y que,
a vuestros amados mercedarios dejasteis como
prueba viva de Vuestro grande Amor, ¡Aleluya!
¡oh!, Nuestra Señora de las Mercedes, “Vivo Amor y Paz”.

© 2024 by Luis Ernesto Chacón Delgado
_____________________________________

24 de Septiembre
Nuestra Señora de las Mercedes
Patrona de las Fuerzas Armadas y
Policía Nacional del Perú y Patrona de los Presos

Una antigua tradición narra que en el año de 1218 la Sma. Virgen se le apareció a San Pedro Nolasco recomendándole que fundara una comunidad religiosa que se dedicara a socorrer a los que eran llevados cautivos a sitios lejanos.

San Pedro Nolasco, apoyado por el rey Jaime el Conquistador y aconsejado por San Raimundo de Peñafort, fundó la Orden religiosa de Nuestra Señora de la Merced o de las Mercedes. La palabra merced quiere decir: misericordia, ayuda, caridad.

Esta comunidad religiosa lleva muchos siglos ayudando a los prisioneros y ha tenido mártires y santos. Sus religiosos rescataron muchísimos cautivos que estaban presos en manos de los feroces sarracenos.

Desde el año 1259 los Padres Mercedarios empezaron a difundir la devoción a Nuestra Señora de la Merced (o de las Mercedes) la cual está muy extendida por el mundo.

Recordemos que a quienes ayudan a los presos les dirá Cristo en el día del Juicio: “Estuve preso y me ayudaste. Todo el bien que le hiciste a los demás, aunque sea a los más humildes, a Mí me lo hiciste”(Mat. 25, 40).

(http://www.ewtn.com/spanish/Saints/señora_de_las_mercedes.htm)

El Día de las Fuerzas Armadas del Perú fue instituido el 24 de septiembre de 1977, mediante la publicación del Decreto Supremo Nº 003-77- CCFF, con ocasión de la consagración de la Virgen de la Merced, Patrona de los Institutos Armados y Mariscala del Perú.

Las Fuerzas Armadas del Perú están compuestas por: El Ejército, la Marina de Guerra y la Fuerza Aérea.

Se considera a la Policia Nacional dentro de las Fuerzas Armadas, aunque se trata de un organismo distinto con una misión civil. Las Fuerzas armadas del Perú dependen del Ministerio de Defensa, mientras que la Policía Nacional del Perú, del Ministerio del Interior.

Las Fuerzas Armadas del Perú están encargadas de defender la soberanía del Estado y la seguridad de los peruanos. Planean, preparan y coordinan la dirección y conducción de las operaciones militares conjuntas de las Instituciones.

23 septiembre, 2024

San Pío de Pietrelcina, Patrono de los sufrientes y enfermos hospitalizados

 

 San Pío de Pietrelcina, ofreció su dolor por amor · Religión Católica ·  Diócesis de Málaga : Portal de la Iglesia Católica de Málaga

 

¡Oh! San Pío de Pietrelcina, vos, sois el hijo del Dios
de la Vida, Presbítero de la Orden de Hermanos Menores
Capuchinos y su amado santo. Vos, os dedicasteis a la
dirección espiritual de los fieles y a la reconciliación
de los penitentes. Además, volcasteis vuestra caridad
para con los pobres y desposeídos. Casi constamtemente
decíais: "Siempre humíllense amorosamente ante Dios
y ante los hombres. Porque Dios le habla a aquellos que
son verdaderamente humildes de corazón, y los enriquece
con grandes dones”. El Gargano sabe de vos, y mucho, pues
allí vivisteis desbrozando vuestro amor por el Dios de
la Vida y del Amor, en vuestros hermanos y fieles. Vos,
rebosabais santidad y mística a raudales. Erais en  
realidad un eximio taumaturgo, testimoniados por miles
de personas que durante décadas concurrieron ante vos,
a confesarse. Vuestras Misas, recordaban en forma vívida
el Sacrificio y Muerte de Nuestro Señor a través de vuestra
entrega intensa en cada Eucaristía. Dios a vos, vivo
instrumento de Él, os regaló el carisma de la bilocación,
y con ella, podíais estar presente en dos lugares al
mismo tiempo, a miles de kilómetros de distancia. Vos,
casi nunca abandonasteis San Giovanni Rotondo; pero,
os vieron curando almas y cuerpos en diversos lugares
del mundo y en distintas épocas. Teníais el don de ver
las almas y cuando los fieles se os confesaban con vos,
o decían sus pecados o vos, se los decíais, y a veces
con con gran dureza y enojo, pues teníais un fuerte
carácter, y era más, cuando se ofendía seriamente a Dios.
Vuestro don de sanación a través de vuestras manos,
Jesús curó a mucha gente, espiritual y físicamente.
Con vuestro don de la profecía, anticipasteis hechos que
luego se cumplieron al pie de la letra. Siempre vivisteis
rodeado de la Presencia de Jesús y María, los Santos
y los ángeles y de almas que buscaban vuestra oración,
para subir desde el Purgatorio al Cielo. Vuestra gracia
extraordinaria fueron vuestros estigmas, las cinco llagas
de Cristo. Estas llagas sangraron toda vuestra vida,
casi, una taza de té por día, hasta vuestra santa  muerte.
De vuestra sangre y cuerpo emanaban un aroma celestial,
a flores, que acariciaba a los asistentes de vuestras
Misas, y también a quienes se encontraban con vos, en otras
ciudades del mundo. Casi toda vuestra vida, vivisteis
sufriendo ataques del demonio, que se multiplicaron a
medida que las conversiones y la fe crecían a vuestro
alrededor. El mundo de hoy, niega lo sobrenatural, se
aferra a lo material y a todo lo que pueda ser explicado
a través de la razón y percibido por los sentidos. Pero,
Dios, prescinde de nuestra razón y de nuestros sentidos,
a la hora de someternos a las pruebas de nuestra fe. De
cuando en cuando nos prodiga con regalos del mundo
sobrenatural, a través del testimonio y el acceso a la
divinidad de los seres Celestiales. Vos, sois una puerta
abierta a Cristo, a María, a los ángeles y los santos.
Con vos, se caen por tierra todas explicaciones terrenas.
Hermanos míos, es hora de unir nuestra voluntad a la de
Dios, y ser su instrumento, a imitación de vos. No más
razón o lógica humana. Imitad, al santo del Gargano.
Marchemos procelosos al encuentro con el Dios eterno,
que nos mira desde lo alto y nos pide, por medio de Su
infinita Misericordia, entregarnos a Su Santa Voluntad.
¡Muerte a nuestro yo! Camino, verdad y vida: ¡Sólo Dios!.
¡Oh!, San Pío de Pietrelcina, "viva humildad y negación
de sí mismo", imitación viva del Dios de la Vida y del Amor".

