26 diciembre, 2025

San Esteban, Protomártir

¡Oh!, San Esteban, vos, sois el hijo del Dios
de la vida, su protomártir y amado santo. En
aquél tiempo, tembló el Sanedrín, al oíros
hablar del Dios de la vida, Cristo Jesús,
Señor y Dios Nuestro, con ardor de corazón.
Y, ellos, entre cólera y rabia, vuestra muerte
decidieron. Y, en pleno martirio, visteis
la gloria de Dios y, a Jesús, estar de pie,
a la derecha de Él. Y, exclamasteis a viva
voz: “Estoy viendo los cielos abiertos y al
Hijo del hombre en pie, a la derecha de Dios”.
Y, ellos, para callaros, llenos de más ira
os lapidaron sin misericordia alguna. Y,
mientras eso sucedía, vuestro cuerpo todo,
vieron que, como el oro brillaba. Y, en ese
instante mismo se oyó, a vos decir: “¡Señor
Jesús! Mi espíritu recibid y no les tengáis
en cuenta el crimen contra mi”. Y, habiendo
dicho ésto, voló vuestra alma al cielo, y
el Dios de la Vida todo conmovido, os extendió
sus amorosos brazos para recibiros y coronaros
con corona de luz y eternidad, como justo
premio a vuestra entrega grande de amor y fe;
¡oh! San Esteban, “vivo mártir del Dios Vivo”.

© 2025 by Luis Ernesto Chacón Delgado
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26 de Diciembre
San Esteban
Protomártir
Siglo I

Se le llama “protomartir” porque tuvo el honor de ser el primer mártir que derramó su sangre por proclamar su fe en Jesucristo.

Después de Pentecostés, los apóstoles dirigieron el anuncio del mensaje cristiano a los más cercanos, a los hebreos, despertando el conflicto por parte de las autoridades religiosas del judaísmo. Como Cristo, los apóstoles fueron inmediatamente víctimas de la humillación, los azotes y la cárcel, pero tan pronto quedaban libres, continuaban la predicación del Evangelio. La primera comunidad cristiana, para vivir integralmente el precepto de la caridad fraterna, puso todo en común, repartían todos los días cuanto bastaba para el sustento. 

Cuando la comunidad creció, los apóstoles confiaron el servicio de la asistencia diaria a siete ministros de la caridad, llamados diáconos. Entre éstos sobresalía el joven Esteban, quien, a más de desempeñar las funciones de administrador de los bienes comunes, no renunciaba a anunciar la buena noticia, y lo hizo con tanto celo y con tanto éxito que los judíos “se echaron sobre él, lo prendieron y lo llevaron al Sanedrín. Después presentaron testigos falsos, que dijeron: Este hombre no cesa de proferir palabras contra el lugar santo y contra la Ley; pues lo hemos oído decir que este Jesús, el Nazareno, destruirá este lugar y cambiará las costumbres que nos transmitió Moisés”.

Esteban, como se lee en el capítulo 7 de Los Hechos de los apóstoles, “lleno de gracia y de fortaleza”, se sirvió de su autodefensa para iluminar las mentes de sus adversarios. Primero resumió la historia hebrea desde Abrahán haste Salomón, luego afirmó que no había blasfemado contra Dios ni contra Moisés, ni contra la Ley o el templo. Demostró, efectivamente, que Dios se revela aun fuera del templo, e iba a exponer la doctrina universal de Jesús como última manifestación de Dios, pero sus adversarios no lo dejaron continuar el discurso, porque “lanzando grandes gritos se taparon los oídos…y echándolo fuera de la ciudad, se pusieron a apedrearlo”.

Doblando las rodillas bajo la lluvia de piedras, el primer mártir cristiano repitió las mismas palabras de perdón que Cristo pronunció en la cruz: “Señor, no les imputes este pecado”. En el año 415 el descubrimiento de sus reliquias suscitó gran conmación en el mundo cristiano.

Cuando parte de estas reliquias fueron llevadas más tarde por Pablo Orosio a la isla de Menorca, fue tal el entusiasmo de los isleños que, ignorando la lección de caridad del primer mártir, pasaron a espada a los hebreos que se encontraban allí. La fiesta del primer mártir siempre fue celebrada inmediatamente después de la festividad navideña, es decir, entre los “comites Christi”, los más cercanos a la manifestación del Hijo de Dios, porque fueron los primeros en dar testimonio de él.

