10 noviembre, 2025

San León Magno "El Grande", Pontífice y Doctor de la Iglesia

 San León Magno

10 de noviembre
San León Magno "El Grande"
Pontífice
 
Cada 10 de noviembre, la Iglesia Católica celebra a uno de los pontífices más importantes de la antigüedad cristiana, cuya influencia fue determinante en la consolidación de la autoridad espiritual de la Sede de Pedro frente al poder terreno: San León Magno (‘El Grande’), Doctor de la Iglesia. Fue el pontífice número 45, y gobernó la Iglesia entre los años 440 y 461 (siglo V).
 
San León Magno nació en Toscana (hoy parte de Italia), alrededor del año 390. Llegó a ser secretario de los Papas San Celestino (p. 422-432) y Sixto III (p. 432-440). Este último lo envió, en el año 440, como su representante en misión diplomática en la Galia (hoy Francia) con el objetivo de evitar el enfrentamiento entre dos autoridades imperiales: el jefe militar de la provincia, Aecio, y el tribuno consular de aquella región, Albino. Fue durante el cumplimiento de este encargo eclesial que León recibió la noticia de que había sido elegido Sumo Pontífice.
 
Servidor de la verdad y la vocación a la santidad
 
Como sucesor de Pedro, León destacó por ser un gran pastor, siempre atento a las necesidades de su grey. Fue un fervoroso predicador, famoso por sus homilías en las fechas litúrgicas especiales, además de un prolífico escritor. Sus cartas a los cristianos de las periferias de Occidente son un buen ejemplo de la habilidad de su pluma. Se conservan muchos de sus sermones y misivas, considerados auténticos tesoros doctrinales.
 
“El que ama a Dios se contenta con agradarlo, porque el mayor premio que podemos desear es el mismo amor; el amor, en efecto, viene de Dios, de tal manera que Dios mismo es el amor”, escribió el Papa León en uno de sus sermones. Para León la vida cristiana puede interpretarse como una invitación a arrebatar el premio más grande, que es Dios mismo; en consecuencia, la santidad debe ser el propósito natural de la vida, ya que no hay nada que se desee más que el amor verdadero.
 
Durante sus 21 años de pontificado (440 - 461), el santo trabajó incesantemente por la unidad e integridad de la Iglesia. Luchó contra algunas herejías muy peligrosas como el “nestorianismo”, que afirma que en Jesús hay dos personas de distinta naturaleza, una divina y otra humana; el “monofisismo”, que sostiene que en Cristo solo hay naturaleza divina; el “maniqueísmo”, que sostiene que el espíritu del hombre es de Dios y el cuerpo del demonio; y el “pelagianismo”, que sostiene que el pecado original no es tal y por lo tanto la redención se obtiene por mérito individual, sin necesidad de la gracia (con lo que la redención obrada por Cristo perdería su sentido).
 
Toda autoridad viene de Dios
 
La tradición señala al Papa León como un pontífice lúcido y sabio, cuya autoridad era reconocida por todos, incluso por quienes ostentaban algún poder secular. Esta noble consideración no es fruto del azar. La Iglesia Católica, desde su fundador, Jesucristo, ha mostrado con la palabra y la acción que la autoridad no es carta libre para el uso y abuso del poder, sino una puesta en servicio a todos los hombres.
Quien ostenta autoridad, como el Maestro, se pone de rodillas y le lava los pies a sus discípulos, o a quienes están bajo su mando (ver: Jn 13).
 
Concilio de Calcedonia: la naturaleza de Cristo
 
En un episodio memorable, acaecido durante el Concilio de Calcedonia (451), cuarto concilio ecuménico, los 600 obispos congregados en asamblea se pusieron de pie, en señal de adhesión, luego de haber escuchado la carta que San León les había dirigido (Carta dogmática a Flaviano, Tomus Leonis).
 
En ella, el Pontífice hacía referencia a la plena divinidad de Cristo y a su plena humanidad. Contra la herejía cristológica del momento, el Papa León afirmó la total consustancialidad de Cristo con el Padre, por su divinidad, y su total consustancialidad con nosotros, por su humanidad (unión hipostática). Ergo, Cristo no podía ser considerado menos que el Padre en el orden divino; ni menos, ni más, que cualquiera de los seres humanos. La cristología del Papa León se articulaba sobre la certeza de que en Cristo hay una sola persona “sin confusión ni división”.
 
La aclamación de la asamblea fue tal que muchos empezaron a decir que “San Pedro había hablado por boca de León”. Tal elogio se popularizó tanto entre los Padres conciliares que quedaron consignadas en la declaración dogmática del concilio.
 
La Iglesia, faro que ilumina la historia contra la barbarie: Atila y Genserico
 
Por otro lado, en tiempos del Papa León, la estructura del Imperio Romano de Occidente se hallaba resquebrajada, y se deterioraba con suma rapidez, siendo motivo de gran inestabilidad. El Papa León tuvo que cumplir en consecuencia un papel decisivo en el ordenamiento de la vida civil y política.
 
Cuando los hunos, liderados por Atila (395-453), habían ocupado el norte de la península itálica, la amenaza de la invasión y destrucción de Roma empezaron a sentirse como inminentes (año 451). Entonces, el Papa salió al encuentro del líder de los hunos, Atila, para disuadirlo de sus planes. Providencialmente el Pontífice logró convencerlo: Atila tomó la decisión de no entrar a Roma.
 
