06 septiembre, 2025

Santos Cleto y Donaciano, Obispos y Mártires del siglo V

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6 de septiembre
Santos Cleto y Donaciano
Mártires del siglo V
 
Cada 6 de septiembre la Iglesia recuerda a los santos Cleto (Leto) y Donaciano, mártires del siglo V.
Ambos fueron obispos, valientes defensores de la fe cristiana, dispuestos a entregar la vida por Cristo en tiempos en los que el imperio romano había entrado en franca decadencia y los bárbaros castigaban indiscriminadamente a quienes detentaban algún tipo de autoridad, especialmente si esta nacía de la fe cristiana. Cleto (leto) fue quemado vivo, mientras que Donaciano murió en el desierto, tras ser deportado por el rey de los vándalos, Hunerico (ca.430-484).
 
Barbarie
 
Los vándalos fueron un pueblo germano proveniente de Europa central -las actuales Alemania y Polonia- célebre por haber invadido los territorios del imperio romano del norte de África (Cartago) y avanzar hasta la capital, Roma. Los vándalos organizaron uno de los más violentos saqueos que haya padecido la Ciudad Eterna a lo largo de su historia.
 
En 483 el obispo Eugenio y los clérigos de Cartago (ciudad bajo dominio vándalo en ese momento) habían sido llevados al palacio real y después conducidos a las afueras de la ciudad, rumbo al destierro. Los clérigos que quisieron mantenerse dentro de las fronteras del reino se establecieron en la parte sur, donde paulatinamente serían torturados y masacrados.
 
Tras este episodio, Hunerico evidenció cierta tolerancia hacia los católicos -él había abrazado el arrianismo años antes y consideraba a los católicos como herejes- pero esta actitud no duraría mucho. En el año 484, el rey Hunerico ordenó tomar acciones en contra de los católicos. Así, todas las iglesias católicas del África norte fueron clausuradas y sus bienes confiscados, para ser entregados a la turba. 
 
El obispo Donaciano
 
Ante tal injusticia, Donaciano y otros cuatro obispos de la provincia de Birsa, África, (Presidio, Mansueto, Germán y Fúsculo), reunieron a un grupo de cristianos y organizaron una protesta frente a las puertas de la ciudad capital cartaginesa. El rey Humerico furioso por la revuelta ordenó a sus soldados "aplastar" a los “revoltosos”.
 
Donaciano y los cuatro obispos fueron brutalmente golpeados, y luego conducidos a la fuerza al desierto, donde quedaron abandonados para morir de hambre y sed.
 
El obispo Cleto
 
San Cleto, obispo de la Leptis Minor (norte de África), considerado "un hombre celoso y muy sabio" (ver: Martirologio romano) se había ganado la enemistad de Hunerico por su enérgica oposición al arrianismo, fue encerrado en un calabozo hediondo, del cual solo fue sacado al cabo de dos meses para ser quemado vivo.(ACI Prensa).

05 septiembre, 2025

Santa Teresa de Calcuta, Fundadora Misioneras de la Caridad y Premio Nobel de la Paz

 60 Frases de la Madre Teresa de Calcuta - Para REFLEXIONAR

¡Oh! Santa Teresa de Calcuta, vos, sois la hija del Dios
de la Vida, mensajera de su amor y su amada santa que,
perteneciendo a las “Hermanas de Loreto”, en Esposa de Jesús
os convertisteis. Vuestra vida, llena de alegría, de caridad,
de altruismo, de coraje, de trabajo y talento natural
de organizadora. Todo ello, lo recibisteis de Dios, pues,
vuestra sed de amor y de almas, se apoderó de vuestro corazón,
unida al deseo de saciar la sed de Jesús. Él, os reveló
sus deseos, de hallar “víctimas de amor” que “irradiasen
a las almas su amor”. “Ven y sé mi luz; no puedo ir solo”,
os confió, al mostraros su dolor por el olvido de los pobres,
y además su pena, por la ignorancia que tenían de Él,
y el deseo de amado ser por ellos. Así, os pidió que fundaseis
las “Misioneras de la Caridad”, al servicio “de los más pobres,
entre los pobres”. Y, luego, os dedicasteis a visitar familias
“pobres entre las más pobres”, sus heridas lavando; ancianos
y mujeres socorriendo con males físicos y del alma. Cada
día comulgabais con Jesús, en la Santa Eucaristía y luego
salíais de casa, con el rosario en la mano, para encontrar
y servir a Jesús en “los no deseados, los no amados, aquellos
de los que nadie se ocupaba”. El mundo conoció el derroche
de vuestro amor, y, por vuestra tarea y obra extraordinaria
recibisteis el Premio Indio “Padmashri”, y más tarde, el
“Premio Nobel de la Paz”. Y, aunque, vuestra exterior obra
reconocida fue, os invadió una “oscuridad interior”, una
“dolorosa noche”, que tuvo como final feliz, a una siempre
y más profunda unión con Dios. Y, así, luego de haber gastado
vuestra santa vida en buena lid, voló vuestra alma al cielo, para
coronada ser con corona de luz, como premio a vuestro amor y fe;
¡Oh!, Santa Teresa de Calcuta, “viva luz de Cristo, Vivo en los pobres”.

