11 noviembre, 2019

San Martín de Tours

 
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 ¡Oh!, San Martín de Tours; sois vos, el hijo del Dios de la Vida,
y su amado santo, y, el hombre al que llamaban el de la “media
capa”, aquella, que, con amor compartisteis con Aquél “pobre”,
que resultó siendo el mismo Jesús. Y, desde entonces, y, por
siempre, con sumo amor y cuidado os ganasteis a cuanto hombre
se os cruzó con vos, para convertirlos a la “Buena Nueva” de la
vida. “Batallador”, como significa vuestro nombre, grande honor
le hicisteis pues, vuestra huella, desde el alto cielo, ilumina
el camino de los hombres, que os imitan. “Con la espada podía
vencer a los enemigos materiales. Con la cruz, estoy derrotando
a los enemigos espirituales”. “Fui soldado por obligación y por deber,
y monje por inclinación y para salvar mi alma”. Así, respondisteis,
lleno de fe y pleno de valor, a quien osó, preguntaros sobre el por
qué, el ejército habíais abandonado, para, abrazaros, a la cruz
maravillosa de Cristo. “Hasta ahora te he servido como soldado.
Déjame de ahora en adelante servir a Jesucristo propagando su santa
religión”. Así, os dirigisteis a vuestro general jefe, y él, quiso daros
varios premios, pero vos, le dijisteis: “Estos regalos repártelos
entre los que van a seguir luchando en tu ejército. Yo me voy
a luchar en el ejército de Jesucristo, y mis premios serán espirituales”.
Y, así fue. Años más tarde, vuestros amados discípulos os suplicaban
llorando, cuando os ibais a morir diciendo: “¿Te alejas padre
de nosotros, y nos dejas huérfanos y solos y desamparados?”. Y,
vos, respondisteis así: “Señor, si en algo puedo ser útil todavía,
no rehúso ni rechazo cualquier trabajo y ocupación que me quieras
mandar”. Pero Dios vio que vos, habíais trabajado y sufrido bastante
y os llevó a que recibierais en el cielo el premio por vuestras tareas
en la tierra. Y, así, luego de haberos gastado para Él, voló vuestra
alma, al cielo, para coronada ser, con corona de luz eterna, como
premio a vuestra gran entrega increíble de amor. El medio manto
que vos cortasteis para darlo a Aquél “pobre”, en una urna está y
dentro de un santuario. Santo Patrono de la Guardia Zuiza Pontificia;
¡oh!, San Martín de Tours, “Vivo Cristo, batallador del Amor y la Luz”.

 

© 2019 by Luis Ernesto Chacón Delgado

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 11 de Noviembre
San Martín de Tours
Obispo
Año 397

 
Que el simpático San Martín nos obtenga de Dios la gracia de recordar siempre que todo favor que hacemos al prójimo lo recibe y lo paga Jesucristo, como si se lo hubiéramos hecho a Él en persona. Si tenéis fe, nada será imposible para vosotros. (Jesucristo. Mt. 17,20).
Martín significa: “el batallador”. (De Mart = batalla).
 
San Martín es un gran santo queridísimo para los franceses, y muy popular en todo el mundo. Nació en Hungría, pero sus padres se fueron a vivir a Italia. Era hijo de un veterano del ejército y a los 15 años ya vestía el uniforme militar.

Durante más de 15 siglos ha sido recordado nuestro santo por el hecho que le sucedió siendo joven y estando de militar en Amiens (Francia). Un día de invierno muy frío se encontró por el camino con un pobre hombre que estaba tiritando de frío y a medio vestir. Martín, como no llevaba nada más para regalarle, sacó la espada y dividió en dos partes su manto, y le dio la mitad al pobre. Esa noche vio en sueños que Jesucristo se le presentaba vestido con el medio manto que él había regalado al pobre y oyó que le decía: “Martín, hoy me cubriste con tu manto”.

Sulpicio Severo, discípulo y biógrafo del santo, cuenta que tan pronto Martín tuvo esta visión se hizo bautizar (era catecúmeno, o sea estaba preparándose para el bautismo). Luego se presentó a su general que estaba repartiendo regalos a los militares y le dijo: “Hasta ahora te he servido como soldado. Déjame de ahora en adelante servir a Jesucristo propagando su santa religión”. El general quiso darle varios premios pero él le dijo: “Estos regalos repártelos entre los que van a seguir luchando en tu ejército. Yo me voy a luchar en el ejército de Jesucristo, y mis premios serán espirituales”.

En seguida se fue a Poitiers donde era obispo el gran sabio San Hilario, el cual lo recibió como discípulo y se encargó de instruirlo. Como Martín sentía un gran deseo de dedicarse a la oración y a la meditación, San Hilario le cedió unas tierras en sitio solitario y allá fue con varios amigos, y fundó el primer convento o monasterio que hubo en Francia. En esa soledad estuvo diez años dedicado a orar, a hacer sacrificios y a estudiar las Sagradas Escrituras. Los habitantes de los alrededores consiguieron por sus oraciones y bendiciones, muchas curaciones y varios prodigios. Cuando después le preguntaban qué profesiones había ejercido respondía: “fui soldado por obligación y por deber, y monje por inclinación y para salvar mi alma”.