© 2024 by Luis Ernesto Chacón Delgado
________________________________________

23 Septiembre
San Pío de Pietrelcina (Francisco Forgione)
Presbítero Capuchino
Un hombre de oración y sufrimiento

Martirologio Romano: San Pío de Pietrelcina (Francisco) Forgione, presbítero de la Orden de Hermanos Menores Capuchinos, que en el convento de San Giovanni Rotondo, en Apulia, se dedicó a la dirección espiritual de los fieles y a la reconciliación de los penitentes, mostrando una atención particular hacia los pobres y necesitados, terminando en este día su peregrinación terrena y configurándose con Cristo crucificado (1968).

“Siempre humíllense amorosamente ante Dios y ante los hombres. Porque Dios le habla a aquellos que son verdaderamente humildes de corazón, y los enriquece con grandes dones.” (San Giovanni Rotondo, Italia).

En un convento de la Hermandad de los Capuchinos, en la ladera del monte Gargano, vivió por muchísimos años el que probablemente fuera el Sacerdote Místico más destacado del siglo XX, a punto actualmente de ser declarado Santo por el Vaticano. El Padre Pío, nacido en Pietrelcina en 1887, fue un hombre rico en manifestaciones de su santidad. Enorme cantidad de milagros rodearon su vida, testimoniados por miles de personas que durante décadas concurrieron allí a confesarse. Sus Misas, a decir de los concurrentes, recordaban en forma vívida el Sacrificio y Muerte del Señor a través de la entrega con que el Padre Pío celebraba cada Eucaristía.

Es notable su carisma de bilocación: la capacidad de estar presente en dos lugares al mismo tiempo, a miles de kilómetros de distancia muchas veces. El Padre Pío raramente abandonó San Giovanni Rotondo; sin embargo se lo ha visto y testimoniado curando almas y cuerpos en diversos lugares del mundo en distintas épocas. También tenía el don de ver las almas: confesarse con el Padre Pío era desnudarse ante Dios, ya que él decía los pecados y relataba las conciencias a sus sorprendidos feligreses (a veces con gran dureza y enojo, ya que tenía un fuerte carácter, especialmente cuando se ofendía seriamente a Dios). Tenía también el don de la sanación (a través de sus manos Jesús curó a muchísima gente, tanto física como espiritualmente) y el don de la profecía (anticipó hechos que luego se cumplieron al pie de la letra).

Vivió rodeado de la Presencia de Jesús y María, pero también de Santos y Angeles, y de almas que buscaban su oración, para subir desde el Purgatorio al Cielo. Pero su gracia más grande radicó, sin duda alguna, en sus estigmas: en 1918 recibe las cinco Llagas de Cristo en sus manos, en sus pies y en su costado izquierdo. Estas llagas sangraron toda su vida, aproximadamente una taza de té por día, hasta su muerte ocurrida en 1968. Múltiples estudios médicos y científicos se realizaron sobre sus Estigmas, no encontrándose nunca explicación alguna a su presencia u origen.

Su sangre y cuerpo emanaban un aroma celestial, a flores diversas, que acariciaba no solo a los asistentes a sus Misas, sino también a quienes se encontraban con él en otras ciudades del mundo, a través de sus dones de bilocación. Vivió sufriendo ataques del demonio, tanto físicos como espirituales, que se multiplicaron a medida que las conversiones y la fe crecían a su alrededor.

En diciembre de 2001 el Vaticano emite el decreto que aprueba los milagros necesarios para canonizar a nuestro héroe, San Pío de Pietrelcina y fué canonizado el 16 de julio de 2002.

Vivimos en un mundo que niega lo sobrenatural, se aferra a lo material y a todo lo que pueda ser explicado a través de la razón, o percibido por los sentidos. Sin embargo, Dios prescinde de nuestra razón y de nuestros sentidos, a la hora de someternos a las pruebas de nuestra fe. De cuando en cuando nos prodiga con regalos del mundo sobrenatural, a través del testimonio y el acceso a la divinidad de los seres Celestiales. El Padre Pío es una puerta abierta a Cristo, a María, a los ángeles y los santos. Es también un testimonio de la pequeñez del ser humano y una invitación a creer y dejar de buscar explicación a los hechos de la Divina Providencia (la voluntad de Dios), sino simplemente a unir nuestra voluntad a la de Dios, y ser lisa y llanamente su instrumento, como el Padre Pío lo fue.

La vida entera del Padre Pío no puede ser explicada a través de la razón o la lógica humana. La fe y fuerza del Santo del Gargano dan por tierra con todas las escuelas filosóficas terrenales, dejando una sola salida a todo intento de crecimiento del hombre: el encuentro con el Dios eterno, el que nos mira desde lo alto y nos pide, por medio de Su infinita Misericordia, que nos entreguemos simplemente a Su Voluntad. La negación de nuestro yo (la muerte de nuestro ego), se constituye en la principal meta de nuestra evolución, porque SÓLO DIOS ES !

Debemos negarnos a nosotros mismos y vivir para y por Él. El Padre Pío vivió en la más absoluta humildad y negación de sí mismo, y miren los prodigios que Jesús hizo a través suyo!

Fuente:(www.reinadelcielo.org)

(http://www.es.catholic.net/santoraldehoy/)

21 septiembre, 2024

San Mateo Apóstol y Evangelista

 Santo del día 21 de septiembre: San Mateo. Santoral católico | ACI Prensa

 

 ¡Oh!, San Mateo Apóstol, vos, sois el hijo del Dios de la Vida,
discípulo de Cristo y su amado santo, y, el que, abandonando
la mundana vida os abrazasteis a su cruz, para jamás dejarla.
Ayer, de impuestos recaudador y por la gloria de Cristo Jesús,
Dios y Señor Nuestro, su increíble “evangelista” pues, vos,
los más vívidos pasajes de vuestra vida junto a Él, escribisteis:
Su vida, su pasión, su muerte y su gloriosa resurrección,
y que hoy, todo el orbe de la tierra sabe, medita y reflexiona
en este terrenal sueño en el que, nos quiere atrapar el mundo
con sus veleidades. Y vos, nos invitáis a estar aferrados
a Cristo y a la eternidad de la vida y a su grande Amor. Ayer,
“recaudador” de impuestos y hoy de almas. A vos, os conocen
en todo el mundo y todo por vuestro libro: “El evangelio
según San Mateo”, de sólo veintiocho capítulos y cincuenta
páginas que ha cautivado a predicadores y catequistas durante
más veinte siglos. El vívido Sermón de la Montaña, el Sermón
de las Parábolas, y el que Jesús dijo a sus apóstoles cuando
los envió a su primera predicación. Y, además nos narráis sus
milagros y describís de manera especial su Pasión, su Muerte
y su Resurrección gloriosa. Y, es verdad, quizás no haya
en el mundo otro evangelio, que haya convertido a más pecadores
y que haya entusiasmado a más personas que el vuestro. A vos,
os pintan teniendo al lado a un ángel en forma de hombre,
porque vuestro evangelio comienza haciendo la lista de
los antepasados de Jesús, como hombre, y narrando la aparición
de un ángel a San José. Hoy, corona vívida de luz lucís, como
premio a vuestra increíble y grande entrega de amor y fe. ¡Aleluya!
¡oh!, San Mateo, Apóstol, “viva obra y regalo del Dios Vivo”

© 2024 by Luis Ernesto Chacón Delgado
____________________________________

21 de septiembre
San Mateo
Apóstol y Evangelista

Martirologio Romano: Fiesta de san Mateo, apóstol y evangelista, llamado antes Leví, que al ser invitado por Jesús para seguirle, dejó su oficio de publicano o recaudador de impuestos y, elegido entre los apóstoles, escribió un evangelio en que se proclama principalmente que Jesucristo es hijo de David, hijo de Abrahán, dando plenitud al Antiguo Testamento.