© 2023 by Luis Ernesto Chacón Delgado
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Caridad de caridades

¡Oh!, Santa Teresa de Calcuta!
caridad de caridades, un día
susurrote el Bien Amado:
“Ven y sé mi luz”; y fue así,
tu caminar hasta el cielo,
caridad de caridades. ¡Aleluya!

Teresa de los miserables
harapientos y hambrientos
de los leprosos y los huérfanos
y de las madres sin hogar:
¡Misioneras de la caridad!.

¡Oh, Santa Teresa de Calcuta!
caridad de caridades, un día
susurrote el Bien Amado:
“Ven y sé mi luz”; y fue así,
tu caminar hasta el cielo,
caridad de caridades. ¡Aleluya!

© 2007 by Luis Ernesto Chacón Delgado
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5 de septiembre
Santa Teresa de Calcuta
Fundadora y madre de los pobres

Fuente: ACI Prensa

Martirologio Romano: En la ciudad de Calcuta, en la India, Santa Teresa (Inés) Gonhxa Bojaxhiu, virgen, que, nacida en Albania, trató de apagar la sed de Cristo clavado en la cruz atendiendo con eximia caridad a los hermanos más pobres, y fundó las congregaciones de Misioneros y Misioneras de la Caridad, para servir a los enfermos y abandonados († 1997).

Fecha de beatificación: 19 de octubre de 2003, por S.S. Juan Pablo II
Fecha de canonización: 4 de septiembre de 2016 por S.S. Francisco

Breve Biografía

¿Cuáles fueron los milagros para su beatificación y canonización?

“De sangre soy albanesa. De ciudadanía, India. En lo referente a la fe, soy una monja católica. Por mi vocación, pertenezco al mundo. En lo que se refiere a mi corazón, pertenezco totalmente al Corazón de Jesús”, decía la Madre Teresa.

La Madre Teresa nació un 26 de agosto de 1910 en Skopje. Fue la menor de los hijos de Nikola y Drane Bojaxhiu. La bautizaron con el nombre de Gonxha Agnes. Recibió la primera Comunión a los cinco años y medio; y la Confirmación la recibió en 1916.

A los ocho años muere su padre y su familia pasa por una gran estrechez económica. Cuando llegó a los 18 años deja la casa para ingresar al Instituto de la Bienaventurada Virgen María, conocido como las Hermanas de Loreto, en Irlanda. Allí tomó el nombre de Hermana María Teresa por Santa Teresa de Lisieux. Llega a Calcuta el 6 de enero de 1929. Después de hacer sus primeros votos en mayo de 1931, es destinada a la comunidad de Loreto Entally en esa ciudad de la India donde fue docente de las alumnas del colegio St. Mary.

El 24 de mayo de 1937, la Hermana Teresa hizo su profesión perpetua y llegó a convertirse en directora del mencionado colegio en 1944. Sin embargo, un 10 de septiembre de 1946, durante un viaje de Calcuta a Darjeeling para realizar su retiro anual, Madre Teresa recibió lo que ella llamó la “inspiración”, su “llamada dentro de la llamada”. Aquel día la sed de amor y de almas se apoderó de su corazón. En las siguientes semanas, mediante locuciones interiores y visiones, el mismo Jesús le reveló su deseo de encontrar “víctimas de amor” que “irradiasen a las almas su amor”. “Ven y sé mi luz”, le dijo el Señor.

Del mismo modo, le pidió que fundara una congregación religiosa al servicio de los más pobres entre los pobres. Es así que después de muchas dificultades, el 17 de agosto de 1948 se visitó por primera vez con el sari blanco orlado de azul y salió del convento de Loreto para introducirse en el mundo de los pobres.

Recorrió los barrios pobres, visitó familias, lavó las heridas de los niños y ayudó a los olvidados. Todos los días recibía la Eucaristía y salía de casa con el rosario en la mano. Luego de algunos meses, se le unieron algunas de sus antiguas alumnas.

En 1950 se establece oficialmente la Congregación de las Misioneras de la Caridad. Tiempo después envió a sus hermanas a otras partes de la India y abre otras casas en Venezuela, Roma, Tanzania y en los cinco continentes.

Con el tiempo funda también a los Hermanos Misioneros de la Caridad, la rama contemplativa de las Hermanas, los Hermanos Contemplativos y los Padres Misioneros de la Caridad. Así como a los Colaboradores de Madre Teresa y a los Colaboradores Enfermos y Sufrientes. Lo que inspiró a los Misioneros de la caridad laicos y al movimiento Sacerdotal Corpus Christi.

En 1979 se le otorgó el Premio Nobel de la Paz y los medios de comunicación empezaron a seguir con más atención sus obras que daban testimonio de la alegría de amar y de la grandeza y dignidad de cada persona humana.

Al final de su vida y a pesar de sus problemas de salud, Madre Teresa continuó sirviendo a los pobres. Después de encontrarse por última vez con San Juan Pablo II, retorna a Calcuta y el 5 de septiembre de 1997 volvió a la Casa del Padre.

 Fue beatificada por San Juan Pablo II el 19 de octubre del 2003. Y canonizada 13 años después por el Papa Francisco en la Plaza de San Pedro el 04 de septiembre del 2016 dentro de la celebración del Jubileo de los voluntarios y operarios de la misericordia.