Un día en el año 371 fue invitado a Tours con el pretexto de que lo necesitaba un enfermo grave, pero era que el pueblo quería elegirlo obispo. Apenas estuvo en la catedral toda la multitud lo aclamó como obispo de Tours, y por más que él se declarara indigno de recibir ese cargo, lo obligaron a aceptar.

En Tours fundó otro convento y pronto tenía ya 80 mojes. Y los milagros, la predicación, y la piedad del nuevo obispo hicieron desaparecer prontamente el paganismo de esa región, y las conversiones al cristianismo eran de todos los días. A los primeros que convirtió fue a su madre y a sus hermanos que eran paganos.

Un día un antiguo compañero de armas lo criticó diciéndole que era un cobarde por haberse retirado del ejército. Él le contestó: “Con la espada podía vencer a los enemigos materiales. Con la cruz estoy derrotando a los enemigos espirituales”.

Recorrió todo el territorio de su diócesis dejando en cada pueblo un sacerdote. Él fue fundador de las parroquias rurales en Francia. Dice su biógrafo y discípulo, que la gente se admiraba al ver a Martín siempre de buen genio, alegre y amable. Que en su trato empleaba la más exquisita bondad con todos.
Un día en un banquete San Martín tuvo que ofrecer una copa de vino, y la pasó primero a un sacerdote y después al emperador, que estaba allí a su lado. Y explicó el por qué: “Es que el emperador tiene potestad sobre lo material, pero al sacerdote Dios le concedió la potestad sobre lo espiritual”. Al emperador le agradó aquella explicación.

En los 27 años que fue obispo se ganó el cariño de todo su pueblo, y su caridad era inagotable con los necesitados. Los únicos que no lo querían eran ciertos tipos que querían vivir en paz con sus vicios, pero el santo no los dejaba. De uno de ellos, que inventaba toda clase de cuentos contra San Martín, porque éste le criticaba sus malas costumbres, dijo el santo cuando le aconsejaron que lo debía hacer castigar: “Si Cristo soportó a Judas, ¿por qué no he de soportar yo a este que me traiciona?”.

Con varios empleados oficiales tuvo fuertes discusiones, porque en ese tiempo se acostumbraba torturar a los prisioneros para que declararan sus delitos. Nuestro santo se oponía totalmente a esto, y aunque por ello se ganó la enemistad de altos funcionarios, no permitía la tortura.

Supo por revelación cuándo le iba a llegar la muerte y comunicó la noticia a sus numerosos discípulos. Estos se reunieron junto a su lecho de enfermo y le suplicaban llorando: “¿Te alejas padre de nosotros, y nos dejas huérfanos y solos y desamparados?”. El santo respondió con una frase que se ha hecho famosa: “Señor, si en algo puedo ser útil todavía, no rehuso ni rechazo cualquier trabajo y ocupación que me quieras mandar”.

Pero Dios vio que ya había trabajado y sufrido bastante y se lo llevó a que recibiera en el cielo el premio por sus grandes labores en la tierra. El medio manto de San Martín (el que cortó con la espada para dar al pobre) fue guardado en una urna y se le construyó un pequeño santuario para guardar esa reliquia. Como en latín para decir “medio manto” se dice “capilla”, la gente decía: “Vamos a orar donde está la capilla”. Y de ahí viene el nombre de capilla, que se da a los pequeños salones que se hacen para orar.

(http://www.ewtn/spanish/Saints/San%20Martín%20de%20Tours.htm)

09 noviembre, 2019

Dedicación de la Basílica de Letrán

 
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 ¡Oh!, Santo Dios de la Vida, y que, en honor a Vos,
Señor de los cielos y de la tierra; edificada está,
Vuestra “Casa de Letrán”, a Fausta, gracias, esposa
de Constantino Emperador, y que donada fue a Milcíades,
Papa. Ella, custodiada está, por dos discípulos amados
vuestros: Juan “el Bautista”, y Juan “el Evangelista”.
¡Oh!, Santa Basílica de Letrán: “Madre y Cabeza de todas
las iglesias de la ciudad y del mundo”. “Cuando
recordemos la Consagración de un templo, pensemos
en aquello que dijo San Pablo: Cada uno de nosotros
somos un templo del Espíritu Santo. Ojalá conservemos
nuestra alma bella y limpia, como le agrada a Dios
y que sean sus templos santos. Así vivirá contento
el Espíritu Santo en nuestra alma”. Decía, San Agustín,
Obispo de Hipona, Doctor de Nuestra Santa Madre Iglesia
y su amada lumbrera. “Madre y Cabeza de toda las iglesias
de la ciudad y del mundo”. Así, reza, vuestra leyenda
en vuestro frontis, como signo del Amor del Dios Vivo.
Se le llama también “Basílica de San Juan de Letrán”
porque tiene dos capillas dedicadas la una
a San Juan Bautista y la otra a San Juan Evangelista;
¡Oh!, Basílica de Letrán, “Viva Casa del Rey de la Vida”



© 2019 by Luis Ernesto Chacón Delgado
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9 de noviembre
Dedicación de la Basílica de Letrán
Año 324



Basílica significa: “Casa del Rey”. En la Iglesia Católica se le da el nombre de Basílica a ciertos templos más famosos que los demás. Solamente se puede llamar Basílica a aquellos templos a los cuales el Sumo Pontífice les concede ese honor especial. En cada país hay algunos.

