28 octubre, 2023

Santos Judas Tadeo y Simón, Apóstoles

 

 The Justicerman: LA NOTA CORTA. “SAN JUDAS TADEO Y SAN SIMÓN, APÓSTOLES Y  MARTIRES”

 

!Oh!, Judas Tadeo y Simón Santos; vosotros, sois los hijos
del Dios de la Vida, sus amados santos, y lumbreras amadas
pues, llamados por Cristo Jesús, Dios y Señor Nuestro,
invitados fuisteis para ser de los Doce. Y, desde aquél
momento, juntos anduvisteis por doquiera el Espíritu Santo,
os dirigiera en vuestro caminar. Tadeo: “valiente para
proclamar su fe”, y Simón: “Dios ha oído mi súplica”.
Ambos, honor hicisteis, al significado de vuestros nombres.
Llano, Tadeo, a los ruegos para empleo o casa conseguir
y Simón, igual de solícito. Qué alegría, haber servido
al Dios Vivo, como lo habéis hecho poniéndoos, íntegros
al servicio del amor. Hoy, coronas de luz, lucís como
premio justo a vuestra entrega de amor y, quiera Dios,
que los hombres de nuestro tiempo, os imiten en vuestra
fidelidad y amor por siempre. Santos amigos y Apóstoles
del Dios de la Vida, gozáis hoy de coronas de luz eterna,
como premio justo a vuestra entrega de amor y fidelidad;
¡oh!, Santos, Simón y Judas Tadeo, “vivos ejemplos del Amor a Dios”

© 2023 by Luis Ernesto Chacón Delgado
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28 de Octubre

Santos Judas Tadeo y Simón
Apóstoles

Etimológicamente significa “honrado, alabanza”. Y Simón = “Dios le oye”. Vienen de la lengua hebrea.

Hoy se celebra en toda la Iglesia universal la fiesta de estos dos apóstoles del Evangelio.

Simón pertenecía al grupo formado en Israel. Se llamaban los “zelotes”. Su fin era trabajar duramente contra la invasión romana en su país. Sin embargo, la escucha de la palabra de Cristo fue para él el descubrimiento a la universalidad del amor de Dios.

Judas se ha convertido en un de los santos más populares por los favores que concede a la gente en lo concerniente a la búsqueda de trabajo.

Esta devoción la vivió ya en su vida la santa Brígida. Se puede leer en su libro “Las revelaciones” el profundo respeto y devoción por este apóstol del siglo I de nuestra era.

Autor: P. Felipe Santos | Fuente: Catholic.net

(http://es.catholic.net/santoraldehoy/)

El Señor de los Milagros

 

 Señor de los Milagros: conoce su historia y por qué hoy es su día central -  Infobae

 

 ¡Oh!, Señor de los Milagros, Vos, Sois el Dios de la Vida,
y que pintáis Octubre de morado color y, con la multitud
de fieles por todo el orbe de la tierra esparcidos, hacéis
sublime y grandiosa la mística expresión católica de la fe
porque, en octubre, de manos de un negro esclavo angoleño
guiado por el Espíritu Santo, plasmó vuestra sagrada efigie
Redentora, para que patrocinarais sus reuniones y os sirvieses
de guía en todo tiempo y circunstancia. Con los años, bajo
vuestro amparo, todas las sangres unís, en una sola fe,
en un sólo amor y luz. Y, así, desde siempre, la fervorosa
multitud eleva oraciones, súplicas y gracias, a Vos, Dios
de la Vida y del Amor, visando el sólo tocaros y besaros. La fe,
montañas mueve, y las voluntades más recias, mansas se
vuelven gracias al destello de Vuestra luz divina, que cae sobre
vuestros fieles, mientras el andar cansino de vuestra imagen
desbroza por doquier amor y paz. Os rindió culto,
el Conde de Lemos, y ordenó que se os venerase en el mismo
lugar, donde Vos, pintado fuisteis. Y, de pronto, un terremoto,
midió fuerzas con vuestra divinidad, y rajaduras produjo,
pero, nunca en vuestro mural, por designios de Dios. Y, así,
Sebastián de Antuñano, amoroso y fiel siervo vuestro, inició
la procesión con una réplica de vuestra santa imagen, así
originando las procesiones de octubre, con Vos, que tiñen
de morado y de incienso estos tiempos. “Es ya tiempo que esta
iglesia se edifique y siendo el fondo principal con que debe
contar la devoción de este vecindario que juró a este Divino
Señor Patrón de la Ciudad contra los temblores que en ella
se repiten, a dispuesto una Misa para el Domingo cuatro
de Mayo en la puerta del Colegio de los Desamparados, allí
esperaran de su generoso ánimo aquella prueba que le dictare
su piedad”. Rezaba así, la invitación, que con apoyo del Virrey,
las Madres Nazarenas, esparcieron por toda la ciudad de Lima,
haciendo hasta hoy, y por los siglos de los siglos morado el mes
de octubre, lleno de fe y de esperanza por Vuestro grande Amor;
¡oh!, Señor de los Milagros, “Regalo Vivo de Amor y Fe de Dios Padre”.

