12 noviembre, 2024

San Josafat de Lituania, obispo y Mártir

 

 SAN JOSAFAT DE LITUANIA, Mártir

 

 ¡Oh!, San Josafat de Lituania; vos, sois el hijo del Dios
de la Vida, su amado santo y a quien vuestra madre, os enseñó
a mirar en el crucifijo, al Crucificado y en él, el misterio
de la vida y del amor a los demás. Por ello, quizás vuestra
mortificación en la que soportabais a los incomprensivos
y ásperos, con especial dulzor del cielo caído y, con amor
paciente, convertíais sus corazones a la “luz de la fe”.
“Sé que ustedes quieren matarme y que me atacan por todas
partes. En las calles, en los puentes, en los caminos, en
la Plaza Central, en todas partes me han insultado. Yo, no
he venido en son de guerra sino como pastor de las ovejas,
buscando el bien de las almas.Pero, me considero verdaderamente
feliz de poder dar la vida por el bien de todos ustedes.
Sé, que estoy a punto de morir, y ofrezco mi sacrificio por
la unión de todas las iglesias bajo la dirección del Sumo
Pontífice”. Respondisteis a vuestros agresores. Y, cuando
os prendieron así: “Por favor, hijos míos, no golpeen a mis
ayudantes, que ellos no tienen la culpa de nada. Aquí estoy
yo para sufrir en vez de ellos”. Al oír esto los jefes de la
sedición gritaron: “¡Que muera el amigo del Papa!” Y, se os
lanzaron contra vos y de un lanzazo os atravesaron y os pegaron
un balazo, arrastrándoos y echándoos al río Divna. Pero, ¡oh!
maravilla de Dios, pues vuestros verdugos se convirtieron
a la fe católica y pidieron perdón de su terrible crimen.
Felizmente “Dios es mi juez”, vuestro santo nombre significa,
y, en verdad, así fue, pues Él os juzgó y viendo vuestro
martirio de gloria os llenó y os ciñó corona de luz, como
premio a vuestra entrega increíble de amor y de fe.¡Aleluya!
Patrono de los que trabajan por la unión de todos los cristianos;
¡oh!, San Josafat “vivo ladrón de almas para el Dios de la Vida”.

© 2024 by Luis Ernesto Chacón Delgado
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12 de Noviembre
San Josafat de Lituania
Mártir
Año 1623

La sangre de los mártires es semilla de nuevos cristianos (Tertuliano).

Josafat es una palabra hebrea que significa “Dios es mi juez”. La nación de Lituania es ahora de gran mayoría católica. Pero en un tiempo en ese país la religión era dirigida por los cismáticos ortodoxos que no obedecen al Sumo Pontífice. Y la conversión de Lituania al catolicismo se debe en buena parte a San Josafat. Pero tuvo que derramar su sangre, para conseguir que sus paisanos aceptaran el catolicismo.

Nació en 1580, de padres católicos fervorosos. Su madre le enseñó a mirar de vez en cuando el crucifijo y pensar en lo que Jesucristo sufrió por nosotros, y esto le emocionaba mucho y le invitaba a dedicar su vida por hacer amar más a Nuestro Salvador.

De joven entró de ayudante de un vendedor de telas, y en los ratos libres se dedicaba a leer libros religiosos. Esto le disgustaba mucho al principio al dueño del almacén, pero después, viendo que el joven se dedicaba con tanto esmero a los oficios que tenía que hacer, se dio cuenta de que las lecturas piadosas lo llevaban a ser más bueno y mejor cumplidor de su deber. Y tanto se encariñó aquel negociante con Josafat, que le hizo dos ofertas: permitirle casarse con su hija y dejarlo como heredero de todos sus bienes. El joven le agradeció sus ofrecimientos, pero le dijo que había determinado conseguir más bien otra herencia: el cielo eterno. Y que para ello se iba a dedicar a la vida religiosa.

Para su fortuna se encontró con dos santos sacerdotes jesuitas que lo fueron guiando en sus estudios, y lo encaminaron hacia el monasterio de la Sma. Trinidad en Vilma, capital de Lituania, y se hizo religioso, dirigido por los monjes basilianos en 1604. Al monasterio lo siguió un gran amigo suyo y personaje muy sabio, Benjamín Rutsky, que será en adelante su eficaz colaborador en todo.

En 1595 los principales jefes religiosos ortodoxos de Lituania habían propuesto unirse a la Iglesia Católica de Roma, pero los más fanáticos ortodoxos se habían opuesto violentamente y se habían producido muchos desórdenes callejeros. Ahora llegaba al convento el que más iba a trabajar y a sacrificarse por obtener que su nación se pasara a la Iglesia Católica. Pero le iba a costar hasta su propia sangre.

Josafat fue ordenado de sacerdote, pero su vida siguió siendo como la del monje más mortificado. Muchas horas cada día y cada noche dedicadas a la oración y a la lectura y meditación de las Sagradas Escrituras y de los libros escritos por los santos. Como penitencias aguantaba los terribles fríos del invierno y los calores bochornosos del verano sin quejarse ni buscar refrescantes.

