19 diciembre, 2025

Beato Urbano V

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19 de diciembre
Beato Urbano V
 
Hoy, como cada 19 de diciembre, la Iglesia recuerda al Beato Urbano V, pontífice número 200 de la Iglesia Católica. Gobernó entre los años 1362 y 1370, durante una de las épocas más difíciles de la historia de la Iglesia, conocida como "el destierro de Avignon”.
 
Avignon
 
Durante este período, los Papas tuvieron que dejar la ciudad de Roma, sede del papado desde el siglo I, a causa de las continuas revueltas y conflictos entre las coronas o casas italianas. Los pontífices, en consecuencia, se establecieron en Avignon, Francia, poco después del año 1300. Urbano V fue el sexto Papa en el destierro.
 
Tras la muerte del Papa Inocencio VI, en diciembre de 1361, Urbano V fue elegido como su sucesor. Como en ese momento era un monje ordenado sacerdote que se encontraba en misión diplomática, fue llamado a Roma y en un solo día tuvo que ser consagrado obispo y elevado a pontífice. Poco después de haber asumido el papado, se trasladó a Aviñón.
 
Urbano V nació en Languedoc, Francia, en 1310. Hizo sus estudios universitarios en la Universidad de París y luego se hizo monje benedictino. Durante el curso de su vida monástica destacó por sus cualidades espirituales y capacidad organizativa, llegando a ser superior de varios monasterios.
 
El papel de liderazgo dentro de su Orden le ganó el aprecio de varios pontífices, quienes valoraron su dotes diplomáticos y lo convocaron al servicio de la Santa Sede como representante papal (nuncio).
 
Reforma de la Curia
 
Como Papa se propuso acabar con los abusos de algunas familias italianas que intentaban copar el poder eclesial para ponerlo al servicio de sus coronas o naciones. Además, promovió una política de austeridad, cortando con el exceso de lujos de sus colaboradores y limitando la ostentación de los bienes del palacio pontificio. Urbano V se preocupó realmente por que los miembros de la curia fueran modelos de vida cristiana.
 
Ubicó a personas de reconocida virtud en los cargos eclesiásticos más importantes y luchó por acabar con las malas costumbres instauradas en el clero. Al mismo tiempo, trabajó para fortalecer el papel educativo de la Iglesia, convirtiéndola en protagonista del enriquecimiento cultural de los pueblos. Entre sus obras educativas se cuenta la fundación de la primera academia pontificia de medicina.
 
Urbano V contó con el apoyo de las órdenes mendicantes -franciscanos y dominicos- en la organización de viajes de evangelización a Bulgaria, Ucrania, Bosnia, Albania y Lituania, convirtiéndose en un precursor del moderno espíritu misionero de la Iglesia, consolidado siglos más tarde.
 
Vuelta a la Sede de Pedro
 
Este Pontífice fue el primero en romper el periodo de Avignon, cuando decidió retornar a Roma y devolverle a la Ciudad la condición de Sede Pontificia, algo a lo que no se había atrevido ninguno de sus predecesores. Habían sido más de 50 años los que la Iglesia fue gobernada desde fuera de Roma. Cuando Urbano V estableció su residencia en la Ciudad Eterna, ésta se encontraba en estado de abandono espiritual y deterioro moral.
 
Francia
 
En ese momento, Urbano V mandó reconstruir los monumentos principales y recuperar los edificios y bienes eclesiales. Lamentablemente, el advenimiento de una nueva guerra entre Francia e Inglaterra, y un severo deterioro en su salud, hizo que Urbano dispusiera retornar a Francia en 1370.
 
Un nuevo descontento surgió entre los romanos, en cuyas mentes resonaba la profecía de Santa Brígida. La santa había anunciado que el Papa moriría si abandonaba Roma nuevamente. El 5 de diciembre de 1370 Urbano salió de Roma y solo unos días después, el día 19, falleció. Fue sucedido por el Papa Gregorio XI. Urbano V fue beatificado en 1870 por el Papa Pio IX. (ACI Prensa).

18 diciembre, 2025

Nuestra Señora de la Esperanza

 

18 de diciembre
Nuestra Señora de la Esperanza 
 
Cada 18 de diciembre la Iglesia celebra a la Madre de Dios bajo la advocación de la “Virgen de la Esperanza”, conocida popularmente como la “Virgen de la O”. Bien podemos llamar a la Virgen de la O: “Madre del Adviento”, porque Ella nos enseña a esperar con paciencia en Dios. Imitemos a María, y aprendamos a esperar en las promesas de Dios. Ella, que vivió “la dulce espera”, sin miedo, sin angustia o ansiedad, nos da ejemplo de confianza en el Altísimo.
 