(http://es.catholic.net/op/articulos/31870/teresa-de-calcuta-beata.html)

04 septiembre, 2025

Santa Rosalía, Eremita y patrona de las personas que sufren enfermedades infecciosas

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4 de septiembre
Santa Rosalía
Eremita
 
Cada 4 de septiembre la Iglesia recuerda a Santa Rosalía, conocida también como Rosalía de Palermo, eremita del siglo XII, a quien se cuenta entre las santas vírgenes de la Iglesia. Rosalía vivió una vida de oración, contemplación y penitencia, alejada del ruido del mundo.
 
Santa Rosalía es patrona de las personas que sufren enfermedades infecciosas o son víctimas de la peste ella es su fiel intercesora en los momentos difíciles. 
 
Flor de santidad
 
Nacida con el nombre de Rosalia Sinibaldi, perteneció a una familia proveniente de Normandía (Francia) que se reclamaba descendiente de Carlomagno. Sus biógrafos coinciden en que nació hacia el año 1130 en Palermo, isla de Sicilia (Italia), por lo que se le considera también patrona de esa ciudad.
El nombre de la santa, ‘Rosalía’, es una contracción de los nombres de dos tipos de flores: ‘rosa’ y ‘lilia’ (nombre común que se le da a la azucena o lirio). 
 
Los sicilianos llaman cariñosamente a Santa Rosalía "Santuzza" (Santita), en alusión a su baja estatura, ya que se sabe que fue una mujer particularmente pequeña y de contextura fina.
 
El más alto honor 
 
Rosalía fue educada en la corte de la ciudad, y por su belleza y trato amable se convirtió en dama de honor de la reina Margarita de Navarra, esposa del rey Guillermo II. A pesar de su posición social favorable, dejó su hogar y el palacio real para dedicarse completamente a lo que le llenaba el alma: la vida de oración, el trato frecuente e intenso con el Señor. 
 
Fue acogida en el monasterio basiliano de Santo Salvador de Palermo, pero la presión ejercida por sus padres y el hombre al que fue prometida en matrimonio la forzaron a huir a las afueras de Bivona, donde se refugió en una cueva. Con el correr de los días y en vistas a que su situación familiar no cambiaba, Rosalía se vio obligada a esconderse en otra cueva, esta vez, ubicada en el Monte Peregrino, cerca de Palermo, donde moriría años más tarde entre los años 1156 y 1566.
 
De acuerdo al sacerdote bolandista (jesuita dedicado a la recopilación de datos sobre los santos), P. Juan Stilting, Rosalía fue hija de Sinibaldo, conde de Quisquina y Monte Rosa (actual territorio de Santo Stefano Quisquina y Bivona), y fue efectivamente descendiente del emperador Carlomagno -lo que conllevaba su reconocimiento como parte de la más alta nobleza europea de aquel entonces-.
 
Sicilia y la desaparición de la peste
 
Según la tradición, gracias a la intercesión de Rosalía mermó la peste que asoló Sicilia en 1624, año en el que sus restos fueron encontrados. Aquella antigua tradición señala que la santa se le apareció a un cazador para conducirlo al lugar dónde yacían sus restos. Santa Rosalía le señaló la ruta que conducía hacia la montaña en cuya cueva vivió y murió; después, la santa le encomendó al hombre que sus restos fueran sacados de allí y llevados en procesión para ser debidamente sepultados. 
 
Cuando el pueblo siciliano se enteró de la aparición, se organizaron expediciones para encontrar los restos de la santa en la zona montañosa indicada. Después de que estos fueron hallados, 
milagrosamente, la peste que asolaba la ciudad desapareció a los pocos días. Esta es la razón por la que los habitantes de la isla mediterránea nombraron a Rosalía como su patrona y sus restos trasladados al interior de la catedral de Palermo. 
 
Tiempo después, el Papa Urbano VIII -pontífice entre 1623 y 1644- declaró oficialmente la autenticidad de las reliquias y dispuso que Sicilia conmemore a su santa cada 15 de julio, mientras que el resto de la Iglesia universal debe hacerlo el 4 de septiembre, día en que se recuerda tanto el hallazgo como el traslado de las reliquias de la santa.
 
Veneración e iconografía
 
La iconografía representa a Santa Rosalía como ermitaña, al aire libre, cerca de una cueva, y, a veces, revestida del hábito agustino. Suele aparecer también coronada de rosas -en alusión a su nombre-, de pie, al lado de un crucifijo y una calavera, en alusión a la vida ascética que llevó.
 
El culto a Santa Rosalía fue inicialmente promovido por los monjes benedictinos y se ha hecho universalmente popular. Se pide su intercesión en los momentos difíciles, contra enfermedades infecciosas y, de manera particular, contra la peste. Solo un par de años atrás, sus devotos se encomendaban a ella para pedir por el fin de la pandemia del Covid-19.(ACI Prensa)

03 septiembre, 2025

San Gregorio Magno, Papa Gregorio I Monje, místico, reformador y Doctor de la Iglesia

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3 de septiembre
San Gregorio Magno, Papa Gregorio I
Monje, místico, reformador y Doctor de la Iglesia
 
Cada 3 de septiembre, la Iglesia Católica celebra a San Gregorio Magno (Papa Gregorio I), monje, místico y reformador, quien redefinió la figura del papado en el siglo VI al proclamarse como “siervo de los siervos de Dios”.
 