Así, el más temido de los bárbaros se replegó hacia Hungría, probablemente convencido de que una campaña contra Roma no podría ser afrontada con huestes golpeadas por carencias y enfermedades.
Años después, en 455, San León se vio obligado a negociar con otro feroz bárbaro, Genserico (389-477), jefe de los vándalos, y aunque no pudo evitar el saqueo de la capital del Imperio, logró que la Ciudad Eterna no fuese incendiada, ni sus habitantes masacrados.
 
Epílogo
 
San León I murió el 10 de noviembre de 461, ya con el apelativo de “Magno” (Magnus, El Grande) ganado por su amor al pueblo, en honor a su sabiduría y por su grandeza espiritual. Fue canonizado más de mil años después, en 1574.
 
“Las mismas divinas palabras de Cristo nos atestiguan cómo es la doctrina de Cristo, de modo que los que anhelan llegar a la bienaventuranza eterna puedan identificar los peldaños de esa dichosa subida” (San León Magno).
 
¡San León Magno, ruega por la Iglesia para que se mantenga siempre lejos de la confusión y cerca a la verdad que serviste! (ACI Prensa).

09 noviembre, 2025

DEDICACIÓN DE LA BASÍLICA DE SAN JUAN DE LETRÁN

 Puede ser una imagen de texto que dice ""Destruyan este templo Y el en tres días lo lo reconstruiré" Juan 2, 13-22"

Domingo 9 de Noviembre

DEDICACIÓN DE LA BASÍLICA DE SAN JUAN DE LETRÁN
 
Texto del Evangelio (Jn 2,13-22): Cuando se acercaba la Pascua de los judíos, Jesús subió a Jerusalén. Y encontró en el Templo a los vendedores de bueyes, ovejas y palomas, y a los cambistas en sus puestos. Haciendo un látigo con cuerdas, echó a todos fuera del Templo, con las ovejas y los bueyes; desparramó el dinero de los cambistas y les volcó las mesas; y dijo a los que vendían palomas: «Quitad esto de aquí. No hagáis de la Casa de mi Padre una casa de mercado». Sus discípulos se acordaron de que estaba escrito: El celo por tu Casa me devorará.
 
Los judíos entonces le replicaron diciéndole: «Qué señal nos muestras para obrar así?». Jesús les respondió: «Destruid este templo y en tres días lo levantaré». Los judíos le contestaron: «Cuarenta y seis años se han tardado en construir este Santuario, ¿y tú lo vas a levantar en tres días?». Pero Él hablaba del Santuario de su cuerpo. Cuando resucitó, pues, de entre los muertos, se acordaron sus discípulos de que había dicho eso, y creyeron en la Escritura y en las palabras que había dicho Jesús.
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«Destruid este templo y en tres días lo levantaré»
Rev. D. Joaquim MESEGUER García
(Rubí, Barcelona, España)
 
Hoy, en esta fiesta universal de la Iglesia, recordamos que aunque Dios no puede ser contenido entre las paredes de ningún edificio del mundo, desde muy antiguo el ser humano ha sentido la necesidad de reservar espacios que favorezcan el encuentro personal y comunitario con Dios. Al principio del cristianismo, los lugares de encuentro con Dios eran las casas particulares, en las que se reunían las comunidades para la oración y la fracción del pan. La comunidad reunida era —como también hoy es— el templo santo de Dios. Con el paso del tiempo, las comunidades fueron construyendo edificios dedicados a las reuniones litúrgicas, la predicación de la Palabra y la oración. Y así es como en el cristianismo, con el paso de la persecución a la libertad religiosa en el Imperio Romano, aparecieron las grandes basílicas, entre ellas San Juan de Letrán, la catedral de Roma.
 
San Juan de Letrán es el símbolo de la unidad de todas las Iglesias del mundo con la Iglesia de Roma, y por eso esta basílica ostenta el título de Iglesia principal y madre de todas las Iglesias. Su importancia es superior a la de la misma Basílica de San Pedro del Vaticano, pues en realidad ésta no es una catedral, sino un santuario edificado sobre la tumba de San Pedro y el lugar de residencia actual del Papa, que, como Obispo de Roma, tiene en la Basílica Lateranense su catedral.
 
Pero no podemos perder de vista que el verdadero lugar de encuentro del hombre con Dios, el auténtico templo, es Jesucristo. Por eso, Él tiene plena autoridad para purificar la casa de su Padre y pronunciar estas palabras: «Destruid este templo y en tres días lo levantaré» (Jn 2,19). Gracias a la entrega de su vida por nosotros, Jesucristo ha hecho de los creyentes un templo vivo de Dios. Por esta razón, el mensaje cristiano nos recuerda que toda persona humana es sagrada, está habitada por Dios, y no podemos profanarla usándola como un medio.
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Pensamientos para el Evangelio de hoy
 
«Cuando recordemos la Consagración de un templo, pensemos en aquello que dijo san Pablo: ‘Cada uno de nosotros somos un templo del Espíritu Santo’. Ojalá conservemos nuestra alma bella y limpia, como le agrada a Dios que sean sus templos santos» (San Agustín)
 
«Hoy, fiesta de la Dedicación de la Basílica de San Juan de Letrán, recordemos que el Señor desea habitar en todos los corazones. Incluso si sucede que nos alejamos de Él, al Señor le bastan tres días para reconstruir su templo dentro de nosotros» (Francisco)
 
«Las Iglesias particulares son plenamente católicas gracias a la comunión con una de ellas: la Iglesia de Roma que preside en la caridad (…). El Señor hizo de san Pedro el fundamento visible de su Iglesia. Le dio las llaves de ella. El obispo de la Iglesia de Roma, sucesor de san Pedro, es la cabeza del Colegio de los Obispos, Vicario de Cristo y Pastor de la Iglesia universal en la tierra» (Catecismo de la Iglesia Católica, nº 834 y 936) (bigsplash.wordpress.com bitacoradelalma.blogspot.com).