La maternidad ejercida en el seno del Amor verdadero
  
En ciertos lugares esta hermosa advocación mariana recibe otros nombres: “Virgen de la Dulce Espera” o “La Virgen Encinta”. Cualquiera sea el caso, los fieles devotos miran a María en esa dimensión esencial de su vida: la de la maternidad ejercida, con los cuidados propios de la gestación, y todo aquello que implica eso que llamamos el “estado de buena esperanza” o el periodo de “la dulce espera”.
 
Por eso, así como cada mujer con un hijo en el vientre puede encontrar en la la Madre de Dios una compañía cercana, alivio, fortaleza y esperanza, la celebración de la Virgen de la O resulta también propicia para enriquecer y profundizar en aquello que la Iglesia vive durante los días del Adviento.
 
Origen de la devoción
 
La advocación de la “Virgen de la O” tiene su origen en una antigua tradición inspirada en la Liturgia de las Horas.
 
Entre el 17 y el 23 de diciembre, las antífonas para el cántico evangélico de Vísperas, el Magnificat, empiezan siempre con la exclamación admirativa “oh”. En otras palabras, a María se le invoca durante esos días con exclamaciones como: “Oh, Sabiduría…; “Oh, Adonai…”; “Oh, renuevo del tronco de Jesé…”; “Oh, llave de David...”. A estas se les llama “antífonas mayores” o “antífonas de Adviento”.
 
La repetición constante e insistente del “oh” para introducir las menciones en honor a la Virgen dió origen al título “Virgen de la Oh”. Luego, muy probablemente, dejó de escribirse la letra “h”, siendo esta un grafema sin valor fonético. De esta forma, la advocación pasó a llamarse simplemente “Virgen de la O”.
 
Por otro lado, ya que desde los primeros siglos del cristianismo los fieles querían recordar y celebrar la dulce espera de María, en el año 656, durante el décimo concilio de Toledo (España), se instituyó la fiesta mariana de la “expectación del parto” o “de la espera”. Esta fue fijada para el 18 de diciembre, una semana antes de la Navidad. Así, la fiesta de la Virgen de la O terminó asociada para siempre con el tiempo litúrgico “de la espera”, el Adviento.
 
La espera más dulce
 
La experiencia radicalmente humana -y divina- de engendrar una nueva vida suele transformarlo todo. El anuncio de que un nuevo ser está por venir es siempre motivo de esperanza, o, al menos, debería serlo. Es verdad que en una “cultura” como la nuestra, con visos contrarios a la vida, la llegada al mundo de muchos seres humanos se percibe como un “problema”, que compromete libertades y sueños, cuando debería ser todo lo contrario.
 
¿Qué “sueño” puede ser más grande que ver a un ser humano realizar todo lo que puede ser en la vida? ¿Qué libertad puede ser mayor a la que es posible apreciar en la vida humana que empieza y que, por lo tanto, tiene todo por delante para construir su bien y el de los demás? ¿Qué derecho puede ser más significativo que aquel que se respeta de manera incondicional?
 
La Virgen, como madre que es, alecciona, da ejemplo y acompaña a padres y madres en el sendero que se dirige a recibir una nueva vida. La Virgen de la O, así, se constituye para los progenitores en símbolo de esperanza. Contemplando a la Madre de Dios en los días previos al alumbramiento de Jesús, con muy poco, con casi todo en contra, experimentando soledad y pobreza, vemos a una mujer dispuesta a todo por su hijo. Ella acoge la vida divina con amor y la potencia con su sacrificio en el día a día. Por eso, cualquier madre que se pone en manos de Dios, nunca será defraudada.
 
¡Qué gran bendición es María para las mujeres que llevan a un hijo o hija en sus vientres! Cuánta esperanza, aún con dolor, puede extraerse de su dulce espera. ¡Qué bello el privilegio de gestar o de acoger a alguien que también es hijo de Dios! ¡Cuánta alegría puede haber en ello si se sobrepone el amor a la dificultad! ¡Qué dulzura estar encinta! ¡Qué consuelo en los momentos difíciles!
¡Virgen de la O, ruega por todas las madres del mundo! ¡Intercede por nosotros en este Adviento!
 
Oración
 
Ruega por nosotros, Madre de la Iglesia.
Virgen del Adviento,
esperanza nuestra, de Jesús la aurora,
del cielo la puerta.
Madre de los hombres, de la mar estrella,
llévanos a Cristo, danos sus promesas.
Eres, Virgen Madre, la de gracia llena,
del Señor la esclava, del mundo la Reina.
Alza nuestros ojos, hacia tu belleza. ¡Amén!(ACI Prensa).