Cuando lo sorprendía una espantosa tormenta de lluvias, truenos y rayos en pleno viaje, lo ofrecía todo por sus pecados. Cuando los pobres estaban en grave necesidad se iba de casa en casa pidiendo limosnas para ellos, y la humillación de estar pidiendo la ofrecía por sus pecados y por los de los demás pecadores. Pero su especial mortificación era soportar las gentes ásperas e incomprensivas, sin demostrar jamás disgusto ni resentimiento.

Fue nombrado superior del monasterio, en Vilma, pero varios de los monjes que allí vivían eran ortodoxos y antirromanos. Con gran paciencia, mucha prudencia y caridad llena de finura y de santa diplomacia, se los fue ganando a todos. Ellos se dieron cuenta de que Josafat tenía el don de consejo, y le iban a consultar sus problemas e inquietudes y sus respuestas los dejaban muy consolados y llenos de paz.

Con sus sabias conferencias los fue convenciendo poco a poco de que la verdadera Iglesia es la católica y que el sucesor de San Pedro es el Sumo Pontífice y que a él hay que obedecer.

Con razón los enemigos de la religión lo llamaban “ladrón de almas”. Como jefe de los monasterios tenía el deber de visitar las casas que pertenecían a la religión. Una vez fue a visitar oficialmente una casa donde vivían unos 200 hombres que decían que se dedicaban a la religión, pero que en verdad no llevaban una vida demasiado santa. El jefe de esa casa salió furioso a recibirlo con unos perros bravísimos, anunciándole que si se atrevía a entrar allí sería destrozado por esas fieras. Pero el santo no se acobardó. Les habló de buenas maneras y los logró apaciguar. Ellos habían determinado echarlo al río, pero después de escucharlo y al darse cuenta de que era un hombre de Dios, santo y amable, aceptaron su visita, se hicieron sus amigos y aceptaron sus recomendaciones. Las gentes decían: “Ahora sí que se repitió el milagro antiguo: Daniel fue al foso de los leones y estos no le hicieron nada”.

En 1617, fue nombrado arzobispo de Polotsk, y se encontró con que su arzobispado estaba en el más completo abandono. Se dedicó a reconstruir templos y a obtener que los sacerdotes se comportaran de la mejor manera posible. Visitó una por una todas las parroquias. Redactó un catecismo y lo hizo circular y aprender por todas partes. Dedicaba sus tiempos libres a atender a los pobres e instruir a los ignorantes. Las gentes lo consideraban un gran santo. Algunos decían que mientras celebraba misa se veían resplandores a su alrededor. En 1620 ya su arzobispado era otra cosa totalmente diferente.

Pero sucedió que un tal Melecio se hizo proclamar de arzobispo en vez de Josafat (mientras este visitaba Polonia) y algunos revoltosos empezaron a recorrer los pueblos atizando una revuelta contra el santo, diciendo que no querían obedecer al Papa de Roma. Muchos relajados se sentían molestos porque san Josafat atacaba a los vicios y a las malas costumbres.

En 1623, sabiendo que la ciudad de Vitebsk era la más rebelde y contraria a él, dispuso ir a visitarla para tratar de hacer las paces con ellos. Sus amigos le rogaban que no fuera, y varios le propusieron que llevara una escolta militar. Él no admitió esto y exclamó: “Si Dios me juzga digno de morir mártir, no temo morir“. El recibimiento fue feroz. Insultos, pedradas, amenazas. Cuando una chusma agresiva lo rodeó insultándolo, él les dijo:

“Sé que ustedes quieren matarme y que me atacan por todas partes. En las calles, en los puentes, en los caminos, en la Plaza Central, en todas partes me han insultado. Yo no he venido en son de guerra sino como pastor de las ovejas, buscando el bien de las almas. Pero me considero verdaderamente feliz de poder dar la vida por el bien de todos ustedes. Sé que estoy a punto de morir, y ofrezco mi sacrificio por la unión de todas las iglesias bajo la dirección del Sumo Pontífice”.

Los enemigos se propusieron poner una trampa al santo para poderlo matar. Le enviaron un individuo que todos los días llegaba a su casa, mañana y tarde a insultarlo. Al fin uno de los secretarios del arzobispo detuvo al insultante para que no faltara más al respeto al prelado, y esta era la señal que los asesinos buscaban. Inmediatamente dieron voz de alarma en toda la ciudad, reunieron la chusma y se lanzaron a despedazar a todos los ayudantes de San Josafat.

Cuando él vio que iban a linchar a sus colaboradores, salió al patio y gritó a los atacantes: “Por favor, hijos míos, no golpeen a mis ayudantes, que ellos no tienen la culpa de nada. Aquí estoy yo para sufrir en vez de ellos”.

Al oír esto los jefes de la sedición gritaron: “¡Que muera el amigo del Papa!” y se lanzaron contra él. Le atravesaron de un lanzazo, le pegaron un balazo, y arrastraron su cuerpo por las calles de la ciudad y lo echaron al río Divna. Era el 12 de noviembre de 1623. Meses después los verdugos se convirtieron a la fe católica y pidieron perdón de su terrible crimen.