Mateo significa: “regalo de Dios”. Se llamaba también Leví, y era hijo de Alfeo. Su oficio era el de recaudador de impuestos, un cargo muy odiado por los judíos, porque esos impuestos se recolectaban para una nación extranjera. Los publicanos o recaudadores de impuestos se enriquecían fácilmente. Y quizás a Mateo le atraía la idea de hacerse rico prontamente, pero una vez que se encontró con Jesucristo ya dejó para siempre su ambición de dinero y se dedicó por completo a buscar la salvación de las almas y el Reino de Dios.

Como ejercía su oficio en Cafarnaum, y en esa ciudad pasaba Jesús muchos días y obraba milagros maravillosos, ya seguramente Mateo lo había escuchado varias veces y le había impresionado el modo de ser y de hablar de este Maestro formidable. Y un día, estando él en su oficina de cobranzas, quizás pensando acerca de lo que debería hacer en el futuro, vio aparecer frente a él nada menos que al Divino Maestro el cual le hizo una propuesta totalmente inesperada: “Ven y sígueme”.

Mateo aceptó sin más la invitación de Jesús y renunciando a su empleo tan productivo, se fue con El, no ya a ganar dinero, sino almas. No ya a conseguir altos empleos en la tierra, sino un puesto de primera clase en el cielo. San Jerónimo dice que la llamada de Jesús a Mateo es una lección para que todos los pecadores del mundo sepan que, sea cual fuere la vida que han llevado hasta el momento, en cualquier día y en cualquier hora pueden dedicarse a servir a Cristo, y El los acepta con gusto.

Mateo dispuso despedirse de su vida de empleado público dando un gran almuerzo a todos sus amigos, y el invitado de honor era nada menos que Jesús. Y con Él, sus apóstoles. Y como allí se reunió la flor y nata de los pecadores y publicanos, los fariseos se escandalizaron horriblemente y llamaron a varios de los apóstoles para protestarles por semejante actuación de su jefe. “¿Cómo es que su maestro se atreve a comer con publicanos y pecadores?”

Jesús respondió a estas protestas de los fariseos con una noticia que a todos nos debe llenar de alegría: “No necesitan médico los que están sanos, sino los que están enfermos. Yo no he venido a buscar santos sino pecadores. Y a salvar lo que estaba perdido”. Probablemente mientras decía estas bellas palabras estaba pensando en varios de nosotros.

Desde entonces Mateo va siempre al lado de Jesús. Presencia sus milagros, oye sus sabios sermones y le colabora predicando y catequizando por los pueblos y organizando las multitudes cuando siguen ansiosas de oír al gran profeta de Nazaret. Jesús lo nombra como uno de sus 12 preferidos, a los cuales llamó apóstoles (o enviados, o embajadores) y en Pentecostés recibe el Espíritu Santo en forma de lenguas de fuego. Los judíos le dieron 39 azotes por predicar que Jesús sí había resucitado (y lo mismo hicieron con los otros apóstoles) y cuando estalló la terrible persecución contra los cristianos en Jerusalén, Mateo se fue al extranjero a evangelizar, y dicen que predicó en Etiopía y que allá murió martirizado.

En todo el mundo es conocido este santo, y lo será por siempre, a causa del maravilloso librito que él escribió: “El evangelio según San Mateo”. Este corto escrito de sólo 28 capítulos y 50 páginas, ha sido la delicia de predicadores y catequistas durante 20 siglos en todos los continentes. San Mateo en su evangelio (palabra que significa: “Buenas Noticias”) copia sermones muy famosos de Jesús, como por ej. El Sermón de la Montaña (el sermón más bello pronunciado en esta tierra), el sermón de las Parábolas, y el que les dijo a sus apóstoles cuando los iba mandar a su primera predicación. Narra milagros muy interesantes, y describe de manera impresionante la Pasión y Muerte de Jesús. Termina contando su resurrección gloriosa.

El fin del evangelio de San Mateo es probar que Jesucristo sí es el Mesías o Salvador anunciado por los profetas y por el Antiguo Testamento. Este evangelio fue escrito especialmente para los judíos que se convertían al cristianismo, y por eso fue redactado en el idioma de ellos, el arameo.

Quizás no haya en el mundo otro libro que haya convertido más pecadores y que haya entusiasmado a más personas por Jesucristo y su doctrina, que el evangelio según San Mateo. No dejemos de leerlo y meditarlo.

A cada uno de los 4 evangelistas se les representa por medio de uno de los 4 seres vivientes que, según el profeta, acompañan al Hijo del hombre (un león: el valor. El toro: la fuerza. El águila: los altos vuelos. Y el hombre: la inteligencia). A San Marcos se le representa con un león. A San Lucas con un toro (porque empieza su evangelio narrando el sacrifico de una res que estaban ofreciendo en el templo). A San Juan por medio del águila, porque este evangelio es el que más alto se ha elevado en sus pensamientos y escritos. Y a San Mateo lo pintan teniendo al lado a un ángel en forma de hombre, porque su evangelio comienza haciendo la lista de los antepasados de Jesús como hombre, y narrando la aparición de un ángel a San José.

Que San Mateo, gran evangelizador, le pida a Jesús que nos conceda un gran entusiasmo por leer, meditar y practicar siempre su santo evangelio.

Decía Jesús “Convertíos y creed en el evangelio” (Mc. 1, 15).