La primera Basílica que hubo en la religión Católica fue la de Letrán, cuya consagración celebramos en este día. Era un palacio que pertenecía a una familia que llevaba ese nombre, Letrán. El emperador Constantino, que fue el primer gobernante romano que concedió a los cristianos el permiso para construir templos, le regaló al Sumo Pontífice el Palacio Basílica de Letrán, que el Papa San Silvestre convirtió en templo y consagró el 9 de noviembre del año 324.

Esta basílica es la Catedral del Papa y la más antigua de todas las basílicas de la Iglesia Católica. En su frontis tiene esta leyenda: “Madre y Cabeza de toda las iglesias de la ciudad y del mundo”.
Se le llama Basílica del Divino Salvador, porque cuando fue nuevamente consagrada, en el año 787, una imagen del Divino Salvador, al ser golpeada por un judío, derramó sangre. En recuerdo de ese hecho se le puso ese nuevo nombre.

Se llama también Basílica de San Juan (de Letrán) porque tienen dos capillas dedicadas la una a San Juan Bautista y la otra a San Juan Evangelista, y era atendida por los sacerdotes de la parroquia de San Juan.

Durante mil años, desde el año 324 hasta el 1400 (época en que los Papas se fueron a vivir a Avignon, en Francia), la casa contigua a la Basílica y que se llamó “Palacio de Letrán”, fue la residencia de los Pontífices, y allí se celebraron cinco Concilios (o reuniones de los obispos de todo el mundo). En este palacio se celebró en 1929 el tratado de paz entre el Vaticano y el gobierno de Italia (Tratado de Letrán). Cuando los Papas volvieron de Avignon, se trasladaron a vivir al Vaticano. Ahora en el Palacio de Letrán vive el Vicario de Roma, o sea el Cardenal al cual el Sumo Pontífice encarga de gobernar la Iglesia de esa ciudad.

La Basílica de Letrán ha sido sumamente venerada durante muchos siglos. Y aunque ha sido destruida por varios incendios, ha sido reconstruida de nuevo, y la construcción actual es muy hermosa.

San Agustín recomienda: “Cuando recordemos la Consagración de un templo, pensemos en aquello que dijo San Pablo: ‘Cada uno de nosotros somos un templo del Espíritu Santo’. Ojalá conservemos nuestra alma bella y limpia, como le agrada a Dios que sean sus templos santos. Así vivirá contento el Espíritu Santo en nuestra alma”.

(http://www.ewtn.com/spanish/saints/Basílica_de_Letrán.htm)

08 noviembre, 2019

Santa Isabel de la Trinidad

 
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¡Oh!, Santa Isabel de la Trinidad; sois vos, la hija
del Dios de la vida, y su amada santa, que, alabanzas
elevabais a la Santísima Trinidad, y, que, en el amor
a las “Tres Personas” en un solo Dios, crecisteis
y creísteis cada día de vuestra santa vida. El silencio,
la soledad y la oración contemplativa en caros y amigos
vuestros se convirtieron. Y, en la perfecta senda
de vuestra vida, a la docilidad de la voluntad divina
os entregasteis, la misma que, os condujo feliz,
a la santidad, para gloria de nuestro Señor Jesucristo,
quien, a su debido tiempo, os coronó con corona de luz,
como justo premio, a vuestra entrega plena de amor.
“Alabanza de gloria de la Santísima Trinidad”, para,
que de día en día crecierais vos, “en la carrera del
amor a los Tres”. “La Trinidad: aquí está nuestra morada,
nuestro hogar, la casa paterna de la que jamás debemos
salir. Me parece que he encontrado mi cielo en la tierra,
puesto que el cielo es Dios y Dios está en mi alma. El
día que comprendí eso, todo se iluminó para mí”. “Creer
que un ser que se llama El Amor habita en nosotros en
todo instante del día y de la noche y que nos pide que
vivamos en sociedad con El, he aquí, os lo confío, lo
que ha hecho de mi vida un cielo anticipado” “Mi Esposo
quiere que yo sea para El una humanidad adicional en la
cual El pueda seguir sufriendo para gloria del Padre
y para ayudar a la Iglesia”. Así, escribisteis en “Enamorada
de Cristo”. Amasteis profundamente vuestra vocación
carmelita e imitasteis a la “Janua coeíi”, como llamabais
a la Virgen Purísima. Y, como en un canto, con vocecilla
dulce dijisteis: “Voy a la luz, al amor, a la vida”. Y,
voló, vuestra alma al cielo, hacia la gloria de la Santa
Trinidad, que tanto habíais amado, y como recompensa
a vuestra entrega de amor, recibisteis corona eterna de luz;
¡Oh!, Santa Isabel de la Trinidad, “Vivo Dios, hecho Amor”.

 
© 2019 by Luis Ernesto Chacón Delgado
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8 de noviembre
Santa Isabel de la Trinidad
Mística de los Carmelitas Descalzos



Oh Dios, rico en misericordia, que descubriste a la Beata Isabel de la Trinidad el misterio de tu presencia secreta en el alma del justo e hiciste de ella una adoradora en espíritu y verdad, concédenos, por su intercesión, que también nosotros, permaneciendo en el amor de Cristo, merezcamos ser transformados en templos del Espíritu de Amor, para alabanza de tu gloria. Amén.

