
Principales celebraciones de la Iglesia Católica y la vida, obra y milagros de los Santos de la Iglesia Católica.
25 abril, 2025
Viernes de la Octava de Pascua

24 abril, 2025
Jueves de la Octava de Pascua

Jueves de la Octava de Pascua
“No tengáis miedo”
¡Aleluya! ¡No tengáis miedo!
Durante los días de la Octava de Pascua, la Iglesia se esmera por mantener encendida la llama de la alegría que calienta los corazones en virtud de la resurrección de Cristo, aun cuando pueda haber dolor o sufrimiento. ¡Ese dolor ha sido redimido! ¡Que siga resonando fuerte el Aleluya! ¡Cristo ha resucitado! ¡Aleluya!
La Liturgia de la Palabra continúa presentando los hechos extraordinarios acontecidos tras la victoria del Señor sobre la muerte y el pecado, victoria sin la cual “vana sería nuestra fe” (ver: I Corintios 15,14). Jesús seguirá apareciéndose a sus discípulos para confirmarlos en su llamado, preparándolos para la misión que habrán de cumplir más adelante.
Esos discípulos, quienes en su momento dejaron abandonado al Maestro, siguen dando muestras de que “son otros”, de que en ellos, gracias al Señor, ha nacido un ‘hombre nuevo’ (Cf. Ef 4, 20-24). Ellos, llenos de confianza y fortaleza interior, siguen dando testimonio de que ese cambio viene del cielo y está dando fruto en sus vidas. Como los días anteriores, la primera lectura de la Octava está tomada de los Hechos de los Apóstoles (Hch 3, 11-26).
Jueves de la Octava de Pascua
Hoy, jueves 24 de abril, celebramos el quinto día de la Octava de Pascua. La lectura del Evangelio está tomada nuevamente del relato de San Lucas (Lc 24, 35-48), quien nos narra lo sucedido inmediatamente después del regreso, desde Emaús, de los dos discípulos que se encontraron con Jesús en el camino.
Cuando ambos llegaron al lugar donde estaban los apóstoles, les contaron todo lo que pasó, y cómo habían reconocido a Jesús “al partir el pan”. De pronto, Jesús se presentó en medio de ellos. Y aunque los saludó con la paz, todos los presentes se llenaron de miedo. “No teman, soy yo”, les dice el Señor. Jesús ha percibido el espanto o las dudas que ha producido, y los llama a confiar y a creer: “Miren mis manos y mis pies. Soy yo en persona”. No obstante los discípulos parecían no poder salir de su estupor, aunque empezó a amainar y a dar paso a la alegría. “¿Tienen aquí algo de comer?”, pregunta Jesús con la intención de ratificar que está allí en cuerpo y espíritu. Además, evoca con su pedido la familiaridad y cercanía de siempre, interrumpida por el proceso que lo condenó a muerte. Ahora, los amigos están reunidos otra vez en comunidad, en un reencuentro cuyo centro es el Maestro, quien volverá sobre las Escrituras para explicar cómo todas las profecías sobre el Mesías se han cumplido. Y en ese momento se produce otro milagro: por fin a los discípulos “se les abrió el entendimiento” y comprendieron el sentido de lo escrito siglos atrás. No obstante, la historia no acaba allí, no; recién comienza. Jesús anuncia que “en su nombre se había de predicar a todas las naciones, comenzando por Jerusalén, la necesidad de volverse a Dios para el perdón de los pecados”.
En sus Catequesis, San Cirilo de Jerusalén (315-386), refiriéndose al Bautismo como paso de la muerte a la vida, dice lo siguiente: «Cristo sí que fue realmente crucificado y su cuerpo fue realmente sepultado y realmente resucitó; a nosotros, en cambio, nos ha sido dado, por gracia, que, imitando lo que él padeció con la realidad de estas acciones, alcancemos de verdad la salvación. ¡Oh exuberante amor para con los hombres! Cristo fue quien recibió los clavos en sus inmaculadas manos y pies, sufriendo grandes dolores, y a mí, sin experimentar ningún dolor ni ninguna angustia, se me dio la salvación por la comunión de sus dolores».
Evangelio según San Lucas (Lc 24, 35-48)
Cuando los dos discípulos regresaron de Emaús y llegaron al sitio donde estaban reunidos los apóstoles, les contaron lo que les había pasado en el camino y cómo habían reconocido a Jesús al partir el pan.
Mientras hablaban de esas cosas, se presentó Jesús en medio de ellos y les dijo: “La paz esté con ustedes”. Ellos, desconcertados y llenos de temor, creían ver un fantasma. Pero él les dijo: “No teman; soy yo. ¿Por qué se espantan? ¿Por qué surgen dudas en su interior? Miren mis manos y mis pies. Soy yo en persona, tóquenme y convénzanse: un fantasma no tiene ni carne ni huesos, como ven que tengo yo”. Y les mostró las manos y los pies. Pero como ellos no acababan de creer de pura alegría y seguían atónitos, les dijo: “¿Tienen aquí algo de comer?” Le ofrecieron un trozo de pescado asado; él lo tomó y se puso a comer delante de ellos.
Después les dijo: “Lo que ha sucedido es aquello de que les hablaba yo, cuando aún estaba con ustedes: que tenía que cumplirse todo lo que estaba escrito de mí en la ley de Moisés, en los profetas y en los salmos”.
Entonces les abrió el entendimiento para que comprendieran las Escrituras y les dijo: “Está escrito que el Mesías tenía que padecer y había de resucitar de entre los muertos al tercer día, y que en su nombre se había de predicar a todas las naciones, comenzando por Jerusalén, la necesidad de volverse a Dios para el perdón de los pecados. Ustedes son testigos de esto”.(ACI prensa).
