02 noviembre, 2025

Solemnidad de Todos los Santos

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 ¡Oh! Santos míos
vosotros habéis corrido
constantes vuestra carrera
a la Cruz de Cristo abrazados
y habéis recibido
vuestro premio prometido:
la Eternidad de la Vida.

Orad os lo suplicamos
para que nosotros también
alcancemos a  morar con vosotros
y podamos ver al fin
el rostro de nuestro Creador
el que hizo los cielos y la tierra
y nos hizo a Su imagen y semejanza.

Ayudadnos santos nuestros
en nuestra tribulación en esta tierra
de llanto y de guerra lleno
de niños, mujeres, hombres y ancianos
que nada tienen que ver con sus intrigas
de odio y venganza, hijos del mal  
!Ayudadnos con vuestra Paz! ¡Dadnos vuestra Paz!
Amén


©
by 2024 Luis Ernesto Chacón Delgado
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ORACIÓN POR TODOS LOS SANTOS

Patriarcas que fuisteis la semilla
del árbol de la fe en siglos remotos,
al vencedor divino de la muerte,
rogad por nosotros.
Profetas que rasgasteis inspirados
del porvenir el velo misterioso,
al que sacó la luz de las tinieblas,
rogad por nosotros.
Almas cándidas, Santos Inocentes
que aumentáis de los ángeles el coro,
al que llamó a los niños a su lado,
rogad por nosotros.
Apóstoles que echasteis en el mundo
de la Iglesia el cimiento poderoso,
al que es de la verdad depositario
rogad por nosotros.
Mártires que ganasteis vuestra palma
en la arena del circo, en sangre rojo,
al que os dio fortaleza en los combates,
rogad por nosotros.
Vírgenes semejantes a azucenas
que el verano vistió de nieve y oro,
al que es fuente de vida y hermosura,
rogad por nosotros.
Monjes que de la vida en el combate
pedisteis paz al claustro silencioso,
al que es iris de calma en las tormentas,
rogad por nosotros.
Doctores cuyas palmas nos legaron
de virtud y saber rico tesoro,
al que es raudal de ciencia inextinguible,
rogad por nosotros.
Soldados del ejército de Cristo,
Santas y Santos todos,
rogad que perdone nuestras culpas
a Aquel que vive y reina entre vosotros.
Amén

(Autor: Gustavo Adolfo Béquer)

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01 de noviembre
Solemnidad de Todos los Santos 
 
Cada 1 de noviembre la Iglesia Católica celebra la Solemnidad de Todos los Santos, de todos sin excepción: tanto los reconocidos oficialmente como los anónimos. Esta es la gran celebración de aquellos que comparten el triunfo y la gloria de Cristo para toda la eternidad, en virtud a haber cooperado con la Gracia del “Espíritu Santo que habita en nosotros” (2 Tim 1, 14), poniendo todo empeño en seguir de cerca al Maestro.
 
Por eso, la Iglesia se viste de blanco en este día, pues se ve confirmada como madre que convoca a sus hijos a la salvación; mientras que estos se ven fortalecidos por el ejemplo y la intercesión de quienes tomaron la delantera en el camino de la fe, la esperanza y la caridad.
 
Todos estamos llamados a la santidad
 
San Juan Pablo II, en la homilía de la misa dedicada a la Solemnidad de Todos los Santos, en noviembre de un ya lejano 1980, decía: “Hoy nosotros estamos inmersos con el espíritu entre esta muchedumbre innumerable de santos, de salvados, los cuales, a partir del justo Abel, hasta el que quizá está muriendo en este momento en alguna parte del mundo, nos rodean, nos animan y cantan todos juntos un poderoso himno de gloria”.
 
Y es que esta Solemnidad es un día propicio para compartir el júbilo por la obra salvífica de Dios a lo largo de los siglos. Obra que no se detiene jamás y que se renueva, a cada instante, en cada ser humano que responde amorosamente a la gracia de Dios, a su misericordia. Ser santo es vivir el llamado a la plenitud humana en el amor.
 
“Son demasiados”: orígenes de la celebración
 
La Solemnidad de Todos los Santos tiene sus orígenes en el siglo IV, cuando el número de mártires de la Iglesia llegó a ser tal que era imposible destinar cada día del año para recordar a cada uno de manera independiente. Entonces, la Iglesia optó por hacer una celebración conjunta para honrar a todos los que habían alcanzado el cielo, en un solo día, una vez al año.
 
