15 marzo, 2025

San Longinos, el centurión que traspasó el Santísimo costado de Nuestro Señor Jesucristo

 

 

¡Oh! San Longinos, vos, sois el hijo del Dios de la Vida,
su mártir y amado santo, y que, por órdenes de Pilatos,
estuvisteis con otros soldados al pie de la cruz de Nuestro
Señor y fuisteis el que traspasó su costado con una lanza.
Además, sois quien, al ver los terremotos y estruendos
de la naturaleza que se produjeron a la muerte de Cristo,
pronunciasteis la frase que os hizo el primer convertido
a la fe cristiana: «Verdaderamente, Éste era Hijo de Dios».
Vos, estabais quedando ciego y al dar la lanzada, una gota
del Salvador cayó sobre vuestros ojos y os dejó sano al instante;
y por ello, abandonasteis la carrera militar y después
de haber sido instruido por los apóstoles, llevasteis una
vida monástica en Cesárea, donde ganasteis muchas almas
para Cristo por medio de la palabra y del ejemplo. Pero,
pronto caísteis en manos de los perseguidores, que os
llevaron a juicio y como vos, os rehusasteis a ofrecer
sacrificios, el gobernador ordenó que se os quebrantaran
a golpes todos vuestros dientes y que, os cortaran la
lengua. Sin embargo, vos, cogisteis una hacha y redujisteis
a polvo los ídolos, de donde salió una horda de demonios
que se apoderó del gobernador y sus ayudantes, que
comenzaron a dar gritos y gemidos espeluznantes. Luego,
fuisteis hacia el gobernador y le dijisteis que solo con
vuestra muerte podría ser curado, por lo que fuisteis
condenado a ser decapitado. Y, por increíble que parezca
tan pronto os ejecutaron, el gobernador se arrepintió
y en el mismo momento recuperó la cordura y terminó su
vida haciendo buenas obras, hasta el final de sus días;
¡Oh! San Longinos, «vivo siervo al pie de la Cruz de Cristo».

© 2025 by Luis Ernesto Chacón Delgado

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15 de Marzo
San Longinos
Traspasó con su lanza el costado de Cristo
y creyó en Él

San Longinos fue el centurión que por órdenes de Pilatos, estuvo con otros soldados al pie de la cruz de Nuestro Señor y el que traspasó su costado con una lanza. Longinos fue quien, al ver las portentosas convulsiones de la naturaleza que se produjeron a la muerte de Cristo, pronunció la famosa frase que le hizo el primer convertido a la fe cristiana: «Verdaderamente, Este era Hijo de Dios».

También se dice que se estaba quedando ciego y al dar la lanzada, una gota del Salvador cayó sobre sus ojos y lo dejó sano al instante; por tal razón, abandonó la carrera de soldado y después de haber sido instruido por los apóstoles, llevó una vida monástica en Cesárea, Capadocia, donde ganó muchas almas para Cristo por medio de palabras y ejemplo.

Muy pronto cayó en manos de los perseguidores, que lo llevaron a juicio y como se rehusó a ofrecer sacrificio, el gobernador ordenó que se le quebrantaran a golpes todos los dientes y que le cortaran la lengua. Sin embargo, el santo cogió una hacha y redujo a fragmentos los ídolos, de donde salió una horda de demonios que se apoderó del gobernador y sus ayudantes, que comenzaron a dar gritos y gemidos.

Longinos fue hacia el gobernador y le dijo que solo con su muerte podrá ser curado, por lo que fue condenado a ser decapitado. Tan pronto fue ejecutado el santo, el gobernador mostró su arrepentimiento y en el mismo momento recuperó la cordura y terminó su vida haciendo toda clase de buenas obras.

(https://www.aciprensa.com/santos/santo.php?id=82)

13 marzo, 2025

Santa Eufrasia, Virgen Renunció a sus privilegios por amor a Cristo

 Puede ser una imagen de 1 persona y texto

¡Oh! Santa Eufrasia, vos, sois la hija del Dios de la Vida
y su amada santa, que, siendo hija de un pariente del Emperador
Teodosio Primero, al morir vuestro padre, os criasteis bajo
la protección del emperador y al cumplir los cinco años de
edad, os comprometió en matrimonio con el hijo de un rico
senador. Vuestra madre, comenzó a ser solicitada en matrimonio
muy asiduamente, tanto que, partisteis a Egipto y os refugiasteis
un convento. Vos, ya de siete años, os sentisteis atraída por

la vida religiosa y rogasteis a las monjas que os permitieran
permanecer con ellas, y tomasteis los hábitos como novicia
a la edad de ocho años. Al fallecer vuestra madre, permanecisteis
en la soledad del convento creciendo en gracia y hermosura.
Cuando cumplisteis doce años, Arcadio emperador, recordó la
promesa que había hecho a su sucesor, y envió un mensaje al
convento egipcio, rogando a vos, volvieseis para casaros con
el senador a quien había prometido. Vos, os negasteis a
abandonar el convento y escribisteis una carta al emperador
suplicando que os dejara en libertad, y que vendiese todos
los bienes heredados de vuestros padres para que sean dados
a los pobres, y dejar libres a todos los esclavos de vuestra
casa. El emperador accedió a todos vuestros deseos, y vos,
seguisteis viviendo en el convento, pero, comenzasteis a sufrir
tentaciones. Entonces, la abadesa, os confió humillantes
tareas para distraer vuestra atención. Antes de morir, con Julia
vuestra compañera de celda y vuestra abadesa os imploraron
que vos, obtuvieseis la gracia de estar con vos en el cielo.
Tres días después de que vos, fallecierais Julia falleció y poco
tiempo después, vuestra abadesa, cumpliendo así sus deseos.
Y, así, voló vuestra alma al cielo para coronada ser de luz
como justo premio a vuestra entrega de amor y fe. ¡Aleluya!
¡Oh! Santa Eufrasia, «vivo amor por el Dios de la Vida y del Amor».