17 diciembre, 2025

San Lázaro Amigo de Jesús y Patrono de moribundos y necesitados

 

¡Oh! San Lázaro, vos, sois el hijo del Dios de la Vida
y su amado santo y el amigo fiel de Jesús, hermano de Marta 
y María, a quien resucitó de entre los muertos. “Lázaro” 
quiere decir “Dios ayuda”, y el Evangelio, muestras da 
evidentes de cómo Jesús planificó el de vuestro nombre. 
Vos, fuisteis amigo de Jesús, y el de ser, vivo actor de 
uno de sus  milagros increíbles: volver a la vida de uno 
que se contaba entre los muertos. «Señor, si hubieras 
estado aquí, no habría muerto mi hermano», dijo una de 
vuestras hermanas a Jesús. Al enfermar vos, Lázaro, y al 
ver que vuestra vida corría peligro, vuestras hermanas
enviaron a alguien a buscar a Jesús, con un mensaje de 
amor y a la vez de tristeza lleno: «Señor, el que tú amas, 
está enfermo», y entonces Jesús, de un momento a otro
regresa a Judea, y les dice a sus discípulos: “Lázaro, 
nuestro amigo, se ha dormido; pero voy a despertarlo». 
Luego de cuatro días llegó a Betania, y viendo el dolor 
por la muerte de su amigo, se compadeció y lloró, tanto 
que los judíos que lo vieron dijeron: “¡Cómo lo amaba!”. 
¡Cuán grande era el amor de Jesús por vos! ¡Cuán dolorosa 
es la muerte incluso para el Dios hecho Hombre! Pero, 
al mismo tiempo, ¡qué grande es el poder de Dios! Jesús, 
llegando al lugar del sepulcro, os gritó: «“¡Lázaro, ven
afuera! Y vos, salisteis, ligados vuestros brazos y 
vuestras piernas con vendas, y vuestro rostro envuelto 
en un sudario. Jesús les dijo a las gentes: «Desatadlo, 
y dejadlo ir». Y así, vos, recibisteis de Dios una “nueva 
vida” y vuestra amistad con Jesús “transformaron” vuestra
existencia. Fuisteis alzado sobre la muerte, para que 
creamos en la gloria de Dios, para que confiemos en que 
la muerte no tiene última palabra y para que, nuestra 
esperanza sea inextinguible. Vuestra resurrección, 
antecede a la resurrección de vuestro amigo y, también 
a la nuestra. Recordad hermanos, Jesús ha dicho: «Yo soy 
la resurrección y la vida, El que cree en mí, aunque 
muera, vivirá; y todo el que vive y cree en mí, no morirá 
jamás”. Y, vos, Lázaro habéis sido uno en aquél tiempo;
¡Oh! San Lázaro, «testigo vivo del poder del Dios Vivo».


© 2025 by Luis Ernesto Chacón Delgado

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17 de diciembre
San Lázaro
Amigo de Jesús y Patrono de moribundos y necesitados 
 
Cada 17 de diciembre es la fiesta de San Lázaro de Betania, amigo cercano de Jesús, hermano de Marta y María, a quien el Señor resucitó de entre los muertos. “Lázaro” quiere decir “Dios ayuda”, y el Evangelio da muestras evidentes de cómo Jesús llenó de sentido aquel nombre. Lázaro de Betania recibió la gracia de ser el protagonista de uno de los milagros más impresionantes realizados por Jesucristo: que uno que se contaba entre los muertos vuelva a la vida. Por ese milagro, el que era amigo cercano de Jesús se convirtió en primicia de la propia resurrección de nuestro salvador, Jesucristo.
 
“Señor si hubieras estado aquí, no habría muerto mi hermano" (Jn 11, 21)
 
De acuerdo al Evangelio de Juan (Jn 11, 1-44), Lázaro había enfermado gravemente. Al ver que su vida corría peligro, sus hermanas, Marta y María, enviaron a alguien al lugar en el que se encontraba Jesús con el siguiente mensaje: "Señor, el que tú amas, está enfermo".
 
Llama la atención que Jesús no haya acudido de inmediato al encuentro del amigo. Por el contrario, permanece donde estaba hasta que súbitamente decide regresar a Judea. De pronto, dice a sus discípulos: “Lázaro, nuestro amigo, se ha dormido; pero voy a despertarlo" -con esto el Señor hacía referencia a la muerte de Lázaro y no a que estuviese durmiendo, como pensaron los discípulos-.
"Jesús se echó a llorar" (Jn 11, 35)
 
Recién, cuatro días después, el Señor Jesús llega a Betania. Allí encontró a Marta y a María y, viendo su dolor por la muerte de su hermano, se compadeció y lloró. Al ver esto, los judíos que estaban allí presentes exclamaron: “¡Cómo lo amaba!”.
 