© 2023 by Luis Ernesto Chacón Delgado
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La Fe de Octubre

¡Oh!, Señor de los Milagros,
desde el angoleño aquél,
que Vuestra imagen pintó,
mares de gentío por el
mundo todo, en Octubre
se vuelcan tras de Vos,
en pos de la eternidad
prometida y Vos, no los
dafraudais Dios de la vida;
¡Oh!, Señor de Los Milagros.

© 2012 by Luis Ernesto Chacón Delgado
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28 de Octubre
El Señor de los Milagros

Historia del Señor de los Milagros

El cielo de Lima se torna de color morado, entre el carmín y el azul, todos los octubres de nuestras vidas. La procesión del Señor de los Milagros, el Cristo de Pachacamilla, el Cristo moreno o cuanta denominación ostente, es considerada una de las más multitudinarias de todo el orbe, tanto por el inmenso mar humano que alberga como por la sublimidad y grandiosidad espiritual que trae consigo esta mística expresión de fe católica del pueblo limeño. En una Lima en donde conviven y luchan por sobrevivir en circunstancias adversas cholos, negros, blancos, chinos y demás razas que la conforman, octubre es el momento cumbre que los une a todos bajo el eslabón de una sola creencia, una sola fe, una sola y anhelada esperanza en el milagro que algún día recaerá en ellos.

Atrás queda el agotador y, a veces, sofocante apretujamiento de la fervorosa multitud por acercarse a la imagen para poder tocarla y besarla. Dicen que la fe mueve montañas y hasta las voluntades más reprimidas se vuelven inquebrantables gracias al destello de luz que despabila sobre la gente, el andar cansino pero señorial y ubérrimo de la imagen del Señor de los Milagros.

Pero, ¿cómo empezó a forjarse toda esta mágica religiosidad en el espíritu limeño?, ¿qué tuvo que pasar para que germinara en los corazones la solidaridad cristiana y la unción religiosa en torno a la imagen del Cristo de Pachacamilla?

Primera Misa

Después de estos extraordinarios sucesos, la parroquia de San Marcelo como de San Sebastián quisieron trasladar el mural a sus parroquias en ambos casos no dio resultados. El Conde de Lemos personalmente rindió culto a la imagen y acordó con la autoridad eclesiástica que en definitiva se le venerase en el mismo lugar para lo cual ordeno inmediatamente se levantara una ermita provisional.

Siempre con el apoyo de los fieles del lugar la imagen quedó cercada con adobes, lo techaron con esteras y levantaron un sencillo altar al pie del Cristo Crucificado. Una vez terminado estos trabajos se logro que se oficiara la primera misa ante la sagrada imagen del Cristo de Pachacamilla, un día lunes 14 de setiembre de 1671. A está ceremonia religiosa asistió el Virrey y su señora esposa, altas autoridades civiles como eclesiásticas y un gran número de vecinos y devotos.

Después de está primera misa el Virrey y su esposa continuaron rindiéndole culto a la imagen, aumentando así los devotos, que venían desde lejos inclusive, para conocer y reverenciar a la portentosa imagen del mural de Pachacamilla que pronto comenzaron a llamarlo el Santo Cristo de los Milagros o de las Maravillas.

Primera procesión

El terremoto del 20 de Octubre de 1687 produjo rajaduras y desmoronamientos en la Capilla, pero el sagrado mural quedó incólume, como muestra de los designios divinos. Fue así que Sebastián de Antuñano inicio la procesión con una replica de la imagen, originando así las tradicionales procesiones de octubre del Señor de los Milagros de Nazarenas. En su primer recorrido llegó hasta la Plaza Mayor, al Cabildo limeño, donde recibió en ambos lugares fervorosa pleitesía contando con el acompañamiento de acongojados fieles así como vecinos del lugar. Se tiene la seguridad que aquella replica es la misma que hoy en día nos sigue acompañando en los meses de octubre en su recorrido por la gran Lima.

Fundación del Monasterio

Después del entierro de la madre Antonia Lucia del Espíritu Santo, le sucedió en el cargo la madre Josefa de la Providencia. Bajo su dirección se enfrento a un a situación económica apremiante, recibiendo ayuda de Antuñano y del benefactor José de Lorenzana fiel devoto del Señor de los Milagros cuando la madre Josefa inicio las gestiones encaminadas a conseguir la Real Célula y la Bula Pontificia para poder fundar el Monasterio tuvo que luchar y superar muchas dificultades y contratiempos. Hacia 1718 un caballero llamado Jerónimo Machado fue a visitar a la madre Josefa de la Providencia, acompañado de su esposa e hija y al enterarse que estaba iniciando las gestiones para la fundación se ofreció gentilmente a conseguir la licencia del Rey para la clausura aprovechando su próximo viaje a España y Roma.