El Papa ha declarado a San Josafat, Patrono de los que trabajan por la unión de los cristianos.

(http://www.ewtn.com/spanish/Saints/Josafat_de_Lituania.htm)

11 noviembre, 2024

San Martín de Tours, Obispo

 Soldado de Cristo: San Martín de Tours - Hogar de la Madre de la Juventud

¡Oh!, San Martín de Tours; sois vos, el hijo del Dios de la Vida,
y su amado santo y, el hombre al que llamaban el de la “media
capa”, aquella que, con amor compartisteis con Aquél “pobre”,
que resultó siendo el mismo Jesús. Y, desde entonces y, por
siempre, con sumo amor y cuidado os ganasteis a cuanto hombre
se os cruzó con vos, para convertirlos a la “Buena Nueva” de la
vida. “Batallador”, como significa vuestro nombre, grande honor
le hicisteis pues, vuestra huella, desde el alto cielo, ilumina
el camino de los hombres, que os imitan. “Con la espada podía
vencer a los enemigos materiales. Con la cruz, estoy derrotando
a los enemigos espirituales”. “Fui soldado por obligación y por deber,
y monje por inclinación y para salvar mi alma”. Así, respondisteis,
lleno de fe y pleno de valor, a quien osó, preguntaros sobre el por
qué, el ejército habíais abandonado para, abrazaros, a la cruz
maravillosa de Cristo. “Hasta ahora te he servido como soldado.
Déjame de ahora en adelante servir a Jesucristo propagando su santa
religión”. Así, os dirigisteis a vuestro general jefe, y él, quiso daros
varios premios, pero vos, le dijisteis: “Estos regalos repártelos
entre los que van a seguir luchando en tu ejército. Yo me voy
a luchar en el ejército de Jesucristo, y mis premios serán espirituales”.
Y, así fue. Años más tarde, vuestros amados discípulos os suplicaban
llorando, cuando os ibais a morir diciendo: “¿Te alejas padre
de nosotros, y nos dejas huérfanos y solos y desamparados?”. Y,
vos, respondisteis así: “Señor, si en algo puedo ser útil todavía,
no rehúso ni rechazo cualquier trabajo y ocupación que me quieras
mandar”. Pero Dios vio que vos, habíais trabajado y sufrido bastante
y os llevó a que recibierais en el cielo el premio por vuestras tareas
en la tierra. Y, así, luego de haberos gastado para Él, voló vuestra
alma, al cielo, para coronada ser, con corona de luz eterna, como
premio a vuestra gran entrega increíble de amor. El medio manto
que vos cortasteis para darlo a Aquél “pobre”, en una urna está
y dentro de un santuario. Santo Patrono de la Guardia Zuiza Pontificia;
¡oh!, San Martín de Tours, “Vivo Cristo, batallador del Amor y la Luz”.

© 2024 by Luis Ernesto Chacón Delgado
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11 de Noviembre
San Martín de Tours
Obispo
Año 397

Que el simpático San Martín nos obtenga de Dios la gracia de recordar siempre que todo favor que hacemos al prójimo lo recibe y lo paga Jesucristo, como si se lo hubiéramos hecho a Él en persona. Si tenéis fe, nada será imposible para vosotros. (Jesucristo. Mt. 17,20).

Martín significa: “el batallador”. (De Mart = batalla).

San Martín es un gran santo queridísimo para los franceses, y muy popular en todo el mundo. Nació en Hungría, pero sus padres se fueron a vivir a Italia. Era hijo de un veterano del ejército y a los 15 años ya vestía el uniforme militar.

Durante más de 15 siglos ha sido recordado nuestro santo por el hecho que le sucedió siendo joven y estando de militar en Amiens (Francia). Un día de invierno muy frío se encontró por el camino con un pobre hombre que estaba tiritando de frío y a medio vestir. Martín, como no llevaba nada más para regalarle, sacó la espada y dividió en dos partes su manto, y le dio la mitad al pobre. Esa noche vio en sueños que Jesucristo se le presentaba vestido con el medio manto que él había regalado al pobre y oyó que le decía: “Martín, hoy me cubriste con tu manto”.

Sulpicio Severo, discípulo y biógrafo del santo, cuenta que tan pronto Martín tuvo esta visión se hizo bautizar (era catecúmeno, o sea estaba preparándose para el bautismo). Luego se presentó a su general que estaba repartiendo regalos a los militares y le dijo: “Hasta ahora te he servido como soldado. Déjame de ahora en adelante servir a Jesucristo propagando su santa religión”. El general quiso darle varios premios pero él le dijo: “Estos regalos repártelos entre los que van a seguir luchando en tu ejército. Yo me voy a luchar en el ejército de Jesucristo, y mis premios serán espirituales”.