© 2025 by Luis Ernesto Chacón Delgado


13 de Marzo
Santa Eufrasia,
Virgen
Renunció a sus privilegios por amor a Cristo

Hija de un pariente del Emperador Teodosio I, al morir su padre, Eufrasia se crió bajo la protección del emperador y al cumplir los cinco años de edad, éste la comprometió en matrimonio con el hijo de un rico senador. La madre de Eufrasia comenzó a ser solicitada en matrimonio con tanta asiduidad, que decidió partir a Egipto y refugiarse en un convento. Eufrasia de siete años, se sintió atraída fuertemente hacia la vida religiosa y rogó a las monjas que le permitieran permanecer con ellas, tomando los hábitos como novicia a la edad de ocho años. Pronto su madre falleció, y la santa permaneció en la soledad del convento creciendo en gracia y hermosura.

Cuando la muchacha cumplió los doce, el Emperador Arcadio recordó la promesa que había hecho a su sucesor de Teodosio I y envió un mensaje al convento de Egipto rogando a Eufrasia que regresara a casarse con el senador a quien había prometido. La santa se negó a abandonar el convento y escribió una carta al emperador suplicando que la dejara en libertad, que vendiese todos los bienes heredados de sus padres para que sean distribuidos entre los pobres así como dejar libres a todos los esclavos de su casa.

El emperador accedió a los deseos de Eufrasia, quien prosiguió su vida habitual en el convento; sin embargo la santa comenzó sufrir tentaciones para lo cual la abadesa, le confió duras y humillantes tareas para distraer su atención. Ya en su lecho de muerte, tanto Julia su compañera de celda y la abadesa le imploraron a la santa que le obtuviera la gracia de estar con ella en el cielo. Tres días después de la muerte de Eufrasia, Julia falleció y poco tiempo después, lo hizo la abadesa.

(http://www.aciprensa.com/santos/santo.php?id=79)

 

12 marzo, 2025

San Lus Orione, Fundador de la Pequeña Obra de la Divina Providencia

 Comienza la Novena a San Luis Orione - Pequenas Hermanas

    

¡Oh!, San Luis Orione, vos, sois el hijo del Dios de la Vida,
su amado santo y alumno de San Juan Bosco, por ello, sus pasos
seguisteis, fundando colegios para los pobres y desposeídos.
Instituisteis un nuevo y especial voto: “fidelidad al Papa”.
Vuestro sueño: la unión de las Iglesias separadas y que, ojalá,
así sea. La libertad, la unidad de la Iglesia, la “cuestión
romana”, el modernismo, el socialismo y la cristianización
del mundo obrero, fueron los problemas por los que os interesasteis
con sublime esperanza. En medio de devastadores terremotos,
la mano tendisteis a vuestros hermanos de aquél tiempo. Sin
duda la “Congregación de las Pequeñas Hermanas Misioneras
de la Caridad”, las “Hermanas Adoratrices Sacramentinas Invidentes”,
y las “Contemplativas de Jesús Crucificado”, para gloria de Dios
Padre, fundasteis. Los “Pequeños Cottolengos” para los que sufren
y los abandonados, fueron los “nuevos púlpitos” desde los cuales
se habla de Cristo, y de la Iglesia. América y Europa saben de vos,
y de vuestra entrega de amor, y más; Nuestra Señora a quien os
encomendabais vuestro trabajo y la paz del mundo. Vos, decíais:
“no es entre las palmeras donde deseo vivir y morir, sino entre
los pobres que son Jesucristo”. Y, así, cumplida vuestra misión,
vuestra alma abandonó este mundo suspirando: “!Jesús! !Jesús!
¡Voy!”. Y, Dios Padre, os recibió, para coronaros con corona de luz
como justo premio a vuestra entrega increíble de amor, fe y luz.
Vuestro cuerpo incorrupto en la primera exhumación, fue puesto
en un lugar de honor en el santuario de la Virgen de la Guardia
de Tortona y, Juan Pablo II, inscribió vuestro nombre como Beato;
¡oh!, San Luis Orione, “Vivo amor por el Dios de la Vida y del Amor”.

© 2025 by Luis Ernesto Chacón Delgado
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12 de Marzo
San Luis Orione
Fundador de la Pequeña
Obra de la Divina Providencia y de la Congregación de las
Pequeñas Religiosas Misioneras de la Caridad

Luis Orione nació en Pontecurone, diócesis de Tortona, el 23 de junio de 1872. A los 13 años fue recibido en el convento franciscano de Voghera (Pavía) que abandonó después de un año por motivos de salud. De 1886 a 1889 fue alumno de San Juan Bosco en el Oratorio de Valdocco de Turín.