(http://es.catholic.net/santoraldehoy/)

20 diciembre, 2025

Santo Domingo de Silos, Patrono de las mujeres gestantes, cautivos y prisioneros

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20 de diciembre
Santo Domingo de Silos
Patrono de las mujeres gestantes, cautivos y prisioneros 
 
Cada 20 de diciembre se celebra a Santo Domingo de Silos, abad de origen español, perteneciente a la Orden de San Benito.
 
Domingo nació en Cañas, La Rioja (España), alrededor del año 1000. Ingresó como monje al famoso monasterio benedictino de San Millán de la Cogolla, donde hizo grandes progresos en la vida espiritual.
A San Domingo se le reconoce por el don de la sabiduría, del que echó mano para estudiar con lucidez la Sagrada Escritura. Sin duda, algo que solo es posible si se acepta la guía del Espíritu Santo.
 
En San Millán llegó a ser prior. Para nadie que lo conociera era un secreto el amor que profesaba por su monasterio. Por eso, una de las primeras cosas que dispuso como autoridad fue la restauración del edificio que albergaba a los monjes, algo que logró en solo dos años, siendo que los problemas de la construcción habían subsistido por larguísimo tiempo.
 
“Sobre el alma no tienes ningún poder”
 
Cuenta la historia que el prior se enfrentó al mismísimo rey de Navarra, quien se apareció alguna vez a las puertas del monasterio para exigir la entrega de los ornamentos litúrgicos -cálices y copones- y cuanta cosa valiosa hubiera, con la intención de financiar los gastos de su próxima campaña militar.
Santo Domingo de Silos no dudó en salir al frente para negarle al rey aquello que pedía: "Puedes matar el cuerpo y la carne, puedes hacer sufrir, pero sobre el alma no tienes ningún poder. El evangelio me lo ha dicho, y a él debo creer que sólo al que al infierno puede echar el alma debo temer".
 
El rey de Navarra, lleno de indignación, desterró al abad Domingo. Al enterarse de lo ocurrido, el rey Fernando I de Castilla, lo mandó llamar para confiarle el monasterio de Silos, ubicado en un lugar apartado, casi en ruinas y considerado “estéril” por la ausencia de vocaciones.
 
Domingo se encargó de devolverle a aquel monasterio la prestancia espiritual que había perdido y a los monjes la alegría de vivir para Dios. El santo demostró ser un magnífico administrador y restaurador.
Silos se convirtió en un monasterio ejemplar, en el que se cultivaron las artes y el saber; un centro espiritual que renovó y fortaleció la vida de los benedictinos y de la Iglesia. Allí se formó una gran biblioteca, que contribuyó al enriquecimiento del monacato y la cultura española.
 
Dios es quien libera
 
Santo Domingo de Silos también participó en la liberación de numerosos cristianos prisioneros de los moros. Logró que más de 300 de ellos fuesen soltados. En esos días, aquellos que eran tomados prisioneros por los musulmanes solían ser tratados como esclavos. Por esta razón, en el arte, a Domingo se le suele representar acompañado de hombres encadenados.
 
Santo Domingo de Silos murió el 20 de diciembre de 1073 y sus restos se conservan en el famoso monasterio que lleva su nombre.
 
¡Rézale a Santo Domingo!
 
De acuerdo a una vieja tradición, noventa y seis años después de la muerte de Santo Domingo de Silos, este se apareció en sueños a la madre del futuro fundador de la Orden de Predicadores: Santo Domingo de Guzmán. El monje benedictino le anunció a la mujer que tendría un hijo que llegaría a ser un gran apóstol.
 
Por eso, aquel niño recibió el nombre de “Domingo”, en honor al Santo de Silos. Por ello también, muchas madres españolas se encomiendan hasta hoy al santo, para pedir que sus hijos nazcan sanos y lleven una vida santa al crecer.(ACI Prensa).

19 diciembre, 2025

Beato Urbano V

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19 de diciembre
Beato Urbano V
 
Hoy, como cada 19 de diciembre, la Iglesia recuerda al Beato Urbano V, pontífice número 200 de la Iglesia Católica. Gobernó entre los años 1362 y 1370, durante una de las épocas más difíciles de la historia de la Iglesia, conocida como "el destierro de Avignon”.
 