Pocos pasajes de la Escritura registran, con tanta elocuencia, los sentimientos del Señor. ¡Cuán grande era el amor de Jesús por su amigo! ¡Cuán dolorosa es la muerte incluso para el Dios hecho Hombre! Y, al mismo tiempo, ¡qué grande es el poder de Dios!
 
Jesús, llegado al lugar del sepulcro, gritó: «“¡Lázaro, ven afuera! Y el muerto salió, ligados los brazos y las piernas con vendas, y el rostro envuelto en un sudario. Jesús les dijo: "Desatadlo, y dejadlo ir"» (Jn 11, 43-44).
 
"Y todo el que vive y cree en mí, no morirá jamás. ¿Crees esto?" (Jn 11, 26)
 
San Lázaro es el que recibe de Dios una “nueva vida”. Él es prefigura de cuánto ama Dios a sus hijos, de cuánto el Hijo es capaz de amar a quienes lo aman.
 
La cercanía y amistad con Jesús “transformaron” la existencia de Lázaro completamente. Fue alzado sobre la muerte para que creamos en la gloria de Dios, para que confiemos en que ni la muerte ni el pecado tienen la palabra definitiva y para que nuestra esperanza sea inagotable. Su resurrección “adelanta” la resurrección de Cristo y, en consecuencia, también la nuestra.
 
"Yo soy la resurrección El que cree en mí, aunque muera, vivirá; y todo el que vive y cree en mí, no morirá jamás” (Jn 11, 25- 26).(ACI Prensa).
 

16 diciembre, 2025

Santa Adelaida, Patrona de las novias y mujeres que detentan poder

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16 de diciembre
Santa Adelaida
Patrona de las novias y mujeres que detentan poder
 
Cada 16 de diciembre recordamos a Santa Adelaida de Borgoña, esposa de Otón I, rey de Francia Oriental y emperador del Sacro Imperio Romano Germánico. Ella, a pesar de que vivió desde la cuna rodeada de las vicisitudes y glorias del poder político -era hija de Rodolfo II de Borgoña y de Berta de Suabia-, no se dejó persuadir por este y aprendió a ponerlo en el lugar que le corresponde: al servicio de los más necesitados, de las causas justas y de la Iglesia que Cristo fundó.
 
Santa Adelaida trabajó incansablemente por los más pobres, por construir iglesias y monasterios, financiar misioneros y solventar la vida religiosa en general. En la parte final de su vida vivió como monja -aunque nunca profesó como tal-, dedicada a la oración y la vida espiritual.
 
¡Cuánto heroísmo tiene esta reina!
 
El año en que nació Adelaida no ha podido ser determinado de manera exacta. Probablemente nació entre los años 928 y 933, en el reino de Borgoña -ubicado entre la Francia actual y parte de la Italia del norte-. A los 15 años, por un arreglo político, contrajo matrimonio con Lotario, rey de Italia. Quedó viuda a los 19 años cuando su marido fue asesinado en medio de una conspiración para hacerse del trono.
 
Berengario II de Ivrea (margrave de Italia), interesado en consolidar su poder anexando los dominios de Lotario, quiso casarla con su hijo Adalberto, pero Adelaida se negó. Entonces, el margrave la envió a prisión y le retiró todos sus poderes. Ella afrontó aquellas terribles circunstancias confiada en Dios, con paciencia y serenidad poco comunes, aprovechando su encierro para unirse a Cristo crucificado. Sus propios carceleros decían de ella: "Cuánto heroísmo tiene esta reina ¡No grita, no se desespera, no insulta. Solo reza y sonríe en medio de sus lágrimas!".
 
Adelaida pudo escapar de su presidio y devino en protegida del rey alemán Oton I. Ambos se enamoraron y se unieron en matrimonio en 951. Un año después, en la ciudad de Roma, Otón I sería coronado emperador del Sacro Imperio Romano Germánico por el Papa Juan XII, mientras que ella, en la misma ceremonia, sería coronada emperatriz.
 
En el año 973, Santa Adelaida enviudó nuevamente. Nuevamente días de dolor llegaron a su vida, convirtiéndose en blanco de los maltratos de su propio hijastro, el emperador Otón II, quien aspiraba a quedarse con el poder de su padre. Otón II estaba malamente influenciado contra su madrastra por su esposa Teofana, princesa bizantina. Otón II moriría en la guerra tiempo después, y dejaría como sucesor a Otón III, demasiado joven en ese momento para asumir el trono imperial. Fue así que Teofana se arrogó la máxima autoridad en calidad de regente y endureció el trato contra Adelaida.
 