El 16 de octubre de 1889 entró en el seminario de Tortona. Siendo todavía un joven clérigo, se dedicó a vivir la solidaridad con el prójimo en la Sociedad de Mutuo Socorro San Marciano y en la Conferencia de San Vicente. El 3 de julio de 1892, abrió en Tortona el primer Oratorio para cuidar la educación cristiana de los jóvenes. Al año siguiente, el 15 de octubre de 1893, Luis Orione, un clérigo de 21 años, abrió un colegio para chicos pobres en el barrio San Bernardino.

El 13 de abril de 1895, Luis Orione fue ordenado sacerdote y, al mismo tiempo, el Obispo impuso el hábito clerical a seis alumnos de su colegio. En poco tiempo, Don Orione abrió nuevas casas en Mornico Losana (Pavía), en Noto (Sicilia), en Sanremo, en Roma.

Alrededor del joven Fundador crecieron clérigos y sacerdotes que formaron el primer núcleo de la Pequeña Obra de la Divina Providencia. En 1899 inició la rama de los ermitaños de la Divina Providencia. El Obispo de Tortona, Mons. Igino Bandi, con Decreto del 21 de marzo de 1903, reconoció canónicamente a los Hijos de la Divina Providencia (sacerdotes, hermanos coadjutores y ermitaños), congregación religiosa masculina de la Pequeña Obra de la Divina providencia, dedicada a «colaborar para llevar a los pequeños, los pobres y el pueblo a la Iglesia y al Papa, mediante las obras de caridad», profesando un IV voto de especial «fidelidad al Papa».En las primeras Constituciones de 1904, entre los fines de la nueva Congregación aparece el de trabajar «para alcanzar la unión de las Iglesias separadas».

Animado por una gran pasión por la iglesia y por la salvación de las almas, se interesó activamente por los problemas emergentes en aquel tiempo, como la libertad y la unidad de la Iglesia, la «cuestión romana», el modernismo, el socialismo, la cristianización de las masas obreras.

Socorrió heroicamente a las poblaciones damnificadas por los terremotos de Reggio y de Messina (1908) y por el de la Marsica (1915). Por deseo de Pío X fue Vicario General de la diócesis de Messina durante tres años.

A los veinte años de la fundación de los Hijos de la Divina Providencia, como en «una única planta con muchas ramas», el 29 de junio de 1915 dio inicio a la Congregación de las Pequeñas Hermanas Misioneras de la Caridad, animadas por el mismo carisma fundacional y, en el 1927, las Hermanas adoratrices Sacramentinas invidentes, a las que se añadirán después las Contemplativas de Jesús Crucificado.

Organizó a los laicos en las asociaciones de las «Damas de la Divina Providencia», los «Ex Alumnos» y los «Amigos». Después tomará cuerpo el Instituto Secular Orionino y el Movimiento Laical Orionino.

Después de la primera guerra mundial (1914-1918) se multiplicaron las escuelas, colegios, colonias agrícolas, obras caritativas y asistenciales. Entre las obras más características, creó los «Pequeños Cottolengos», para los que sufren y los abandonados, surgidos en la periferia de las grandes ciudades como «nuevos púlpitos» desde los que hablar de Cristo y de la Iglesia, «faros de fe y de humanidad».

El celo misionero de Don Orione, que ya se había manifestado con el envío a Brasil en 1913 de sus primeros religiosos, se extendió después a Argentina y Uruguay (1921), Inglaterra (1935) y Albania (1936). En 1921-1922 y en 1934-1937, él mismo realizó dos viajes a América Latina, Argentina, Brasil y Uruguay, llegando hasta Chile.

Gozó de la estima personal de los Papas y de las autoridades de la Santa Sede, que le confiaron numerosos y delicados encargos para resolver problemas y curar heridas tanto dentro de la Iglesia como en las relaciones con el mundo civil. Fue predicador, confesor y organizador infatigable de peregrinaciones, misiones, procesiones, «belenes vivientes» y otras manifestaciones populares de la fe. Muy devoto de la Virgen, promovió su devoción por todos los medios y, con el trabajo manual de sus clérigos, construyó los santuarios de la Virgen de la Guardia en Tortona y de la Virgen de Caravaggio en Fumo.

En el invierno de 1940, intentando aliviar los problemas de corazón y pulmones que sufría, fue a la casa de Sanremo, aunque, como decía, «no es entre las palmeras donde deseo vivir y morir, sino entre los pobres que son Jesucristo». Después de tan sólo tres días, rodeado del afecto de sus hermanos, Don Orione falleció el 12 de marzo de 1940, suspirando «!Jesús! !Jesús! Voy».

Su cuerpo, intacto en el momento de la primera exhumación en 1965, fue puesto en un lugar de honor en el santuario de la Virgen de la Guardia de Tortona, después de que, el 26 de octubre de 1980, Juan Pablo II inscribiera su nombre en el elenco de los Beatos.

Su Santidad Juan Pablo II lo canonizó el 16 de Mayo de 2004.