La ansiada licencia que se encuentra en el archivo del Monasterio fue concedida por el Monarca Felipe V el día 8 de Febrero de 1720.

Años más tarde la madre Josefa tuvo la oportunidad de conocer al Padre Maestro Juan de Gazitúa de la Orden de los Predicadores, quien se ofreció gentilmente a obtener de su Santidad la Bula respectiva. Estando en Roma inicio las debidas gestiones ante la Santa Sede y el 27 de Agosto de 1727 Su Santidad Benedicto XIII concedió la ansiada Bula. Quedó aprobado entre otras cosas el uso del hábito morado y el característico modo de vestir de las Nazarenas.

Cuando la madre Josefa tuvo en sus manos la Bula Pontificia inicio de inmediato las gestiones necesarias para conseguir la ansiada clausura.

Conseguir está aprobación era considerado por la sufrida madre Josefa como coger el cielo con las manos hasta que por fin el Marqués de Casa Concha redacto la debida solicitud y el 14 de Noviembre 1729 expidió la aprobación el Arzobispado y seis días después el Virrey Marqués de Castelfuerte autorizó como patrono la respectiva fundación.

La Iglesia de Nazarenas

La iglesia reedificada por Sebastián Antuñano y el Monasterio fundado en 1730, sufrieron los estragos del violento sismo del 28 de Octubre de 1746, la construcción de un nuevo templo era necesario. A comienzos de 1766, por decisiva influencia de la Pericholi, ferviente devota del Señor de los Milagros, el XXXI Virrey Don Manuel Amat y Junient, fue a visitar la Iglesia de Nazarenas y al contemplar su lamentable estado, decidió la construcción de un nuevo templo para tan portentosa efigie, se puso de acuerdo con la Madre Priora Grimanesa Josefa de Santo Toribio C.D. y con la Benefactora Doña Maria Fernández de Córdova y Sande, sugiriéndole la idea de despertar los dormidos sentimientos del devoto pueblo limeño.

Contando con el importante apoyo del Virrey, las Madres Nazarenas, repartieron por toda la ciudad una invitación que decía: “…es ya tiempo que está iglesia se edifique y siendo el fondo principal con que debe contar la devoción de este vecindario que juro a este Divino Señor Patrón de la Ciudad contra los temblores que en ella se repiten, a dispuesto una mesa para el Domingo 4 de Mayo en la puerta principal del Colegio de los Desamparados….allí esperaran de su generoso ánimo aquella prueba que le dictare su piedad…”.

Fue con está invitación que al fin las madres Nazarenas después de 20 años del terremoto de 1746 tenían esperanzas de construir un nuevo templo para el Señor de los Milagros.

(http://www.hsmbh.com/esp/?pg=historia_intro)

27 octubre, 2023

San Odrano, Abad

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27 de Octubre
San Odrano
Abad

San Odrano, «noble y sin mancha», abad de Meath, fue uno de los doce que partieron de Loch Foyle a Iona con San Colomba. Adamnan afirma que era de origen bretón. Poco después de desembarcar, sintió Odrano que se acercaba el momento de su muerte y dijo: «Voy a ser el primer cristiano que muera en esta región. San Colomba replicó: «Yo te aseguro que irás al Reino de los Cielos y te prometo que nadie conseguirá una gracia en mi sepulcro sin habértela pedido a tí también».

Como San Colomba no quería ver morir a su amigo, le dio inmediatamente la bendición y salió de la casa.Se hallaba paseando en el patio, cuando de repente miró hacia el cielo. Sus acompañantes le preguntaron qué miraba, y Colomba repuso que veía la batalla que se libraba en el aire entre los buenos y los malos espíritus. Agregó que también veía a los Ángeles que llevaban en triunfo el alma de San Odrano al cielo.

Así pues, San Odrano fue el primero de los monjes irlandeses que murió y fue sepultado en Iona. El sitio de su sepultura, que se halla en el único cementerio de la isla, se llama «Reilig Orain».

Se dice que el santo fundó el monasterio de Leitrioch Odrain (Latteragh de Tipperary). Aunque a esto se reduce todo lo que sabemos sobre él se le celebra como obispo en toda Irlanda.

(http://www.aciprensa.com/santos/santo.php?id=323)


26 octubre, 2023

Beato José Gregorio Hernández, médico de los pobres

 Beato José Gregorio Hernández

Cada 26 de octubre la Iglesia Católica recuerda la memoria litúrgica del Beato José Gregorio Hernández, el "médico de los pobres", que fue beatificado el 30 de abril del 2021 en Caracas (Venezuela).

José Gregorio Hernández nació el 26 de octubre de 1864 en el pequeño pueblo campesino de Isnotú, estado de Trujillo (Venezuela). Su madre falleció cuando él tenía solo 8 años.