En seguida se fue a Poitiers donde era obispo el gran sabio San Hilario, el cual lo recibió como discípulo y se encargó de instruirlo. Como Martín sentía un gran deseo de dedicarse a la oración y a la meditación, San Hilario le cedió unas tierras en sitio solitario y allá fue con varios amigos, y fundó el primer convento o monasterio que hubo en Francia. En esa soledad estuvo diez años dedicado a orar, a hacer sacrificios y a estudiar las Sagradas Escrituras. Los habitantes de los alrededores consiguieron por sus oraciones y bendiciones, muchas curaciones y varios prodigios. Cuando después le preguntaban qué profesiones había ejercido respondía: “fui soldado por obligación y por deber, y monje por inclinación y para salvar mi alma”.

Un día en el año 371 fue invitado a Tours con el pretexto de que lo necesitaba un enfermo grave, pero era que el pueblo quería elegirlo obispo. Apenas estuvo en la catedral toda la multitud lo aclamó como obispo de Tours, y por más que él se declarara indigno de recibir ese cargo, lo obligaron a aceptar.

En Tours fundó otro convento y pronto tenía ya 80 mojes. Y los milagros, la predicación, y la piedad del nuevo obispo hicieron desaparecer prontamente el paganismo de esa región, y las conversiones al cristianismo eran de todos los días. A los primeros que convirtió fue a su madre y a sus hermanos que eran paganos.

Un día un antiguo compañero de armas lo criticó diciéndole que era un cobarde por haberse retirado del ejército. Él le contestó: “Con la espada podía vencer a los enemigos materiales. Con la cruz estoy derrotando a los enemigos espirituales”.

Recorrió todo el territorio de su diócesis dejando en cada pueblo un sacerdote. Él fue fundador de las parroquias rurales en Francia. Dice su biógrafo y discípulo, que la gente se admiraba al ver a Martín siempre de buen genio, alegre y amable. Que en su trato empleaba la más exquisita bondad con todos.

Un día en un banquete San Martín tuvo que ofrecer una copa de vino, y la pasó primero a un sacerdote y después al emperador, que estaba allí a su lado. Y explicó el por qué: “Es que el emperador tiene potestad sobre lo material, pero al sacerdote Dios le concedió la potestad sobre lo espiritual”. Al emperador le agradó aquella explicación.

En los 27 años que fue obispo se ganó el cariño de todo su pueblo, y su caridad era inagotable con los necesitados. Los únicos que no lo querían eran ciertos tipos que querían vivir en paz con sus vicios, pero el santo no los dejaba. De uno de ellos, que inventaba toda clase de cuentos contra San Martín, porque éste le criticaba sus malas costumbres, dijo el santo cuando le aconsejaron que lo debía hacer castigar: “Si Cristo soportó a Judas, ¿por qué no he de soportar yo a este que me traiciona?”.

Con varios empleados oficiales tuvo fuertes discusiones, porque en ese tiempo se acostumbraba torturar a los prisioneros para que declararan sus delitos. Nuestro santo se oponía totalmente a esto, y aunque por ello se ganó la enemistad de altos funcionarios, no permitía la tortura.

Supo por revelación cuándo le iba a llegar la muerte y comunicó la noticia a sus numerosos discípulos. Estos se reunieron junto a su lecho de enfermo y le suplicaban llorando: “¿Te alejas padre de nosotros, y nos dejas huérfanos y solos y desamparados?”. El santo respondió con una frase que se ha hecho famosa: “Señor, si en algo puedo ser útil todavía, no rehuso ni rechazo cualquier trabajo y ocupación que me quieras mandar”.

Pero Dios vio que ya había trabajado y sufrido bastante y se lo llevó a que recibiera en el cielo el premio por sus grandes labores en la tierra. El medio manto de San Martín (el que cortó con la espada para dar al pobre) fue guardado en una urna y se le construyó un pequeño santuario para guardar esa reliquia. Como en latín para decir “medio manto” se dice “capilla”, la gente decía: “Vamos a orar donde está la capilla”. Y de ahí viene el nombre de capilla, que se da a los pequeños salones que se hacen para orar.

(http://www.ewtn/spanish/Saints/San%20Martín%20de%20Tours.htm)

 

09 noviembre, 2024

Dedicación de la Basílica San Juan de Letrán

 Basílica de San Juan de Letrán | La basílica más antigua de Roma

 

 !Oh!, Santo Dios de la Vida, y que, en honor a Vos,
Señor de los cielos y de la tierra; edificada está,
Vuestra “Casa de Letrán”, a Fausta gracias, esposa
de Constantino Emperador, y que, donada fue a Milcíades
Papa. Ella, custodiada está, por dos discípulos amados
vuestros: Juan “el Bautista”, y Juan “el Evangelista”.
¡Oh!, Santa Basílica de Letrán: “Madre y Cabeza de
todas las iglesias de la ciudad y del mundo”. “Cuando
recordamos la Consagración de un templo, en serio
pensemos en aquello que San Pablo dijo: que, “cada
uno de nosotros somos templo del Espíritu Santo”.
Ojalá que nuestra alma la conservemos bella y limpia
siempre, como le agrada a Dios, y, que, sean sus templos
santos y vivos. “Vivirá así, contento el Espíritu Santo en
nuestra alma”. Decía, San Agustín, Obispo de Hipona,
Doctor de Nuestra Santa Madre Iglesia y lumbrera viva.
“¡Oh!Madre y Cabeza de toda las iglesias de la ciudad
y del mundo”. Así, reza, vuestra leyenda en su frontis;
¡Oh!, Basílica de Letrán, “Viva Casa del Dios Rey de la Vida”