Avignon
 
Durante este período, los Papas tuvieron que dejar la ciudad de Roma, sede del papado desde el siglo I, a causa de las continuas revueltas y conflictos entre las coronas o casas italianas. Los pontífices, en consecuencia, se establecieron en Avignon, Francia, poco después del año 1300. Urbano V fue el sexto Papa en el destierro.
 
Tras la muerte del Papa Inocencio VI, en diciembre de 1361, Urbano V fue elegido como su sucesor. Como en ese momento era un monje ordenado sacerdote que se encontraba en misión diplomática, fue llamado a Roma y en un solo día tuvo que ser consagrado obispo y elevado a pontífice. Poco después de haber asumido el papado, se trasladó a Aviñón.
 
Urbano V nació en Languedoc, Francia, en 1310. Hizo sus estudios universitarios en la Universidad de París y luego se hizo monje benedictino. Durante el curso de su vida monástica destacó por sus cualidades espirituales y capacidad organizativa, llegando a ser superior de varios monasterios.
 
El papel de liderazgo dentro de su Orden le ganó el aprecio de varios pontífices, quienes valoraron su dotes diplomáticos y lo convocaron al servicio de la Santa Sede como representante papal (nuncio).
 
Reforma de la Curia
 
Como Papa se propuso acabar con los abusos de algunas familias italianas que intentaban copar el poder eclesial para ponerlo al servicio de sus coronas o naciones. Además, promovió una política de austeridad, cortando con el exceso de lujos de sus colaboradores y limitando la ostentación de los bienes del palacio pontificio. Urbano V se preocupó realmente por que los miembros de la curia fueran modelos de vida cristiana.
 
Ubicó a personas de reconocida virtud en los cargos eclesiásticos más importantes y luchó por acabar con las malas costumbres instauradas en el clero. Al mismo tiempo, trabajó para fortalecer el papel educativo de la Iglesia, convirtiéndola en protagonista del enriquecimiento cultural de los pueblos. Entre sus obras educativas se cuenta la fundación de la primera academia pontificia de medicina.
 
Urbano V contó con el apoyo de las órdenes mendicantes -franciscanos y dominicos- en la organización de viajes de evangelización a Bulgaria, Ucrania, Bosnia, Albania y Lituania, convirtiéndose en un precursor del moderno espíritu misionero de la Iglesia, consolidado siglos más tarde.
 
Vuelta a la Sede de Pedro
 
Este Pontífice fue el primero en romper el periodo de Avignon, cuando decidió retornar a Roma y devolverle a la Ciudad la condición de Sede Pontificia, algo a lo que no se había atrevido ninguno de sus predecesores. Habían sido más de 50 años los que la Iglesia fue gobernada desde fuera de Roma. Cuando Urbano V estableció su residencia en la Ciudad Eterna, ésta se encontraba en estado de abandono espiritual y deterioro moral.
 
Francia
 
En ese momento, Urbano V mandó reconstruir los monumentos principales y recuperar los edificios y bienes eclesiales. Lamentablemente, el advenimiento de una nueva guerra entre Francia e Inglaterra, y un severo deterioro en su salud, hizo que Urbano dispusiera retornar a Francia en 1370.
 
Un nuevo descontento surgió entre los romanos, en cuyas mentes resonaba la profecía de Santa Brígida. La santa había anunciado que el Papa moriría si abandonaba Roma nuevamente. El 5 de diciembre de 1370 Urbano salió de Roma y solo unos días después, el día 19, falleció. Fue sucedido por el Papa Gregorio XI. Urbano V fue beatificado en 1870 por el Papa Pio IX. (ACI Prensa).

18 diciembre, 2025

Nuestra Señora de la Esperanza

 

18 de diciembre
Nuestra Señora de la Esperanza 
 
Cada 18 de diciembre la Iglesia celebra a la Madre de Dios bajo la advocación de la “Virgen de la Esperanza”, conocida popularmente como la “Virgen de la O”. Bien podemos llamar a la Virgen de la O: “Madre del Adviento”, porque Ella nos enseña a esperar con paciencia en Dios. Imitemos a María, y aprendamos a esperar en las promesas de Dios. Ella, que vivió “la dulce espera”, sin miedo, sin angustia o ansiedad, nos da ejemplo de confianza en el Altísimo.
 