(http://www.es.catholic.net/santoral/articulo.php?id=533)

20 septiembre, 2024

San Andrés Kim y compañeros, mártires de Corea

 San Andrés Kim y compañeros mártires

 

 ¡Oh! Santos Andrés Kim Tae-Gon, Pablo Chong Ha-Sang
y Compañeros Mártires; vosotros, sois los hijos del Dios
de la Vida y sus amados santos porque, “fe viva”, disteis
de vuestro amor a Cristo Jesús, Dios y Señor Nuestro
tanto en la predicación, la celebración de los sacramentos
y la entrega de la vida misma. Obispos, presbíteros
y laicos, casados o no, ancianos, jóvenes y niños, unidos
todos en el suplicio consagrasteis con vuestra sangre
las primicias de la Iglesia en Corea. Y, todos vosotros,
verdaderos santos atletas de Cristo sois: tres obispos,
ocho presbíteros, y los restantes laicos, casados o no,
ancianos, jóvenes y niños, en el suplicio unidos, pues,
con vuestras vidas escribisteis todo el amor de la Santa
Iglesia en Corea, por la Iglesia de Cristo Jesús, Dios
y Señor Nuestro, al ser canonizados por Juan Pablo II,
Papa, hoy, también santo como todos vosotros, con causa
justa, para alegría y gloria del Dios Trinitario, quien os
pagó así, por vuestro increíble amor, martirio y entrega:
Santos Simeón Berneux, Antonio Daveluy, Lorenzo
Imbert, obispos; Justo Ranfer de Bretenières, Ludovico
Beaulieu, Pedro Enrique Dorie, Padro Maubant,
Jacobo Chastan, Pedro Aumaître, Martín Lucas
Huin, presbíteros; Juan Yi Yunil, Andrés Chong
Hwa-gyong, Esteban Min Kuk-ka, Pablo Ho Hyob,
Agustín Pak Chong-won, Pedro Hong Pyong-ju,
Pablo Hong Yong-ju, José Chang Chu-gi, Tomás
Son Cha-son, Lucas Hwang Sok-tu, Damián Nam
Myong-hyog, Francisco Ch’oe Kyong-hwan, Carlos
Hyon Song-mun, Lorenzo Han I-hyong, Pedro Nam
Kyong-mun, Agustín Yu Chin-gil, Pedro Yi Ho-yong,
Pedro Son Son-ji, Benedicta Hyon Kyongnyon,
Pedro Ch’oe Ch’ang-hub, catequistas; Agueda Yi,
María Yi In-dog, Bárbara Yi, María Won Kwi-im,
Teresa Kim Im-i, Columba Kim Hyo-im, Magdalena
Cho, Isabel Chong Chong-hye, vírgenes; Teresa Kim,
Bárbara Kim, Susana U Sur-im, Agueda Yi Kan-nan,
Magdalena Pak Pong-son, Perpetua Hong Kum-ju,
Catalina Yi, Cecilia Yu Sosa, Bárbara Cho Chung-i,
Magdalena Han Yong-i, viudas; Magdalena Son
So-byog, Agueda Yi Kyong-i, Agueda Kwon Chin-i,
Juan Yi Mun-u, Bárbara Ch’oe Yong-i, Pedro Yu
Chong-nyul, Juan Bautista Nam Chong-sam, Juan
Bautista Chon Chang-un, Pedro Ch’oe Hyong, Marcos
Chong Ui-bae, Alejo U Se-yong, Antonio Kim Song-u,
Protasio Chong Kuk-bo, Agustín Yi Kwang-hon,
Agueda Kim A-gi, Magdalena Kim O-bi, Bárbara Han
Agi, Ana Pak Ag-i, Agueda Yi So-sa, Lucía Pak Hui-sun,
Pedro Kwon Tu-gin, José Chang Song-jib, Magdalena
Yi Yong-hui, Teresa Yi Mae-im, Marta Kim Song-im,
Lucía Kim, Rosa Kim, Ana Kim Chang-gum, Juan Bautista
Yi Kwang-nyol, Juan Pak Hu-jae, María Pak Kuna- gi
Hui-sun, Bárbara Kwon-hui, Bárbara Yi Chong-hui,
María Yi Yon-hui, Inés Kim Hyo-ju, Catalina Chong
Ch’or-yom, José Im Ch’i-baeg, Sebastián Nam I-gwan,
Ignacio Kim Che-jun, Carlos Cho Shin-ch’ol, Julita Kim,
Águeda Chong Kyong-hyob, Magdalena Ho Kye-im,
Lucía Kim, Pedro Yu Taech’ol, Pedro Cho Hwa-so, Pedro
Yi Myong-so, Bartolomé Chong Mun-ho, José Pedro Han
Chae-kwon, Pedro Chong Won-ji, José Cho Yun-ho,
Bárbara Ko Sun-i y Magdalena Yi Yong-dog. ¡Oh! Santos
Andrés Tae-Gon, Pablo Chong Ha- Sang y Compañeros Mártires,
“vivo amor por el Dios de la Vida y del Amor ¡Aleluya!”.

© 2024 by Luis Ernesto Chacón Delgado
_____________________________________

20 de Septiembre
Santos Coreanos Andrés Kim Tae-Gon,
Pablo Chong Ha-Sang y
Compañeros Mártires

Martirologio Romano: Memoria de los santos Andrés Kim Taegön, presbítero, Pablo Chöng Hasang y compañeros, mártires en Corea. Se veneran este día en común en una celebración todos los ciento tres mártires que en aquel país, que testificaron intrépidamente la fe cristiana, introducida fervientemente por algunos laicos y después alimentada y reafirmada por la predicación y celebración de los sacramentos por medio de los misioneros. Todos estos atletas de Cristo —tres obispos, ocho presbíteros, y los restantes laicos, casados o no, ancianos, jóvenes y niños—, unidos en el suplicio, consagraron con su sangre preciosa las primicias de la Iglesia en Corea (1839-1867).

Fecha de canonización: Los 103 mártires fueron canonizados por S.S. Juan Pablo II el 6 de mayo de 1984, en Seúl, Corea.

Integran el grupo: santos Simeón Berneux, Antonio Daveluy, Lorenzo Imbert, obispos; Justo Ranfer de Bretenières, Ludovico Beaulieu, Pedro Enrique Dorie, Padro Maubant, Jacobo Chastan, Pedro Aumaître, Martín Lucas Huin, presbíteros; Juan Yi Yunil, Andrés Chong Hwa-gyong, Esteban Min Kuk-ka, Pablo Ho Hyob, Agustín Pak Chong-won, Pedro Hong Pyong-ju, Pablo Hong Yong-ju, José Chang Chu-gi, Tomás Son Cha-son, Lucas Hwang Sok-tu, Damián Nam Myong-hyog, Francisco Ch’oe Kyong-hwan, Carlos Hyon Song-mun, Lorenzo Han I-hyong, Pedro Nam Kyong-mun, Agustín Yu Chin-gil, Pedro Yi Ho-yong, Pedro Son Son-ji, Benedicta Hyon Kyongnyon, Pedro Ch’oe Ch’ang-hub, catequistas; Agueda Yi, María Yi In-dog, Bárbara Yi, María Won Kwi-im, Teresa Kim Im-i, Columba Kim Hyo-im, Magdalena Cho, Isabel Chong Chong-hye, vírgenes; Teresa Kim, Bárbara Kim, Susana U Sur-im, Agueda Yi Kan-nan, Magdalena Pak Pong-son, Perpetua Hong Kum-ju, Catalina Yi, Cecilia Yu Sosa, Bárbara Cho Chung-i, Magdalena Han Yong-i, viudas; Magdalena Son So-byog, Agueda Yi Kyong-i, Agueda Kwon Chin-i, Juan Yi Mun-u, Bárbara Ch’oe Yong-i, Pedro Yu Chong-nyul, Juan Bautista Nam Chong-sam, Juan Bautista Chon Chang-un, Pedro Ch’oe Hyong, Marcos Chong Ui-bae, Alejo U Se-yong, Antonio Kim Song-u, Protasio Chong Kuk-bo, Agustín Yi Kwang-hon, Agueda Kim A-gi, Magdalena Kim O-bi, Bárbara Han Agi, Ana Pak Ag-i, Agueda Yi So-sa, Lucía Pak Hui-sun, Pedro Kwon Tu-gin, José Chang Song-jib, Magdalena Yi Yong-hui, Teresa Yi Mae-im, Marta Kim Song-im, Lucía Kim, Rosa Kim, Ana Kim Chang-gum, Juan Bautista Yi Kwang-nyol, Juan Pak Hu-jae, María Pak Kuna- gi Hui-sun, Bárbara Kwon-hui, Bárbara Yi Chong-hui, María Yi Yon-hui, Inés Kim Hyo-ju, Catalina Chong Ch’or-yom, José Im Ch’i-baeg, Sebastián Nam I-gwan, Ignacio Kim Che-jun, Carlos Cho Shin-ch’ol, Julita Kim, Águeda Chong Kyong-hyob, Magdalena Ho Kye-im, Lucía Kim, Pedro Yu Taech’ol, Pedro Cho Hwa-so, Pedro Yi Myong-so, Bartolomé Chong Mun-ho, José Pedro Han Chae-kwon, Pedro Chong Won-ji, José Cho Yun-ho, Bárbara Ko Sun-i y Magdalena Yi Yong-dog.