Isabel Catez Rolland, hija de Francisco José y de María, nació en Bourges, Francia, el 18 de Julio de 1880. Desde su más tierna edad se distinguió por su temperamento apasionado, propenso a arrebatos de cólera y de una sensibilidad exquisita. Cuando contaba siete años, perdió a su padre, lo que fue causa de su “conversión” y de su cambio de carácter como fruto de su vida de asceis y oración.

Aunque tomaba parte en las fiestas y participaba en los compromisos sociales, fue siempre fiel a sus promesas bautismales. A los 14 años hizo voto de virginidad y a los 19 empezó a recibir las primeras gracias místicas. Estaba dotada de gran talento musical y se ofreció a Dios como víctima por la salvación de Francia.

El 2 de enero de 1901, a los 21 años de edad, ingresaba en el convento carmelitano de Dijón, ciudad donde vivía con su familia. Isabel -que en el Carmelo se llamaría Sor Isabel de la Trinidad- se propuso como lema ser “Alabanza de gloria de la Santísima Trinidad” y crecer de día en día “en la carrera del amor a los Tres”.

Vistió el hábito el 8 de diciembre de 1902 y el 11 de noviembre de 1903 saltaba de gozo al emitir sus votos religiosos en la Orden del Carmen, a la que amaba con toda su alma. Con su vida y su doctrina -breve pero sólida- ha ejercido un gran influjo en la espiritualidad de nuestros días, debido, sobre todo, a su experiencia trinitaria. Preciosas son sus Elevaciones, Retiros, Notas Espirituales y sus Cartas.

Corrió, voló, en el camino de la perfección y el 9 de noviembre de 1906 expiraba a cuasa de una úlcera de estómago. En el capítulo “El Carmelo escuela de santidad”, recordamos una bella anécdota entre el Cardenal Mercier y la M. Priora de Dijón, sobre esta veloz carrera hacia la meta de la santidad de Sor Isabel de la Trinidad.

Fue beatificada por el papa Juan Pablo II el 25.11.1984, fiesta de Cristo Rey. Su fiesta se celebra el 8 de noviembre.

Su espiritualidad
Fue más su vida misma que su doctrina. Esta sólo en parte fue escrita por ella. Sor Isabel es un alma interior que se transforma de día en día en el Misterio Trinitario. El silencio, la soledad, la oración contemplativa son la palestra que la disponen a ser dócil a la voluntad divina, que cumple siempre y en todo a la mayor perfección.

Enamorada de Cristo, que es “su libro preferido”, se eleva a la Trinidad hasta que “Isabel desaparece, se pierde y se deja invadir por los Tres”. “La Trinidad: aquí está nuestra morada, nuestro hogar, la casa paterna de la que jamás debemos salir… Me parece que he encontrado mi cielo en la tierra, puesto que el cielo es Dios y Dios está en mi alma. El día que comprendí eso todo se iluminó para mí.”

“Creer que un ser que se llama El Amor habita en nosotros en todo instante del día y de la noche y que nos pide que vivamos en sociedad con El, he aquí, os lo confío, lo que ha hecho de mi vida un cielo anticipado”

“Mi Esposo quiere que yo sea para El una humanidad adicional en la cual El pueda seguir sufriendo para gloria del Padre y para ayudar a la Iglesia”

Amó profundamente su vocación carmelita y trató de amar y de imitar a la “Janua coeíi”, como llamaba a la Virgen Purísima. Murmurando casi como en un canto “Voy a la luz, al amor, a la vida”, expiró.”

Su mensaje
Que corramos por el camino de la santidad, que el Espíritu Santo eleve nuestro espíritu, que seamos siempre “alabanza de gloria de la Sma. Trinidad”, que seamos dóciles a las mociones del Espíritu.

(http://www.ewtn.com/spanish/Saints/Beata_Isabel_de_la_Trinidad.htm)

07 noviembre, 2019

San Ernesto

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¡Oh!, San Ernesto, vos, sois el hijo del Dios de la vida
y su amado santo, y que, honor hicisteis al significado
de vuestro nombre, que significa: “fuerte en el combate”.
Vivisteis en la Cruzada Primera, con profunda fe y entrega.
Y, en vuestra juventud, monje en la abadía de Zwiefalten
fuisteis y, más tarde os eligieron abad, para dirigir
de manera espiritual y humana, a los sesenta y dos monjes
que teníais. Y, cuando os tocó despediros para la Cruzada,
de vuestros amados les dijisteis: “Creo que no volveré a veros
en esta tierra, pues Dios me concederá que vierta mi sangre
por él. Poco importa la muerte que me reserva, si me
permite sufrir por el amor de Cristo”. ¡Y, así, fue! Pues
no se supo nunca, cómo y dónde moristeis. Pero, si se sabe,
que vos, entregasteis el alma al Padre, para coronada
ser, con corona de luz eterna como justo premio
a vuestra entrega grande e increíble de amor y fe. !Aleluya!
¡oh!, San Ernesto, “vivo amor y soldado de Jesucristo”.



© 2019 by Luis Ernesto Chacón Delgado
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7 de Noviembre
San Ernesto
Abad


Etimológicamente significa “fuerte en el combate”. Viene de la lengua alemana. El joven Ernesto, muerto en el año 1147, vivió de lleno en la época de la primera cruzada (1099). Fue ella la que permitió abrir nuevos caminos para los Lugares santos a todos los peregrinos.