© 2024 by Luis Ernesto Chacón Delgado
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9 de noviembre
Dedicación de la Basílica San Juan de Letrán
Año 324

Basílica significa: “Casa del Rey”. En la Iglesia Católica se le da el nombre de Basílica a ciertos templos más famosos que los demás. Solamente se puede llamar Basílica a aquellos templos a los cuales el Sumo Pontífice les concede ese honor especial. En cada país hay algunos.

La primera Basílica que hubo en la religión Católica fue la de Letrán, cuya consagración celebramos en este día. Era un palacio que pertenecía a una familia que llevaba ese nombre, Letrán. El emperador Constantino, que fue el primer gobernante romano que concedió a los cristianos el permiso para construir templos, le regaló al Sumo Pontífice el Palacio Basílica de Letrán, que el Papa San Silvestre convirtió en templo y consagró el 9 de noviembre del año 324.

Esta basílica es la Catedral del Papa y la más antigua de todas las basílicas de la Iglesia Católica. En su frontis tiene esta leyenda: “Madre y Cabeza de toda las iglesias de la ciudad y del mundo”.

Se le llama Basílica del Divino Salvador, porque cuando fue nuevamente consagrada, en el año 787, una imagen del Divino Salvador, al ser golpeada por un judío, derramó sangre. En recuerdo de ese hecho se le puso ese nuevo nombre.

Se llama también Basílica de San Juan (de Letrán) porque tienen dos capillas dedicadas la una a San Juan Bautista y la otra a San Juan Evangelista, y era atendida por los sacerdotes de la parroquia de San Juan.

Durante mil años, desde el año 324 hasta el 1400 (época en que los Papas se fueron a vivir a Avignon, en Francia), la casa contigua a la Basílica y que se llamó “Palacio de Letrán”, fue la residencia de los Pontífices, y allí se celebraron cinco Concilios (o reuniones de los obispos de todo el mundo). En este palacio se celebró en 1929 el tratado de paz entre el Vaticano y el gobierno de Italia (Tratado de Letrán). Cuando los Papas volvieron de Avignon, se trasladaron a vivir al Vaticano. Ahora en el Palacio de Letrán vive el Vicario de Roma, o sea el Cardenal al cual el Sumo Pontífice encarga de gobernar la Iglesia de esa ciudad.

La Basílica de Letrán ha sido sumamente venerada durante muchos siglos. Y aunque ha sido destruida por varios incendios, ha sido reconstruida de nuevo, y la construcción actual es muy hermosa.

San Agustín recomienda: “Cuando recordemos la Consagración de un templo, pensemos en aquello que dijo San Pablo: ‘Cada uno de nosotros somos un templo del Espíritu Santo’. Ojalá conservemos nuestra alma bella y limpia, como le agrada a Dios que sean sus templos santos. Así vivirá contento el Espíritu Santo en nuestra alma”.

(http://www.ewtn.com/spanish/saints/Basílica_de_Letrán.htm)

08 noviembre, 2024

San Adeodato, Papa 68 de la Iglesia Católica

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¡Oh! San Adeodato, vos sois el hijo del Dios de la Vida
su amado Papa y santo. Romano de nacimiento, en tiempos
en que la península estaba a merced de invasores lombardos
y bizantinos. Vos, os formasteis en el monasterio benedictino
dedicado a San Erasmo y luego, os eligieron luego de cuarenta
años de servicio sacerdotal, como Papa. Vuestro pontificado
duró tres años y durante ese tiempo, jugasteis un papel muy
importante para Roma. La Ciudad Eterna, había sido asolada
por el desorden, las guerras, la peste y más adelante, por
un terremoto. Y, vos, en medio del caos, contribuisteis al
mantenimiento del orden, liderando la ayuda para los cientos
de damnificados, entre los enfermos de peste y leprosos.
Y, he, aquí, que Dios permitió en su infinito amor, que vos,
obrases milagros en favor de muchos de ellos. Vos, poseíais
el don de la curación pues cuando vuestros labios, tocaban
las heridas de algún enfermo, estas quedaban milagrosamente
curadas. El Martirologio Romano, testimonia, cómo curasteis a un
leproso al besarle las heridas. A vos, se os recuerda también
por haber sido el primer Papa que utilizó un sello pontificio.
Y, así, y luego de haber gastado vuestra santa vida en buena
lid, voló vuestra al cielo, para ser coronada con corona de luz,
¡Oh! San Adeodato, "vivo amor por el Dios de la Vida y del Amor".