Reproducido con autorización de Vatican.va

(http://www.es.catholic.net/santoral/articulo.php?id=23821)

 

11 marzo, 2025

San Sofronio, Patriarca de Jerusalén

 santoral 11 de Marzo San Sofronio de Jerusalen

 

¡Oh! San Sofronio de Jerusalén, vos, sois el hijo del Dios de la Vida,
y su amado santo. Muy joven os sentisteis atraído por todo lo que
fuera aprender, siendo antes de ser monje, profesor de retórica. Por
ello, os llamaron “el escolástico” o “el sofista” y luego entrasteis
como monje en el monasterio de San Teodosio, cerca de Jerusalén.
En Alejandría conocisteis a San Juan Moshu, autor del escrito ascético
“El prado espiritual” o “el jardín de los limoneros”, continuadora
del Patericon Egipcio, convirtiéndoos en su discípulo y juntos
peregrinaron a través de Siria, Palestina, Egipto y Roma. Muerto
San Juan Moshu, en Roma, vos, volvisteis a Jerusalén llevándoos el
cuerpo de San Juan, a quien sepultasteis en el monasterio de San
Teodosio. Junto con San Máximo «el Confesor», y comenzasteis
a luchar contra los monotelitas, apoyada por el emperador bizantino
Heraclio I. Los miafisitas creían que en Cristo había una sola
naturaleza: la divina. Vos, fuisteis elegido patriarca de Jerusalén
y en vuestro discurso ante quienes os eligieron, rechazasteis
la enseñanza monotelita, que fue enviada en forma de carta encíclica
al Papa Honorio y a todos los demás patriarcas, en la que incluía
numerosas citas de fuentes patrísticas, apoyando la existencia de
las dos naturalezas en Cristo: la Divna y la Humana. Vos, además
participasteis en la lucha por la defensa de Jerusalén, pero os visteis
forzado a mediar sobre las condiciones de la rendición de la Ciudad
Santa con los conquistadores árabes, cuando fue tomada por Omar.
Un día delante de la puerta de la Iglesia del Santo Sepulcro,
invitasteis a Omar a entrar en ella, pero el califa se negó diciendo
que si lo hacía, en adelante, sus seguidores cobrarían derechos sobre
esta iglesia, e increíblemente las cosas sucedieron exactamente así,
pues más tarde, todas las iglesias en las que Omar entró fueron
transformadas en mezquitas, lo que no ocurrió con la Iglesia del
Santo Sepulcro, que hasta el día de hoy y para gloria del Dios Vivo
y eterno, se ha mantenido como santuario cristiano. Vos, además
tuvisteis certero éxito en la obtención de derechos civiles
y religiosos para los cristianos, pero a cambio de pagar anualmente
un tributo. Y así, y luego de haber gastado vuestra santa vida en
buena lid, voló vuestra alma al cielo, para coronada ser con
corona de luz, como justo premio a vuestro amor y fe por Cristo;
¡Oh! San Sofronio de Jerusalén, «vivo Amor por el Dios Vivo y eterno».

© 2025 by Luis Ernesto Chacón Delgado

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11 de marzo
San Sofronio
Patriarca de Jerusalén

San Sofronio nació en Damasco en el año 550 (o 560) siendo árabes sus antepasados. Sus padres, Plinthas y Mira eran piadosos. Siendo muy joven se sentía atraído por todo lo que fuera aprender por lo que, antes de ser monje, fue profesor de retórica. Por ese motivo se le llamó “el escolástico” o “el sofista”. Entró como monje en el monasterio de San Teodosio, cerca de Jerusalén.

Posteriormente marchó a Alejandría donde conoció a San Juan Moshu, que es el autor del escrito ascético “Leimon ho leimonon” o el “Leimonarion” (“El prado espiritual” o “el jardín de los limoneros”), obra que es considerada como la continuación del Patericon Egipcio (Apophthegmata Patrum). Sofronio se convirtió en su discípulo y juntos peregrinaron a través de Siria, Palestina, Egipto y Roma.

Después de la muerte de San Juan Moshu en Roma, San Sofronio se volvió a Jerusalén llevándose consigo el cuerpo de San Juan, que sepultó en el cementerio del monasterio de San Teodosio. Junto con San Máximo el Confesor, San Sofronio comenzó a luchar contra los monotelitas, siendo el primero que se dio cuenta del peligro que suponía esta doctrina que era apoyada por el emperador bizantino Heraclio I (610-641), con la intención de conseguir la reunificación entre la Iglesia miafisita (coptos) y la Iglesia de Constantinopla con el fin último de reforzar las fronteras orientales del Imperio. Los miafisitas creían que en Cristo había una sola naturaleza – la divina – ya que la naturaleza humana desapareció en la naturaleza divina.  

En el año 633, mientras San Sofronio se encontraba aun en Egipto, tuvo una disputa con el Patriarca monotelita Ciro de Alejandría y posteriormente, también con el Patriarca Sergio de Constantinopla al que no pudo convencer sobre la justicia de la fe ortodoxa. Sofronio fue elegido patriarca de Jerusalén en el año 634 y en su discurso ante quienes lo eligieron, rechazó enérgicamente la enseñanza monotelita, siendo enviado este discurso posteriormente en forma de carta encíclica al Papa Honorio y a todos los demás patriarcas. En esta encíclica se incluye numerosas citas de fuentes patrísticas, apoyando la existencia de las dos naturalezas en Cristo (ver el artículo sobre San Máximo el Confesor).  