Por su parte, la santa pensaba con insistencia: "Solo en la religión puedo encontrar consuelo para tantas pérdidas y desventuras". Ese fue un tiempo en que Adelaida, a pesar del sufrimiento, seguiría respondiendo a las afrentas a fuerza de más bondad y mansedumbre.
 
“Una maravilla de gracia y de bondad”
 
Tras una enfermedad, Teofana terminaría muriendo en 991, y Adelaida tuvo que volver a la corte imperial como regente, quedando como tutora de su nieto, Otón III. Mientras este crecía, Adelaida usó el poder que recibió en beneficio de su propio pueblo, poniendo en primer lugar el fortalecimiento de las costumbres cristianas dentro del imperio, la asistencia a los pobres, y la construcción y restauración de monasterios e iglesias.
 
De esta manera, Santa Adelaida logró conquistar el cariño de sus súbditos, llegando a ser considerada como una madre bondadosa y justa. Gobernó con espíritu evangelizador, determinado por la consciencia de que el Evangelio no solo tenía que ser anunciado, sino que debía transformar auténticamente la vida de su pueblo. Cuando su nieto Otón III ascendió al trono imperial, ella se retiró a vivir a un monasterio, donde pasó sus últimos días dedicada a la oración.
 
El recurso al consejo, ayuda para alcanzar la santidad
 
A lo largo de su vida, la emperatriz Adelaida tuvo grandes directores espirituales, entre ellos varios santos, como es el caso de San Adalberto, San Mayolo y San Odilón. Ella pudo recibir tal bendición gracias a su cercanía con los monjes del monasterio de Cluny, centro de la reforma espiritual del siglo X. San Odilón escribió sobre ella lo siguiente: "La vida de esta reina es una maravilla de gracia y de bondad".
 
Santa Adelaida murió el 16 de diciembre del año 999, a pocos días del cambio del milenio. Sus patronazgos son múltiples: patrona de las víctimas de abuso, novias, emperatrices, mujeres que detentan poder, exiliados, prisioneros, segundas nupcias, viudas.(ACI Prensa).

15 diciembre, 2025

Santa María Crucificada de la Rosa, Fundadora de las Siervas de la Caridad

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15 de diciembre
Santa María Crucificada de la Rosa
Fundadora de las Siervas de la Caridad
 
Cada 15 de diciembre la Iglesia celebra a Santa María Crucificada de la Rosa (1813-, conocida también como Santa María de Rosa, religiosa italiana, fundadora de la Congregación de las Siervas de la Caridad.
 
Hija de un empresario y una condesa
 
Paola Francesca Di Rosa -por su nombre secular- nació en Brescia (Italia) el 6 de noviembre de 1813. Posteriormente, al hacerse religiosa, adoptaría el nombre de “Maria Crocifissa Di Rosa” (María Crucificada de la Rosa) y se convertiría en enfermera.
 
Su padre, don Clemente Di Rosa, fue un rico industrial, poseedor de una gran hilandería; su madre, Camilla Albani, era parte de la prestigiosa familia Albani, razón por la que ostentaba el título de condesa.
 
Un torrente de gracia y santidad en una fábrica
 
Durante su primera infancia, María fue educada por las Hermanas de la Visitación, quienes poseían un convento y una escuela en la ciudad. Lamentablemente, dejó la escuela tras la muerte de su madre en 1824. Con solo 11 años, María empezó a trabajar en la hilandería de la familia. Allí pudo conocer las duras condiciones en las que trabajaban muchas mujeres, algo que la marcaría para siempre. Años después diría: “Yo sufro viendo el sufrimiento de otros”.
 
Al cumplir los 17 años, María de la Rosa decidió consagrar su vida a Dios a través del servicio a los más necesitados. Por eso, animada por su fe y amor al prójimo, organizó a las trabajadoras de la hilandería con el propósito de generar vínculos de apoyo y ayuda solidaria entre sus familias. Esto fue visto con beneplácito por su padre, quien la alentó a perseverar en ese camino. Luego, por su capacidad de liderazgo y responsabilidad, don Clemente le entregaría la administración total de la hilandería. La joven acababa de cumplir los 19 años.
 