Cuando el 13 de mayo de 610, el Papa Bonifacio IV (p. 608-615) dedicó el Panteón romano (donde antaño se daba culto a los dioses) al culto cristiano, consagró el “nuevo” templo a la Bienaventurada Madre de Dios (Santa María la Rotonda) y a todos los mártires. A partir de entonces, la celebración de Todos los Santos quedó fijada en esa fecha y así permanecería por muchos años, hasta que el Papa Gregorio IV (p. 827-844), en el siglo IX, trasladó la celebración al primer día del mes de noviembre. Es muy probable que la decisión del Papa Gregorio haya respondido al deseo de contrarrestar la fiesta pagana del “Samhain” o año nuevo celta, que se celebraba la noche del 31 de octubre. 
 
Contrarrestando el espíritu comercial y pagano
 
Hoy, la Solemnidad de Todos los Santos compite, en distintos ámbitos de la cultura, contra la “noche de Brujas” (Halloween) y su espíritu comercial y profano. Por eso, es necesario que no perdamos de vista aquello a lo que estamos llamados como cristianos: a vivir la santidad y realizar todo bien que provenga de Dios.
 
En el año 2013, el Papa Francisco hizo una hermosa exhortación a la multitud que lo acompañaba en la celebración de esta Solemnidad: “Dios te dice: no tengas miedo de la santidad, no tengas miedo de apuntar alto, de dejarte amar y purificar por Dios, no tengas miedo de dejarte guiar por el Espíritu Santo. Dejémonos contagiar por la santidad de Dios”.
 
No olvidemos nunca que ¡estamos llamados a ser santos! Y que debemos recordar y agradecer la vida de tantos hombres y mujeres que lo dieron todo por amor a Jesús. Sus vidas no estuvieron exentas de dificultades, pero haber amado a Cristo honestamente, les valió la paz en medio de la dificultad o el dolor y la alegría en medio de la comunidad de hermanos que es la Iglesia.
 
“Todos los fieles, cristianos, de cualquier condición y estado, fortalecidos con tantos y tan poderosos medios de salvación, son llamados por el Señor, cada uno por su camino, a la perfección de aquella santidad con la que es perfecto el mismo Padre” (Concilio Vaticano II, Constitución dogmática sobre la Iglesia, Lumen Gentium).
 
¡Feliz Solemnidad de Todos los Santos!(ACI Prensa).


 

31 octubre, 2025

San Quintín, Mártir

 Puede ser una imagen de texto que dice "San Quintin Joven cristiano que alcanzó la corona del martirio 31 de octubre aciprensa.com"

31 de octubre
San Quintín
Mártir
 
Cada 31 de octubre la Iglesia Católica recuerda a San Quintín, mártir, nacido en la antigua Roma, aunque no hay certeza ni sobre el año ni el lugar exacto donde nació. Sí la hay sobre el año de su muerte: 287 d.C.
 
“Quintinus” o Quintín fue el hijo de un senador romano que se convirtió al cristianismo. La tradición sugiere que fue bautizado por el Papa San Marcelino (p. 296-304) y que acompañó a San Luciano de Beauvais (s. III) en su predicación por la Galia (región romana que comprendía la actual Francia y parte de Bélgica). 
 
Convocado a dar testimonio de Cristo
 
Por siglos se ha sostenido que San Quintín realizó curaciones milagrosas y tenía la potestad de expulsar demonios. Por su testimonio de amor a Cristo suscitó la conversión de muchos paganos, aunque despertó también las sospechas y la mala fe de las autoridades civiles del imperio. 
 
Fue acusado de profesar el cristianismo y conducido a la fuerza ante el gobernador-prefecto Ricciovaro (Rictiovarus). Este le reprochó haberse puesto de lado de aquellos que proclamaban la fe en un crucificado, algo que el ciudadano común consideraba deshonroso, propio de delincuentes y cobardes. Quintín le contestó a Ricciovaro que hacerlo constituía para él el más elevado honor, incluso más grande que ser el hijo de un senador. 
 