06 noviembre, 2025

San Leonardo de Noblat, Patrón de los prisioneros y de las mujeres parturientas

6 de noviembre
San Leonardo de Noblat
Patrón de los prisioneros y de las mujeres parturientas 
 
Cada 6 de noviembre la Iglesia Católica celebra a San Leonardo de Noblat, patrón de los prisioneros y de las mujeres parturientas.
 
Leonardo nació en Galia (actual Francia), probablemente entre los años 491 y 518 (no hay mayor certeza al respecto), en el seno de una familia noble de origen franco, reconocida como tal por el Imperio romano. Se cree que murió hacia el año 545.
 
A veces también se le designa como ‘San Leonardo de Noblac’.
 
Conversión: caridad y justicia en las cárceles
 
Leonardo pertenecía a la corte de Clovis I (Clodoveo), gran unificador de los francos, iniciador de la dinastía Merovingia. Clodoveo y Leonardo se convirtieron al cristianismo durante la navidad de 496, gracias a la compañía e influencia de San Remigio, obispo de Reims, quien les mostró el camino de la caridad y la justicia verdadera.
 
Leonardo obtuvo de Clovis la autorización para encargarse de los prisioneros que estaban en las cárceles y devolver la libertad a aquellos que hubiesen cumplido un castigo proporcional a su falta, según lo establecido por la justicia. En aquellos tiempos, solía suceder que los prisioneros pasasen encerrados por periodos absurdos o exagerados, sea por su desproporcionalidad o porque simplemente nadie se acordaba más de ellos, y estos se resignaban a morir en las mazmorras. Eso, sin entrar en detalles con respecto a la crueldad de las condiciones de vida.
 
Leonardo se preocupó por devolverle la libertad a aquellos que estaban muy enfermos, a quienes ya habían cumplido una pena suficiente o a quienes habían sido víctimas de falsas o dudosas acusaciones. Sin proponérselo, el santo inauguró en Occidente lo que podría considerarse una nueva “mirada” al problema de las cárceles: más humana o más consciente de la dignidad incondicional de la persona, aun cuando esta purgue una pena por un delito.
 
Por esta razón, a San Leonardo se le considera patrono de los prisioneros y promotor del trato justo al que cumple una pena.
 
Renuncia al mundo y al reconocimiento
 
A Leonardo de Noblac se le ofreció el cargo de obispo, pero rechazó tal posibilidad. En su tiempo, era muy común que las familias nobles tuvieran como prerrogativa que uno de sus miembros fuese parte de la jerarquía eclesiástica. El rey Clodoveo había sido quien interpuso la oferta para Leonardo, pero él prefirió internarse en un monasterio, lejos del bullicio del mundo.
 
Primero ingresó al monasterio de Micy y posteriormente tomó una decisión drástica: se fue a vivir a los bosques de Limousine, Aquitania, a donde atrajo a muchos interesados en seguir sus enseñanzas y su ejemplo de vida santa. La mayoría de estos adoptaría el estilo de vida eremita.
 
La oración es más que útil: ¡salva vidas!
 
La tradición medieval conserva hermosas historias sobre San Leonardo. Una de ellas evoca su intervención cuando a la reina se le adelantaron los dolores de parto. Se temía lo peor, pero las oraciones y cercanía espiritual de San Leonardo contribuyeron a que la reina diese a luz sin contratiempos.
 
Debido a esto, Leonardo fue premiado con la posesión de unas tierras en Noblat, las que después cedería para la construcción de la abadía que hoy lleva su nombre: la abadía de San Leonardo de Noblat.
 
Epílogo devocional
 
Su devoción se extendió por Europa en los siglos posteriores gracias a los incontables milagros atribuidos a su intercesión, la mayoría de ellos vinculados a la liberación justa de prisioneros o a madres que invocaban su nombre en el difícil momento del parto.
 
San Leonardo de Noblat murió en el año 545. También se le considera patrono de la conservación del ganado, debido a su vínculo con la vida del campo y la vida pueblerina.
 
Hoy, cientos de iglesias y capillas llevan su nombre a lo largo de la Europa occidental, incluyendo la parte insular de Portugal y España.(ACI Prensa).

05 noviembre, 2025

Zacarías e Isabel, padres de San Juan Bautista y tíos de Jesús

San Zacarías y Santa Isabel

 

05 de noviembre

San Zacarías y Santa Isabel, padres de San Juan Bautista y tíos de Jesús  

Cada 5 de noviembre recordamos a Zacarías e Isabel, padres de San Juan Bautista y tíos de Jesús. “Ambos eran justos a los ojos de Dios y seguían en forma irreprochable todos los mandamientos y preceptos del Señor”, nos recuerda San Lucas en su Evangelio (Lc 1, 6), dejando en claro que eran miembros fieles del pueblo de Israel, respetuosos de la Ley de Dios.

Esposos bendecidos

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La Iglesia Católica los recuerda y venera en virtud al lugar que ambos ocupan en la historia de la salvación. Para empezar, Zacarías e Isabel conforman la segunda pareja de santos esposos de los que da cuenta el Nuevo Testamento, a través de los cuales Dios deja en evidencia que para Él nada es imposible. Los primeros son evidentemente José y María, padres del Señor Jesús.

Según el relato de Lucas, Zacarías pertenecía a la clase sacerdotal de Abías, mientras que Isabel era descendiente de Aarón. Ambos eran de edad avanzada y no habían podido tener hijos porque Isabel era estéril, algo que en el contexto hebreo de la época era motivo de marginación y causa de un dolor inmenso para los esposos.