Solidaria con las mujeres que trabajan, atenta al llamado de Dios
 
María, sobre la base del grupo de ese grupo organizado de mujeres, formó una asociación religiosa en la que las trabajadoras podían profundizar y enriquecer su fe católica. Mientras tanto, alimentaba su vida espiritual participando activamente en su parroquia: organizaba retiros espirituales y obras de misión en las partes alejadas de Brescia, poniendo, como ya era habitual, su mayor atención en las mujeres abandonadas.
 
En 1836, la ciudad de Brescia sufrió el embate de la peste del cólera. Mucha gente murió aquel año y fueron muchísimos los niños que quedaron huérfanos. Para paliar en algo tal situación, el municipio organizó unos talleres en los que los niños podían estudiar y, al mismo tiempo, aprender algún oficio para su sustento. El alcalde le encargó a María de la Rosa el cuidado de las niñas, nombrándola directora de los talleres. A pesar de sus cortos 24 años, la joven hizo un trabajo notable y se ganó la estima y confianza de los habitantes de la ciudad.
 
María de la Rosa trabajó en aquel proyecto con gran dedicación durante dos años, hasta que pensó que sería mejor brindar una formación más completa y permanente. Entonces, por cuenta propia, abrió un internado para niñas en estado de abandono -fundamentalmente huérfanas y niñas muy pobres-, obra que crecería hasta convertirse en un sólido centro de formación y educación católica.
 
La Congregación de las Siervas de la Caridad: niñas abandonadas
 
María, fortalecida y animada por la gracia de Dios, no tardaría mucho en dar el siguiente gran paso: abriría otro instituto, esta vez, para niñas sordomudas.
 
En 1840, tocada por el Espíritu Santo, Santa María de la Rosa se embarcó en el que sería el proyecto más ambicioso de su vida: la fundación de una comunidad religiosa femenina dedicada a la atención de los enfermos en los hospitales. La nueva Orden llevaría el nombre de Congregación de las Siervas de la Caridad. El grupo inicial estuvo compuesto por cuatro jóvenes, pero tres meses después aumentaron a 32. Sor María de la Rosa fue nombrada por unanimidad superiora de la naciente comunidad.
 
La etapa final de la vida de María Crucificada de la Rosa estuvo dedicada a fortalecer la Orden y obtener el reconocimiento eclesiástico necesario, lo que no significó que dejara su labor como enfermera. En 1850, la Santa Sede, por voluntad expresa del Papa Pío IX, otorgó la aprobación de su congregación.
 
Unos años más tarde, Santa María de la Rosa moriría en olor de santidad, el 15 de diciembre de 1855, a los 44 años. Su proceso de canonización se inició durante el pontificado de San Pío X en 1913. El Papa Pio XII la beatificó el 26 de mayo de 1940 y él mismo la canonizó el 12 de junio de 1954 en la Basílica de San Pedro, Ciudad del Vaticano.  (CI Prensa).

14 diciembre, 2025

Domingo 3 (A) de Adviento

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Domingo 14 Diciembre
Domingo 3 (A) de Adviento
 
Texto del Evangelio (Mt 11,2-11): En aquel tiempo, Juan, que en la cárcel había oído hablar de las obras de Cristo, envió a sus discípulos a decirle: «¿Eres tú el que ha de venir, o debemos esperar a otro?». Jesús les respondió: «Id y contad a Juan lo que oís y veis: los ciegos ven y los cojos andan, los leprosos quedan limpios y los sordos oyen, los muertos resucitan y se anuncia a los pobres la Buena Nueva; ¡y dichoso aquel que no halle escándalo en mí!».
 
Cuando éstos se marchaban, se puso Jesús a hablar de Juan a la gente: «¿Qué salisteis a ver en el desierto? ¿Una caña agitada por el viento? ¿Qué salisteis a ver, si no? ¿Un hombre elegantemente vestido? ¡No! Los que visten con elegancia están en los palacios de los reyes. Entonces, ¿a qué salisteis? ¿A ver un profeta? Sí, os digo, y más que un profeta. Éste es de quien está escrito: ‘He aquí que yo envío mi mensajero delante de ti, que preparará por delante tu camino’. En verdad os digo que no ha surgido entre los nacidos de mujer uno mayor que Juan el Bautista; sin embargo, el más pequeño en el Reino de los Cielos es mayor que él».
 