La maternidad ejercida en el seno del Amor verdadero
  
En ciertos lugares esta hermosa advocación mariana recibe otros nombres: “Virgen de la Dulce Espera” o “La Virgen Encinta”. Cualquiera sea el caso, los fieles devotos miran a María en esa dimensión esencial de su vida: la de la maternidad ejercida, con los cuidados propios de la gestación, y todo aquello que implica eso que llamamos el “estado de buena esperanza” o el periodo de “la dulce espera”.
 
Por eso, así como cada mujer con un hijo en el vientre puede encontrar en la la Madre de Dios una compañía cercana, alivio, fortaleza y esperanza, la celebración de la Virgen de la O resulta también propicia para enriquecer y profundizar en aquello que la Iglesia vive durante los días del Adviento.
 
Origen de la devoción
 
La advocación de la “Virgen de la O” tiene su origen en una antigua tradición inspirada en la Liturgia de las Horas.
 
Entre el 17 y el 23 de diciembre, las antífonas para el cántico evangélico de Vísperas, el Magnificat, empiezan siempre con la exclamación admirativa “oh”. En otras palabras, a María se le invoca durante esos días con exclamaciones como: “Oh, Sabiduría…; “Oh, Adonai…”; “Oh, renuevo del tronco de Jesé…”; “Oh, llave de David...”. A estas se les llama “antífonas mayores” o “antífonas de Adviento”.
 
La repetición constante e insistente del “oh” para introducir las menciones en honor a la Virgen dió origen al título “Virgen de la Oh”. Luego, muy probablemente, dejó de escribirse la letra “h”, siendo esta un grafema sin valor fonético. De esta forma, la advocación pasó a llamarse simplemente “Virgen de la O”.
 
Por otro lado, ya que desde los primeros siglos del cristianismo los fieles querían recordar y celebrar la dulce espera de María, en el año 656, durante el décimo concilio de Toledo (España), se instituyó la fiesta mariana de la “expectación del parto” o “de la espera”. Esta fue fijada para el 18 de diciembre, una semana antes de la Navidad. Así, la fiesta de la Virgen de la O terminó asociada para siempre con el tiempo litúrgico “de la espera”, el Adviento.
 
La espera más dulce
 
La experiencia radicalmente humana -y divina- de engendrar una nueva vida suele transformarlo todo. El anuncio de que un nuevo ser está por venir es siempre motivo de esperanza, o, al menos, debería serlo. Es verdad que en una “cultura” como la nuestra, con visos contrarios a la vida, la llegada al mundo de muchos seres humanos se percibe como un “problema”, que compromete libertades y sueños, cuando debería ser todo lo contrario.
 
¿Qué “sueño” puede ser más grande que ver a un ser humano realizar todo lo que puede ser en la vida? ¿Qué libertad puede ser mayor a la que es posible apreciar en la vida humana que empieza y que, por lo tanto, tiene todo por delante para construir su bien y el de los demás? ¿Qué derecho puede ser más significativo que aquel que se respeta de manera incondicional?
 
La Virgen, como madre que es, alecciona, da ejemplo y acompaña a padres y madres en el sendero que se dirige a recibir una nueva vida. La Virgen de la O, así, se constituye para los progenitores en símbolo de esperanza. Contemplando a la Madre de Dios en los días previos al alumbramiento de Jesús, con muy poco, con casi todo en contra, experimentando soledad y pobreza, vemos a una mujer dispuesta a todo por su hijo. Ella acoge la vida divina con amor y la potencia con su sacrificio en el día a día. Por eso, cualquier madre que se pone en manos de Dios, nunca será defraudada.
 
¡Qué gran bendición es María para las mujeres que llevan a un hijo o hija en sus vientres! Cuánta esperanza, aún con dolor, puede extraerse de su dulce espera. ¡Qué bello el privilegio de gestar o de acoger a alguien que también es hijo de Dios! ¡Cuánta alegría puede haber en ello si se sobrepone el amor a la dificultad! ¡Qué dulzura estar encinta! ¡Qué consuelo en los momentos difíciles!
¡Virgen de la O, ruega por todas las madres del mundo! ¡Intercede por nosotros en este Adviento!
 