Andrés Kim Tae-Gon, nació el 21 de agosto de 1821 en Solmoe (Corea). Sus padres eran Ignacio Kim Chejun y Ursula Ko. Era niño cuando la familia se trasladó a Kolbaemasil para huir de las persecuciones. Su padre murió mártir el 26 de septiembre de 1839. También su bisabuelo Pío Kim Chunhu había muerto mártir en el año 1814, después de diez años de prisión. Tenía quince años de edad cuando el padre Maubant lo invitó a ingresar al seminario. Fue enviado al seminario de Macao. Hacia el año 1843 intentó regresar a Corea con el obispo Ferréol, pero en la frontera fueron rechazados.

Se ordenó diácono en China en el año 1844. Volvió a Corea el 15 de enero de 1845. Por su seguridad sólo saludó unos cuantos catequistas; ni siquiera vio a su madre quien, pobre y sola, tenía que mendigar la comida. En una pequeña embarcación de madera guió, a los misioneros franceses hasta Shangai, a la que arribaron soportanto peligrosas tormentas.

En Shangai recibió la ordenación sacerdotal de manos de monseñor Ferréol el 17 de agosto de 1845, convirtiéndose en el primer sacerdote coreano. Hacia fines del mismo mes emprendió el regreso a Corea con el obispo y el padre Daveluy. Llegaron a la Isla Cheju y, en octubre del mismo año, arribaron a Kanggyong donde pudo ver a su madre.

El 5 de junio de 1846 fue arrestado en la isla Yonpyong mientras trataba con los pescadores la forma de llevar a Corea a los misioneros franceses que estaban en China. Inmediatamente fue enviado a la prisión central de Seúl. El rey y algunos de ministros no lo querían condenar por sus vastos conocimientos y dominar varios idiomas. Otros ministros insistieron en que se le aplicara la pena de muerte. Después de tres meses de cárcel fue decapitado en Saenamt´õ el 16 de septiembre de 1846, a la edad de veintiséis años.

Antes de morir dijo: ¡Ahora comienza la eternidad! y con serenidad y valentía se acercó al martirio.

Pablo Chong Ha-Sang nació en el año 1795 en Mahyon (Corea) siendo miembro de una noble familia tradicional. Después del martirio de su padre, Agustín Chong Yakjong, y de su hermano mayor Carlos, ocurridos en el año 1801, la familia sufrió mucho. Pablo tenía siete años. Su madre, Cecilia Yu So-sa, vio cómo confiscaban sus bienes y les dejaban en extrema pobreza. Se educó bajo los cuidados de su devota madre.

A los veinte años dejó su familia para reorganizar la iglesia católica en Seúl y pensó en traer misioneros. En el año 1816 viajó a Pekín para solicitar al obispo algunos misioneros; se le concedió uno que falleció antes de llegar a Corea. Él y sus compañeros escribieron al papa para que enviara misioneros. Finalmente gracias a los ruegos de los católicos, el 9 de septiembre de 1831 se estableció el vicariato apostólico de Corea y se nombró su primer obispo encargando a la Sociedad de las Misiones Extranjeras de París la evangelización de Corea.

Pablo introdujo al obispo Ímbert en Corea, lo recibió en su casa y lo ayudó durante su ministerio. Monseñor Ímbert pensó que Pablo podía ser sacerdote y comenzó a enseñarle teología… Mientras tanto brotó una nueva persecución. El obispo pudo escapar a Suwon. Pablo, su mamá y su hermana Isabel fueron arrestados en el año 1839.

Aguantó las torturas hasta que fue decapitado a las afueras de Seúl el 22 de septiembre. Poco después también su madre y su hermana sufrieron el martirio.

Los dos forman parte de 103 mártires canonizados por S.S. Juan Pablo II el 6 de mayo de 1984, en Seúl, Corea.

(http://www.es.catholic.net/santoraldehoy/)

19 septiembre, 2024

San Genaro, Obispo, Mártir y Patrono de Nápoles


 Imagen

 

¡Oh!, San Genaro, vos, sois el hijo del Dios de la Vida
y su amado santo, y que, sois famoso por el milagro
que ocurre cada año desde hace siglos en el día de
vuestra fiesta, como hoy, pues vuestra sangre, se licúa
ante la presencia de todos los testigos que asisten a
la Santa Misa. Nápoles y Benevento, os disputan vuestro
nacimiento, y sólo sabe Dios, la verdad de vuestra
cuna. Durante la persecución de Diocleciano, fuisteis
apresado, pues confesasteis vuestra fe públicamente
y, soportando los interrogatorios y las torturas a que
os sometieron con vuestros amigos, fuisteis echados
a las fieras, y, ellas, no os hicieron nada, para asombro
y rabia del público de entonces, que esperaban que
os despedazaran y comieran. Pero, entonces no quedó
más alternativa que os decapitaran. Los cristianos
de Nápoles, vuestras reliquias obtuvieron, y, os honran
y veneran como su principal patrono. Uranio, el sacerdote,
relata sobre vos, que erais ya, un santo reconocido.
Y, una prueba más, los pintados frescos en el siglo quinto,
en la catacumba que vuestro nombre lleva, os representa
ya, con una aureola y además, en los calendarios más
antiguos del oriente y el occidente, figura vuestro santo
nombre. Y, vuestra sangre seguirá licuándose como
siempre en tres ocasiones: el sábado anterior al primer
domingo de mayo y en los ocho días siguientes; el
diecinueve de septiembre; y el dieciséis de diciembre
y durante toda la octava de las celebraciones en vuestro
honor. Y, así se seguirá escuchando: “¡Ha ocurrido el
milagro!”, luego se agitará un blanco pañuelo desde
el altar y se entonará el “Te Deum”, para veneraros
en vuestra reliquia por el clero y los fieles. ¿Y, quién
o qué es el hombre, ante el Padre del universo, para juzgar
sus milagros? ¡Polvo es y nada más! ¡Sólo eso! Por todo
ello, Él, os coronó, con corona de luz, como premio justo,
a vuestra entrega de amor, Mártir y Santo Patrón de Nápoles;
¡oh!, San Genaro, “sangre viva del Espíritu del Dios Vivo”.