Y además, permitió la fundación de cuatro pequeños estados cristianos en tierras del Islám: Jerusalén, Antioquía, Edesa y Trípoli. Sin embargo, desde 1144, la caída de Edesa mostró que los musulmanes podían volver a coger lo que los franceses les habían arrebatado anteriormente, incluida Jerusalén.

Esto dio lugar a la segunda cruzada (1147-1149). Se sabe por la historia que fue un desatino. De los 200.000 hombres y mujeres que partieron para el Oriente, volvieron sólo algunos miles.

Ernesto de Steisslingen fue uno de ellos. En su juventud entró de monje en la abadía de Zwiefalten, que da al bello lago de Constanza. Lo eligieron abad durante cinco años para dirigir humana y espiritualmente a los sesenta y dos monjes que la habitaban. Al término de su mandato, se marchó de nuevo a la cruzada con el ejército alemán, comandado por el emperador Conrado III.

Cuando se despidió de sus hermanos religiosos, les dijo: “Creo que no volveré a veros en esta tierra, pues Dios me concederá que vierta mi sangre por él. Poco importa la muerte que me reserva, si me permite sufrir por el amor de Cristo”.

Sus predicciones se cumplieron. Y desde entonces no se supo nunca cómo y dónde murió.

(http://www.es.catholic.net/santoral/articulo.php?id=13741)



06 noviembre, 2019

San Leonardo de Noblac

 
 
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 ¡Oh!, San Leonardo de Noblac, vos, sois el hijo del Dios
de la Vida y su amado santo, y uno de los más populares
de Europa. Se erigieron cerca de seiscientas iglesias
 y capillas en vuestro honor y despertasteis una devoción
muy particular en tiempos de las cruzadas y entre vuestros
devotos se cuenta el príncipe Boemundo de Antioquía, que,
hecho prisionero por los infieles, os atribuyó su liberación
donando a “Saint-Léonard-de-Noblac”, unas cadenas de plata,
similares a las que vos habíais llevado durante vuestro
cautiverio. Cuando erais joven, no quisisteis seguir
la carrera de las armas y preferisteis poneros al servicio
de San Remigio, obispo de Reims. Él, quiso concederos
la dignidad episcopal, pero vos, no aspirabais a glorias
humanas y os retirasteis a San Maximino, en Micy, y, luego
al bosque de Pavum, cerca a Limoges. Y, un día, Clodoveo,
salió de cacería junto con todo su séquito, reina incluida
a quien le vinieron los dolores del parto y, vos, en mucho
ayudasteis con vuestras oraciones y cuidados, con resultados
maravillosos. Así, el rey, hizo con vos, un pacto especial:
el rey os obsequiaría, para construir un monasterio, todo
el territorio que pudierais recorrer a lomo de un burro.
Y, así, lo hicisteis, tanto que, surgió alrededor del oratorio
de María Santísima, una nueva ciudad. Vos, gastasteis vuestra
vida, en en buena lid y, cumplida vuestra tarea, voló al cielo
alma al cielo, para coronada ser con corona de luz como premio
a vuestra increíble entrega de amor y fe. ¡Aleluya! ¡Aleluya!
Santo Patrono de los prisioneros y las parturientas de la tierra;
¡Oh!, San Leonardo de Noblac, “vivo y santo Amor de Cristo Jesús ”.


 

© 2019 by Luis Ernesto Chacón Delgado
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6 de Noviembre
San Leonardo de Noblac
Abad


Es uno de los santos más populares de Europa central. En efecto; dice un estudioso que en su honor se erigieron no menos de seiscientas iglesias y capillas, y su nombre aparece frecuentemente en la toponomástica y en el folclor. El mismo estudioso añade que él «despertó una devoción particular en tiempos de las cruzadas, y entre los devotos se cuenta el príncipe Boemundo de Antioquía que, hecho prisionero por los infieles en 1100, atribuyó su liberación en 1103 al santo, y, de regreso a Europa, donó al santuario de Saint-Léonard-de-Noblac, como ex voto, unas cadenas de plata parecidas a las que él había llevado durante su cautiverio». 

San Leonardo de Noblac (o de Limoges) es un santo «descubierto» a principios del siglo XI, y a ese período remontan las primeras biografías, que después inspiraron el culto hacia él.

Leonardo nació en Galia en tiempos del emperador Anastasio, es decir, entre el 491 y el 518. Como sus padres, a más de nobles, eran amigos de Clodoveo, el gran jefe de los Francos, éste quiso servir de padrino en el bautismo del niño. Cuando ya era joven, Leonardo no quiso seguir la carrera de las armas y prefirió ponerse al servicio de San Remigio, que era obispo de Reims.

Como San Remigio, sirviéndose de la amistad con el rey, había obtenido el privilegio de poder conceder la libertad a todos los prisioneros que encontrara, también Leonardo pidió y obtuvo un poder semejante, que ejerció muchas veces. El rey quiso concederle algo más: la dignidad episcopal. Pero Leonardo, que no aspiraba a glorias humanas, prefirió retirarse primero a San Maximino en Micy, y después a un lugar cercano a Limoges, en el centro de un bosque llamado Pavum.