Oración
 
Ruega por nosotros, Madre de la Iglesia.
Virgen del Adviento,
esperanza nuestra, de Jesús la aurora,
del cielo la puerta.
Madre de los hombres, de la mar estrella,
llévanos a Cristo, danos sus promesas.
Eres, Virgen Madre, la de gracia llena,
del Señor la esclava, del mundo la Reina.
Alza nuestros ojos, hacia tu belleza. ¡Amén!(ACI Prensa).

17 diciembre, 2025

San Lázaro Amigo de Jesús y Patrono de moribundos y necesitados

 

¡Oh! San Lázaro, vos, sois el hijo del Dios de la Vida
y su amado santo y el amigo fiel de Jesús, hermano de Marta 
y María, a quien resucitó de entre los muertos. “Lázaro” 
quiere decir “Dios ayuda”, y el Evangelio, muestras da 
evidentes de cómo Jesús planificó el de vuestro nombre. 
Vos, fuisteis amigo de Jesús, y el de ser, vivo actor de 
uno de sus  milagros increíbles: volver a la vida de uno 
que se contaba entre los muertos. «Señor, si hubieras 
estado aquí, no habría muerto mi hermano», dijo una de 
vuestras hermanas a Jesús. Al enfermar vos, Lázaro, y al 
ver que vuestra vida corría peligro, vuestras hermanas
enviaron a alguien a buscar a Jesús, con un mensaje de 
amor y a la vez de tristeza lleno: «Señor, el que tú amas, 
está enfermo», y entonces Jesús, de un momento a otro
regresa a Judea, y les dice a sus discípulos: “Lázaro, 
nuestro amigo, se ha dormido; pero voy a despertarlo». 
Luego de cuatro días llegó a Betania, y viendo el dolor 
por la muerte de su amigo, se compadeció y lloró, tanto 
que los judíos que lo vieron dijeron: “¡Cómo lo amaba!”. 
¡Cuán grande era el amor de Jesús por vos! ¡Cuán dolorosa 
es la muerte incluso para el Dios hecho Hombre! Pero, 
al mismo tiempo, ¡qué grande es el poder de Dios! Jesús, 
llegando al lugar del sepulcro, os gritó: «“¡Lázaro, ven
afuera! Y vos, salisteis, ligados vuestros brazos y 
vuestras piernas con vendas, y vuestro rostro envuelto 
en un sudario. Jesús les dijo a las gentes: «Desatadlo, 
y dejadlo ir». Y así, vos, recibisteis de Dios una “nueva 
vida” y vuestra amistad con Jesús “transformaron” vuestra
existencia. Fuisteis alzado sobre la muerte, para que 
creamos en la gloria de Dios, para que confiemos en que 
la muerte no tiene última palabra y para que, nuestra 
esperanza sea inextinguible. Vuestra resurrección, 
antecede a la resurrección de vuestro amigo y, también 
a la nuestra. Recordad hermanos, Jesús ha dicho: «Yo soy 
la resurrección y la vida, El que cree en mí, aunque 
muera, vivirá; y todo el que vive y cree en mí, no morirá 
jamás”. Y, vos, Lázaro habéis sido uno en aquél tiempo;
¡Oh! San Lázaro, «testigo vivo del poder del Dios Vivo».


© 2025 by Luis Ernesto Chacón Delgado

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17 de diciembre
San Lázaro
Amigo de Jesús y Patrono de moribundos y necesitados 
 
Cada 17 de diciembre es la fiesta de San Lázaro de Betania, amigo cercano de Jesús, hermano de Marta y María, a quien el Señor resucitó de entre los muertos. “Lázaro” quiere decir “Dios ayuda”, y el Evangelio da muestras evidentes de cómo Jesús llenó de sentido aquel nombre. Lázaro de Betania recibió la gracia de ser el protagonista de uno de los milagros más impresionantes realizados por Jesucristo: que uno que se contaba entre los muertos vuelva a la vida. Por ese milagro, el que era amigo cercano de Jesús se convirtió en primicia de la propia resurrección de nuestro salvador, Jesucristo.
 