Estudió medicina en Caracas y tuvo tanto éxito que el presidente venezolano lo envió a estudiar microscopía, histología normal, patología y fisiología experimental en París.

Al volver fue profesor en la Universidad Central de Caracas. Después de llevar a su familia a la capital, quiso ser monje de clausura en Italia para dedicarse solo a Dios.

En 1908 entró a la Cartuja de Farneta con el nombre de hermano Marcelo. Sin embargo, algunos meses después se enfermó y su superior le ordenó volver a Venezuela para recuperarse.

Llegó a Caracas en abril de 1909 y ese mismo mes recibió el permiso para ingresar en el Seminario Santa Rosa de Lima, pero siguió anhelando la vida monástica. Volvió a Roma luego de tres años, hizo algunos cursos de Teología en el Colegio Pío Latinoamericano, pero una vez más enfermó y tuvo que volver a Venezuela.

Comprendió que Dios lo quería laico y ya no intentó volver a la vida religiosa. Decidió convertirse en un católico ejemplar siendo médico, sirviendo al Señor en los enfermos.

Dedicaba dos horas diarias para servir a los pobres.

Perseveró en sus principios cristianos toda su vida, con gran amor a la Santa Misa y a la Eucaristía. Era un hombre bondadoso, lleno de talentos; tocaba piano y violín, y le gustaba bailar. Sabía 7 idiomas y cosía su propia ropa.

Un día, mientras cruzaba la calle para comprar medicinas para una anciana muy pobre, fue atropellado y llevado a un hospital donde un sacerdote pudo impartirle la Unción de los enfermos, antes de morir el 29 de junio de 1919. Tenía 54 años

Caracas se conmovió y muchos decían: "Ha muerto un santo". Fueron tantos los que asistieron a su velorio que las autoridades tuvieron que intervenir para organizar a la multitud que quería despedirse de él.

(https://www.aciprensa.com/noticias/90563/cada-26-de-octubre-se-recuerda-al-beato-jose-gregorio-hernandez-medico-de-los-pobres)


25 octubre, 2023

San Frutos, Santa Engracia y San Valentín, tres hermanos y mártires

 San Frutos, San Valentín y Santa Engracia

Imagen

25 de octubre
Santos Frutos, Engracia y Valentín
Hermanos y eremitas

San Frutos, Santa Engracia y San Valentín, tres hermanos de Segovia (España), que vivieron como eremitas entre los siglos VII y VIII, en tiempos en los que la península hispánica estaba bajo el dominio de los visigodos.

San Frutos

Frutos nació en el año 642, en el seno de una familia rica que tuvo otros dos hijos: Valentín y Engracia. A la muerte de sus padres, San Frutos decidió apartarse del mundo y vivir en soledad, oración y penitencia.

Como sus hermanos quisieron secundarlo, vendieron las posesiones de la familia y se deshicieron de sus riquezas, repartiendo todo entre los pobres. Después, los hermanos se trasladaron juntos hacia las orillas del río Duratón, donde se establecieron finalmente.

Al principio vivieron en cuevas naturales, pero luego construyeron ermitas, como solían hacer los monjes. San Frutos murió a los 75 años, en el año 715. Sus hermanos lo enterraron en el mismo lugar que habitaba, hoy conocido como “Ermita de San Frutos”, sobre la que se construyó el famoso monasterio.

Santa Engracia y San Valentín

Luego, ya sin el hermano mayor, Engracia y Valentín se retiraron a la zona de Caballar, donde continuaron su vida de soledad y oración en la llamada “Ermita de San Zoilo”. Allí permanecieron los dos hasta que la región fue invadida por los sarracenos. Estos los tomaron prisioneros y los decapitaron.

Tras el suceso, los pobladores de la zona trasladaron los cuerpos de Engracia y Valentín junto a los restos de San Frutos, a excepción de sus cabezas, que se quedaron en el municipio de Caballar para ser veneradas.

Las reliquias de los tres hermanos permanecieron en la Ermita de San Frutos, cerca de la actual Sepúlveda, desde comienzos del siglo VIII hasta el siglo XI. Hoy se encuentran en el retablo dedicado a los santos segovianos, ubicado en el trascoro de la Catedral de Santa María en Segovia (España).