¡Ay de mí si no evangelizo! (1Cor 9, 16)
 
Ricciovaro consideró las declaraciones de Quintín como una afrenta a su investidura y lo mandó encadenar y azotar. Luego dispuso que el joven debía ser conducido rumbo a Reims para ser juzgado. Después de ser flagelado, el joven cristiano fue llevado a un calabozo, de donde escaparía milagrosamente aprovechando la oscuridad de la noche. 
 
Libre de nuevo, Quintín retomó la predicación. Lamentablemente fue descubierto de nuevo, y apresado por segunda vez. Se le trasladó a “Augusta Veromanduorum” (hoy la ciudad francesa de Saint-Quentin, en Vermand, renombrada en honor al ilustre santo). Allí permaneció en una mazmorra esperando su ejecución. 
 
San Quintín fue decapitado y sus restos arrojados al río Somme, de cuyas aguas serían rescatados por un grupo de cristianos, se dice, encabezados por Eusebia, una anciana poseedora de cierta riqueza. Corría el año 287. 
 
Hoy sus reliquias permanecen en la basílica de la ciudad que lleva su nombre. 
 
En la cultura popular: “La de San Quintín”
 
Curiosamente, el nombre de San Quintín evoca hasta hoy muchas cosas. No obstante hay un episodio histórico que lo ha hecho célebre en el habla popular. 
 
A mediados del siglo XVI, las coronas francesa y española se enfrentaron en San Quintín (Saint-Quentin), la localidad que lleva el nombre del santo, ubicada en la región de Picardía, condado de Vermand (Francia). La victoria la obtuvieron los españoles, pero fue tal la violencia y crudeza de la batalla que el nombre del santo fue inmortalizado a través de una frase alusiva al sangriento episodio: “¡Aquí se armó la de San Quintín!”.
 
San Quintín es el patrono de los capellanes y cerrajeros. ( ACI Prensa).

30 octubre, 2025

San Alonso Rodríguez, SJ. Perdió a su esposa e hijos y abrazó la vida religiosa

 Puede ser una imagen de texto que dice "San Alonso Rodríguez Quien perdió a su esposa e hijos, encontró consuelo en Cristo y abrazó la vida religiosa. 30 de octubre aciprensa.com"

30 de octubre
San Alonso Rodríguez
Sacerdote Jesuita
 
Cada 30 de octubre la Iglesia Católica celebra a San Alonso Rodríguez, hermano coadjutor jesuita que vivió entre los siglos XVI y XVII, ejemplo de humildad y vocación de servicio. Hay cierta controversia sobre su primer nombre, puesto que en numerosas fuentes civiles y eclesiales aparece como “Alfonso”. En general se acepta el uso de ambos nombres. 
 
Don Alonso, antes de ser religioso, fue un hombre de familia: estuvo casado y tuvo tres hijos. Cuando rondaba los 40 años, diversas circunstancias hicieron que su vida tomara un curso completamente distinto -uno que lo llevaría a formar parte de la Compañía de Jesús-. En ese sentido, Alonso es, además de ejemplo de humildad como habrá de mostrarse, modelo de escucha al Espíritu y confianza en el Señor.
 
El dolor más grande: cuando todo parece perdido
 
San Alonso Rodríguez nació en Segovia, España, en 1531, en el seno de una familia de comerciantes. A los 26 años contrajo matrimonio con doña María Suárez, con quien tuvo tres hijos. 
 
Unos años antes de casarse había asumido el negocio familiar, cuando su padre, comerciante de lana, se lo entregó en herencia. Alonso hizo su mejor esfuerzo por sacar adelante el encargo, pero sin demasiado éxito. En ese contexto, de por sí difícil, perdió primero a sus dos hijos mayores y después a su esposa, quien murió dando a luz al hijo tercero. 
 
Lamentablemente, aquel bebé tampoco sobreviviría: después de ser puesto bajo el cuidado de dos de sus tías, el niño enfermó y también falleció. 
 
Renacimiento
 
Alonso, entonces, se quedó solo, sin aquello que había sido el motor de su vida: su familia. Providencialmente, en esos días de soledad y silencio forzados, empezó a recordar su infancia y cómo sus padres, por aquellos tiempos, habían recibido en casa a sacerdotes y miembros de la entonces recién fundada Compañía de Jesús.
 
El ahora viudo se sintió movido a volver sobre esa etapa que, como semilla a la que agua le cae después de tiempo, parecía cobrar vida de forma inesperada: era la fe que nunca abandonó, pero a la que había sido un poco esquivo.
 