El Patriarca Sofronio participó activamente en la lucha por la defensa de Jerusalén, pero se vio forzado a mediar sobre las condiciones de la rendición de la Ciudad Santa con los conquistadores árabes, cuando esta fue tomada por Omar en el año 637. Se dice que estando delante de la puerta de la Iglesia del Santo Sepulcro, invitó a Omar a entrar en ella, pero el califa se negó diciendo que si lo hacía, en adelante, sus seguidores cobrarían derechos sobre esta iglesia. Las cosas sucedieron exactamente así, pues más tarde, todas las iglesias en las que Omar entró fueron transformadas en mezquitas, lo que no ocurrió con la Iglesia del Santo Sepulcro, que hasta el día de hoy se ha mantenido como santuario cristiano. San Sofronio tuvo éxito en la obtención de determinados derechos civiles y religiosos para los cristianos, pero a cambio de pagar anualmente un tributo. Un año después de este triste acontecimiento, falleció: exactamente el día 11 de marzo del año 638.

(https://www.aciprensa.com/recursos/biografia-4318)

10 marzo, 2025

San Simplicio, Pontífice 47

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10 de marzo
San Simplicio
Pontífice 47
 
Cada 10 de marzo se celebra al Papa San Simplicio, pontífice número 47 de la Iglesia Católica, quien gobernó al Pueblo de Dios entre los años 468 y 483. Se trata de una figura clave de la historia universal porque durante su pontificado se produjo la caída y fin del imperio romano de Occidente (año 476), después de que el emperador Rómulo Augústulo fue depuesto por Odoacro, rey de la tribu germánica de los hérulos.
 
Una Iglesia sin el apoyo imperial
 
Aquellos fueron tiempos de grandes cambios para el mundo conocido, y particularmente para los cristianos. Precisamente en ese contexto, Simplicio se convirtió en un férreo defensor de la autoridad de la Sede de Pedro y la independencia de la Iglesia Católica respecto del poder político, sobre todo porque desde Bizancio (imperio romano de Oriente) llegaban señales que invitaban a la unificación del fuero político con el religioso.
 
La unificación del poder espiritual con el poder temporal era algo que suscitaba dudas y polémica en Occidente, ya que muchos pensaban que la Iglesia no debía estar sujeta a otro “orden” que no fuese el que proviene de Dios.
 
Nuevas herejías y separación de fueros
 
A la par, el Papa Simplicio se vio obligado a salir al paso de los problemas doctrinales originados por la herejía monofisita del siglo V. Esta postulaba que Jesucristo, Hijo de Dios, poseía una única naturaleza: la divina, lo que constituía un rechazo a su humanidad e iba en detrimento de la dignidad del género humano, precisamente objeto de su obra redentora.
 
En el año 476, el usurpador Flavio Basilisco se apoderó del trono de Zenón, emperador romano de Oriente, y mandó publicar un edicto de carácter religioso rechazando el Concilio de Calcedonia, realizado en 451, es decir, 25 años antes. En este concilio se había condenado el monofisismo. 
 
Simplicio rechazó el edicto de Zenón por considerarlo una intromisión del poder temporal en asuntos de la Iglesia, y tomó una serie de medidas para garantizar que se enseñe y divulgue la verdadera doctrina sobre Jesucristo, contenida en las definiciones del concilio.
 
Sin perder tiempo, Simplicio inició una comunicación epistolar con Acacio, obispo de Constantinopla, y con el mismo Flavio Basilisco, exhortando a ambos a mantenerse fieles a la enseñanza heredada de los Apóstoles. “Esta misma norma de doctrina apostólica se mantiene firmemente por sus sucesores -los de Pedro-, a quien el Señor confió el cuidado de todo el rebaño de ovejas, a quien prometió no dejarle hasta el fin de los tiempos”, escribió el Papa Simplicio el 10 enero del año 476.
 
Urbi et Orbi
 
El santo no solo miró a Oriente; en Europa Occidental se preocupó por nombrar obispos que fueran celosos guardianes de la unidad de la Iglesia, capaces de aclarar cuestiones doctrinales. Entre sus decisiones más importantes estuvo el nombramiento de un obispo como su representante plenipotenciario. Ese fue el caso del obispo de Sevilla -también de nombre Zenón- nombrado Vicario Papal en España para salvaguardar los intereses de la Iglesia en medio de la debacle imperial en la Península, situación que amenazaba la unidad episcopal en ese territorio.
 
San Simplicio inauguró con este tipo de medidas un nuevo tipo de pontificado que habría de desarrollarse en “escenarios” sin precedentes hasta ese entonces, en los que se iban presentando retos distintos. Es en esas circunstancias donde el Papa dio los primeros pasos marcando el derrotero para sus sucesores: la Iglesia ha de estar de cara a la sociedad y el mundo, haciendo presente la Palabra de Dios anunciada por Jesucristo. Es la idea de que la Iglesia no se cierra sobre sí misma, sino que debe cumplir el papel de faro que ilumina en la oscuridad y que, al mismo tiempo, acoge y vela por sus miembros santificando sus vidas.
 
San Simplicio Papa falleció el 10 de marzo del año 483.(ACI prensa).

09 marzo, 2025

Domingo 1 (C) de Cuaresma

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Domingo 09 de marzo
Domingo 1 (C) de Cuaresma
 
Texto del Evangelio (Lc 4,1-13): En aquel tiempo, Jesús, lleno de Espíritu Santo, se volvió del Jordán, y era conducido por el Espíritu en el desierto, durante cuarenta días, tentado por el diablo. No comió nada en aquellos días y, al cabo de ellos, sintió hambre. Entonces el diablo le dijo: «Si eres Hijo de Dios, di a esta piedra que se convierta en pan». Jesús le respondió: «Está escrito: ‘No sólo de pan vive el hombre’».
 