(https://www.aciprensa.com/noticias/hoy-es-la-fiesta-de-los-martires-san-frutos-santa-engracia-y-san-valentin-90535)

24 octubre, 2023

San Antonio María Claret, Obispo y Fundador de los Misioneros Claretianos

 

 

¡Oh!, San Antonio María Claret; vos, sois el hijo del Dios
de la Vida, su amado santo y, el que donó de lleno su vida
al prójimo y con amor, vívidamente predicó al Dios Vivo.
Como vicepárroco, os disteis con lo que Dios os había dado:
una increíble fuerza para predicar: ora en misiones populares,
ora de noche y de día, predicando hasta diez sermones diarios.
A pie, viajabais siempre, y sin dinero alguno, a imitación
de los apóstoles de Cristo. Imprimíais de por miles, hojas
sencillas con temas religiosos y, además libros que hicieron
de vuestro apostolado increíble, ejemplar e inolvidable.
Vuestra orden, la de los Claretianos y la de las Claretianas,
cubren hoy, el orbe de la tierra, difundiendo el evangelio
de Cristo Jesús, Dios y Señor Nuestro. Y, saben de vos, todos
aquellos lugares y sus gentes, porque allí; medallas, rosarios,
hojas y libros religiosos regalasteis, al daros cuenta de que,
para que la fe, “viva” estuviera mantenida se necesitaban
sacerdotes santos que, al igual que vos, por los campos
y las ciudades enseñasen y predicasen lecturas que animen
a engrosar la grey del Señor. Lo mismo que hizo San Juan
Bosco, en Italia, a favor de las buenas y santas lecturas,
lo hicisteis vos, en España. Vos, decíais: “Ya veis cuanto
importa ser devoto de María Santísima. Ella os librará de
males y desgracias de cuerpo y alma. Ella os alcanzará los
bienes terrenales y eternos. Rezadle el Santo Rosario todos
los días con devoción y fervor y veréis como María Santísima
será vuestra Madre, vuestra abogada, vuestra medianera,
vuestra maestra, vuestro todo después de Jesús”. Asististeis
al Concilio Vaticano en Roma, y, en el mismo, pronunciasteis un
 famoso discurso. Fueron los monjes cistercienses de Fuente
Fría, quienes os hospedaron por vez última, luego de
haber escrito vuestra autobiografía y, allí os sorprendió la 
muerte, volando vuestra alma al cielo, para coronada ser de luz,
como justo premio a vuestra entrega de amor al Dios de la Vida.
Hoy, nada mejor que imitaros no sólo en la palabra, sino,
también en la acción, propagador y predicador santo de Dios,
“Santo Patrón de los Tejedores de todo el orbe de la tierra”;
¡oh!, San Antonio María Claret, “vivo predicador del Dios Vivo”.

© 2023 by Luis Ernesto Chacón Delgado
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24 de octubre
San Antonio María Claret
Obispo de Santiago de Cuba
Fundador y
Patrón de los tejedores

Sus primeros años

San Antonio María Claret nace el 23 de diciembre del 1807 en el pueblo de Sallent, a 51 kilómetros de Barcelona. Para los que no tienen ni idea de esta población, diremos que es una villa trabajadora de unos 2.000 habitantes, esencialmente textil, donde precisamente el padre de Antonio tenía una pequeña fábrica de tejidos. La infancia de “Tonet”, conocido así popularmente por sus amigos, transcurre durante la llamada “Guerra del francés” (1808-1814). Se explica que ante el temor de la llegada de los franceses, el pueblo de Sallent se refugió en las montañas. El abuelo de Antonio, a causa de su estado de salud, no podía seguir aquella fila de vecinos que subían al monte, pero Antonio volvió hacia atrás para acompañar en todo momento a su abuelo.

Ordenación Sacerdotal

Fue luego nombrado vicepárroco y pronto empezó el pueblo a conocer cuál era la cualidad principal que Dios le había dado: era un predicador impresionante, de una eficacia arrolladora. De todas partes lo llamaban a predicar misiones populares, predicando hasta diez sermones en un día. Viajaba siempre a pie y sin dinero.

Durante 15 años predicó incansablemente por el norte de España, y difícilmente otro predicador del siglo pasado logró obtener triunfos tan grandes como los del padre Claret al predicar. En su vida predicó más de 10,000 sermones. Lo que hizo San Juan Bosco en Italia en ese tiempo a favor de las buenas lecturas, lo hizo San Antonio Claret en España. Él se dio cuenta de que una buena lectura puede hacer mayor bien que un sermón y se propuso emplear todo el dinero que conseguía en difundir buenos libros. Mandaba imprimir y regalaba hojas religiosas, por centenares de miles. Ayudó a fundar la Librería religiosa de Barcelona y fue el que más difundió los libros de esa librería. Él mismo redactó más de 200 libros y folletos sencillos para el pueblo, que tuvieron centenares de ediciones. Los regalaba donde quiera que llegaba. En todas partes reglaba medallas, rosarios, hojas y libros religiosos.

La ciudad de La Habana llevaba 14 años sin arzobispo porque eran tiempos de persecuciones contra la Iglesia Católica. Finalmente, a la Reina de España le pareció que el sacerdote mejor preparado para ese cargo era el Padre Claret. Le escribió la Reina al Sumo Pontífice y este lo nombró Arzobispo de La Habana. Él se negaba a aceptar el cargo porque le parecía que no era digno, pero sus amigos sacerdotes le dijeron que en conciencia tenía que aceptarlo porque esa era la voluntad de Dios. Y desde 1889, por espacio de siete años, fue un dulcísimo y extraordinario pastor de la Iglesia en La Habana, y toda Cuba.