Un día su soledad se vio interrumpida por la llegada de Clodoveo que iba a cacería junto con todo su séquito. Con el rey iba también la reina, a quien precisamente en ese momento le vinieron los dolores del parto. Las oraciones y los cuidados de San Leonardo hicieron que el parto saliera muy bien, y entonces el rey hizo con el santo un pacto muy particular: le obsequiaría, para construir un monasterio, todo el territorio que pudiera recorrer a lomo de un burro. Alrededor del oratorio en honor de María Santísima habría surgido una nueva ciudad.

(http://www.es.catholic.net/santoral/articulo.php?id=13740)

05 noviembre, 2019

Santa Bertilla

 
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 ¡Oh!, Santa Bertilla, vos, sois la hija del Dios de la vida
y su amada santa, que, nacida en familia cristiana, ilustre
y feliz, desde pequeña, deseos sentisteis de renunciar
al mundo material para dedicaros a la vida religiosa; deseo,
que, se os cumplió, cuando vuestros amados padres os llevaron
al monasterio de Jouarre, donde acogida fuisteis con amor.
Allí, os formasteis bajo estrictas prácticas de perfección
monástica, pues, la gentileza combinanda con el rigor; la piedad
con la justicia; la humildad con el coraje y la prudencia
con la sencillez; moldearon vuestro carácter y santa vida.
Por vuestra caridad y voluntad de servicio con obediencia
y humildad asumisteis los cargos, que, os dieron. Y, con ello,
nos enseñasteis a encontrar el valor y el honor de servir
a los demás. Así lo hicisteis con todos y de especial manera
con varias reinas y damas de vuestro tiempo. Durante el tiempo
que fuisteis abadesa de Chelles, por cuarentaiséis años
os hicisteis cargo de Santa Bathilda, y más tarde de Heresvida,
la reina de Inglaterra, quien también se retiró junto a vos,
en busca de paz a Chelles. Y, esa, fama de santidad, atrajo
a muchas mujeres ilustres a vuestro monasterio. Y, de pronto,
voló vuestra alma al cielo y vuestro cuerpo, enterrado fue
en la Iglesia de vuestra abadía, junto a la tumba de Santa
Bathilda. Hoy, coronada estáis, con corona de luz, como justo
premio a vuestra entrega incesante y grande de amor y fe;
¡Oh!, Santa Bertilla, “vivo Cristo, hecho caridad y servicio”.


© 2019 by Luis Ernesto Chacón Delgado
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5 de noviembre
Santa Bertilla
Abadesa
(¿630?-705)

Nació en la región de Soissons, Francia, en una de las familias cristianas más ilustres de la comarca. Desde que era apenas una niña, Santa Bertilla, o Bertille en francés, sintió deseos de renunciar al mundo material y dedicarse a la vida religiosa. Pero antes de revelar este anhelo a sus padres, la niña lo consultó con su preceptor, San Owen, quien la apoyó en su decisión.

Al ver a su hija tan determinada, sus progenitores terminaron convenciéndose, y de hecho la llevaron personalmente a Jouarre, un monasterio de grandes dimensiones a unas cuantas jornadas de Meaux, donde fue acogida con gran alegría.

En Jouarre, Santa Bertilla se formó bajo las más estrictas prácticas de la perfección monástica, combinando siempre la gentileza con el rigor, la piedad con la justicia, la humildad con el coraje, la prudencia con la sencillez.

Por la caridad y la voluntad de servicio que demostraba, la abadesa la puso al frente del priorato, nombrándola asistente suya en cuestiones de la administración del monasterio.

En 659 se terminó de construir en Chelles la abadía que Santa Bathilda, reina de Francia, había dispuesto para retirarse del mundo y pasar sus últimos días.

La reina le solicitó entonces a la abadesa de Jouarre que le aportara algunas hermanas religiosas y una abadesa para Chelles; y la abadesa pensó de inmediato en Santa Bertilla como principal del grupo.

Con discreción y vigor, Santa Bertilla fue abadesa de Chelles por cuarentaiséis años. Al principio ella se hizo cargo de Santa Bathilda, y más tarde también de Heresvida, la reina de Inglaterra, quien también se retiró en busca de paz a Chelles.

La fama de santidad de Santa Bertilla de Chelles atrajo a varias damas ilustres a su monasterio, el cual tuvo un gran auge durante su vida. Cuando falleció, Santa Bertilla fue enterrada en la iglesia de la abadía de Chelles junto a la tumba de Santa Bathilda.

SANTA BERTILLA nos enseña el valor de encontrar honor en servir a los demás.

(http://santoral-virtual.blogspot.com/2009/11/5-de-noviembre-dia-de-santa-bertilla.html)