Aquella fe aparecía abonada por el dolor, pero le señalaba horizontes renovados y esperanzadores. Alonso decidió entonces acercarse más a Dios, animado por el consuelo que el Señor concedía para su indecible dolor. Empezó a frecuentar los sacramentos con asiduidad y a tener una vida de penitencia y oración, volviéndose completamente a la piedad que lo marcó de niño y que ahora era fuente de fortaleza. 
 
San Pedro Fabro y las semillas de Dios
 
Alonso recordaba constantemente a Pedro Fabro, cofundador de los jesuitas y a quien había conocido a los 12 años, cuando este estuvo hospedado por un tiempo en la casa de sus padres. Fabro era un hombre que irradiaba afabilidad y fortaleza. También había sufrido, como él, pero nunca lo percibió abatido.
Así, la imagen del jesuita lo movió a estar cada vez menos envuelto en el dolor y a vivir más de cara a la fe que lo marcó. De pronto, participando de las labores de los jesuitas, Alonso comenzó a ver su vida de manera distinta, poco a poco, con más esperanza. Descubrió que Dios seguía esperando mucho de él y que podía renovarse por completo. Así empezó a considerar ponerse al servicio de Dios y la Iglesia como religioso. 
 
Importa el corazón, no la edad, ni el oficio
 
Alonso entonces solicita ser admitido en la Compañía de Jesús. Sin embargo, los jesuitas, de primera instancia, no lo aceptaron por varios motivos. Entre ellos, su edad -tenía más de cuarenta años-, su salud precaria y la falta de estudios avanzados -requisito para el sacerdocio jesuita-. Pese a ello, el santo no se rindió. Mantuvo la esperanza de ser admitido recordando a unos y otros cómo San Ignacio de Loyola no arredró por su edad para hacerse religioso.
 
Finalmente, el provincial de los jesuitas lo aceptó en condición de hermano lego en 1571. Después de terminar el noviciado, fue enviado al colegio de Nuestra Señora de Montesión en Palma de Mallorca, donde se le dio el cargo de portero, cargo que ocuparía durante 32 años. 
 
Un joven misionero a la puerta 
 
San Alonso Rodríguez hizo de su cargo de portero un verdadero servicio a los demás y una ocasión permanente de santificación. 
 
Desde la portería del convento entabló diálogo con mucha gente, entre los que estuvo nada menos que San Pedro Claver (1580-1654), en su momento, alumno del colegio Montesión. Se dice que San Alonso entusiasmó y alentó a Pedro a viajar algún día a América. Como se sabe, Pedro fue el santo protector de los esclavos en Cartagena de Indias, en América. Por esas cosas de Dios, ambos jesuitas serían canonizados el mismo año, 1888. 
 
La oración es capaz de abrir todas las puertas 
 
Alonso aprovechaba las horas de trabajo en la portería para rezar. De hecho, una de sus oraciones predilectas era el Santo Rosario, que rezaba varias veces al día. Alonso llegó a tener visiones del Cielo y de la Virgen María, que se le aparecía para escucharlo y darle consuelo -a Ella se confiaba el santo para que lo protegiera del mal-: si en alguna ocasión era presa de la tentación, Alonso pasaba junto a la imagen de la Virgen y le decía: “Sancta Maria, Mater Dei, memento mei” [Santa María, Madre de Dios, acuérdate de mí].
 
Alguna vez le preguntaron a San Alonso por qué no era más duro y áspero con la gente inoportuna que solía llegar al colegio a tocar la puerta. Él respondió: "Es que a Jesús, que se disfraza de prójimo, nunca lo podemos tratar con aspereza o mala educación".
 
San Alonso Rodríguez partió a la Casa del Padre el 31 de octubre de 1617. Se le considera ejemplo de la espiritualidad de los Hermanos Coadjutores jesuitas.
 
Patronazgos y canonización
 
En 1633, el Consejo General de Mallorca lo nombró como patrón de la isla. El Papa Clemente XIII decretó en 1760 que "las virtudes del venerable Alonso se habían probado que eran de un grado heroico". Sin embargo, la supresión de los jesuitas en España y sus reinos en 1773 detuvo el proceso de beatificación. 
 
Finalmente el 25 de mayo de 1825 por Alonso Rodriguez fue beatificado por el Papa León XII. El 15 de enero de 1888 fue canonizado por el Papa León XIII.(ACI Prensa).