La nota distintiva de San Gregorio, a quien llamaron “magno” (del latín magnus, grande), fue su sencillez. Siendo cabeza de la Iglesia y, por lo tanto, detentando un gran poder, se entendió a sí mismo como el más humilde servidor de todos. Precisamente, en eso radica su grandeza, en que supo hacerse pequeño para ser grande a la manera de Cristo.
 
San Gregorio fue el sexagésimo cuarto Papa de la Iglesia católica; forma parte del grupo de los cuatro Padres de la Iglesia latina y se le cuenta entre los Doctores de la Iglesia. Asimismo, cabe mencionar que Gregorio I fue el primer monje que llegó a ocupar la sede de Pedro. Alguna vez sentenció: “Donde el amor existe se obran grandes cosas”; y, de muchas maneras su ejemplar vida fue testimonio de eso.
“Hombre de consenso”
 
San Gregorio Magno nació en Roma en el año 540, en el seno de una antigua familia romana de la que ya habían salido dos papas: Félix III (483-492), quien se cree fue su bisabuelo; y Agapito I (535-536), un pariente lejano.
 
Siendo joven, ingresó en la carrera administrativa para la que había sido destinado, llegando a ocupar el cargo de prefecto hacia el año 573; no obstante, la abandonó para hacerse monje. Tras este giro, a la muerte de su padre (575), convirtió la casa familiar en un monasterio, conocido más tarde como el monasterio de San Andrés. De manera semejante, dispuso del resto de sus propiedades personales para beneficio de la Iglesia.
 
Más adelante, el Papa Pelagio II lo nombró diácono y lo envió a Constantinopla como “apocrisiario” (lo que hoy equivale a un nuncio apostólico). Allí permaneció unos años hasta que fue llamado de regreso a Roma para ocupar el puesto de secretario pontificio. Años duros le tocó vivir allí, pues la Ciudad Eterna padecería desastres naturales, carestías a causa del asedio bárbaro y, finalmente, la peste. Esta última fue la que acabó con la vida de su predecesor, el Papa Pelagio.
 
En tales circunstancias, Gregorio sería elegido “Obispo de Roma y Sumo Pontífice” gracias a la sintonía existente, en ese momento, entre el clero, el pueblo romano y el senado en torno a sus cualidades personales.
 
Como Papa, San Gregorio se abocó a la tarea de entablar relaciones de fraternidad con todos los reinos y gobiernos posibles, con el deseo de que la Iglesia continuase con el anuncio del Evangelio en el mundo entero. 
 
Magnus: un siervo en la Sede de Pedro (590-604)
 
Una vez a cargo de la Sede de Pedro -asumió la sede el 3 de septiembre de 590-, se preocupó por la conversión de los pueblos considerados lejanos en aquella época, y de la nueva organización civil y política de la Europa posterior a la caída del imperio romano de Occidente.
 
Al acceder al pontificado, San Gregorio Magno, desde Roma, tuvo que realizar una doble tarea: velar por su “ciudad” camino del cielo y, al mismo tiempo, por la Europa en proceso de reorganización social y política. La fragmentación del mundo conocido tras el debilitamiento progresivo del poder imperial había dejado sola a la Iglesia en cuanto al sostenimiento de la “unidad” entre los pueblos, o en todo caso, de cierta “estructura administrativa” que subsistía ahora con demasiada dificultad. Roma miraba a Bizancio y Bizancio no respondía.
 
En ese contexto, el Papa Gregorio negoció con reyes, nobles, casas ancestrales, autoridades venidas a menos y las cabezas de los pueblos bárbaros. El santo fue figura crucial para conseguir cierta armonía cuando los pueblos de la Europa continental ya no esperaban más la reestructuración o recomposición del “orden perdido”.
 
Los lazos que estableció San Gregorio favorecieron el encuentro entre distintos mundos al calor de un movimiento evangelizador. En especial cabe mencionar su preocupación por el mundo anglosajón insular (Inglaterra). El Papa envió misioneros a las islas británicas y puso al San Agustín de Canterbury a liderar aquella empresa.
 
Por otro lado, se alió con las órdenes monásticas, pues veía en ellas la garantía de que la Iglesia habría de mantenerse sólida -un buen edificio descansa en cimientos sólidos, y esos para la Iglesia dependen de la oración-; mientras que, en lo político, frenó las ambiciones expansionistas de francos y lombardos.
 
Renovarse siempre en el Amor
 
El Papa “grande” de la Alta Edad Media hizo de la liturgia “la niña de sus ojos”. Ella es el núcleo de la vida cristiana porque es, por excelencia, el espacio de encuentro entre Dios y su pueblo. Uno de los aspectos más importantes de la celebración litúrgica es el canto, que, como se sabe, es una forma privilegiada de oración.
 
Gregorio ordenó recopilar la música y las antiguas antífonas que se entonaban en la Iglesia e impulsó un estilo y una estructura musical que consideró propicias para la liturgia -cuyo centro es la Eucaristía-, herencia de lo que se conocía entonces como Schola Cantorum [Escuela de los que cantan]. Así contribuyó a la evolución de lo pasaría a llamarse, precisamente, “canto gregoriano”, como una forma de honrar la memoria del santo.
 