En Cuba administró el sacramento de la confirmación a 300,000 cristianos y arregló 30,000 matrimonios. Logró formar con los sacerdotes una verdadera familia de hermanos donde todos se sentían bien atendidos y estimados en la casa del Arzobispo.

En 1857 fue llamado a España como capellán de la reina Isabel. En 1849 al darse cuenta de que para mantener viva la fe del pueblo se necesitan sacerdotes entusiastas que vayan por campos y ciudades predicando y propagando buenas lecturas, se reunió con cinco compañeros y fundó la Comunidad de Misioneros del Corazón de María, que hoy se llaman Claretianos. Actualmente son 3,000 en 385 casas en el mundo. Fundó también las Hermanas Claretianas que son 650 en 69 casas. Estas comunidades han hecho inmenso bien con su apostolado en muchos países.

Asistió al Concilio Vaticano en Roma en 1870. En el mismo, pronunció un memorable discurso que fue muy bien recibido, comentado y elogiado. En Francia, los monjes cistercienses del monasterio de Fuente Fría le hospedaron, y allí, después de haber escrito por orden del superior de su comunidad su autobiografía, enfermó. Falleció el 24 de octubre de 1879. Tenía apenas 63 años. Después de su muerte, se le han atribuido numerosos milagros.

(http://www.ewtn.com/spanish/Saints/Antonio_María_Claret.htm)

 

23 octubre, 2023

San Juan de Capistrano, Insigne predicador de la Iglesia Católica

San Juan de Capistrano
 

 
 
¡Oh!, San Juan de Capistrano; vos, sois el hijo del Dios
de la Vida, y su amado santo, que, el don de la predicación
llevasteis a su más alta cumbre entre los pecadores de vuestro
tiempo y, más aún, cuando de manera solícita la Cruz de Cristo,
Dios y Señor Nuestro, empuñasteis y bandera hecha, arengasteis
a los valerosos soldados en defensa extraordinaria de nuestra
santa religión diciendo: “Creyentes valientes, todos a defender
nuestra santa religión”. Y, así, con vuestra palabra maravillosa
lograsteis la ayuda del Dios Altísimo, que convirtió en grande
victoria aquella batalla. Quizás por ello, aquellos campos y más,
los de la vida, de vuestro portento y obra gigante saben, tanto
que, os recuerdan en palabras de Juan el Bautista, quien había
dicho: “Raza de víboras: tienen que producir frutos de conversión.
Porque ya está el hacha de la justicia divina junto a la vida
de cada uno, y árbol que no produce frutos de obras buenas será
cortado y echado al fuego”. Pocas horas dormíais y vestíais
trajes pobres. Comíais poco, padecíais de artritis y dolores
de estómago que os hacían retorceros pero, vos, siempre e
increíblemente alegre estabais. En suma, vuestro cuerpo débil
era, pero, vuestro espíritu fuerte y vivaz. Vuestras armas: la
oración, la penitencia y vuestra predicación. Jamás empleasteis
armas materiales, pues las vuestras eran la oración, la penitencia
y la fuerza de vuestra predicación. Las gentes de vuestro tiempo
decían que los cuarteles más parecían casas de religiosos que
campamentos militares, porque allí se rezaba y se vivía una vida
llena de virtudes. Muchos soldados se confesaban y comulgaban
y los militares decían en sus batallones: “Tenemos un capellán
santo. Hay que portarse de manera digna de este gran sacerdote
que nos dirige. Si nos portamos mal, no vamos a conseguir
victorias sino derrotas”. Y, los oficialaes afirmaban: “Este
padrecito tiene más autoridad sobre nuestros soldados que el
mismo jefe de la nación”. Mientras los católicos en Hungría
luchaban, el Papa, rezar hacía en todo el mundo el Angelus,
a diario y, Nuestra Señora, de Su Hijo consiguió una gran
victoria. En Budapest os levantaron una gran estatua, porque
salvasteis la ciudad de caer en manos de los enemigos de nuestra
santa religión. Con creces cumplida, vuestra heroica tarea,
voló vuestra alma al cielo, para coronada ser, con corona de
luz, como premio a vuestra increíble entrega de amor y fe;
¡oh!, San Juan de Capistrano, “viva predicación del Cristo Vivo”.

© 2023 by Luis Ernesto Chacón Delgado

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23 de Octubre
San Juan de Capistrano
Religioso y predicador
Año 1456

Gran apóstol: alcánzanos de Dios entusiasmo y valor para defender siempre nuestra amada religión católica. Orad y trabajad por la nación donde estáis viviendo, porque su bien será vuestro bien (S. Biblia. Jeremías 29).