—————————
 
«No ha surgido entre los nacidos de mujer uno mayor que Juan el Bautista»
Dr. Johannes VILAR
(Köln, Alemania)
 
Hoy, como el domingo anterior, la Iglesia nos presenta la figura de Juan el Bautista. Él tenía muchos discípulos y una doctrina clara y diferenciada: para los publicanos, para los soldados, para los fariseos y saduceos... Su empeño es preparar la vida pública del Mesías. Primero envió a Juan y Andrés, hoy envía a otros a que le conozcan. Van con una pregunta: «Eres tú el que ha de venir, o debemos esperar a otro?» (Mt 11,3). Bien sabía Juan quién era Jesús. Él mismo lo testimonia: «Yo no lo conocía, pero el que me envió a bautizar con agua me dijo: ‘Aquel sobre el que veas descender el Espíritu y permanecer sobre él, ése es el que bautiza en el Espíritu Santo’» (Jn 1,33). Jesús contesta con hechos: los ciegos ven y los cojos andan...
 
Juan era de carácter firme en su modo de vivir y en mantenerse en la Verdad, lo cual le costó su encarcelamiento y martirio. Aún en la cárcel habla eficazmente con Herodes. Juan nos enseña a compaginar la firmeza de carácter con la humildad: «No soy digno de desatarle las sandalias» (Jn 1,27); «Es preciso que Él crezca y que yo disminuya» (Jn 3,30); se alegra de que Jesucristo bautice más que él, pues se considera sólo “amigo del esposo” (cf. Jn 3,26).
 
En una palabra: Juan nos enseña a tomar en serio nuestra misión en la tierra: ser cristianos coherentes, que se saben y actúan como hijos de Dios. Debemos preguntarnos: —¿Cómo se prepararían María y José para el nacimiento de Jesucristo? ¿Cómo preparó Juan las enseñanzas de Jesús? ¿Cómo nos preparamos nosotros para conmemorarlo y para la segunda venida del Señor al final de los tiempos? Pues, como decía san Cirilo de Jerusalén: «Nosotros anunciamos la venida de Cristo, no sólo la primera, sino también la segunda, mucho más gloriosa que aquélla. Pues aquélla estuvo impregnada por el sufrimiento, pero la segunda traerá la diadema de la divina gloria».
 
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Pensamientos para el Evangelio de hoy
 
«Juan era una voz provisional. Y cuando le preguntaron: ‘¿Quién eres?’ respondió: ‘Yo soy la voz que grita en el desierto: ¡Allanad el camino del Señor!’. ¿Qué quiere decir: ‘Allanad el camino’, sino: ‘Pensad con humildad’?» (San Agustín)
«La Iglesia, este domingo, anticipa un poco la alegría de la Navidad, y por esto se llama “el domingo de la alegría”. Y la alegría de la Navidad es una alegría especial. Es una alegría serena, tranquila, una alegría que acompaña siempre al cristiano. Incluso en los momentos difíciles. El cristiano, cuando es auténtico cristiano, nunca pierde la paz» (Francisco)
«‘Después que Juan fue preso, marchó Jesús a Galilea; y proclamaba la Buena Nueva de Dios: ‘El tiempo se ha cumplido y el Reino de Dios está cerca; convertíos y creed en la Buena Nueva’ (Mc 1,15). Cristo, por tanto, para hacer la voluntad del Padre, inauguró en la tierra el Reino de los cielos. Pues bien, la voluntad del Padre es elevar a los hombres a la participación de la vida divina. Lo hace reuniendo a los hombres en torno a su Hijo, Jesucristo. Esta reunión es la Iglesia» (Catecismo de la Iglesia Católica, nº 541)(evangelio.net).

13 diciembre, 2025

Santa Lucía, mártir, Patrona de la vista e intercesora de quienes sufren problemas de visión

 

 Santa Lucía

       