En esta tarea, San Gregorio fue muy prolijo: logró recoger la larga tradición del canto cristiano -nacido en las catacumbas- y que ahora podía vibrar en los templos para beneplácito del espíritu humano. Lamentablemente buena parte de ese “antifonario” (registro musical) se fue perdiendo, hasta que a inicios del siglo XX fue recuperado por el Papa San Pio X, para convertirse en el “canto oficial de la Iglesia Católica” para siempre.
 
Ecos en el siglo XXI
 
Muchas otras cosas pueden escribirse sobre San Gregorio Magno, como por ejemplo su intervención en torno a la doctrina del “purgatorio”, tema comprometido con la teología de la salvación de distintas maneras.
 
Baste por ahora recurrir a lo dicho por el Papa Benedicto XVI, quien en audiencia general del 28 de mayo del 2008, se refirió a San Gregorio Magno con estas palabras: “En un tiempo desastroso, más aún, desesperado, [San Gregorio] supo crear paz y dar esperanza. Este hombre de Dios nos muestra dónde están las verdaderas fuentes de la paz y de dónde viene la verdadera esperanza; así se convierte en guía también para nosotros hoy”.(ACI prensa).

02 septiembre, 2025

Beato Bartolomé Gutiérrez, Sacerdote agustino

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2 de septiembre
Beato Bartolomé Gutiérrez
Sacerdote agustino
 
Cada 2 de septiembre la Iglesia recuerda al Beato Bartolomé Gutiérrez, sacerdote agustino del siglo XVI, nacido en México y quien fuera llamado a la presencia de Dios a través del martirio, siendo misionero en Japón.
 
Fray Bartolomé Gutiérrez Espinosa fue beatificado el 7 de julio de 1867 por el Papa Pío IX.
 
Un chico ‘grande’ e ingenioso
 
Bartolomé nació el 4 de septiembre de 1580 en Ciudad de México (Virreinato de Nueva España). Con 16 años, en 1596, ingresó a la Orden de San Agustín (agustinos). Bartolomé era un joven corpulento y con evidente sobrepeso. Por ese motivo los frailes que vivían con él solían gastarle bromas, a las que él respondía con una paciente sonrisa.
 
Su más grande deseo era ser misionero, viajar hasta los confines del mundo y proclamar la Palabra del Señor; lamentablemente, no eran pocos entre sus hermanos agustinos los que veían esa posibilidad con escepticismo. No creían que Bartolomé fuera capaz de emprender un viaje a tierras lejanas y sobrevivir en medio de la geografía agreste o el clima adverso.
 
No obstante, el beato se las arregló para dejar atónitos a sus detractores en una. En cierta ocasión, Bartolomé se permitió responder a las burlas sobre su peso haciendo gala de ingenio y fina ironía. A los que se mofaban de su gordura les dijo: “Tanto mejor, así habrá más reliquias que repartir cuando muera mártir, porque algún día iré a Filipinas y de allí a Japón donde moriré por la fe de Cristo”.
 
Grandeza de espíritu
 
Tras concluir los estudios eclesiásticos, Bartolomé fue ordenado sacerdote y enviado a Puebla. En 1606 fue alistado junto a otros misioneros para la misión a Filipinas. Una vez llegado a la isla, se le designó el puesto de maestro de novicios.
 
Bartolomé tenía una gran habilidad para aprender otras lenguas, así que llegó a dominar el tagalo (la lengua filipina por antonomasia) y luego se introdujo en el japonés.
 
En 1612 se embarcó rumbo a Japón y un año después fue nombrado prior del convento de Osaka, desde donde se entregó de lleno a la evangelización, haciéndose cargo de una gran comunidad de fieles cristianos.
 
“Sean mansos como palomas y astutos como la serpiente” (Mt 10, 16)
 
En 1615 se decretó la expulsión de todos los religiosos del Japón, y el Beato Bartolomé se vio obligado a regresar a Filipinas. Sin embargo, el provincial le pidió que volviera a Japón, en compañía del P. Pedro de Zúñiga -también futuro beato-. Los misioneros arribaron a la tierra de misión el 12 de agosto de 1618.
 
De ahí en adelante, el P. Bartolomé ejerció un ministerio ejemplar entre los japoneses, predicando y administrando los sacramentos de manera clandestina, desafiando a la autoridad en pos del bien de las almas. Por más de 12 años enfrentó los peligros de la persecución: vivió entre los campos de cultivo y el bosque; pasó hambre, miseria y soportó las inclemencias del clima.
 
Valeroso guerrero como el Señor a quien sirvió
 
En 1629 fue tomado prisionero en Omura y, dos años más tarde, en 1631, trasladado con sus compañeros a Nagasaki, donde permaneció en cautiverio tres años más, hasta que, finalmente, se le condenó a muerte. Tras ser torturado sumergido en aguas hirvientes, fue quemado vivo el 3 de septiembre de 1632 junto con otros misioneros. Su cuerpo quedó reducido a cenizas, las que fueron recogidas y arrojadas al mar.
 
El Beato Bartolomé Gutiérrez formó parte del grupo de 205 mártires del Japón encabezados por el también Beato Alfonso Navarrete. Ellos fueron elevados a los altares el 7 de julio de 1867 por el Papa Pio IX.
 