© 2024 by Luis Ernesto Chacón Delgado

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08 de Noviembre

San Adeodato
Papa 68 de la Iglesia Católica

San Adeodato fue el Papa número 68 de la Iglesia Católica (615-618), hijo de un diácono de nombre Esteban. Nació en Roma en un tiempo en que la península itálica estaba a merced de invasores lombardos y bizantinos. Siendo muy joven ingresó al monasterio benedictino de Roma, dedicado a San Erasmo, donde se formó para ser sacerdote.

Después de 40 años de servicio sacerdotal, Adeodato fue elegido Papa el 19 de octubre del año 615. Su pontificado duró tres años. Durante ese tiempo, el Papa Adeodato jugó un papel importantísimo para la ciudad de Roma. Si ya la Ciudad Eterna, durante el siglo VII, había sido asolada por el desorden, las guerras y la peste, el año 618 trajo consigo una pena aún mayor a causa de un terremoto que sumió a sus habitantes en la catástrofe. En ese contexto, Adeodato contribuyó al mantenimiento del orden y lideró la ayuda a los damnificados, entre los que habían enfermos de peste y leprosos. Justamente, a él se atribuye la curación milagrosa de muchos de ellos.

De acuerdo a la tradición, San Adeodato poseía el don de la curación. Se dice que cuando sus labios tocaban las heridas de algún enfermo, estas quedaban curadas. El Martirologio Romano señala cómo curó a un leproso al besarle las heridas.

La historia también lo recuerda por haber sido el primer Papa que utilizó un sello pontificio.

Murió santamente el 8 de noviembre de 618.

(https://www.aciprensa.com/noticias/hoy-es-la-fiesta-de-san-adeodato-i-papa-77000)

 

07 noviembre, 2024

San Engelberto, Arzobispo de Colonia y Mártir

 San Engelberto de Colonia: 7 de noviembre - Santo del Día | Podcast on  Spotify

 

¡Oh! San Engelberto, vos, sois el hijo del Dios
de la Vida, su amado santo y mártir. Vos, cuando
erais estudiante, fuisteis prebendado de Santa María
de Aquisgrán, de San Jorge, de San Severino y de
la catedral de Colonia. Más adelante, os nombraron
Arzobispo de Colonia; diócesis arruinada por las luchas
políticas y religiosas, pero vos, con cualidades humanas
extraordinarias teníais un juicio claro, un gran deseo
de justicia, una voluntad fuerte y una presencia que
imponía respeto. Así, recibisteis con alegría a los
frailes menores y dominicos a quienes alentasteis para
que se estableciesen en vuestros dominios. Convocasteis
varios sínodos para mantener la disciplina en el clero
secular y regular. Desempeñasteis con vigor y energía
vuestro trabajo, y ganasteis el respeto de todos; pero
al mismo tiempo, vuestra mano firme y justa con que
gobernasteis os creo muchos enemigos, y lo más, increíble
dentro de vestra familia: uno de de ellos, fue vuestro
primo Federico de Isenberg, quien tramó una conspiración
para asesinaros, debido a que vos, le enrostraste la
verdad por sus malos manejos administrativos. Vos,
partisteis de Soest a Schwelm con una escolta insuficiente,
y Federico, vuestro primo y otros nobles cegados por la
venganza, os emboscaron y os asesinaron. Y, así, voló
vuestra alma al cielo, para recibir corona de luz, como
justo premio a vuestra entrega de amor y fe. ¡Aleluya!

¡Oh! San Engelberto "Vivo amor por el Dios de la Vida".

© 2024 by Luis Ernesto Chacón Delgado 
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07 Noviembre
San Engelberto
Arzobispo de Colonia y Mártir 
 
Uno de los abusos que más se extendieron durante la Edad Media, era la concesión de uno o varios beneficios eclesiásticos a los jóvenes y aún niños. San Engelberto fue un ejemplo de ellos, cuyo padre era el poderoso Conde de Berg. Cuando estudiaba todavía en la escuela de la catedral de Colonia, era ya prebendado de Santa María de Aquisgrán, de San Jorge, de San Severino y de la catedral de Colonia.
 
En 1217 fue nombrado Arzobispo de Colonia; la diócesis estaba completamente arruinada por las luchas políticas y religiosas, pero San Engelberto poseía cualidades humanas que lo hacían apto para la tarea que le esperaba: un juicio claro, un gran deseo de justicia, una voluntad fuerte y una presencia que imponía respeto.
 
El santo recibió generosamente a los frailes menores y dominicos a quienes alentó para que se estableciesen en sus dominios. Convocó varios sínodos en su diócesis para mantener la disciplina en el clero secular y regular. El santo desempeñó con vigor y energía, y supo ganarse el respeto de todos; pero al mismo tiempo, la mano firme y justa con que gobernó, le creó muchos enemigos. Uno de ellos, fue su primo Federico de Isenberg, administrador de las religiosas de Essen, quien tramó una conspiración para asesinarlo debido a los reproches que San Engelberto le había dirigido a causa de sus abusos y malos manejos administrativos.
 
El 7 de noviembre de 1225, el santo partió de Soest a Schwelm con una escolta insuficiente, y Federico y otros nobles cayeron sobre él con cien soldados y lo asesinaron.
 