29 octubre, 2025

Beata Chiara "Luce" Badano

 Puede ser una imagen de texto que dice "Chiara Luce Badano La adolescente que padecio cáncer terminal sin perder la alegria ni la fe. 29 29 de octubre aciprensa.com"

29 de octubre
Beata Chiara "Luce" Badano
 
Cada 29 de octubre, la Iglesia Católica recuerda a la Beata Chiara "Luce" Badano (1971-1990), nacida un día como hoy hace 53 años. “Clara” -por su nombre en español- nació en Sassello, Liguria (Italia), el 29 de octubre de 1971.
 
“Luce” (Luz)
 
Desde pequeña manifestaba con sus dulces maneras -gestos, palabras- cuán grande era su amor a Dios. Al mismo tiempo dejaba entrever, en muchas ocasiones, su carácter fuerte -era muy decidida y determinada-, así como, curiosamente, su alma dócil y obediente. Tenía el corazón lleno de alegría y era capaz de irradiar ternura, que se traslucía fácilmente a través de su mirada, llena de luz. 
 
A los nueve años ingresó al Movimiento de los Focolares. Luego, en 1985, se mudó a Savona para seguir los estudios de bachillerato. A los 16 años, mientras disfrutaba de la vida de cualquier adolescente -amigos, música, deporte-, decidió consagrar su vida a Dios. Ya por esos tiempos, Clara había establecido un vínculo muy cercano con la fundadora de los Focolares, Chiara Lubich, quien le puso por sobrenombre "Luce" (luz, en italiano).
 
“Por Jesús, por Jesús”
 
En el verano de 1988, a Chiara le encontraron un tumor en el hombro. La evaluación médica indicaba "sarcoma osteogénico con metástasis", un tipo de tumoración agresiva y dolorosa. La joven se propuso superar la enfermedad y comenzó un intenso tratamiento de quimioterapia, mientras trataba de seguir con su vida habitual, sin perder la alegría ni la fe. Repetía constantemente que todos sus dolores los ofrecía a Dios, “Por Jesús, por Jesús”; “Esto lo hago por ti, Jesús. Si tú lo quieres, yo también”.
 
El proceso de la enfermedad la condujo paulatinamente a quedar postrada. Por otro lado, Chiara quería mantenerse lúcida para no dejar de ofrecer su dolor, y renunció a los sedantes y analgésicos. Su intención era acompañar a Cristo sufriente y abandonado. Sus amigos la visitaban para darle ánimo, pero al final eran ellos quienes, después de verla, se sentían animados a seguir más de cerca al Señor. Y, claro, a visitarla con más frecuencia. 
 
Apóstol en la enfermedad
 
Chiara sabía que la posibilidad de morir era grande, pero lejos de darse al abandono, se unió más al Señor, convirtiéndose, ella misma, en fuente de consuelo para los que la rodeaban. Así, por un tiempo se dedicó a acompañar, mientras aún podía caminar, a un joven que padecía de depresión. Después, un día, entregó todos sus ahorros a un amigo que partió en misión humanitaria a África. 
 
A pesar del esfuerzo de los médicos, la enfermedad avanzó rápidamente y Chiara terminó perdiendo la movilidad de las piernas. "Si tuviera que elegir entre caminar o ir al paraíso, elegiría esta última posibilidad", dijo a sus padres, cuando ya no pedía curarse sino sólo prepararse para el encuentro definitivo con Jesús.
 
Una luz que nunca se apagará
 
En julio de 1989, Chiara sufrió una severa hemorragia, signo de que el desenlace estaba cerca. Apenas tuvo algo de fuerzas, llamó a sus padres y les dijo: "No derramen lágrimas por mí. Yo voy donde Jesús. En mi funeral no quiero gente que llore, sino que cante fuerte".
 
En su lecho, la beata oraba pidiendo ser capaz de cumplir con la voluntad de Dios hasta el último aliento. "No le pido a Jesús que me venga a buscar para llevarme al paraíso; no quisiera darle la impresión que no quiero sufrir más", llegó a decirle a su madre, con quien ya preparaba lo que había empezado a llamar su "fiesta de bodas", haciendo referencia al día de su muerte y su funeral.
 