En México la fecha para su conmemoración es el 2 de septiembre, con el rango de memoria opcional. Ese día, las oraciones de la misa y la liturgia de las horas están dedicadas a él.(bigsplash.wordpress.com bitacoradelalma.blogspot.com)

31 agosto, 2025

Domingo 22 (C) del tiempo ordinario

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Domingo 31 de agosto
Domingo 22 (C) del tiempo ordinario
 
Texto del Evangelio (Lc 14,1.7-14): Un sábado, habiendo ido a casa de uno de los jefes de los fariseos para comer, ellos le estaban observando. Notando cómo los invitados elegían los primeros puestos, les dijo una parábola: «Cuando seas convidado por alguien a una boda, no te pongas en el primer puesto, no sea que haya sido convidado por él otro más distinguido que tú, y viniendo el que os convidó a ti y a él, te diga: ‘Deja el sitio a éste’, y entonces vayas a ocupar avergonzado el último puesto. Al contrario, cuando seas convidado, vete a sentarte en el último puesto, de manera que, cuando venga el que te convidó, te diga: ‘Amigo, sube más arriba’. Y esto será un honor para ti delante de todos los que estén contigo a la mesa. Porque todo el que se ensalce, será humillado; y el que se humille, será ensalzado».
 
Dijo también al que le había invitado: «Cuando des una comida o una cena, no llames a tus amigos, ni a tus hermanos, ni a tus parientes, ni a tus vecinos ricos; no sea que ellos te inviten a su vez, y tengas ya tu recompensa. Cuando des un banquete, llama a los pobres, a los lisiados, a los cojos, a los ciegos; y serás dichoso, porque no te pueden corresponder, pues se te recompensará en la resurrección de los justos».
 
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«Los invitados elegían los primeros puestos»
Rev. D. Enric PRAT i Jordana
(Sort, Lleida, España)
 
Hoy, Jesús nos da una lección magistral: no busquéis el primer lugar: «Cuando seas convidado por alguien a una boda, no te pongas en el primer puesto» (Lc 14,8). Jesucristo sabe que nos gusta ponernos en el primer lugar: en los actos públicos, en las tertulias, en casa, en la mesa... Él conoce nuestra tendencia a sobrevalorarnos por vanidad, o todavía peor, por orgullo mal disimulado. ¡Estemos prevenidos con los honores!, ya que «el corazón queda encadenado allí donde encuentra posibilidad de fruición» (San León Magno).
 
¿Quién nos ha dicho, en efecto, que no hay colegas con más méritos o con más categoría personal? No se trata, pues, del hecho esporádico, sino de la actitud asumida de tenernos por más listos, los más importantes, los más cargados de méritos, los que tenemos más razón; pretensión que supone una visión estrecha sobre nosotros mismos y sobre lo que nos rodea. De hecho, Jesús nos invita a la práctica de la humildad perfecta, que consiste en no juzgarnos ni juzgar a los demás, y a tomar conciencia de nuestra insignificancia individual en el concierto global del cosmos y de la vida.
 
Entonces, el Señor, nos propone que, por precaución, elijamos el último sitio, porque, si bien desconocemos la realidad íntima de los otros, sabemos muy bien que nosotros somos irrelevantes en el gran espectáculo del universo. Por tanto, situarnos en el último lugar es ir a lo seguro. No fuera caso que el Señor, que nos conoce a todos desde nuestras intimidades, nos tuviese que decir: «‘Deja el sitio a éste’, y entonces vayas a ocupar avergonzado el último puesto» (Lc 14,9).
 
En la misma línea de pensamiento, el Maestro nos invita a ponernos con toda humildad al lado de los preferidos de Dios: pobres, inválidos, cojos y ciegos, y a igualarnos con ellos hasta encontrarnos en medio de quienes Dios ama con especial ternura, y a superar toda repugnancia y vergüenza por compartir mesa y amistad con ellos.
 
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Pensamientos para el Evangelio de hoy
 
«Honor a ti, mi Señor Jesucristo, que, con todo tu glorioso cuerpo ensangrentado, fuiste condenado a muerte de cruz, cargaste sobre tus sagrados hombros el madero, fuiste llevado inhumanamente al lugar del suplicio» (Santa Brígida)
«Cristo ocupó el último puesto en el mundo —la cruz—, y precisamente con esta humildad radical nos ha redimido» (Benedicto XVI)
«(…) La envidia procede con frecuencia del orgullo; el bautizado ha de esforzarse por vivir en la humildad» (Catecismo de la Iglesia Católica, nº 2.540). (Evangeli. net)

30 agosto, 2025

Santa Rosa de Lima “Rosa de Santa María”, Patrona del Perú, América y las Filipinas

 Santa Rosa de Lima – Pintakasi

  