Zacarías y el ángel

Cierto día, a Zacarías le tocó ingresar al Sancta Sanctorum (la parte más sagrada del tabernáculo y del templo de Jerusalén, al que solo accedían los sacerdotes), para ofrecer la oración. De pronto, un ángel se le apareció y le dijo que su esposa tendría un hijo, al que llamarían Juan. “Precederá al Señor con el espíritu y el poder de Elías, para reconciliar a los padres con sus hijos y atraer a los rebeldes a la sabiduría de los justos, preparando así al Señor un Pueblo bien dispuesto” (Lc 1, 17), continuó el ángel.

Zacarías de inmediato preguntó al ángel cómo podía estar seguro de lo que decía, si él y su esposa ya eran ancianos. A lo que este contestó: “Yo soy Gabriel, el que está delante de Dios, y he sido enviado para hablarte y anunciarte esta buena nueva… Mira, te vas a quedar mudo y no podrás hablar hasta el día en que sucedan estas cosas, porque no diste crédito a mis palabras, las cuales se cumplirán a su tiempo" (Lc 1, 19-20). Por haber dudado, Zacarías quedó mudo en el acto.

No mucho después, Isabel quedaría embarazada, de manera que la que habían llamado estéril, ahora exultaba de gozo y gratitud a Dios: “Esto es lo que el Señor ha hecho por mí, cuando decidió librarme de lo que me avergonzaba ante los hombres” (Lc 1, 25).

La Visitación de María a Isabel

Luego de que el ángel Gabriel se le apareció a la Virgen María, esta fue a casa de su prima Isabel con el deseo de ayudarla. Ella, al verla, exclamó: “¡Tú eres bendita entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo, para que la madre de mi Señor venga a visitarme? Apenas oí tu saludo, el niño saltó de alegría en mi seno. Feliz de ti por haber creído que se cumplirá lo que te fue anunciado de parte del Señor” (Lc 1, 42-45).

Cuando Juan nació, todos se alegraron en casa de Zacarías por la acción misericordiosa de Dios. El día de la circuncisión de Juan, los familiares de Zacarías pidieron que el recién nacido fuera llamado como su padre, de acuerdo a la costumbre hebrea.

Sin embargo, Isabel se opuso y dijo que se llamaría “Juan”, según lo había requerido Zacarías, quien imposibilitado de hablar, escribió el nombre que llevaría su hijo en una tablilla. Una vez hecho esto, Zacarías recuperó el habla al instante -tal y como el ángel había predicho- y pronunció su célebre cántico, incorporado por la Iglesia en la Liturgia de las Horas (específicamente en las Laudes, la oración de la mañana):

Cántico de Zacarías (Benedictus)

«Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
porque ha visitado y redimido a su pueblo,
suscitándonos una fuerza de salvación
en la casa de David, su siervo,
según lo había predicho desde antiguo
por la boca de sus santos profetas.
Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos
y de la mano de todos los que nos odian;
realizando su misericordia
que tuvo con nuestros padres,
recordando su santa alianza
y el juramento que juró a nuestro padre Abrahán.
Para concedernos que, libres de temor,
arrancados de la mano de los enemigos,
le sirvamos con santidad y justicia,
en su presencia, todos nuestros días.
Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo,
porque irás delante del Señor
a preparar sus caminos,
anunciando a su pueblo la salvación,
el perdón de los pecados.
Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,
nos visitará el sol que nace de lo alto,
para iluminar a los que viven en tinieblas
y en sombra de muerte,
para guiar nuestros pasos
por el camino de la paz».
(Lc 1, 68-79).

Una vida ejemplar

Muchas cosas más se podrían considerar en torno a los santos esposos Zacarías e Isabel, y, con toda certeza, extraer mayores frutos espirituales. Basta recordar, por ejemplo, la delicadeza espiritual de Isabel al recibir a Maria, haciéndose eco del gozo infinito de aquel que llevaba en el vientre. Juan, sin haber nacido, fue capaz de reconocer la presencia de Dios en la Persona del Verbo Encarnado, quien estaba justo frente a sí.

Zacarías e Isabel formaron y educaron a Juan con la conciencia de que eran una pareja a la que Dios había elegido y acompañado con paciencia. Por su parte, Juan, en el epílogo de su vida, daría prueba prístina de aquella fe que recibió de sus padres, de cuál era su linaje.

¡Zacarías e Isabel, rogad por las familias cristianas!(ACI Prensa).

04 noviembre, 2025

San Carlos Borromeo, Arzobispo de Milán

 Puede ser una imagen de texto que dice "San Carlos Borromeo Patrono personal de San Juan Pablo deSanJuanPablol H 4 de noviembre aciprensa.com"


04 de noviembre
San Carlos Borromeo
Arzobispo de Milán
 
Cada 4 de noviembre la Iglesia Católica celebra a San Carlos Borromeo, arzobispo de Milán y personaje importantísimo de la contrarreforma católica del siglo XVI, junto al fundador de la Compañía de Jesús, San Ignacio de Loyola.
 
El Papa San Juan Pablo II el Grande le tenía un gran aprecio y devoción, y lo consideraba su santo patrono.
 
Pastor diligente y cuidadoso
 
San Carlos Borromeo nació en Milán, Italia, el 2 de octubre de 1538, en el seno de una familia noble. Estudió derecho civil y canónico en la Universidad de Pavía, donde se doctoró en 1559. Su tío fue Giovanni Medici, el Papa Pío IV (p.1559-1565), quien lo mandó llamar de Milán a Roma apenas graduado, para que lo asista en la administración de su pontificado. Pio IV lo ordenó diácono en 1560 y a partir de ese momento lo hizo ocupar altos cargos eclesiásticos en los que Carlos se desempeñó con eficiencia y pulcritud.
 