06 noviembre, 2024

San Leonardo de Noblac, patrono de las parturientas y de los presos

 San Leonardo de Noblat

 

 ¡Oh!, San Leonardo de Noblac, vos, sois el hijo del Dios
de la Vida y su amado santo, y uno de los más populares
de Europa. A vos se os erigieron cerca de seiscientas iglesias
 y capillas en vuestro honor y despertasteis devoción
increíble en tiempos de las cruzadas: entre vuestros
devotos el príncipe Boemundo de Antioquía, prisionero 
hecho por los infieles, os atribuyó su liberación
donando a “Saint-Léonard-de-Noblac”, unas cadenas de plata
similares a las que había llevado durante su duro
cautiverio. Cuando erais joven, no quisisteis seguir
la carrera de las armas y preferisteis poneros al servicio
de San Remigio, obispo de Reims. Él, quiso concederos
la dignidad episcopal, pero vos, no aspirabais a glorias
humanas y os retirasteis a San Maximino, en Micy, y, luego
al bosque de Pavum, cerca a Limoges. Un día, Clodoveo,
salió de cacería junto con todo su séquito, reina incluida
a quien le vinieron los dolores del parto y, vos, en mucho
ayudasteis con vuestras oraciones y cuidados, con resultados
maravillosos. Así, el rey, hizo con vos, un pacto especial:
el rey os obsequiaría para construir un monasterio todo
el territorio que pudierais recorrer a lomo de un burro.
Y, así, lo hicisteis, tanto que, surgió alrededor del oratorio
de María Santísima, una nueva ciudad. Vos, gastasteis vuestra
vida, en buena lid y, cumplida vuestra tarea, voló al cielo
vuestra alma para coronada ser con corona de luz, como premio
a vuestra increíble entrega de amor y fe. ¡Aleluya! ¡Aleluya!
Santo Patrono de los prisioneros y las parturientas de la tierra;
¡Oh!, San Leonardo de Noblac, “vivo Amor por el Dios Vivo".

© 2024 by Luis Ernesto Chacón Delgado
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6 de Noviembre
San Leonardo de Noblac
Abad

Es uno de los santos más populares de Europa central. En efecto; dice un estudioso que en su honor se erigieron no menos de seiscientas iglesias y capillas, y su nombre aparece frecuentemente en la toponomástica y en el folclor. El mismo estudioso añade que él «despertó una devoción particular en tiempos de las cruzadas, y entre los devotos se cuenta el príncipe Boemundo de Antioquía que, hecho prisionero por los infieles en 1100, atribuyó su liberación en 1103 al santo, y, de regreso a Europa, donó al santuario de Saint-Léonard-de-Noblac, como ex voto, unas cadenas de plata parecidas a las que él había llevado durante su cautiverio». San Leonardo de Noblac (o de Limoges) es un santo «descubierto» a principios del siglo XI, y a ese período remontan las primeras biografías, que después inspiraron el culto hacia él.

Leonardo nació en Galia en tiempos del emperador Anastasio, es decir, entre el 491 y el 518. Como sus padres, a más de nobles, eran amigos de Clodoveo, el gran jefe de los Francos, éste quiso servir de padrino en el bautismo del niño. Cuando ya era joven, Leonardo no quiso seguir la carrera de las armas y prefirió ponerse al servicio de San Remigio, que era obispo de Reims.

Como San Remigio, sirviéndose de la amistad con el rey, había obtenido el privilegio de poder conceder la libertad a todos los prisioneros que encontrara, también Leonardo pidió y obtuvo un poder semejante, que ejerció muchas veces. El rey quiso concederle algo más: la dignidad episcopal. Pero Leonardo, que no aspiraba a glorias humanas, prefirió retirarse primero a San Maximino en Micy, y después a un lugar cercano a Limoges, en el centro de un bosque llamado Pavum.

Un día su soledad se vio interrumpida por la llegada de Clodoveo que iba a cacería junto con todo su séquito. Con el rey iba también la reina, a quien precisamente en ese momento le vinieron los dolores del parto. Las oraciones y los cuidados de San Leonardo hicieron que el parto saliera muy bien, y entonces el rey hizo con el santo un pacto muy particular: le obsequiaría, para construir un monasterio, todo el territorio que pudiera recorrer a lomo de un burro. Alrededor del oratorio en honor de María Santísima habría surgido una nueva ciudad.

(http://www.es.catholic.net/santoral/articulo.php?id=13740)

04 noviembre, 2024

San Carlos Borromeo, Cardenal Arzobispo de Milán y Padre de los Pobres

 