¡Oh!, Santa Rosa de Lima, vos, sois la hija del Dios de la Vida,
su amada santa, y, que, entregada a los pobres y enfermos
a vuestra madre terrena le respondisteis: “Cuando servimos
a los pobres y a los enfermos, servimos a Jesús. No debemos
cansarnos de ayudar a nuestro prójimo, porque en ellos
servimos a Jesús”. Vuestra vida de piedad y de virtud, halló
conforte cuando vestisteis el hábito de la Orden de Santo
Domingo, dedicándoos a la oración, la penitencia, la mística
y la contemplación. Por modelo de santidad a Santa Catalina
de Siena tomasteis a pesar de la oposición y de las burlas
de vuestros padres y amigos. De vuestro corazón, desterrasteis
el amor propio, aplastando así vuestro orgullo; con la humildad,
la obediencia y la abnegación imitabais a Cristo. Jamás
a vuestros padres desobedecisteis y, en silencio, días enteros
la incomprensión sufristeis en el huerto que tanto amabais.
Trabajabais y cosíais en ayuda de vuestra familia, y, a la par
contra las propuestas de matrimonio luchabais prefiriendo
hacer votos de virginidad a Dios, a quien os habíais consagrado
desde siempre, tanto que, llevabais sobre la cabeza, corona
de espinas por amor a Él. Y, cuando de Él, hablabais, cambiaba
vuestro tono de voz y vuestro rostro, se inflamaba reflejando
el sentimiento de vuestra alma y vuestro corazón. Y, era más,
cuando os hallabais en presencia del Santísimo Sacramento,
y cuando estabais en plena comunión con Él. Dios, permitió que
sufrieses mucho, y que, vuestros amigos os persiguieran
y vuestra alma, sumida en desolación espiritual quedase, para
provecho del maligno que aprovechaba para molestaros cada
vez, con tentaciones violentas. “Oíd pueblos, oíd, todo género
de gentes: de parte de Cristo y con palabras tomadas de su
misma boca, yo os aviso: Que no se adquiere gracia sin padecer
aflicciones; hay necesidad de trabajos y más trabajos, para
conseguir la participación íntima de la divina naturaleza, la
gloria de los hijos de Dios y la perfecta hermosura del alma”.
“¡Oh, si conociesen los mortales qué gran cosa es la gracia,
qué hermosa, qué noble, qué preciosa, cuántas riquezas
esconde en sí, cuántos tesoros, cuántos júbilos y delicias!
Sin duda emplearían toda su diligencia, afanes y desvelos en
buscar penas y aflicciones; andarían todos por el mundo en
busca de molestias, enfermedades y tormentos, en vez de
aventuras, por conseguir el tesoro último de la constancia en
el sufrimiento. Nadie se quejaría de la cruz ni de los trabajos
que le caen en suerte, si conocieran las balanzas donde se
pesan para repartirlos entre los hombres.” Así, escribisteis vez
alguna. Y, vos, que habíais padecido tanto a lo largo de vuestra
santa vida, en vuestros últimos momentos de vida dijisteis:
“Señor, auméntame los sufrimientos, pero auméntame en la
misma medida tu amor”. ¡Y, Dios os escuchó! Y, así, y luego
de haber gastado vuestra santa vida en buena lid, voló vuestra
alma al cielo, para coronada ser con corona de luz, como premio
justo a vuestra increíble entrega de amor. ¡Aleluya ¡ ¡Aleluya!
Santa Patrona del Perú, de la América toda y de las Filipinas;
¡Oh!, Santa Rosa de Lima, “Viva Rosa de Amor del Dios de la Vida”.

© 2025 by Luis Ernesto Chacón Delgado
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30 de agosto
Santa Rosa de Lima
“Rosa de Santa María”
Patrona del Perú, América
y las Filipinas

El día en que su madre le reprendió por atender en la casa a pobres y enfermos, Santa Rosa de Lima le contestó: “Cuando servimos a los pobres y a los enfermos, servimos a Jesús. No debemos cansarnos de ayudar a nuestro prójimo, porque en ellos servimos a Jesús”.-(Catecismo de la Iglesia Católica, 2449).

Nació en Lima (Perú) el año 1586; cuando vivía en su casa, se dedicó ya a una vida de piedad y de virtud, y, cuando vistió el hábito de la tercera Orden de santo Domingo, hizo grandes progresos en el camino de la penitencia y de la contemplación mística. Murió el día 24 de agosto del año 1617.

Biografía

Rosa de Lima, la primera santa americana canonizada, nació de ascendencia española en la capital del Perú en 1586. Sus humildes padres son Gaspar de Flores y María de Oliva. Aunque la niña fue bautizada con el nombre de Isabel, se la llamaba comúnmente Rosa y ése fue el único nombre que le impuso en la Confirmación el arzobispo de Lima, Santo Toribio. Rosa tomó a Santa Catalina de Siena por modelo, a pesar de la oposición y las burlas de sus padres y amigos. En cierta ocasión, su madre le coronó con una guirnalda de flores para lucirla ante algunas visitas y Rosa se clavó una de las horquillas de la guirnalda en la cabeza, con la intención de hacer penitencia por aquella vanidad, de suerte que tuvo después bastante dificultad en quitársela. Como las gentes alababan frecuentemente su belleza, Rosa solía restregarse la piel con pimienta para desfigurarse y no ser ocasión de tentaciones para nadie.

Una dama le hizo un día ciertos cumplimientos acerca de la suavidad de la piel de sus manos y de la finura de sus dedos; inmediatamente la santa se talló las manos con barro, a consecuencia de lo cual no pudo vestirse por sí misma en un mes. Estas y otras austeridades aún más sorprendentes la prepararon a la lucha contra los peligros exteriores y contra sus propios sentidos. Pero Rosa sabía muy bien que todo ello sería inútil si no desterraba de su corazón todo amor propio, cuya fuente es el orgullo, pues esa pasión es capaz de esconderse aun en la oración y el ayuno. Así pues, se dedicó a atacar el amor propio mediante la humildad, la obediencia y la abnegación de la voluntad propia.