El domingo 7 de octubre de 1990, Chiara falleció a los 19 años. Su tránsito fue sereno, y estuvo acompañada de sus padres. A un paso de la puerta de su habitación aguardaban sus amigos en oración. Sus últimas palabras fueron para su madre: "Chao, mamá. Sé feliz porque yo lo soy".
 
Unas dos mil personas asistieron a los ritos funerarios en honor a su alma.
 
Beatificación
 
En diciembre del año 2009, el Papa Benedicto XVI reconoció públicamente el milagro que hizo posible la beatificación de Chiara Badano. 
 
Los padres de un niño italiano habían pedido la intercesión de Chiara para que su pequeño se cure de la meningitis severa que estaba haciendo colapsar uno a uno sus órganos internos. De pronto, el niño se reincorporó, sano y sonriente. Ninguno de los médicos tratantes tenía una explicación para lo sucedido. 
 
Chiara Badano fue beatificada el 25 de septiembre de 2010. En la ceremonia, el Arzobispo Angelo Amato, cabeza en ese momento de la Congregación para las Causas de los Santos (hoy, Prefecto Emérito), puso como ejemplo a Chiara de cómo aun en una corta vida se puede vivir con grandeza y santidad: "Hoy hay gente llena de virtud que, en la familia, en la escuela o en la sociedad, está muy lejos de desperdiciar su vida". Luego concluyó:
 
“La Beata Chiara Badano es una misionera de Jesús, una apóstol del Evangelio como buena noticia a un mundo rico de bienestar, pero a menudo enfermo de tristeza y de infelicidad. Ella nos invita a reencontrar la frescura y el entusiasmo de la fe. La invitación está dirigida a todos; a los jóvenes sobretodo, pero también a los adultos, a los consagrados, a los sacerdotes. A todos se les ha dado la gracia suficiente para llegar a ser santos”.(ACI Prensa).

26 octubre, 2025

Domingo 30 (C) del tiempo ordinario

 La Nación / “Jesús contó otra parábola: Dos hombres subieron al templo a  orar: uno era fariseo y el otro publicano” Lc 18, 9-10

Domingo 30 (C) del tiempo ordinario
Ver 1ª Lectura y Salmo
 
Texto del Evangelio (Lc 18,9-14): En aquel tiempo, a algunos que se tenían por justos y despreciaban a los demás, Jesús les dijo esta parábola: «Dos hombres subieron al templo a orar; uno fariseo, otro publicano.
 
»El fariseo, de pie, oraba en su interior de esta manera: ‘¡Oh Dios! Te doy gracias porque no soy como los demás hombres, rapaces, injustos, adúlteros, ni tampoco como este publicano. Ayuno dos veces por semana, doy el diezmo de todas mis ganancias’.
 
»En cambio el publicano, manteniéndose a distancia, no se atrevía ni a alzar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo: ‘¡Oh Dios! ¡Ten compasión de mí, que soy pecador!’. Os digo que éste bajó a su casa justificado y aquél no. Porque todo el que se ensalce, será humillado; y el que se humille, será ensalzado».
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«¡Oh Dios! ¡Ten compasión de mí...»
Rev. D. Joan Pere PULIDO i Gutiérrez (Sant Feliu de Llobregat, España)
 
Hoy leemos con atención y novedad el Evangelio de san Lucas. Una parábola dirigida a nuestros corazones. Unas palabras de vida para desvelar nuestra autenticidad humana y cristiana, que se fundamenta en la humildad de sabernos pecadores («¡Oh Dios! ¡Ten compasión de mí, que soy pecador!»: Lc 18,13), y en la misericordia y bondad de nuestro Dios («Todo el que se ensalce, será humillado; y el que se humille, será ensalzado»: Lc 18,14).
 
La autenticidad es, ¡hoy más que nunca!, una necesidad para descubrirnos a nosotros mismos y resaltar la realidad liberadora de Dios en nuestras vidas y en nuestra sociedad. Es la actitud adecuada para que la Verdad de nuestra fe llegue, con toda su fuerza, al hombre y a la mujer de ahora. Tres ejes vertebran a esta autenticidad evangélica: la firmeza, el amor y la sensatez (cf. 2Tim 1,7).
 