22 abril, 2025
Martes de la Octava de Pascua
21 abril, 2025
Lunes del Ángel
21 de abril
Lunes del Ángel
Hoy, 21 de abril, segundo día de la Octava de Pascua, la Iglesia celebra el ‘Lunes del Ángel’, llamado así para que ningún cristiano olvide que fue un ángel el encargado de anunciar que Cristo había resucitado.
Un ángel fue el que dijo a las mujeres llegadas al sepulcro que Cristo ya no debía ser contado más entre los muertos: “¿Por qué buscan entre los muertos al que está vivo? No está aquí, ha resucitado” (Lc 24, 5-6).
Considerando que cada detalle en torno a la Resurrección del Señor está repleto de sentido, no podemos sino darle gracias a Dios por enviarnos mensajeros, sus ángeles, para anunciar las grandezas de la salvación. Es a través de ellos como los hombres hemos conocido importantes acontecimientos y aspectos de la providencia amorosa del Creador.
La palabra ‘ángel’ procede del latín angĕlus, transliteración del griego ἄγγελος [ángelos], que quiere decir “mensajero”.
¿Por qué ‘Lunes del Ángel’?
Las razones son varias. Para empezar, este día puede ser una ocasión para recordar al querido San Juan Pablo II, quien el 4 de abril de 1994, lunes de la Octava de Pascua de aquel año, reflexionó sobre el sentido de esta conmemoración y su raíz teológica. En su alocución, tras el rezo del Regina Coeli, el Papa Santo dijo:
Comunicado de Michael P. Warsaw, presidente del Consejo y Director Ejecutivo de EWTN, sobre la muerte del Papa Francisco
«¿Por qué se le llama así? Me parece que es acertado ese nombre: ‘Lunes del Ángel’. Conviene dejar un poco de espacio a este ángel, que dijo desde lo más profundo del sepulcro: “Ha resucitado”… Estas palabras —Ha resucitado— eran muy difíciles de pronunciar, de expresar, para una persona humana. También las mujeres que fueron al sepulcro lo encontraron vacío, pero no pudieron decir: Ha resucitado, sólo afirmaron que el sepulcro estaba vacío. El ángel dice más: “No está aquí, ha resucitado”».
El Evangelio de San Mateo es la fuente de donde San Juan Pablo II toma las palabras del ángel del Señor y que reproduce en su discurso. Dice el evangelista:
«El ángel tomó la palabra y les dijo a las mujeres: “Vosotras no tengáis miedo; ya sé que buscáis a Jesús, el crucificado. No está aquí, porque ha resucitado como había dicho. Venid a ver el sitio donde estaba puesto. Marchad enseguida y decid a sus discípulos que ha resucitado de entre los muertos; irá delante de vosotros a Galilea: allí le veréis. Mirad que os lo he dicho”» (Mt 28, 5-7).
Finalmente, un Lunes del Ángel es propicio para profundizar en la sabiduría de Dios que ha dispuesto que sus ángeles sean mediadores entre Él y cada uno de nosotros. Los ángeles custodian, advierten y comunican los dones de Dios en el día a día de nuestras vidas.
Mensajeros de la salvación
Es importante recordar que los ángeles son servidores y mensajeros de Dios. Como criaturas puramente espirituales, tienen inteligencia y voluntad. Son seres personales e inmortales; carecen de corporalidad y, por estar en presencia de Dios eternamente, superan en perfección a todas las criaturas visibles.
Cristo es el centro y cabeza de los ángeles y estos le obedecen porque aman la voluntad de Dios. Por eso, Dios les encomendó el anuncio de sus designios salvíficos. Es importante saber que la Escritura y la Tradición bastan para entender el papel de los ángeles y que es indispensable evitar deformaciones sobre su naturaleza y misión que vienen de visiones ajenas al cristianismo, como en el caso de la llamada ‘nueva era’. En el paganismo o en las distintas formas de sincretismo los ángeles aparecen como seres subordinados a los intereses o deseos humanos, más que a la voluntad de Dios.
Y la Virgen escuchó de boca del ángel: “Alégrate, María”
Desde hoy hasta el final de la cincuentena de Pascua, el día de Pentecostés, se reza la oración del Regina Coeli [Reina del Cielo] en lugar del Ángelus. De manera semejante, vale decir, al concluir el rezo del Santo Rosario, podemos reemplazar la Salve por esta misma oración.
En el año 2009, el Papa Benedicto XVI recordaba que el “Alégrate, María” pronunciado por el ángel resuena como una invitación a la alegría: “Gaude et laetare, Virgo Maria, alleluia, quia surrexit Dominus vere, alleluia”, es decir: “Alégrate y regocíjate, Virgen María, aleluya, porque verdaderamente el Señor ha resucitado, aleluya”.
Regina Coeli
Reina del cielo alégrate; aleluya.
Porque el Señor a quien has merecido llevar; aleluya.
Ha resucitado según su palabra; aleluya.
Ruega al Señor por nosotros; aleluya.
Gózate y alégrate, Virgen María; aleluya.
Porque verdaderamente ha resucitado el Señor; aleluya.
Oremos
Oh Dios, que en la gloriosa resurrección de tu Hijo has devuelto la alegría al mundo entero, por intercesión de la Virgen María, concédenos disfrutar de la alegría de la vida eterna. Por Cristo, Nuestro Señor. Amén.(ACI prensa).
20 abril, 2025
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19 abril, 2025
Sábado Santo

17 abril, 2025
Jueves Santo