© 2024 by Luis Ernesto Chacón Delgado
_____________________________________

19 de Septiembre
San Genaro (+ 305)
Obispo y Mártir

ORACIÓN

Señor, tú que nos has congregado hoy para venerar la memoria del mártir San Jenaro, concédenos que podamos ir a gozar en tu reino, juntamente con él, de la alegría que no tiene fin. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.

Los santos Jenaro, Festo, Desiderio, Sosso, Eutiques y Acucio, de los que tenemos Passiones muy posteriores, parece que derramaron su sangre por Cristo al comienzo del siglo IV.

En una breve nota hagiográfica de la Liturgia de las Horas se lee, efectivamente, que Jenaro “fue obispo de Benevento; durante la persecución de Diocleciano sufrió el martirio, juntamente con otros cristianos, en la ciudad de Nápoles, en donde se le tiene una especial veneración”.

Los obispos de Benevento con este nombre son por lo menos dos: San Jenaro, mártir en el 305, y San Jenaro 11, que en el 342 participó en el concilio de Sardes. Este último, perseguido ,por los arrianos por su adhesión a la fe de Nicea, se lo habría venerado como mártir. Pero la mayoría de los historiadores se inclinan a identificar al patrono de Nápoles con el primero, o mejor con un mártir napolitano de Pozzuoli.

Condenado “ad bestias” en el anfiteatro de Pozzuoli, junto con los compañeros de fe, a causa del atraso de un juez, fue decapitado en vez de ser echado en pasto a las fieras para la gratuita y macabra diversión de los paganos.

Más de un siglo después, en el 432, con ocasión del traslado de las reliquias de Pozzuoli a Nápoles, una mujer le habría entregado al obispo Juan dos ampollas pequeñas con la sangre coagulada de San Jenaro. Casi como garantía de la afirmación de la mujer la sangre se volvió líquida ante los ojos del obispo y de una gran muchedumbre de fieles.

Ese acontecimiento extraordinario se repite constantemente todos los años en determinados días, es decir, el sábado anterior al primer domingo de mayo y en los ocho días siguientes; el 16 de diciembre y el 19 de septiembre y durante toda la octava de las celebraciones en su honor.

El fenómeno se realiza también en fechas variables, y de ahí deducen los devotos del santo acontecimientos faustos o infaustos. Los testimonios de este fenómeno comienzan desde 1329 y son tan numerosos y concordantes que no se pueden tener dudas.

El prodigio, porque así lo considera hasta la ciencia, merece la afectuosa admiración con que lo sigue el pueblo. La sincera devoción de los napolitanos por este mártir, históricamente poco identificable, ha hecho que la memoria de San Jenaro, celebrada litúrgicamente desde 1586, se haya conservado en el nuevo calendario.

Puesto que el fenómeno no tiene ninguna explicación natural, pues no depende ni de la temperatura ni del ambiente, podemos atribuirle el significado simbólico de vivo testimonio de la sangre de todos los mártires en la vida de la Iglesia, que nació de la sangre de la primera víctima, Cristo crucificado.

Entre los elementos positivamente ciertos en relación con esta reliquia, figuran los siguientes:

1 -La substancia oscura que se dice ser la sangre de San Genaro (la que, desde hace más de 300 años permanece herméticamente encerrada dentro del recipiente de cristal que está sujeta y sellada por el armazón metálico del relicario) no ocupa siempre el mismo volumen dentro del recipiente que la contiene. Algunas veces, la masa dura y negra ha llenado casi por completo el recipiente y, en otras ocasiones, ha dejado vacío un espacio equivalente a más de una tercera parte de su tamaño.

2 -Al mismo tiempo que se produce esta variación en el volumen, se registra una variante en el peso que, en los últimos años, ha sido verificada en una balanza rigurosamente precisa. Entre el peso máximo y el mínimo se ha llegado a registrar una diferencia de hasta 27 gramos.

3 -El tiempo más o menos rápido en que se produce la licuefacción, no parece estar vinculado con la temperatura ambiente. Hubo ocasiones en que la atmósfera tenía una temperatura media de más de 30º centígrados y transcurrieron dos horas antes de que se observaran signos de licuefacción. Por otra parte, en temperaturas de 5º a 8º centígrados más bajas, la completa licuefacción se produjo en un lapso de 10 a 15 minutos.

4 -No siempre tiene lugar la licuefacción de la misma manera. Se han registrado casos en que el contenido líquido burbujea, se agita y adquiere un color carmesí muy vivo, en otras oportunidades, su color es opaco y su consistencia pastosa.

Aunque no se ha podido descubrir razón natural para el fenómeno, la Iglesia no descarta que pueda haberlo. La Iglesia no se opone a la investigación porque ella busca la verdad. La fe católica enseña que Dios es todopoderoso y que todo cuanto existe es fruto de su creación. Pero la Iglesia es cuidadosa en determinar si un particular fenómeno es, en efecto, de origen sobrenatural.

La Iglesia pide prudencia para no asentir ni rechazar prematuramente los fenómenos. Reconoce la competencia de la ciencia para hacer investigación en la búsqueda de la verdad, cuenta con el conocimiento de los expertos.

Una vez que la investigación establece la certeza de un milagro fuera de toda duda posible, da motivo para animar nuestra fe e invitarnos a la alabanza. En el caso de los santos, el milagro también tienen por fin exaltar la gloria de Dios que nos da pruebas de su elección y las maravillas que El hace en los humildes.