Llevándole a una altura le mostró en un instante todos los reinos de la tierra; y le dijo el diablo: «Te daré todo el poder y la gloria de estos reinos, porque a mí me ha sido entregada, y se la doy a quien quiero. Si, pues, me adoras, toda será tuya». Jesús le respondió: «Está escrito: ‘Adorarás al Señor tu Dios y sólo a Él darás culto’».
 
Le llevó a Jerusalén, y le puso sobre el alero del Templo, y le dijo: «Si eres Hijo de Dios, tírate de aquí abajo; porque está escrito: ‘A sus ángeles te encomendará para que te guarden’. Y: ‘En sus manos te llevarán para que no ttoda tentación, el diablo se alejó de Él hasta un tiempo oportuno.ropiece tu pie en piedra alguna’». Jesús le respondió: «Está dicho: ‘No tentarás al Señor tu Dios’». Acabada
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«Era conducido por el Espíritu en el desierto, durante cuarenta días, tentado por el diablo»
P. Josep LAPLANA OSB Monje de Montserrat (Montserrat, Barcelona, España)
 
Hoy, Jesús, «lleno de Espíritu Santo» (Lc 4,1), se adentra en el desierto, lejos de los hombres, para experimentar de forma inmediata y sensible su dependencia absoluta del Padre. Jesús se siente agredido por el hambre y este momento de desfallecimiento es aprovechado por el Maligno, que lo tienta con la intención de destruir el núcleo mismo de la identidad de Jesús como Hijo de Dios: su adhesión sustancial e incondicional al Padre. Con los ojos puestos en Cristo, vencedor del mal, los cristianos hoy nos sentimos estimulados a adentrarnos en el camino de la Cuaresma. Nos empuja a ello el deseo de autenticidad: ser plenamente aquello que somos, discípulos de Jesús y, con Él, hijos de Dios. Por esto queremos profundizar en nuestra adhesión honda a Jesucristo y a su programa de vida que es el Evangelio: «No sólo de pan vive el hombre» (Lc 4,4).
Como Jesús en el desierto, armados con la sabiduría de la Escritura, nos sentimos llamados a proclamar en nuestro mundo consumista que el hombre está diseñado a escala divina y que sólo puede colmar su hambre de felicidad cuando abre de par en par las puertas de su vida a Jesucristo Redentor del hombre. Esto comporta vencer multitud de tentaciones que quieren empequeñecer nuestra vocación humano-divina. Con el ejemplo y con la fuerza de Jesús tentado en el desierto, desenmascaremos las muchas mentiras sobre el hombre que nos son dichas sistemáticamente desde los medios de comunicación social y desde el medio ambiente pagano donde vivimos.
San Benito dedica el capítulo 49 de su Regla a “La observancia cuaresmal” y exhorta a «borrar en estos días santos las negligencias de otros tiempos (...), dándonos a la oración con lágrimas, a la lectura, a la compunción del corazón y a la abstinencia (...), a ofrecer a Dios alguna cosa por propia voluntad con el fin de dar gozo al Espíritu Santo (...) y a esperar con deseo espiritual la Santa Pascua».
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Pensamientos para el Evangelio de hoy
 
«Si hemos sido tentados en Él, también en Él venceremos al diablo. ¿Te fijas en que Cristo fue tentado, y no te fijas en que venció? Reconócete a ti mismo tentado en Él, y reconócete también vencedor en Él» (San Agustín)
«Cuando estamos en tentación, la Palabra de Jesús nos salva. Y Jesús es grande porque no solo nos hace salir de la tentación, sino que nos da más confianza» (Francisco)
«La tentación de Jesús manifiesta la manera que tiene de ser Mesías el Hijo de Dios, en oposición a la que le propone Satanás y a la que los hombres le quieren atribuir. Es por eso por lo que Cristo venció al Tentador a favor nuestro: ‘Pues no tenemos un Sumo Sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras flaquezas, sino probado en todo igual que nosotros, excepto en el pecado’ (Hb 4,15). La Iglesia se une todos los años, durante los cuarenta días de Cuaresma, al Misterio de Jesús en el desierto» (Catecismo de la Iglesia Católica, nº 540). (evangeli net)


08 marzo, 2025

San Juan de Dios, Fundador de la Comunidad de Hermanos Hospitalarios de San Juan de Dios

 Puede ser una imagen de 3 personas

  