“Señor si hubieras estado aquí, no habría muerto mi hermano" (Jn 11, 21)
 
De acuerdo al Evangelio de Juan (Jn 11, 1-44), Lázaro había enfermado gravemente. Al ver que su vida corría peligro, sus hermanas, Marta y María, enviaron a alguien al lugar en el que se encontraba Jesús con el siguiente mensaje: "Señor, el que tú amas, está enfermo".
 
Llama la atención que Jesús no haya acudido de inmediato al encuentro del amigo. Por el contrario, permanece donde estaba hasta que súbitamente decide regresar a Judea. De pronto, dice a sus discípulos: “Lázaro, nuestro amigo, se ha dormido; pero voy a despertarlo" -con esto el Señor hacía referencia a la muerte de Lázaro y no a que estuviese durmiendo, como pensaron los discípulos-.
"Jesús se echó a llorar" (Jn 11, 35)
 
Recién, cuatro días después, el Señor Jesús llega a Betania. Allí encontró a Marta y a María y, viendo su dolor por la muerte de su hermano, se compadeció y lloró. Al ver esto, los judíos que estaban allí presentes exclamaron: “¡Cómo lo amaba!”.
 
Pocos pasajes de la Escritura registran, con tanta elocuencia, los sentimientos del Señor. ¡Cuán grande era el amor de Jesús por su amigo! ¡Cuán dolorosa es la muerte incluso para el Dios hecho Hombre! Y, al mismo tiempo, ¡qué grande es el poder de Dios!
 
Jesús, llegado al lugar del sepulcro, gritó: «“¡Lázaro, ven afuera! Y el muerto salió, ligados los brazos y las piernas con vendas, y el rostro envuelto en un sudario. Jesús les dijo: "Desatadlo, y dejadlo ir"» (Jn 11, 43-44).
 
"Y todo el que vive y cree en mí, no morirá jamás. ¿Crees esto?" (Jn 11, 26)
 
San Lázaro es el que recibe de Dios una “nueva vida”. Él es prefigura de cuánto ama Dios a sus hijos, de cuánto el Hijo es capaz de amar a quienes lo aman.
 
La cercanía y amistad con Jesús “transformaron” la existencia de Lázaro completamente. Fue alzado sobre la muerte para que creamos en la gloria de Dios, para que confiemos en que ni la muerte ni el pecado tienen la palabra definitiva y para que nuestra esperanza sea inagotable. Su resurrección “adelanta” la resurrección de Cristo y, en consecuencia, también la nuestra.
 
"Yo soy la resurrección El que cree en mí, aunque muera, vivirá; y todo el que vive y cree en mí, no morirá jamás” (Jn 11, 25- 26).(ACI Prensa).
 

16 diciembre, 2025

Santa Adelaida, Patrona de las novias y mujeres que detentan poder

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16 de diciembre
Santa Adelaida
Patrona de las novias y mujeres que detentan poder
 
Cada 16 de diciembre recordamos a Santa Adelaida de Borgoña, esposa de Otón I, rey de Francia Oriental y emperador del Sacro Imperio Romano Germánico. Ella, a pesar de que vivió desde la cuna rodeada de las vicisitudes y glorias del poder político -era hija de Rodolfo II de Borgoña y de Berta de Suabia-, no se dejó persuadir por este y aprendió a ponerlo en el lugar que le corresponde: al servicio de los más necesitados, de las causas justas y de la Iglesia que Cristo fundó.
 
Santa Adelaida trabajó incansablemente por los más pobres, por construir iglesias y monasterios, financiar misioneros y solventar la vida religiosa en general. En la parte final de su vida vivió como monja -aunque nunca profesó como tal-, dedicada a la oración y la vida espiritual.
 
¡Cuánto heroísmo tiene esta reina!
 
El año en que nació Adelaida no ha podido ser determinado de manera exacta. Probablemente nació entre los años 928 y 933, en el reino de Borgoña -ubicado entre la Francia actual y parte de la Italia del norte-. A los 15 años, por un arreglo político, contrajo matrimonio con Lotario, rey de Italia. Quedó viuda a los 19 años cuando su marido fue asesinado en medio de una conspiración para hacerse del trono.
 