En 1561 Borromeo fue nombrado secretario de Estado y luego gobernador. También formó parte del Santo Oficio. Por órdenes del Papa, participó en la organización y desarrollo de la tercera sesión del Concilio de Trento (1545-1563) de 1562, haciendo una importante contribución desde la Secretaría de Estado del Vaticano. Independientemente de la parte organizativa, Borromeo participó en la reforma de los cánones arquitectónicos y artísticos de la Iglesia, haciendo sentir su influencia sobre algunos aspectos de la música sacra o litúrgica.
 
Como funcionario eclesial, se preocupó mucho por la formación de los sacerdotes. Destituyó a muchos presbíteros indignos y los reemplazó por personas que cumplían con las condiciones de honorabilidad y fidelidad a la Iglesia.
 
Su vida, en medio de todas estas responsabilidades dio un giro que terminaría en su asension al episcopado. El 17 de julio de 1563 fue ordenado sacerdote y en la víspera de la Inmaculada Concepción, en diciembre, recibió la ordenación episcopal. Once meses después (noviembre de 1564) sería creado cardenal cuando ya ocupaba hacía unos meses (desde mayo) la sede arzobispal de Milán. En este proceso de conversión y renovación espiritual profunda jugaron un papel muy importante los Ejercicios Espirituales de San Ignacio, y, por supuesto, la compañía de sus buenos amigos jesuitas.
 
Complot para acabar con su vida
 
Por su diligencia y celo evangélico, de la misma manera como cosechó abundantes frutos para Dios, se hizo de peligrosos enemigos. Incluso, en alguna oportunidad, su vida corrió peligro, cuando un grupo de miembros de la Orden de los Humiliati -poseedora de monasterios, tierras y otras propiedades- intentaron desprestigiarlo ante el Papa. Los Humiliati fueron suprimidos posteriormente por bula papal en 1571.
 
Al no conseguir su cometido, tres priores de la mencionada Orden organizaron una conspiración para matarlo. Jerónimo Donati, sacerdote de los Humiliati, aceptó el encargo de darle muerte a cambio del pago de 20 monedas de oro.
 
Donati llegó a dispararle a Borromeo mientras rezaba en la capilla de su casa, pero providencialmente la bala no llegó a darle de lleno y solo quedó herido.
 
Servicio apostólico y epílogo de santidad
 
Durante la peste que se propagó en Milán, San Carlos se puso al cuidado de los enfermos. Fue el organizador del clero y las órdenes religiosas que salieron al encuentro de los contagiados, necesitados de asistencia médica y espiritual. Borromeo atendió personalmente a cientos de moribundos, y fue gestor de la ayuda económica a las víctimas y sus familias.
 
Borromeo fue amigo de mucha gente de bien y servidores de la Iglesia, algunos de ellos santos, como es el caso de San Francisco de Borja, San Felipe Neri, San Pío V, San Félix de Cantalicio, San Andrés Avelino, entre otros. Como un dato hermoso, se sabe que fue San Carlos Borromeo quien le dio la primera comunión a un adolescente San Luis Gonzaga.
 
Carlos Borromeo murió el 4 de noviembre de 1584. Durante los últimos años de su vida siguió dedicado a la implementación de las reformas establecidas en el Concilio de Trento. En esa tarea siempre había encontrado fuerte oposición, al punto de que fue acusado ante los tribunales eclesiásticos de Roma y Madrid.
 
A los 46 años, durante el retiro anual que realizaba en Monte Varallo, cayó enfermo; y el posterior viaje de retorno a Milán no hizo más que empeorar las cosas. Finalmente fue llamado a la presencia de Dios.
San Carlos Borromeo y San Juan Pablo II el Grande
 
San Juan Pablo II, en audiencia del 4 de noviembre de 1981, realizada meses después de sufrir aquel trágico atentado a manos del turco Ali Agca (13 de mayo de ese mismo año), resaltó ciertos detalles que lo asemejaban a San Carlos Borromeo y que, de hecho, lo unieron espiritualmente mucho a él.
 
El Papa empezó su discurso diciendo: “He aquí el papel que San Carlos realiza en mi vida y en la vida de todos los que llevan su nombre… ”. Se trataba de un primer detalle, relacionado precisamente con su nombre de pila: “Karol” [Wojtila] es “Carlos”. San Juan Pablo II había recibido de sus padres el nombre del santo en el bautismo.
 
Un segundo detalle los unió aún más: ambos habían sido víctimas de atentados contra sus vidas, y, claro está, habían sobrevivido milagrosamente. Así como se pretendió acabar de un disparo con la vida del arzobispo de Milán en el siglo XVI, el Papa Peregrino recibió cuatro disparos en el cuerpo en mayo de 1981. Ambos lograron sobrevivir a aquellas circunstancias, y aunque sus vidas corrieron serio peligro, tuvieron la gracia de una ‘segunda oportunidad’, una ‘segunda vida’.
 
Juan Pablo II se refería a esta experiencia así: “(Haber sobrevivido permite) mirar la vida de modo nuevo: esta vida (…) está unida a la memoria de mis padres y simultáneamente al misterio del bautismo, y al nombre de San Carlos Borromeo”.
 
El tercer detalle está en la relación de ambos santos con Concilios importantísimos. San Carlos Borromeo participó en el Concilio de Trento y San Juan Pablo II del Concilio Vaticano II. Al igual que su santo patrono, el Papa Peregrino también fue un gran difusor de las enseñanzas del concilio, trabajando por llevar a la práctica sus intuiciones.
 