04 noviembre, 2019

San Martín de Porres



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 ¡Oh!, San Martín de Porres, vos, sois, el hijo del Dios
de la vida, su amado santo, y, aunque vuestro color
no fue del contento de aquella Lima virreynal, vos, el bien,
hicisteis más, que los “blancos” de aquella sociedad. Al
mundo llegasteis, y por que así lo quiso Dios, bautizado
fuisteis en la misma pila bautismal de otro santo como
vos: Santa Rosa de Lima. Barbero, curandero y ayudante
de médico erais, pues, drenabais hinchazones y tumores
con destreza. Con vuestros conocimientos a los menesterosos
y pobres ayudabais. De labriegos, soldados, caballeros
y corregidores amigo y, siempre hecho caridad contínua,
como el mismo Cristo y Nuestra Señora, que envolvió
a propios y extraños, pues vuestra persona y nombre, respeto
imponía, tanto que, arreglabais matrimonios, dirimíais
contiendas, fallabais en pleitos y reconciliabais familias.
Al Virrey y al Arzobispo aconsejabais en asuntos referidos
a la administración y a la Iglesia. Muchas veces os vieron
en éxtasis, ante el santo Crucifijo, pues devoto fiel, erais
de la Santa Eucaristía, y, jamás en vida, faltasteis a ella.
Vuestro convento, la casa de vuestra hermana y el hospital,
de pobres lo llenasteis. Todos os buscaban, curación pidiendo
y a todos, los sanabais con caseros remedios, la oración
y con el toque de vuestra mano. “La caridad tiene siempre las
puertas abiertas, y los enfermos no tienen clausura”. Así,
respondisteis alguna vez y en cada enfermo, veíais la figura
de vuestro Maestro, y se os partía el alma, y por ello, con
la ayuda de vuestro Arzobispo y la del Virrey, un asilo
fundasteis, donde los atendías, los curabais, y les enseñabais
la doctrina cristiana. Abristeis, las escuelas de Huérfanos
de “La Santa Cruz”, donde los niños conocían a Jesucristo.
Dios, os concedió infinidad de gracias, como en las que,
curando estuvisteis en distintos sitios y a distancia,
dotado del poder de “bilocación”. Os hacíais azotar, hasta
derramar sangre, al igual que el otro pobre de Asís. Erais,
de perros, mulos, ratones, gatos, amigo y sanador, pues
a todos ellos los curabais, pues jamás límites pusisteis
al ejercicio de la caridad. Y, así, el día os llegó, y que, vos,
mismo, anunciasteis la fecha en la que vuestra alma,
al cielo partiría y, entonces, perdón pedisteis a los religiosos,
por vuestros “malos ejemplos” y os marchasteis de este mundo,
para coronado ser, con corona de luz, como justo premio
a vuestra entrega increíble y grande de amor y fe. ¡Aleluya!
¡Oh!, San Martín de Porres, “vivo Amor del Dios de la Vida”.



© 2019 by Luis Ernesto Chacón Delgado
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 ¡Oh! Martín

¡Oh, Martín!
¡Nadie como vos!
La paz de vuestra escoba
A perro, pericote y gato
En santas palomas los convirtieron
¡Pues Cristo lo puede todo!

Si aquellas criaturas
Dentro de sí supieron
Que la paz y el amor se dan
¿Cuánto más podrá el hombre
Si su corazón se abriera
Al Dios de la Vida?
¡Oh; Martín, “de la Paz y del Amor”.



© 2017 by Luis Ernesto Chacón Delgado
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 3 de Noviembre
San Martín de Porres
Religioso dominico


Oración
Virgen María y San Martín de Porres, ayúdenme este día a ser más servicial con las personas que me rodean y así crecer en la verdadera santidad.
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El racismo, esa distinción que hacemos los hombres distinguiendo a nuestros semejantes por el color de la piel es algo tan sinsentido como distinguirlos por la estatura o por el volumen de la masa muscular. Y lo peor no es la distinción que está ahí sino que ésta lleve consigo una minusvaloración de las personas -necesariamente distintas- para el desempeño de oficios, trabajos, remuneraciones y estima en la sociedad. Un mulato hizo mayor bien que todos los blancos juntos a la sociedad limeña de la primera mitad del siglo XVII.


Fue hijo del ilustre hidalgo -hábito de Alcántara- don Juan de Porres, que estuvo breve tiempo en la ciudad de Lima. Bien se aprecia que los españoles allá no hicieron muchos feos a la población autóctona y confiemos que el Buen Dios haga rebaja al juzgar algunos aspectos morales cuando llegue el día del juicio, aunque en este caso sólo sea por haber sacado del mal mucho bien. Tuvo don Juan dos hijos, Martín y Juana, con la mulata Ana Vázquez. Martín nació mulato y con cuerpo de atleta el 9 de diciembre de 1579 y lo bautizaron, en la parroquia de San Sebastián, en la misma pila que Rosa de Lima.


La madre lo educó como pudo, más bien con estrecheces, porque los importantes trabajos de su padre le impedían atenderlo como debía. De hecho, reconoció a sus hijos sólo tardíamente; los llevó a Guayaquil, dejando a su madre acomodada en Lima, con buena familia, y les puso maestro particular.

Martín regresó a Lima, cuando a su padre lo nombraron gobernador de Panamá. Comenzó a familiarizarse con el bien retribuido oficio de barbero, que en aquella época era bastante más que sacar dientes, extraer muelas o hacer sangrías; también comprendía el oficio disponer de yerbas para hacer emplastos y poder curar dolores y neuralgias; además, era preciso un determinado uso del bisturí para abrir hinchazones y tumores. Martín supo hacerse un experto por pasar como ayudante de un excelente médico español. De ello comenzó a vivir y su trabajo le permitió ayudar de modo eficaz a los pobres que no podían pagarle. Por su barbería pasarán igual labriegos que soldados, irán a buscar alivio tanto caballeros como corregidores.


Pero lo que hace ejemplar a su vida no es sólo la repercusión social de un trabajo humanitario bien hecho. Más es el ejercicio heroico y continuado de la caridad que dimana del amor a Jesucristo, a Santa María. Como su persona y nombre imponía respeto, tuvo que intervenir en arreglos de matrimonios irregulares, en dirimir contiendas, fallar en pleitos y reconciliar familias. Con clarísimo criterio aconsejó en más de una ocasión al Virrey y al arzobispo en cuestiones delicadas.