¡Oh!; San Juan de Dios, vos, sois el hijo del Dios de la Vida,
su amado santo y  fundador de la “Comunidad de los Hermanos
Hospitalarios”, que lleva  vuestro nombre. Pastor y luego
soldado, allí, os hicisteis fuerte y resistente para el sufrir. La
Divina Providencia, siempre de vuestro lado estuvo, tanto que,
Nuestra Señora, os salvó de ahorcado ser. Después de la milicia,
vendedor os hicisteis de estampas y religiosos libros. Y, el buen
Jesús, que nunca os dejó, bajo la apariencia de “niño pobre” os
dijo: “Granada será tu cruz”. Y, así fue. “¡Misericordia Señor,
que soy un pecador!”, gritasteis por las calles, a Dios pidiendo
perdón y os confesasteis con San Juan de Ávila y os propusisteis
penitencia especial hacer: fingiros el “loco” para que la gente
os humillara y os hiciera sufrir. Y, la gente, “loco” os creyó,
tanto que, os lanzaban piedras y os daban de golpes y hasta que,
llevado fuisteis al manicomio, y, en él, azotado, para “calmaros”.
Pero, a vos, no os atormentaban ni disgustaban los azotes que os
daban, sino que, feliz a Dios, los ofrecíais. Durante vuestra
estancia, a los pobres y enfermos visteis y, cómo en él, tratados
eran, y, por ello, fundar decidisteis un hospital donde “sólo amor
se diese y sólo amor, como medicina”. Allí, lego en medicina,
erais más, cuando a curar el alma enseñabais y después
el cuerpo. “Loco de amor”, toda vuestra santa vida la gastasteis
en ayudar a los enfermos miserables por amor a Cristo Jesús.
De enfermero, cocinero, barrendero, mandadero, padre y amigo
hicisteis. Por la noche, limosnas pedíais para vuestros
pobres, diciendo: “¡Haced el bien hermanos, para vuestro bien!”.
Y, luego, cerca de la medianoche hacíais el aseo del hospital,
y a la madrugada os echabais a dormir un poco debajo de una escalera.
Dios, os daba muestras de que con vos, estaba, salvándoos siempre
de varios peligros. Un día os recogió una rica señora, para
curaros y exclamasteis: “Oh, estas comodidades son demasiado lujo
para mí que soy tan miserable pecador”. Y, más tarde, sintiendo
que os llegaba la santa muerte, os arrodillasteis en el suelo
y exclamasteis: “¡Jesús, Jesús, en tus manos me encomiendo!”. Y, así,
voló, vuestra alma al cielo, para coronada ser, con corona de luz,
como justo premio a vuestra entrega increíble de amor. Santo
Patrono de los que trabajan en los hospitales y de los que
propagan la fe con religiosos libros en todo el orbe de la tierra;
¡oh!; San Juan de Dios; “viva locura de Amor por Cristo Jesús”.

© 2025 by Luis Ernesto Chacón Delgado
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8 de Marzo
San Juan de Dios
Fundador de la Comunidad
de Hermanos Hospitalarios
de San Juan de Dios
Año 1550

Nació y murió un 8 de marzo. Nace en Portugal en 1495 y muere en Granada, España, en 1550 a los 55 años de edad. De familia pobre pero muy piadosa. Su madre murió cuando él era todavía joven. Su padre murió como religioso en un convento. En su juventud fue pastor, muy apreciado por el dueño de la finca donde trabajaba. Le propusieron que se casara con la hija del patrón y así quedaría como heredero de aquellas posesiones, pero él dispuso permanecer libre de compromisos económicos y caseros pues deseaba dedicarse a labores más espirituales.

Estuvo de soldado bajo las órdenes del genio de la guerra, Carlos V en batallas muy famosas. La vida militar lo hizo fuerte, resistente y sufrido.

La Santísima Virgen lo salvó de ser ahorcado, pues una vez lo pusieron en la guerra a cuidar un gran depósito y por no haber estado lo suficientemente alerta, los enemigos se llevaron todo. Su coronel dispuso mandarlo ahorcar, pero Juan se encomendó con toda fe a la Madre de Dios y logró que le perdonaran la vida. Y dejó la milicia, porque para eso no era muy adaptado.

Salido del ejército, quiso hacer un poco de apostolado y se dedicó a hacer de vendedor ambulante de estampas y libros religiosos.

Cuando iba llegando a la ciudad de Granada vio a un niñito muy pobre y muy necesitado y se ofreció bondadosamente a ayudarlo. Aquel “pobrecito” era la representación de Jesús Niño, el cual le dijo: “Granada será tu cruz”, y desapareció.

Estando Juan en Granada de vendedor ambulante de libros religiosos, de pronto llegó a predicar una misión el famoso Padre San Luis de Avila. Juan asistió a uno de sus elocuentes sermones, y en pleno sermón, cuando el predicador hablaba contra la vida de pecado, nuestro hombre se arrodillo y empezó a gritar: “Misericordia Señor, que soy un pecador”, y salió gritando por las calles, pidiendo perdón a Dios. Tenía unos 40 años.

Se confesó con San Juan de Avila y se propuso una penitencia muy especial: hacerse el loco para que la gente lo humillara y lo hiciera sufrir muchísimo.

Repartió entre los pobres todo lo que tenía en su pequeña librería, empezó a deambular por las calles de la ciudad pidiendo misericordia a Dios por todos su pecados.

La gente lo creyó loco y empezaron a atacarlo a pedradas y golpes.

Al fin lo llevaron al manicomio y los encargados le dieron fuertes palizas, pues ese era el medio que tenían en aquel tiempo para calmar a los locos: azotarlos fuertemente. Pero ellos notaban que Juan no se disgustaba por los azotes que le daban, sino que lo ofrecía todo a Dios. Pero al mismo tiempo corregía a los guardias y les llamaba la atención por el modo tan brutal que tenían de tratar a los pobres enfermos.

Aquella estadía de Juan en ese manicomio, que era un verdadero infierno, fue verdaderamente providencial, porque se dio cuenta del gran error que es pretender curar las enfermedades mentales con métodos de tortura. Y cuando quede libre fundará un hospital, y allí, aunque él sabe poco de medicina, demostrará que él es mucho mejor que los médicos, sobre todo en lo relativo a las enfermedades mentales, y enseñará con su ejemplo que a ciertos enfermos hay que curarles primero el alma si se quiere obtener después la curación de su cuerpo.