Nota bene: más sobre Carlos Borromeo y Karol Wojtila
 
A lo reflexionado aquella vez por el Santo Padre, es posible añadir un par de datos más. A los dos los unió un profundo amor y respeto por los pobres y enfermos. Así como recordamos a Juan Pablo II visitando a los más necesitados, Borromeo asistió personalmente a muchos necesitados contagiados por la peste y proveyó de alimento a cientos de menesterosos.
 
Finalmente, es posible afirmar que tanto San Carlos Borromeo como San Juan Pablo II fueron personajes queridos de manera entrañable. Milán estuvo en vela la noche de la agonía de Borromeo, de la misma manera como el mundo entero estuvo en oración durante las últimas horas de vida de Juan Pablo II.
 
“Mirando mi vida en la perspectiva del bautismo, mirándola a través del ejemplo de San Carlos Borromeo, doy las gracias a todos los que hoy, en todo el período pasado, y continuamente, también ahora, me sostienen con la oración y a veces incluso con grandes sacrificios personales” (San Juan Pablo II).(ACI Prensa)

03 noviembre, 2025

San Martín de Porres, Patrono de la JusticiaSocial y Patrono universal de la Paz

 

     

 ¡Oh!, San Martín de Porres, vos, sois, el hijo del Dios
de la Vida, su amado santo y, aunque vuestro color
no fue del contento de aquella virreynal Lima, vos, el bien,
hicisteis más que los “blancos” de aquella sociedad. Al
mundo llegasteis y por que así lo quiso Dios, bautizado
fuisteis en la misma pila bautismal de otro santo como
vos: ¡Santa Rosa de Lima! Barbero, curandero y ayudante
de médico erais pues, drenabais hinchazones y tumores
con destreza. Con vuestros conocimientos a los menesterosos
y pobres ayudabais. De labriegos, soldados, caballeros
y corregidores amigo y, siempre hecho caridad contínua,
como el mismo Cristo y Nuestra Señora, que envolvió
a propios y extraños, pues vuestra persona y nombre, respeto
imponía, tanto que, arreglabais matrimonios, dirimíais
contiendas, fallabais en pleitos y reconciliabais familias.
Al Virrey y al Arzobispo aconsejabais en asuntos referidos
a la administración y a la Iglesia. Muchas veces os vieron
en éxtasis, ante el santo Crucifijo, pues devoto fiel, erais
de la Santa Eucaristía y, jamás en vida, faltasteis a ella.
Vuestro convento, la casa de vuestra hermana y el hospital,
de pobres lo llenasteis. Todos os buscaban curación pidiendo
y a todos, los sanabais con caseros remedios, la oración
y con el toque de vuestra mano. “La caridad tiene siempre las
puertas abiertas, y los enfermos no tienen clausura”. Así,
respondisteis alguna vez y en cada enfermo, veíais la figura
de vuestro Maestro, y se os partía el alma, y por ello, con
la ayuda de vuestro Arzobispo y la del Virrey, un asilo
fundasteis, donde los atendías, los curabais, y les enseñabais
la doctrina cristiana. Abristeis, las escuelas de Huérfanos
de “La Santa Cruz”, donde los niños conocían a Jesucristo.
Dios, os concedió infinidad de gracias, como en las que,
curando estuvisteis en distintos sitios y a distancia,
dotado del poder de “bilocación”. Os hacíais azotar, hasta
derramar sangre, al igual que el otro pobre de Asís. Erais,
de perros, mulos, ratones, gatos, amigo y sanador, pues
a todos ellos los curabais, y jamás nunca, límites pusisteis
al ejercicio de la caridad. Y, así, el día os llegó, y que, vos,
mismo anunciasteis la fecha en la que vuestra alma al
cielo partiría y, entonces, perdón pedisteis a los religiosos,
por vuestros “malos ejemplos” y os marchasteis de este mundo,
para coronado ser, con corona de luz, como justo premio
a vuestra entrega increíble y grande de amor y fe. ¡Aleluya!
¡Oh!, San Martín de Porres, “vivo Amor del Dios de la Vida y del Amor”.

© 2025 by Luis Ernesto Chacón Delgado
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¡Oh! Martín

¡Oh, Martín!
¡Nadie como vos!
La paz de vuestra escoba
A perro, pericote y gato
En santas palomas los convirtieron
¡Pues Cristo lo puede todo!

Si aquellas criaturas
Dentro de sí supieron
Que la paz y el amor se dan
¿Cuánto más podrá el hombre
Si su corazón se abriera
Al Dios de la Vida?
¡Oh; Martín, “de la Paz y del Amor”.

© 2017 by Luis Ernesto Chacón Delgado
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3 de Noviembre
San Martín de Porres
Patrono de la Justicia Social y Patrono universal de la Paz 

El racismo, esa distinción que hacemos los hombres distinguiendo a nuestros semejantes por el color de la piel es algo tan sinsentido como distinguirlos por la estatura o por el volumen de la masa muscular. Y lo peor no es la distinción que está ahí sino que ésta lleve consigo una minusvaloración de las personas -necesariamente distintas- para el desempeño de oficios, trabajos, remuneraciones y estima en la sociedad. Un mulato hizo mayor bien que todos los blancos juntos a la sociedad limeña de la primera mitad del siglo XVII.