Alguna vez, quienes espiaban sus costumbres por considerarlas extrañas, lo pudieron ver en éxtasis, elevado sobre el suelo, durante sus largas oraciones nocturnas ante el santo Cristo, despreciando la natural necesidad del sueño. Llamaba profundamente la atención su devoción permanente por la Eucaristía, donde está el verdadero Cristo, sin perdonarse la asistencia diaria a la Misa al rayar el alba.


Por el ejercicio de su trabajo y por su sensibilidad hacia la religión tuvo contacto con los monjes del convento dominico del Rosario donde pidió la admisión como donado, ocupando la ínfima escala entre los frailes. Allí vivían en extrema pobreza hasta el punto de tener que vender cuadros de algún valor artístico para sobrevivir. Pero a él no le asusta la pobreza, la ama. A pesar de tener en su celda un armario bien dotado de yerbas, vendas y el instrumental de su trabajo, sólo dispone de tablas y jergón como cama.


Llenó de pobres el convento, la casa de su hermana y el hospital. Todos le buscan porque les cura aplicando los remedios conocidos por su trabajo profesional; en otras ocasiones, se corren las voces de que la oración logró lo improbable y hay enfermos que consiguieron recuperar la salud sólo con el toque de su mano y de un modo instantáneo.


Revolvió la tranquila y ordenada vida de los buenos frailes, porque en alguna ocasión resolvió la necesidad de un pobre enfermo entrándolo en su misma celda y, al corregirlo alguno de los conventuales por motivos de clausura, se le ocurrió exponer en voz alta su pensamiento anteponiendo a la disciplina los motivos dimanantes de la caridad, porque “la caridad tiene siempre las puertas abiertas, y los enfermos no tienen clausura”.


Pero entendió que no era prudente dejar las cosas a la improvisación de momento. La vista de golfos y desatendidos le come el alma por ver la figura del Maestro en cada uno de ellos. ¡Hay que hacer algo! Con la ayuda del arzobispo y del Virrey funda un Asilo donde poder atenderles, curarles y enseñarles la doctrina cristiana, como hizo con los indios dedicados a cultivar la tierra en Limatambo. También los dineros de don Mateo Pastor y Francisca Vélez sirvieron para abrir las Escuelas de Huérfanos de Santa Cruz, donde los niños recibían atención y conocían a Jesucristo.


No se sabe cómo, pero varias veces estuvo curando en distintos sitios y a diversos enfermos al mismo tiempo, con una bilocación sobrenatural.


El contemplativo Porres recibía disciplinas hasta derramar sangre haciéndose azotar por el indio inca por sus muchos pecados. Como otro pobre de Asís, se mostró también amigo de perros cojos abandonados que curaba, de mulos dispuestos para el matadero y hasta lo vieron reñir a los ratones que se comían los lienzos de la sacristía. Se ve que no puso límite en la creación al ejercicio de la caridad y la transportó al orden cósmico.


Murió el día previsto para su muerte que había conocido con anticipación. Fue el 3 de noviembre de 1639 y causada por una simple fiebre; pidiendo perdón a los religiosos reunidos por sus malos ejemplos, se marchó. El Virrey, Conde de Chinchón, Feliciano de la Vega -arzobispo- y más personajes limeños se mezclaron con los incontables mulatos y con los indios pobres que recortaban tantos trozos de su hábito que hubo de cambiarse varias veces.


Lo canonizó en papa Juan XXIII en 1962.

Desde luego, está claro que la santidad no entiende de colores de piel; sólo hace falta querer sin límite.


¿Qué nos enseña su vida?

La vida de San Martín nos enseña:

A servir a los demás, a los necesitados. San Martín no se cansó de atender a los pobres y enfermos y lo hacía prontamente. Demos un buen servicio a los que nos rodean, en el momento que lo necesitan. Hagamos ese servicio por amor a Dios y viendo a Dios en las demás personas.

A ser humildes. San Martín fue una persona que vivió esta virtud. Siempre se preocupó por los demás antes que por él mismo. Veía las necesidades de los demás y no las propias. Se ponía en el último lugar.

A llevar una vida de oración profunda. La oración debe ser el cimiento de nuestra vida. Para poder servir a los demás y ser humildes, necesitamos de la oración. Debemos tener una relación intima con Dios

A ser sencillos. San Martín vivió la virtud de la sencillez. Vivió la vida de cara a Dios, sin complicaciones. Vivamos la vida con espíritu sencillo.

A tratar con amabilidad a los que nos rodean. Los detalles y el trato amable y cariñoso es muy importante en nuestra vida. Los demás se lo merecen por ser hijos amados por Dios.

A alcanzar la santidad en nuestra vidas. Por alcanzar esta santidad, luchemos…

A llevar una vida de penitencia por amor a Dios. Ofrezcamos sacrificios a Dios.


San Martín de Porres se distinguió por su humildad y espíritu de servicio, valores que en nuestra sociedad actual no se les considera importantes. Se les da mayor importancia a valores de tipo material que no alcanzan en el hombre la felicidad y paz de espíritu. La humildad y el espíritu de servicio producen en el hombre paz y felicidad.


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