Sus religiosos atienden enfermos mentales en todos los continentes y con grandes y maravillosos resultados, empleando siempre los métodos de la bondad y de la comprensión, en vez del rigor de la tortura.

Cuando San Juan de Avila volvió a la ciudad y supo que a su convertido lo tenían en un manicomio, fue y logró sacarlo y le aconsejó que ya no hiciera más la penitencia de hacerse el loco para ser martirizado por las gentes. Ahora se dedicará a una verdadera “locura de amor”: gastar toda su vida y sus energías a ayudar a los enfermos más miserables por amor a Cristo Jesús, a quien ellos representan.

Juan alquila una casa vieja y allí empieza a recibir a cualquier enfermo, mendigo, loco, anciano, huérfano y desamparado que le pida su ayuda. Durante todo el día atiende a cada uno con el más exquisito cariño, haciendo de enfermero, cocinero, barrendero, mandadero, padre, amigo y hermano de todos. Por la noche se va por la calle pidiendo limosnas para sus pobres.

Pronto se hizo popular en toda Granada el grito de Juan en las noches por las calles. El iba con unos morrales y unas ollas gritando: ¡Haced el bien hermanos, para vuestro bien! Las gentes salían a la puerta de sus casas y le regalaban cuanto les había sobrado de la comida del día. Al volver cerca de medianoche se dedicaba a hacer aseo en el hospital, y a la madrugada se echaba a dormir un rato debajo de una escalera. Un verdadero héroe de la caridad.

El señor obispo, admirado por la gran obra de caridad que Juan estaba haciendo, le añadió dos palabras a su nombre de pila, y empezó a llamarlo “Juan de Dios”, y así lo llamó toda la gente en adelante. Luego, como este hombre cambiaba frecuentemente su vestido bueno por los harapos de los pobres que encontraba en las calles, el prelado le dio una túnica negra como uniforme; así se vistió hasta su muerte, y así han vestido sus religiosos por varios siglos.

Un día su hospital se incendió y Juan de Dios entró varias veces por entre las llamas a sacar a los enfermos y aunque pasaba por en medio de enormes llamaradas no sufría quemaduras, y logró salvarle la vida a todos aquellos pobres.

Otro día el río bajaba enormemente crecido y arrastraba muchos troncos y palos. Juan necesitaba abundante leña para el invierno, porque en Granada hace mucho frío y a los ancianos les gustaba calentarse alrededor de la hoguera. Entonces se fue al río a sacar troncos, pero uno de sus compañeros, muy joven, se adentró imprudentemente entre las violentas aguas y se lo llevó la corriente. El santo se lanzó al agua a tratar de salvarle la vida, y como el río bajaba supremamente frío, esto le hizo daño para su enfermedad de artritis y empezó a sufrir espantosos dolores.

Después de tantísimos trabajos, ayunos y trasnochadas por hacer el bien , y resfriados por ayudar a sus enfermos, la salud de Juan de Dios se debilitó totalmente. El hacía todo lo posible porque nadie se diera cuenta de los espantosos dolores que lo atormentaban día y noche, pero al fin ya no fue capaz de simular más. Sobre todo la artritis le tenía sus piernas retorcidas y le causaba dolores indecibles. Entonces una venerable señora de la ciudad obtuvo del señor obispo autorización para llevarlo a su casa y cuidarlo un poco.

El santo se fue ante el Santísimo Sacramento del altar y por largo tiempo rezó con todo el fervor antes de despedirse de su amado hospital. Le confió la dirección de su obra a Antonio Martín, un hombre a quien él había convertido y había logrado que se hiciera religioso, y colaborador suyo, junto con otro hombre a quien Antonio odiaba; y después de amigarlos, logró el santo que le ayudaran en su obra en favor de los pobres, como dos buenos amigos.

Al llegar al la casa de la rica señora, exclamó Juan: “Oh, estas comodidades son demasiado lujo para mí que soy tan miserable pecador”. Allí trataron de curarlo de su dolorosa enfermedad, pero ya era demasiado tarde.

El 8 de marzo de 1550, sintiendo que le llegaba la muerte, se arrodilló en el suelo y exclamó: “Jesús, Jesús, en tus manos me encomiendo”, y quedó muerto, así de rodillas.

Había trabajado incansablemente durante diez años dirigiendo su hospital de pobres, con tantos problemas económicos que a veces ni se atrevía a salir a la calle a causa de las muchísimas deudas que tenía; y con tanta humildad, que siendo el más grande santo de la ciudad se creía el más indigno pecador. El que había sido apedreado como loco, fue acompañado al cementerio por el obispo, las autoridades y todo el pueblo, como un santo.

Después de muerto obtuvo de Dios muchos milagros en favor de sus devotos y el Papa lo declaró santo en 1690. Es Patrono de los que trabajan en hospitales y de los que propagan libros religiosos.

San Juan de Dios: alcánzanos de Dios un gran amor hacia los enfermos y los pobres.

NOTA: Los religiosos Hospitalarios de San Juan de Dios son 1,500 y tienen 216 casas en el mundo para el servicio de los enfermos. Los primeros beatos de Colombia pertenecieron a esta santa Comunidad.

Todo lo que hicisteis con cada uno de estos mis hermanos enfermos, conmigo lo hicisteis (Jesucristo Mt. 25,40).

(http://www.ewtn.com/spanish/Saints/Juan_de_Dios.htm)