Aunque era capaz de oponerse a sus padres por una causa justa, jamás los desobedeció ni se apartó de la más escrupulosa obediencia y paciencia en las dificultades y contradicciones. Rosa tuvo que sufrir enormemente por parte de quienes no la comprendían. El padre de Rosa fracasó en la explotación de una mina, y la familia se vio en circunstancias económicas difíciles. Rosa trabajaba el día entero en el huerto, cosía una parte de la noche y en esa forma ayudaba al sostenimiento de la familia. La santa estaba contenta con su suerte y jamás hubiese intentado cambiarla, si sus padres no hubiesen querido inducirla a casarse. Rosa luchó contra ellos diez años e hizo voto de virginidad para confirmar su resolución de vivir consagrada al Señor.

Al cabo de esos años, ingresó en la tercera orden de Santo Domingo, imitando así a Santa Catalina de Siena. A partir de entonces, se recluyó prácticamente en una cabaña que había construido en el huerto. Llevaba sobre la cabeza una cinta de plata, cuyo interior era lleno de puntas sirviendo así como una corona de espinas. Su amor de Dios era tan ardiente que, cuando hablaba de El, cambiaba el tono de su voz y su rostro se encendía como un reflejo del sentimiento que embargaba su alma. Ese fenómeno se manifestaba, sobre todo, cuando la santa se hallaba en presencia del Santísimo Sacramento o cuando en la comunión unía su corazón a la Fuente del Amor.

Extraordinarias pruebas y gracias

Dios concedió a su sierva gracias extraordinarias, pero también permitió que sufriese durante quince años la persecución de sus amigos y conocidos, en tanto que su alma se veía sumida en la más profunda desolación espiritual. El demonio la molestaba con violentas tentaciones. El único consejo que supieron darle aquellos a quienes consultó fue que comiese y durmiese más. Más tarde, una comisión de sacerdotes y médicos examinó a la santa y dictaminó que sus experiencias eran realmente sobrenaturales.

Rosa pasó los tres últimos años de su vida en la casa de Don Gonzalo de Massa, un empleado del gobierno, cuya esposa le tenía particular cariño. Durante la penosa y larga enfermedad que precedió a su muerte, la oración de la joven era: “Señor, auméntame los sufrimientos, pero auméntame en la misma medida tu amor”. Dios la llamó a Sí el 24 de agosto de 1617, a los treinta y un años de edad. El capítulo, el senado y otros dignatarios de la ciudad se turnaron para transportar su cuerpo al sepulcro.

El Papa Clemente X la canonizó en 1671

Aunque no todos pueden imitar algunas de sus prácticas ascéticas, ciertamente nos reta a todos a entregarnos con mas pasión al amado, Jesucristo. Es esa pasión de amor la que nos debe mover a vivir nuestra santidad abrazando nuestra vocación con todo el corazón, ya sea en el mundo, en el desierto o en el claustro.

De los escritos de santa Rosa de Lima

“El salvador levantó la voz y dijo, con incomparable majestad:
“¡Conozcan todos que la gracia sigue a la tribulación. Sepan que sin el peso de las aflicciones no se llega al colmo de la gracia. Comprendan que, conforme al acrecentamiento de los trabajos, se aumenta juntamente la medida de los carismas. Que nadie se engañe: esta es la única verdadera escala del paraíso, y fuera de la cruz no hay camino por donde se pueda subir al cielo!”.

“Oídas estas palabras, me sobrevino un impetu poderoso de ponerme en medio de la plaza para gritar con grandes clamores, diciendo a todas las personas, de cualquier edad, sexo, estado y condición que fuesen: “Oíd pueblos, oíd, todo género de gentes: de parte de Cristo y con palabras tomadas de su misma boca, yo os aviso: Que no se adquiere gracia sin padecer aflicciones; hay necesidad de trabajos y más trabajos, para conseguir la participación íntima de la divina naturaleza, la gloria de los hijos de Dios y la perfecta hermosura del alma.”

“Este mismo estímulo me impulsaba impetuosamente a predicar la hermosura de la divina gracia, me angustiaba y me hacía sudar y anhelar. Me parecía que ya no podía el alma detenerse en la cárcel del cuerpo, sino que se había de romper la prisión y, libre y sola, con más agilidad se había de ir por el mundo, dando voces:

“¡Oh, si conociesen los mortales qué gran cosa es la gracia, qué hermosa, qué noble, qué preciosa, cuántas riquezas esconde en sí, cuántos tesoros, cuántos júbilos y delicias! Sin duda emplearían toda su diligencia, afanes y desvelos en buscar penas y aflicciones; andarían todos por el mundo en busca de molestias, enfermedades y tormentos, en vez de aventuras, por conseguir el tesoro último de la constancia en el sufrimiento. Nadie se quejaría de la cruz ni de los trabajos que le caen en suerte, si conocieran las balanzas donde se pesan para repartirlos entre los hombres.”

Bibliografía
Butler, Vida de los Santos

(http://www.corazones.org/santos/rosa_lima.htm)