Fue hijo del ilustre hidalgo -hábito de Alcántara- don Juan de Porres, que estuvo breve tiempo en la ciudad de Lima. Bien se aprecia que los españoles allá no hicieron muchos feos a la población autóctona y confiemos que el Buen Dios haga rebaja al juzgar algunos aspectos morales cuando llegue el día del juicio, aunque en este caso sólo sea por haber sacado del mal mucho bien. Tuvo don Juan dos hijos, Martín y Juana, con la mulata Ana Vázquez. Martín nació mulato y con cuerpo de atleta el 9 de diciembre de 1579 y lo bautizaron, en la parroquia de San Sebastián, en la misma pila que Rosa de Lima.

La madre lo educó como pudo, más bien con estrecheces, porque los importantes trabajos de su padre le impedían atenderlo como debía. De hecho, reconoció a sus hijos sólo tardíamente; los llevó a Guayaquil, dejando a su madre acomodada en Lima, con buena familia, y les puso maestro particular.

Martín regresó a Lima, cuando a su padre lo nombraron gobernador de Panamá. Comenzó a familiarizarse con el bien retribuido oficio de barbero, que en aquella época era bastante más que sacar dientes, extraer muelas o hacer sangrías; también comprendía el oficio disponer de yerbas para hacer emplastos y poder curar dolores y neuralgias; además, era preciso un determinado uso del bisturí para abrir hinchazones y tumores. Martín supo hacerse un experto por pasar como ayudante de un excelente médico español. De ello comenzó a vivir y su trabajo le permitió ayudar de modo eficaz a los pobres que no podían pagarle. Por su barbería pasarán igual labriegos que soldados, irán a buscar alivio tanto caballeros como corregidores.

Pero lo que hace ejemplar a su vida no es sólo la repercusión social de un trabajo humanitario bien hecho. Más es el ejercicio heroico y continuado de la caridad que dimana del amor a Jesucristo, a Santa María. Como su persona y nombre imponía respeto, tuvo que intervenir en arreglos de matrimonios irregulares, en dirimir contiendas, fallar en pleitos y reconciliar familias. Con clarísimo criterio aconsejó en más de una ocasión al Virrey y al arzobispo en cuestiones delicadas.

Alguna vez, quienes espiaban sus costumbres por considerarlas extrañas, lo pudieron ver en éxtasis, elevado sobre el suelo, durante sus largas oraciones nocturnas ante el santo Cristo, despreciando la natural necesidad del sueño. Llamaba profundamente la atención su devoción permanente por la Eucaristía, donde está el verdadero Cristo, sin perdonarse la asistencia diaria a la Misa al rayar el alba.

Por el ejercicio de su trabajo y por su sensibilidad hacia la religión tuvo contacto con los monjes del convento dominico del Rosario donde pidió la admisión como donado, ocupando la ínfima escala entre los frailes. Allí vivían en extrema pobreza hasta el punto de tener que vender cuadros de algún valor artístico para sobrevivir. Pero a él no le asusta la pobreza, la ama. A pesar de tener en su celda un armario bien dotado de yerbas, vendas y el instrumental de su trabajo, sólo dispone de tablas y jergón como cama.

Llenó de pobres el convento, la casa de su hermana y el hospital. Todos le buscan porque les cura aplicando los remedios conocidos por su trabajo profesional; en otras ocasiones, se corren las voces de que la oración logró lo improbable y hay enfermos que consiguieron recuperar la salud sólo con el toque de su mano y de un modo instantáneo.

Revolvió la tranquila y ordenada vida de los buenos frailes, porque en alguna ocasión resolvió la necesidad de un pobre enfermo entrándolo en su misma celda y, al corregirlo alguno de los conventuales por motivos de clausura, se le ocurrió exponer en voz alta su pensamiento anteponiendo a la disciplina los motivos dimanantes de la caridad, porque “la caridad tiene siempre las puertas abiertas, y los enfermos no tienen clausura”.

Pero entendió que no era prudente dejar las cosas a la improvisación de momento. La vista de golfos y desatendidos le come el alma por ver la figura del Maestro en cada uno de ellos. ¡Hay que hacer algo! Con la ayuda del arzobispo y del Virrey funda un Asilo donde poder atenderles, curarles y enseñarles la doctrina cristiana, como hizo con los indios dedicados a cultivar la tierra en Limatambo. También los dineros de don Mateo Pastor y Francisca Vélez sirvieron para abrir las Escuelas de Huérfanos de Santa Cruz, donde los niños recibían atención y conocían a Jesucristo.

No se sabe cómo, pero varias veces estuvo curando en distintos sitios y a diversos enfermos al mismo tiempo, con una bilocación sobrenatural.

El contemplativo Porres recibía disciplinas hasta derramar sangre haciéndose azotar por el indio inca por sus muchos pecados. Como otro pobre de Asís, se mostró también amigo de perros cojos abandonados que curaba, de mulos dispuestos para el matadero y hasta lo vieron reñir a los ratones que se comían los lienzos de la sacristía. Se ve que no puso límite en la creación al ejercicio de la caridad y la transportó al orden cósmico.

Murió el día previsto para su muerte que había conocido con anticipación. Fue el 3 de noviembre de 1639 y causada por una simple fiebre; pidiendo perdón a los religiosos reunidos por sus malos ejemplos, se marchó. El Virrey, Conde de Chinchón, Feliciano de la Vega -arzobispo- y más personajes limeños se mezclaron con los incontables mulatos y con los indios pobres que recortaban tantos trozos de su hábito que hubo de cambiarse varias veces.

Lo canonizó en papa Juan XXIII en 1962.

Desde luego, está claro que la santidad no entiende de colores de piel; sólo hace falta querer sin límite.

¿Qué nos enseña su vida?