  ¡Oh!, San Carlos Borromeo; vos, sois vos, el hijo del Dios
de la Vida y su amado santo que, a la práctica llevasteis
aquello que Jesús había dicho: “Quien ahorra su vida, la
pierde, pero el que gasta su vida por Mí, la ganará”. Y, la
verdad, que, así lo hicisteis y la ganasteis porque, cada
segundo de la vuestra, por el Dios eterno la disteis con
prudencia actuando y honor dando al significado de vuestro
nombre: “Hombre prudente”, pues en cada cosa que hicisteis
dejasteis vuestro sello, porque sois uno de los santos
más dados a la Iglesia y, sobre todo a vuestro pueblo,
que os recuerda hasta hoy. Vuestra vida, la gastasteis por
nuestra religión a la que amabais de manera ejemplar. A los
necesitados y pobres ayudabais constantemente, muchas almas
salvasteis y os disteis tiempo para formar y seminarios
fundar. Todo ello, gracias a las reformas del Concilio
de Trento, imponiendo disciplina al clero y a los religiosos,
sin preocuparos de aquellos que, a sus privilegios renunciar
no querían. Vuestro escudo un lema de una sola palabra tenía:
“Humilitas”: ¡humildad!. Vos, siendo noble y muy rico os
privabais de todo y vivíais en contacto con el pueblo para
sus necesidades y confidencias escuchar, pues os llamaban
“padre de los pobres”. Y, lo fuisteis en el sentido pleno
de la palabra. Quizás por ello, atentaron contra vuestra vida
mientras en vuestra capilla rezabais y, luego en el acto
mismo de aquél crimen, perdonasteis a vuestro agresor. Así,
erais, imitación pura y santa de vuestro Maestro: ¡Cristo!
Y, joven aún, vuestra alma, por designios de Dios, voló al
cielo, para premiaros con corona eterna de luz, como justo
premio a vuestra entrega entera de amor y, así, os puso, al
lado de vuestros amigos de toda la vida: San Pío V, San
Francisco de Borja, San Felipe Neri, San Félix de Cantalicio
y San Andrés Avelino. Patrono de los catequistas y seminaristas;
¡Oh!, San Carlos Borromeo, “vivo Amor, Cruz, Pan, Cáliz y Luz”.

© 2024 by Luis Ernesto Chacón Delgado
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4 de Noviembre
San Carlos Borromeo
Cardenal Arzobispo de Milán

Por: P. Ángel Amo
Fuente: Catholic.net

Martirologio Romano: Memoria de san Carlos Borromeo, obispo, que nombrado cardenal por su tío materno, el papa Pío IV, y elegido obispo de Milán, fue en esta sede un verdadero pastor fiel, preocupado por las necesidades de la Iglesia de su tiempo, y para la formación del clero convocó sínodos y erigió seminarios, visitó muchas veces toda su diócesis con el fin de fomentar las costumbres cristianas y dio muchas normas para bien de los fieles. Pasó a la patria celeste en la fecha de ayer (1584)

Etimología: Carlos = Prudente y dotado de noble inteligencia, es de origen germánico

La gigantesca estatua que sus conciudadanos le dedicaron en Arona, sobre el Lago Mayor en el norte de Italia, expresa muy bien la gran estatura humana y espiritual de este santo activo, bienhechor y comprometido en todos los campos del apostolado cristiano.

Había nacido en 1538. Sobrino del Papa Pío IV, fue creado cardenal diácono cuando sólo tenía 21 años. El mismo Papa lo nombró secretario de Estado, siendo el primero que desempeñó este cargo en el sentido moderno. Aún permaneciendo en Roma para dirigir los asuntos, tuvo el privilegio de poder administrar desde lejos la arquidiócesis de Milán.

Cuando murió su hermano mayor, renunció definitivamente al título de conde y a la sucesión, y prefirió ser ordenado sacerdote y obispo a los 24 años de edad. Dos años después, muerto el Papa Pío IV, Carlos Borromeo dejó definitivamente Roma y fue recibido triunfalmente en la sede episcopal de Milán, en donde permaneció hasta la muerte, cuando tenía sólo 46 años.

En una diócesis que reunía a los pueblos de Lombardía, Venecia, Suiza, Piamonte y Liguria, Carlos estaba presente en todas partes. Su escudo llevaba un lema de una sola palabra: “Humilitas”, humildad. No era una simple curiosidad heráldica, sino una elección precisa: él, noble y riquisimo, se privaba de todo y vivía en contacto con el pueblo para escuchar sus necesidades y confidencias. Fue llamado “padre de los pobres”, y lo fue en el pleno sentido de la palabra. Empleó todos sus bienes en la construcción de hospitales, hospicios y casas de formación para el clero.

Se comprometió en llevar adelante las reformas sugeridas por el concilio de Trento, del que fue uno de los principales actores. Animado por un sincero espíritu de reforma, impuso una rígida disciplina al clero y a los religiosos, sin preocuparse por las hostilidades que se iban formando en los que no querían renunciar a ciertos privilegios que brindaba la vida eclesiástica y religiosa. Fue blanco de un atentado mientras rezaba en la capilla, pero salió ileso, perdonando generosamente a su atacante.

Durante la larga y terrible epidemia que estalló en 1576, viajó a todos los rincones de su diócesis. Empleó todas las energías y su caridad no conoció límites. Pero su robusta naturaleza tuvo que ceder ante el peso de tanta fatiga. Murió el 3 de noviembre de 1584. Fue canonizado en 1610 por el Papa Pablo V.

(http://www.es.catholic.net/op/articulos/31830/carlos-borromeo-santo.html)