Es este uno de los predicadores más famosos que ha tenido la Iglesia Católica. Nació en un pueblecito llamado Capistrano, en la región montañosa de Italia, en 1386. Fue un estudiante sumamente consagrado a sus deberes y llegó a ser abogado y juez, y gobernador de Perugia. Pero en una guerra contra otra ciudad cayó prisionero, y en la cárcel se puso a meditar y se dio cuenta de que en vez de dedicarse a conseguir dinero, honores y dignidades en el mundo, era mejor dedicarse a conseguir la santidad y la salvación en una comunidad de religiosos, y entró de franciscano.

Como era muy vanidoso y le gustaba mucho aparecer, dispuso vencer su orgullo recorriendo la ciudad cabalgando en un pobre burro, pero montado al revés, mirando hacia atrás, y con un sombrero de papel en el cual había escrito en grandes letras: “Soy un miserable pecador”. La gente le silbó y le lanzaron piedras y basura. Así llegó hasta el convento de los franciscanos a pedir que lo recibieran de religioso.

El Padre maestro de novicios dispuso ponerle pruebas muy duras para ver si en verdad este hombre de 30 años era capaz de ser religioso humilde y sacrificado. Lo humillaba sin compasión y lo dedicaba a los oficios más cansones y humildes, pero Juan en vez de disgustarse le conservó una profunda gratitud por toda su vida, pues le supo formar un verdadero carácter, y lo preparó para enfrentarse valientemente a las dificultades de la vida. Él recordaba muy bien aquellas palabras de Jesús: “Si el grano de trigo no cae en tierra y no muere, se queda sin producir fruto, pero si muere producirá mucho fruto”(Jn. 12,24).

A los 33 años fue ordenado de sacerdote y luego, durante 40 años recorrió toda Europa predicando con enormes éxitos espirituales. Tuvo por maestro de predicación y por guía espiritual al gran San Bernardino de Siena, y formando grupos de seis y ocho religiosos se distribuyeron primero por toda Italia, y después por los demás países de Europa predicando la conversión y la penitencia.

Juan tenía que predicar en los campos y en las plazas porque el gentío tan enorme no cabía en las iglesias. Su presencia de predicador era impresionante. Flaco, pálido, penitente, con voz sonora y penetrante; un semblante luminoso, y unos ojos brillantes que parecían traspasar el alma, conmovía hasta a los más indiferentes. La gente lo llamaba “El padre piadoso”, “el santo predicador”. Vibraba en la predicación de las verdades eternas. La gente al verlo y oírlo recordaba la figura austera de San Juan Bautista predicando conversión en las orillas del río Jordán. Y les repetía las palabras del Bautista: “Raza de víboras: tienen que producir frutos de conversión. Porque ya está el hacha de la justicia divina junto a la vida de cada uno, y árbol que no produce frutos de obras buenas será cortado y echado al fuego” (Lc. 3,7).

Muchos pedían a gritos la confesión, prometiendo cambiar de vida y estallaban en llanto de arrepentimiento. Las gentes traían sus objetos e superstición y los libros de brujería y otros juegos y los quemaban en públicas hogueras en la mitad de las plazas. Muchos jóvenes al oírlo predicar se proponían irse de religiosos. En Alemania consiguió 120 jóvenes para las comunidades religiosas y en Polonia 130.

Sus sermones eran de dos y tres horas, pero a los oyentes se les pasaba el tiempo sin darse cuenta. Atacaba sin miedo a los vicios y malas costumbres, y muchísimos, después de escucharle, dejaban sus malas amistades y las borracheras. Después de predicar se iba a visitar enfermos, y con sus oraciones y su bendición sacerdotal obtenía innumerables curaciones.

Juan convertía pecadores no sólo por su predicación tan elocuente y fuerte, sino por su gran espíritu de penitencia. Dormía pocas horas cada noche. Vestía siempre trajes sumamente pobres. Comía muy poco, y siempre alimentos burdos y nunca comidas finas ni especiales. Una artritis muy dolorosa lo hacía cojear y dolores muy fuertes de estómago lo hacían retorcerse, pero su rostro era siempre alegre y jovial. En su cuerpo era débil pero en su espíritu era un gigante.

Después de muerto reunieron los apuntes de los estudios que hizo para preparar sus sermones y suman 17 gruesos volúmenes. La Comunidad Franciscana lo eligió por dos veces como Vicario General, y aprovechó este altísimo cargo para tratar de reformar la vida religiosa de los franciscanos, llegando a conseguir que en toda Europa esta Orden religiosa llegara a un gran fervor.

Muchos se le oponían a sus ideas de reformar y de volver más fervorosos a los religiosos. Y lo que más lo hacía sufrir era que la oposición venía de sus mismos colegas en el apostolado. Se cumplía en él lo que dice el Salmo: “Aquél que comía conmigo el pan en la misma mesa, se ha declarado en contra de mí”. Pero esas incomprensiones le sirvieron para no dedicarse a buscar las alabanzas de las gentes, sino las felicitaciones de Dios. Él repetía la frase de San Pablo: “Si lo que busco es agradar a la gente, ya no seré siervo de Cristo”.