La vida de San Martín nos enseña:

A servir a los demás, a los necesitados. San Martín no se cansó de atender a los pobres y enfermos y lo hacía prontamente. Demos un buen servicio a los que nos rodean, en el momento que lo necesitan. Hagamos ese servicio por amor a Dios y viendo a Dios en las demás personas.

A ser humildes. San Martín fue una persona que vivió esta virtud. Siempre se preocupó por los demás antes que por él mismo. Veía las necesidades de los demás y no las propias. Se ponía en el último lugar.

A llevar una vida de oración profunda. La oración debe ser el cimiento de nuestra vida. Para poder servir a los demás y ser humildes, necesitamos de la oración. Debemos tener una relación intima con Dios

A ser sencillos. San Martín vivió la virtud de la sencillez. Vivió la vida de cara a Dios, sin complicaciones. Vivamos la vida con espíritu sencillo.

A tratar con amabilidad a los que nos rodean. Los detalles y el trato amable y cariñoso es muy importante en nuestra vida. Los demás se lo merecen por ser hijos amados por Dios.

A alcanzar la santidad en nuestra vidas. Por alcanzar esta santidad, luchemos…

A llevar una vida de penitencia por amor a Dios. Ofrezcamos sacrificios a Dios.

San Martín de Porres se distinguió por su humildad y espíritu de servicio, valores que en nuestra sociedad actual no se les considera importantes. Se les da mayor importancia a valores de tipo material que no alcanzan en el hombre la felicidad y paz de espíritu. La humildad y el espíritu de servicio producen en el hombre paz y felicidad.

Oración

Virgen María y San Martín de Porres, ayúdenme este día a ser más servicial con las personas que me rodean y así crecer en la verdadera santidad.

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02 noviembre, 2025

Los fieles difuntos

 Puede ser una imagen de texto que dice "Conmemoración a Todos los Fieles Difuntos Que sus benditas almas "puedan gozar de la visión de la felicidad eterna". 2 de noviembre aciprensa.com"

02 de octubre
Los fieles difuntos
 
Cada 2 de noviembre, la Iglesia Católica conmemora a todos los fieles difuntos. Es decir, a todos aquellos que han muerto, y que debieron comparecer ante Dios, su misericordia y su justicia. Así, recordamos a nuestros antepasados, amigos y familiares que nos han dejado, y para quienes abrigamos la esperanza del reencuentro definitivo, en la Presencia de Dios.
 
Sentido de la conmemoración
Señala el Martirologio Romano:
 
“Conmemoración de todos los fieles difuntos. La santa Madre Iglesia, después de su solicitud para celebrar con las debidas alabanzas la dicha de todos sus hijos bienaventurados en el cielo, se interesa ante el Señor en favor de las almas de cuantos nos precedieron con el signo de la fe y duermen en la esperanza de la resurrección, y por todos los difuntos desde el principio del mundo, cuya fe solo Dios conoce, para que, purificados de toda mancha de pecado y asociados a los ciudadanos celestes, puedan gozar de la visión de la felicidad eterna” (elog. del Martirologio Romano).
 
Cementerios y campos santos
 
Hoy miles de personas en todo el mundo visitan los cementerios para honrar la memoria de sus seres queridos y de todos aquellos que partieron al encuentro con Dios.
 
En este día la Iglesia toda dedica la liturgia a animar a los fieles a orar por el eterno descanso de quienes han fallecido, con la esperanza de que todos, en ‘el día que no conoce el final’, nos podamos reunir en el amor infinito de Dios.
 
Caridad, memoria y recogimiento
 
Constituye una obra de caridad indispensable que quienes aún peregrinamos en este mundo oremos y hagamos sacrificios u ofrecimientos por las almas del purgatorio, conscientes de que muchos entre quienes nos han precedido necesitan aún purgar sus faltas para poder gozar de Dios de manera definitiva.
 
Es importante que todos los católicos guardemos el debido respeto en los cementerios y campos santos. Ciertamente, hay una diversidad de costumbres presentes y arraigadas, que pueden o no ser parte de lo que se denomina la Piedad Popular. Como fuere, esta conmemoración no puede ser pretexto para abandonar el recogimiento, la oración de intercesión o la conciencia de que somos pecadores, y necesitamos todos, vivos y muertos, de la misericordia de Dios.
 
¿Qué más recomienda la Iglesia para hoy?
 
Recomendables son las oraciones de intercesión ofrecidas a la Virgen María, de manera especial el Santo Rosario; también es bueno pedir la intercesión de los santos a través de novenas u oraciones votivas; y, finalmente, no debemos olvidar que toda oración debe estar acompañada de obras de caridad o pequeños sacrificios de la vida cotidiana como, por ejemplo, la limosna, esto es, compartir nuestros bienes con los más necesitados.
 
Una mención aparte merece la asistencia a la Santa Misa. Si bien en la mayoría de lugares no es día de precepto o día de guardar, la celebración eucarística es “la oración por excelencia''. Eso no puede ser pasado por alto. Ofrezcamos la Santa Misa por nuestros difuntos.
 
También es muy recomendable averiguar y poner en práctica las distintas alternativas que da la Iglesia universal o las Iglesias locales para obtener la Indulgencia Plenaria por los difuntos fallecidos sin las debidas asistencias espirituales.
 
Indulgencia plenaria por la Conmemoración de Todos los Fieles Difuntos
 
La Penitenciaría Apostólica del Vaticano otorga, todos los años, las facilidades para obtener la indulgencia plenaria en el Día de los Fieles Difuntos, que hoy, 2 de noviembre, celebramos. Es una hermosa oportunidad para que, con la cooperación de los miembros de la Iglesia peregrinante en la tierra, muchas almas necesitadas puedan ser rescatadas del purgatorio.(ACI Prensa).