(http://es.catholic.net/op/articulos/31948/jenaro-obispo-mrtir.html)

 

18 septiembre, 2024

Patrono de los estudiantes, Aviadores y personas con discapacidad

Puede ser una imagen de 7 personas

 

¡Oh! San José de Cupertino; vos, sois el hijo del Dios de la Vida
su siervo y amado santo. Vuestros padres, pobres pero, de corazón
de oro. Cando éste, murió; vuestra madre no os trató como vos
hubieseis querido, pues crecisteis débil y distraído, tanto que,
se os olvidaba hasta comer. Andabais por las calles con la boca
abierta y la gente os llamaba “el boquiabierta”, os despreciaban
y os creían poca cosa pero, agradabais a Dios en vuestros deberes
piadosos. No os aceptaron los franciscanos pero, os recibieron
los capuchinos, para después expulsaros por ser distraído. Un
familiar vuestro, declaró que vos “no erais bueno para nada”,
y os echó a la calle. Entonces, vuestra madre, os envió como
mandadero al convento de los padres franciscanos. Entonces, el
Dios “Vivo”, obró maravillas y cambió vuestra vida para siempre:
os convirtió en un experto obrero y trabajasteis en el establo.
Y, así, con vuestra humildad y amabilidad; con vuestro espíritu
de penitencia y vuestro amor por la oración os fuisteis ganando
estima y aprecio de todos, hasta ser admitido como religioso
franciscano. Os pusieron a estudiar para ser sacerdote pero,
cuando os ibais a presentaros para los exámenes, sucedía que lo
único que podíais explicar era: “Bendito el fruto de tu vientre
Jesús”. Entonces, el jefe de los examinadores dijo: “Voy a abrir
el evangelio, y la primera frase que salga, será la que tiene
que explicar”. Y salió justo la única frase que vos sabíais:
“Bendito sea el fruto de tu vientre”. Y, en el examen para
decidir quiénes serían ordenados, los primeros diez que examinó
el obispo respondieron todas las preguntas, tanto que, suspendió
el examen diciendo: ¿Para qué seguir examinando a los demás si
todos se encuentran tan formidablemente preparados?” Y, así, vos,
que estabais de miedo, os librasteis de aquella prueba porque
Dios, así lo quiso. Tratabais de ganar almas por medio de la
oración y de la penitencia pues, sabíais que no teníais cualidades
para predicar, ni para enseñar pero, entonces suplíais estas
falencias haciendo grandes penitencias y muchas oraciones por los
pecadores. Jamás comíais carne ni bebíais licor. Ayunabais a pan
y agua muchos días. Os dedicabais a los trabajos manuales del
convento y vuestra vida fue una serie continúa de éxtasis tras
éxtasis, curaciones milagrosas y sucesos sobrenaturales abundantes.
Bastaba que os hablaran de Dios o del cielo, para que os volvieseis
insensible a lo que sucedía a vuestro alrededor. Un domingo
del Buen Pastor, os encontrasteis un corderito, y os lo echasteis
al hombro y al pensar en Jesús, os fuisteis elevando por los
aires con él y todo. Quedabais en éxtasis durante la Santa Misa,
cuando rezabais los salmos de la Santa Biblia. Un día, unos
obreros deseaban llevar una pesada cruz a una montaña y no lo
lograban. Entonces vos, os elevasteis por los aires con cruz y
todo y la llevasteis hasta la cima. El día de la Asunción de la
Virgen, un mes antes de vuestra muerte, celebrasteis vuestra
última Misa y quedasteis suspendido por los aires como si
estuvierais con el mismo Dios, en el cielo. Casi al final de
vuestra vida, os llevaron al Sumo Pontífice Urbano Octavo, y
estando hablando con el Santo Padre, quedasteis en éxtasis y os
elevasteis por el aire. El Duque de Hannover, protestante él,
al veros en éxtasis se convirtió al catolicismo. Benedicto Papa XIV
declaró: “Todos estos hechos no se puede explicar sin una
intervención muy especial de Dios”. “Rezar, no cansarse nunca
de rezar. Que Dios no es sordo ni el cielo es de bronce. Todo
el que pide, recibe”, decíais vos. Y, así, y luego de haber
gastado vuestra santa vida en buena lid, voló vuestra alma al
cielo, para coronada ser de luz, como premio a vuestro amor y fe;
¡Oh!, San José Cupertino; “viva vida gloriosa del Dios de la Vida”.

© 2024 by Luis Ernesto Chacón Delgado

________________________________________________

Éxtasis

¡Oh!, San José de Cupertino; sois vos,
de los éxtasis el príncipe; lego
como erais, Dios os premio con
tan sabroso manjar en esta vida.

Qué hermoso y maravilloso veros
orar, entre las atentas ovejas y
de bandadas seguido, de cientos
de aves en los primaverales campos.

“Bendito el fruto de tu vientre Jesús”,
y bendito fuisteis y salvo para el
cielo, tanto soñado y ansiado por vos.

Terminó, vuestra obra en este mundo,
y voló vuestra alma, para justo premio
recibir: coronada ser de eterna luz;
Oh, San José Cupertino, bendito santo.

© 2011 by Luis Ernesto Chacón Delgado
________________________________

18 de Septiembre
San José de Cupertino
Año 1663

José nació en 1603 en el pequeño pueblo italiano llamado Cupertino. Sus padres eran sumamente pobres. El niño vino al mundo en un pobre cobertizo pegado a la casa, porque el papá, un humilde carpintero, no había podido pagar las cuotas que debía de su casa y se la habían embargado. Murió el papá, y entonces la mamá, ante la situación de extrema pobreza en que se hallaba, trataba muy ásperamente al pobre niño y este creció debilucho y distraído. Se le olvidaba hasta comer. A veces pasaba por las calles con la boca abierta mirando tristemente a la gente, y los vecinos le pusieron por sobrenombre el “boquiabierta”. Las gentes lo despreciaban y lo creían un poca cosa. Pero lo que no sabían era que en sus deberes de piedad era extraordinariamente agradable a Dios, el cual le iba a responder luego de maneras maravillosas.

A los 17 años pidió ser admitido de franciscano pero no fue admitido. Pidió que lo recibieran en los capuchinos y fue aceptado como hermano lego, pero después de ocho meses fue expulsado porque era en extremo distraído. Dejaba caer los platos cuando los llevaba para el comedor. Se le olvidaban los oficios que le habían puesto. Parecía que estaba siempre pensando en otras cosas. Por inútil lo mandaron para afuera.

Al verse desechado, José buscó refugio en casa de un familiar suyo que era rico, pero él declaró que este joven “no era bueno para nada”, y lo echó a la calle. Se vio entonces obligado a volver a la miseria y al desprecio de su casa. La mamá no sintió ni el menor placer al ver regresar a semejante “inútil”, y para deshacerse de él le rogó insistentemente a un pariente que era franciscano, para que lo recibieran al muchacho como mandadero en el convento de los padres franciscanos.

Sucedió entonces que en José se obró un cambio que nadie había imaginado. Lo recibieron los padres como obrero y lo pusieron a trabajar en el establo y empezó a desempeñarse con notable destreza en todos los oficios que le encomendaban. Pronto con su humildad y su amabilidad, con su espíritu de penitencia y su amor por la oración, se fue ganando la estimación y el aprecio de los religiosos, y en 1625, por votación unánime de todos los frailes de esa comunidad, fue admitido como religioso franciscano.