Berengario II de Ivrea (margrave de Italia), interesado en consolidar su poder anexando los dominios de Lotario, quiso casarla con su hijo Adalberto, pero Adelaida se negó. Entonces, el margrave la envió a prisión y le retiró todos sus poderes. Ella afrontó aquellas terribles circunstancias confiada en Dios, con paciencia y serenidad poco comunes, aprovechando su encierro para unirse a Cristo crucificado. Sus propios carceleros decían de ella: "Cuánto heroísmo tiene esta reina ¡No grita, no se desespera, no insulta. Solo reza y sonríe en medio de sus lágrimas!".
 
Adelaida pudo escapar de su presidio y devino en protegida del rey alemán Oton I. Ambos se enamoraron y se unieron en matrimonio en 951. Un año después, en la ciudad de Roma, Otón I sería coronado emperador del Sacro Imperio Romano Germánico por el Papa Juan XII, mientras que ella, en la misma ceremonia, sería coronada emperatriz.
 
En el año 973, Santa Adelaida enviudó nuevamente. Nuevamente días de dolor llegaron a su vida, convirtiéndose en blanco de los maltratos de su propio hijastro, el emperador Otón II, quien aspiraba a quedarse con el poder de su padre. Otón II estaba malamente influenciado contra su madrastra por su esposa Teofana, princesa bizantina. Otón II moriría en la guerra tiempo después, y dejaría como sucesor a Otón III, demasiado joven en ese momento para asumir el trono imperial. Fue así que Teofana se arrogó la máxima autoridad en calidad de regente y endureció el trato contra Adelaida.
 
Por su parte, la santa pensaba con insistencia: "Solo en la religión puedo encontrar consuelo para tantas pérdidas y desventuras". Ese fue un tiempo en que Adelaida, a pesar del sufrimiento, seguiría respondiendo a las afrentas a fuerza de más bondad y mansedumbre.
 
“Una maravilla de gracia y de bondad”
 
Tras una enfermedad, Teofana terminaría muriendo en 991, y Adelaida tuvo que volver a la corte imperial como regente, quedando como tutora de su nieto, Otón III. Mientras este crecía, Adelaida usó el poder que recibió en beneficio de su propio pueblo, poniendo en primer lugar el fortalecimiento de las costumbres cristianas dentro del imperio, la asistencia a los pobres, y la construcción y restauración de monasterios e iglesias.
 
De esta manera, Santa Adelaida logró conquistar el cariño de sus súbditos, llegando a ser considerada como una madre bondadosa y justa. Gobernó con espíritu evangelizador, determinado por la consciencia de que el Evangelio no solo tenía que ser anunciado, sino que debía transformar auténticamente la vida de su pueblo. Cuando su nieto Otón III ascendió al trono imperial, ella se retiró a vivir a un monasterio, donde pasó sus últimos días dedicada a la oración.
 
El recurso al consejo, ayuda para alcanzar la santidad
 
A lo largo de su vida, la emperatriz Adelaida tuvo grandes directores espirituales, entre ellos varios santos, como es el caso de San Adalberto, San Mayolo y San Odilón. Ella pudo recibir tal bendición gracias a su cercanía con los monjes del monasterio de Cluny, centro de la reforma espiritual del siglo X. San Odilón escribió sobre ella lo siguiente: "La vida de esta reina es una maravilla de gracia y de bondad".
 
Santa Adelaida murió el 16 de diciembre del año 999, a pocos días del cambio del milenio. Sus patronazgos son múltiples: patrona de las víctimas de abuso, novias, emperatrices, mujeres que detentan poder, exiliados, prisioneros, segundas nupcias, viudas.(ACI Prensa).

15 diciembre, 2025

Santa María Crucificada de la Rosa, Fundadora de las Siervas de la Caridad

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15 de diciembre
Santa María Crucificada de la Rosa
Fundadora de las Siervas de la Caridad
 
Cada 15 de diciembre la Iglesia celebra a Santa María Crucificada de la Rosa (1813-, conocida también como Santa María de Rosa, religiosa italiana, fundadora de la Congregación de las Siervas de la Caridad.
 
Hija de un empresario y una condesa
 
Paola Francesca Di Rosa -por su nombre secular- nació en Brescia (Italia) el 6 de noviembre de 1813. Posteriormente, al hacerse religiosa, adoptaría el nombre de “Maria Crocifissa Di Rosa” (María Crucificada de la Rosa) y se convertiría en enfermera.
 