Juan tenía unas dotes nada comunes para la diplomacia. Era sabio, era prudente, y medía muy bien sus juicios y sus palabras. Había sido juez y gobernador y sabía tratar muy bien a las personas. Por eso cuatro Pontífices (Martín V, Eugenio IV, Nicolás V y Calixto III) lo emplearon como embajador en muchas y muy delicadas misiones diplomáticas y con muy buenos resultados. Tres veces le ofrecieron los Sumos Pontífices nombrarlo obispo de importantes ciudades, pero prefirió seguir siendo humilde predicador, pobre y sin títulos honoríficos.

40 años llevaba Juan predicando de ciudad en ciudad y de nación en nación, con enormes frutos espirituales, cuando a la edad de 70 años lo llamó Dios a que le colaborara en la liberación de sus católicos en Hungría. Y fue de la siguiente manera. En 1453 los turcos musulmanes se habían apoderado de Constantinopla, y se propusieron invadir a Europa para acabar con el cristianismo. Y se dirigieron a Hungría.

Las noticias que llegaban de Serbia, nación invadida por los turcos, eran impresionantes. Crueldades salvajes contra los que no quisieran renegar de la fe en Cristo, y destrucción de todo lo que fuera cristiano católico. Entonces Juan se fue a Hungría y recorrió toda la nación predicando al pueblo, incitándolo a salir entusiasta en defensa de su santa religión. Las multitudes respondieron a su llamado, y pronto se formó un buen ejército de creyentes.

Los musulmanes llegaron cerca de Belgrado con 200 cañones, una gran flota de barcos de guerra por el río Danubio, y 50,000 terribles jenízaros de a caballo, armados hasta los dientes. Los jefes católicos pensaron en retirarse porque eran muy inferiores en número. Pero fue aquí cuando intervino Juan de Capistrano. El gran misionero salvó a la ciudad de Bucarest de tres modos:

El primero, convenciendo al jefe católico Hunyades a que atacara la flota turca que era mucho más numerosa. Atacaron y salieron vencedores los católicos.

El segundo, fue cuando ya los católicos estaban dispuestos a abandonar la fortaleza de la ciudad y salir huyendo. Entonces Juan se dedicó a animarlos, llevando en sus manos una bandera con una cruz y gritando sin cesar: Jesús, Jesús, Jesús. Los combatientes cristianos se llenaron de valor y resistieron heroicamente.

Y el tercer modo, fue cuando ya Hunyades y sus generales estaban dispuestos a abandonar la ciudad, juzgando la situación insostenible, ante la tremenda desproporción entre las fuerzas católicas y las enemigas, Juan recorrió todos los batallones gritando entusiasmado: “Creyentes valientes, todos a defender nuestra santa religión”. Entonces los católicos dieron el asalto final y derrotaron totalmente a los enemigos que tuvieron que abandonar aquella región.

Jamás empleó armas materiales. Sus armas eran la oración, la penitencia y la fuerza irresistible de su predicación. Las gentes decían que aquellos cuarteles de guerreros más parecían casas de religiosos que campamentos militares, porque allí se rezaba y se vivía una vida llena de virtudes. Todos los capellanes celebraban cada día la santa misa y predicaban. Muchísimos soldados se confesaban y comulgaban. Y los militares repetían en sus batallones: “Tenemos un capellán santo. Hay que portarse de manera digna de este gran sacerdote que nos dirige. Si nos portamos mal no vamos a conseguir victorias sino derrotas”. Y los oficiales afirmaban: “Este padrecito tiene más autoridad sobre nuestros soldados, que el mismo jefe de la nación”.

Mientras los católicos luchaban con las armas en Hungría, el Sumo Pontífice hacía rezar en todo el mundo el Angelus (o tres Avemarías diarias) por los guerreros católicos y la Sma. Virgen consiguió de su Hijo una gran victoria. Con razón en Budapest le levantaron una gran estatua a San Juan de Capistrano, porque salvó la ciudad de caer en manos de los más crueles enemigos de nuestra santa religión.

Y sucedió que la cantidad de muertos en aquella descomunal batalla fue tan grande, que los cadáveres dispersados por los campos llenaron el aire de putrefacción y se desató una furiosa epidemia de tifo. San Juan de Capistrano había ofrecido a Dios su vida con tal de conseguir la victoria contra los enemigos del catolicismo, y Dios le aceptó su oferta. El santo se contagió de tifo, y como estaba tan débil a causa de tantos trabajos y de tantas penitencias, murió el 23 de octubre de 1456.

(http://www.ewtn.com/spanish/Saints/Juan_Capistrano.htm)