¡Oh! Santa Lucía, vos sois el hija del Dios de la Vida,
su amada santa y mártir. Vuestro nombre significa: “la
que lleva luz”. A vos, os pintan con una bandeja con dos
ojos, porque os sacaron los vuestros, por proclamar vuestra
fe en Jesucristo. Erais muy honrada en Roma, y por ello
el Papa San Gregorio le puso vuestro nombre a dos conventos
femeninos que él fundó. Cuando vos erais niña, hicisteis
a Dios el juramento de permanecer siempre pura y virgen,
pero cuando llegó vuestra juventud, vuestra madre quiso
casaros con un joven pagano. Pero, ella enfermó gravemente
y vos le dijisteis: “Vamos en peregrinación a la tumba
de Santa Águeda. Y si la santa le obtiene la curación,
me concederá el permiso para no casarme” y vuestra madre
aceptó. Fueron a la tumba de la santa y la curación se
produjo instantáneamente. Y, desde ese día vos, obtuvisteis
el permiso de no casaros y el dinero ahorrado para la  
boda, lo disteis en ayuda a los pobres. Pero el pagano
con quien ibais a casaros, os acusó ante el gobernador
de que erais cristiana, y os llamaron a juicio. El juez,
intentaba convenceros de que vos, dejarais de ser cristiana,
y vos, armada de valor respondisteis: “Es inútil que insista.
Jamás podrá apartarme del amor de mi Señor Jesucristo”.
Y, el juez impío os preguntó: “Y si la sometemos a torturas,
será capaz de resistir?”. Y, vos, con mas certeza y valor
respondisteis: “¡Si!, porque los que creemos en Cristo y
tratamos de llevar una vida pura tenemos al Espíritu Santo
que vive en nosotros y nos da fuerza, inteligencia y valor”.
Y, el mísero juez la amenazó con hacerla llevar a una casa
de prostitución para ser irrespetada. Y, vos respondisteis:
“Aunque el cuerpo sea irrespetado, el alma no se mancha
si no acepta ni consiente el mal”. Y cuando trataron de
llevaros a una casa de éstas, vos, os quedasteis inmóvil
y entre varios hombres no fueron capaces de moveros de allí,
os atormentaron, y de un golpe de espada os cortaron vuestra
cabeza. Mientras erais martirizada, animabais a los presentes
a permanecer fieles a fe de Jesucristo hasta la muerte.
Y, así, y luego de haber entregado vuestra santa vida en
buena lid, voló vuestra alma al cielo, para coronada ser
con corona de luz y eternidad. A vos, os invocan con fe
para curarse de enfermedades en los ojos. ¡Aleluya!
¡Oh! Santa Lucía, "viva luz del alma, para Cristo Vivo".


© by 2025 Luis Ernesto Chacón Delgado
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13 de Diciembre
Santa Lucía
Mártir
Año 304

Santa Lucía bendita: concédenos desde el cielo que nos envíe Dios sus luces para ver siempre lo que debemos hacer, decir y evitar, y hacerlo, decirlo y evitarlo siempre.

Lucía significa: “la que lleva luz”. A esta santa la pintan con una bandeja con dos ojos, porque antiguas tradiciones narraban que a ella le habían sacado los ojos por proclamar su fe en Jesucristo.

Nació y murió en Siracusa (ciudad de Italia), en la cual se ha encontrado una lápida del año 380 que dice: “N. N. Murió el día de la fiesta de Santa Lucía, para la cual no hay elogios que sean suficientes”. En Roma ya en el siglo VI era muy honrada y el Papa San Gregorio le puso el nombre de esta santa a dos conventos femeninos que él fundó (en el año 590).

Dicen que cuando era muy niña hizo a Dios el voto o juramento de permanecer siempre pura y virgen, pero cuando llegó a la juventud quiso su madre (que era viuda), casarla con un joven pagano. Por aquellos días la mamá enfermó gravemente y Lucía le dijo: “Vamos en peregrinación a la tumba de Santa Águeda. Y si la santa le obtiene la curación, me concederá el permiso para no casarme”. La madre aceptó la propuesta. Fueron a la tumba de la santa y la curación se produjo instantáneamente. Desde ese día Lucía obtuvo el permiso de no casarse, y el dinero que tenía ahorrado para el matrimonio lo gastó en ayudar a los pobres.

Pero el joven que se iba a casar con ella, dispuso como venganza acusarla ante el gobernador de que ella era cristiana, lo cual estaba totalmente prohibido en esos tiempos de persecución. Y Lucía fue llamada a juicio.

El juez se dedicó a hacerle indagatorias y trataba de convencerla para que dejara de ser cristiana. Ella le respondió: “Es inútil que insista. Jamás podrá apartarme del amor de mi Señor Jesucristo”.

El juez le preguntó: “Y si la sometemos a torturas, será capaz de resistir?”.

La jovencita respondió:

“Si, porque los que creemos en Cristo y tratamos de llevar una vida pura tenemos al Espíritu Santo que vive en nosotros y nos da fuerza, inteligencia y valor”.

El juez la amenazó con hacerla llevar a una casa de prostitución para ser irrespetada. Ella le respondió: “Aunque el cuerpo sea irrespetado, el alma no se mancha si no acepta ni consiente el mal” (Santo Tomás de Aquino, el gran sabio, admiraba mucho esta respuesta de Santa Lucía)

Trataron de llevarla a una casa de maldad, pero ella se quedó inmóvil en el sitio donde estaba y entre varios hombres no fueron capaces de moverla de allí, la atormentaron, y de un golpe de espalda le cortaron la cabeza.

Mientras la atormentaban, animaba a los presentes a permanecer fieles a la religión de Jesucristo hasta la muerte.

Por siglos ha sido muy invocada para curarse de enfermedades en los ojos.

(http://www.ewtn.com/spanish/Saints/Lucía.htm)