La firmeza, para conocer la Palabra de Dios y mantenerla en nuestras vidas, a pesar de las dificultades. Especialmente en nuestros días, hay que poner atención en este punto, porque hay mucho auto-engaño en el ambiente que nos rodea. San Vicente de Lerins nos advertía: «Apenas comienza a extenderse la podredumbre de un nuevo error y éste, para justificarse, se apodera de algunos versículos de la Escritura, que además interpreta con falsedad y fraude».
 
El amor, para mirar con ojos de ternura —es decir, con la mirada de Dios— a la persona o al acontecimiento que tenemos delante. San Juan Pablo II nos anima a «promover una espiritualidad de la comunión», que —entre otras cosas— significa «una mirada del corazón sobre todo hacia el misterio de la Trinidad que habita en nosotros, y cuya luz ha de ser reconocida también en el rostro de los hermanos que están a nuestro lado».
 
Y, finalmente, sensatez, para transmitir esta Verdad con el lenguaje de hoy, encarnando realmente la Palabra de Dios en nuestra vida: «Creerán a nuestras obras más que a cualquier otro discurso» (San Juan Crisóstomo).
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Pensamientos para el Evangelio de hoy
 
«No tengamos en modo alguno la presunción de que vivimos rectamente y sin pecado. Lo que atestigua a favor de nuestra vida es el reconocimiento de nuestras culpas» (San Agustín)
 
«No es suficiente preguntarnos cuánto rezamos, debemos preguntarnos también cómo rezamos. Pregunto: ¿se puede rezar con arrogancia? No. ¿Se puede rezar con hipocresía? No. Solamente debemos orar poniéndonos ante Dios, así como somos» (Francisco)
 
«‘La oración es la elevación del alma a Dios o la petición a Dios de bienes convenientes’ (San Juan Damasceno). ¿Desde dónde hablamos cuando oramos? ¿Desde la altura de nuestro orgullo y de nuestra propia voluntad, o desde ‘lo más profundo’ (Sal 130,14) de un corazón humilde y contrito? (…). La humildad es una disposición necesaria para recibir gratuitamente el don de la oración: el hombre es un “mendigo de Dios” (San Agustín)» (Catecismo de la Iglesia Católica, nº 2.559) (Evangeli net)

25 octubre, 2025

Santos Frutos, Engracia y Valentín, hermanos mártires

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25 de octubre
Santos Frutos, Engracia y Valentín
Hermanos mártires
 
Cada 25 de octubre la Iglesia recuerda a San Frutos, Santa Engracia y San Valentín, tres hermanos de Segovia (España) que vivieron como eremitas entre los siglos VII y VIII, en tiempos en los que la península hispánica estaba bajo el dominio de los visigodos.
 
San Frutos
 
Frutos nació en el año 642, en el seno de una familia rica que tuvo otros dos hijos: Valentín y Engracia. A la muerte de sus padres, Frutos decidió apartarse del mundo y vivir en soledad, oración y penitencia. Como sus hermanos quisieron secundarlo, vendieron las posesiones familiares y se deshicieron de sus riquezas, repartiendo todo entre los pobres. Después, los hermanos se trasladaron juntos hacia las orillas del río Duratón, donde se establecieron finalmente.
 
Al principio vivieron en cuevas naturales, pero luego construyeron ermitas, como solían hacer los monjes. San Frutos murió a los 75 años, en el año 715. Sus hermanos lo enterraron en el mismo lugar que habitaba, hoy conocido como “Ermita de San Frutos”, junto a la que se construyó el famoso monasterio que lleva el mismo nombre, y un cementerio.
 
Santa Engracia y San Valentín
 
Después, ya sin el hermano mayor, Engracia y Valentín se retiraron a la zona de Caballar, donde continuaron su vida de soledad y oración en la llamada “Ermita de San Zoilo”. Allí permanecieron los dos hasta que la región fue invadida por los sarracenos. Estos los tomaron prisioneros y los decapitaron.
Tras el suceso, los pobladores de la zona trasladaron los cuerpos de Engracia y Valentín junto a los restos de Frutos, a excepción de sus cabezas, que se quedaron en el municipio de Caballar para su veneración.
 
Las reliquias de los tres hermanos permanecieron en la Ermita de San Frutos, cerca de la actual Sepúlveda, desde comienzos del siglo VIII hasta el siglo XI. Hoy se encuentran en el retablo dedicado a los tres santos segovianos, ubicado en el trascoro de la Catedral de Santa María en Segovia (España).(ACI Prensa).