Su padre, don Clemente Di Rosa, fue un rico industrial, poseedor de una gran hilandería; su madre, Camilla Albani, era parte de la prestigiosa familia Albani, razón por la que ostentaba el título de condesa.
 
Un torrente de gracia y santidad en una fábrica
 
Durante su primera infancia, María fue educada por las Hermanas de la Visitación, quienes poseían un convento y una escuela en la ciudad. Lamentablemente, dejó la escuela tras la muerte de su madre en 1824. Con solo 11 años, María empezó a trabajar en la hilandería de la familia. Allí pudo conocer las duras condiciones en las que trabajaban muchas mujeres, algo que la marcaría para siempre. Años después diría: “Yo sufro viendo el sufrimiento de otros”.
 
Al cumplir los 17 años, María de la Rosa decidió consagrar su vida a Dios a través del servicio a los más necesitados. Por eso, animada por su fe y amor al prójimo, organizó a las trabajadoras de la hilandería con el propósito de generar vínculos de apoyo y ayuda solidaria entre sus familias. Esto fue visto con beneplácito por su padre, quien la alentó a perseverar en ese camino. Luego, por su capacidad de liderazgo y responsabilidad, don Clemente le entregaría la administración total de la hilandería. La joven acababa de cumplir los 19 años.
 
Solidaria con las mujeres que trabajan, atenta al llamado de Dios
 
María, sobre la base del grupo de ese grupo organizado de mujeres, formó una asociación religiosa en la que las trabajadoras podían profundizar y enriquecer su fe católica. Mientras tanto, alimentaba su vida espiritual participando activamente en su parroquia: organizaba retiros espirituales y obras de misión en las partes alejadas de Brescia, poniendo, como ya era habitual, su mayor atención en las mujeres abandonadas.
 
En 1836, la ciudad de Brescia sufrió el embate de la peste del cólera. Mucha gente murió aquel año y fueron muchísimos los niños que quedaron huérfanos. Para paliar en algo tal situación, el municipio organizó unos talleres en los que los niños podían estudiar y, al mismo tiempo, aprender algún oficio para su sustento. El alcalde le encargó a María de la Rosa el cuidado de las niñas, nombrándola directora de los talleres. A pesar de sus cortos 24 años, la joven hizo un trabajo notable y se ganó la estima y confianza de los habitantes de la ciudad.
 
María de la Rosa trabajó en aquel proyecto con gran dedicación durante dos años, hasta que pensó que sería mejor brindar una formación más completa y permanente. Entonces, por cuenta propia, abrió un internado para niñas en estado de abandono -fundamentalmente huérfanas y niñas muy pobres-, obra que crecería hasta convertirse en un sólido centro de formación y educación católica.
 
La Congregación de las Siervas de la Caridad: niñas abandonadas
 
María, fortalecida y animada por la gracia de Dios, no tardaría mucho en dar el siguiente gran paso: abriría otro instituto, esta vez, para niñas sordomudas.
 
En 1840, tocada por el Espíritu Santo, Santa María de la Rosa se embarcó en el que sería el proyecto más ambicioso de su vida: la fundación de una comunidad religiosa femenina dedicada a la atención de los enfermos en los hospitales. La nueva Orden llevaría el nombre de Congregación de las Siervas de la Caridad. El grupo inicial estuvo compuesto por cuatro jóvenes, pero tres meses después aumentaron a 32. Sor María de la Rosa fue nombrada por unanimidad superiora de la naciente comunidad.
 
La etapa final de la vida de María Crucificada de la Rosa estuvo dedicada a fortalecer la Orden y obtener el reconocimiento eclesiástico necesario, lo que no significó que dejara su labor como enfermera. En 1850, la Santa Sede, por voluntad expresa del Papa Pío IX, otorgó la aprobación de su congregación.
 
Unos años más tarde, Santa María de la Rosa moriría en olor de santidad, el 15 de diciembre de 1855, a los 44 años. Su proceso de canonización se inició durante el pontificado de San Pío X en 1913. El Papa Pio XII la beatificó el 26 de mayo de 1940 y él mismo la canonizó el 12 de junio de 1954 en la Basílica de San Pedro, Ciudad del Vaticano.  (CI Prensa).