Lo pusieron a estudiar para presentarse al sacerdocio, pero le sucedía que cuando iba a presentar exámenes se trababa todo y no era capaz de responder. Llegó uno de los exámenes finales y el pobre Fray José la única frase del evangelio que era capaz de explicar completamente bien era aquella que dice: “Bendito el fruto de tu vientre Jesús”. Estaba asustadísimo pero al empezar el examen, el jefe de los examinadores dijo: “Voy a abrir el evangelio, y la primera frase que salga, será la que tiene que explicar”. Y salió precisamente la única frase que el Cupertino se sabía perfectamente: “Bendito sea el fruto de tu vientre”.

Llegó al fin el examen definitivo en el cual se decidía quiénes sí serían ordenados. Y los primeros diez que examinó el obispo respondieron tan maravillosamente bien todas las preguntas, que el obispo suspendió el examen diciendo: ¿Para qué seguir examinando a los demás si todos se encuentran tan formidablemente preparados?” y por ahí estaba haciendo turno para que lo examinaran, el José de Cupertino, temblando de miedo por si lo iban a descalificar. Y se libró de semejante catástrofe por casualidad.

Ordenado sacerdote en 1628, se dedicó a tratar de ganar almas por medio de la oración y de la penitencia. Sabía que no tenía cualidades especiales para predicar ni para enseñar, pero entonces suplía estas deficiencias ofreciendo grandes penitencias y muchas oraciones por los pecadores. Jamás comía carne ni bebía ninguna clase de licor. Ayunaba a pan y agua muchos días. Se dedicaba con gran esfuerzo y consagración a los trabajos manuales del convento (que era para lo único que se sentía capacitado).

Desde el día de su ordenación sacerdotal su vida fue una serie no interrumpida de éxtasis, curaciones milagrosas y sucesos sobrenaturales en un grado tal que no se conocen en cantidad semejante con ningún otro santo. Bastaba que le hablaran de Dios o del cielo para que se volviera insensible a lo que sucedía a su alrededor. Ahora se explicaban por que de niño andaba tan distraído y con la boca abierta. Un domingo, fiesta del Buen Pastor, se encontró un corderito, se lo echó al hombro y al pensar en Jesús, Buen Pastor, se fue elevando por los aires con cordero y todo.

Los animales sentían por él un especial cariño. Pasando por el campo, se ponía a rezar y las ovejas se iban reuniendo a su alrededor y escuchaban muy atentas sus oraciones. Las golondrinas en grandes bandadas volaban alrededor de su cabeza y lo acompañaban por cuadras y cuadras.

Sabemos que la Iglesia Católica llama éxtasis a un estado de elevación del alma hacia lo sobrenatural, durante lo cual la persona se libra momentáneamente del influjo de los sentidos, para contemplar lo que pertenece a la divinidad. San José de Cupertino quedaba en éxtasis con mucha frecuencia durante la Santa Misa, cuando estaba rezando los salmos de la S. Biblia. Durante los 17 años que estuvo en el convento de Grotella sus compañeros de comunidad presenciaron 70 éxtasis de este santo. El más famoso sucedió cuando 10 obreros deseaban llevar una pesada cruz a una montaña y no lo lograban. Entonces Fray José se elevó por los aires con cruz y todo y la llevó hasta la cima del monte.

Como estos sucesos tan raros podían producir movimientos de exagerado fervor entre el pueblo, los superiores le prohibieron celebrar misa en público, ir a rezar en comunidad con los demás religiosos, asistir al comedor cuando estaban los otros ahí, y concurrir a otras sesiones públicas de devoción.

Cuando estaba en éxtasis lo pinchaban con agujas, le daban golpes con palos y hasta le acercaban a sus dedos velas encendidas y no sentía nada. Lo único que lo hacía volver en sí era oír la voz de su superior que lo llamaba a que fuera a cumplir con sus deberes. Cuando regresaba de sus éxtasis pedía perdón a sus compañeros diciéndoles: “Excúsenme por estos ‘ataques de mareo’ que me dan”.

En la Iglesia han sucedido levitaciones a más de 200 santos. Consisten en elevar el cuerpo humano desde el suelo, sin ninguna fuerza física que lo esté levantando. Se ha considerado como un regalo que Dios hace a ciertas almas muy espirituales. San José de Cupertino tuvo numerosísimas levitaciones.

Un día llegó el embajador de España con su esposa y mandaron llamar a Fray José para hacerle una consulta espiritual. Este llegó corriendo. Pero cuando ya iba a empezar a hablar con ellos, vio un cuadro de la Virgen que estaba en lo más alto del edificio, y dando su típico pequeño grito se fue elevando por el aire hasta quedar frente al rostro de la sagrada imagen. El embajador y su esposa contemplaban emocionados semejante suceso que jamás habían visto. El santo rezó unos momentos, y luego descendió suavemente al suelo, y como avergonzado, subió corriendo a su habitación y ya no bajó más ese día.

En Osimo, donde el santo pasó sus últimos seis años, un día los demás religiosos lo vieron elevarse hasta una estatua de la Virgen María que estaba a tres metros y medio de altura, y darle un beso al Niño Jesús, y ahí junto a la Madre y al Niño se quedó un rato rezando con intensa emoción, suspendido por los aires.

El día de la Asunción de la Virgen en el año 1663, un mes antes de su muerte, celebró su última misa. Y estando celebrando quedó suspendido por los aires como si estuviera con el mismo Dios en el cielo. Muchos testigos presenciaron este suceso.

Muchos enemigos empezaron a decir que todo eso eran meros inventos y lo acusaban de engañador. Fue enviado al Superior General de los Franciscanos en Roma y este al darse cuenta que era tan piadoso y tan humilde, reconoció que no estaba fingiendo nada. Lo llevaron luego donde el Sumo Pontífice Urbano VIII, el cual deseaba saber si era cierto o no lo que le contaban de los éxtasis y las levitaciones del frailecito. Y estando hablando con el Papa, quedó José en éxtasis y se fue elevando por el aire. El Duque de Hannover, que era protestante, al ver a José en éxtasis se convirtió al catolicismo.

El Papa Benedicto XIV que era rigurosísimo en no aceptar como milagro nada que no fuera en verdad milagro, estudió cuidadosamente la vida de José de Cupertino y declaró: “Todos estos hechos no se puede explicar sin una intervención muy especial de Dios”.

Los últimos años de su vida, José fue enviado por sus superiores a conventos muy alejados donde nadie pudiera hablar con él. La gente descubría donde estaba y corrían hacia allá. Entonces lo enviaban a otro convento más apartado aún. El sufrió meses de aridez y sequedad espiritual (como Jesús en Getsemaní) pero después a base de mucha oración y de continua meditación, retornaba otra vez a la paz de su alma. A los que le consultaban problemas espirituales les daba siempre un remedio: “Rezar, no cansarse nunca de rezar. Que Dios no es sordo ni el cielo es de bronce. Todo el que pide, recibe”.

Murió el 18 de septiembre de 1663 a la edad de 60 años. Que Dios nos enseñe con estos hechos tan maravillosos, que Él siempre enaltece a los que son humildes y los llena de gracias y bendiciones.

(http://www.ewtn.com/spanish/Saints/José_Cupertino.htm)