19 julio, 2025

Santa Justa y Santa Rufina Mártires y patronas de Sevilla

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 ¡Oh! Santas, Justa y Rufina vosotras sois las hijas
del Dios de la Vida, sus Mártires y amadas santas
que soportasteis crueles suplicios, prisión, inanición
y otras torturas. Vos, Justa entregasteis vuestra vida
en prisión, y vos Rufina, fuisteis degollada. Vosotras
hermanas carnales y de  firmes convicciones cristianas
 ayudando al prójimo y evangelizando. Un día los paganos
recaudaban dinero para su "diosa" y vosotras os
negasteis a pagarlo por ser contrario a vuestra fe y, a la
vez la hicisteis añicos, desatando la ira de las devotas
que se lanzaron sobre vosotras, siendo encarcelarlas.
En la cárcel, os animaban a que abandonasen vuestras
creencias, pero vosotras os negasteis a pesar de las
amenazas. Sufristeis el tormento del potro para luego
ser torturadas con garfios de hierro y jamás nunca
abdicasteis y vuestros verdugos, os encerraron en la
cárcel, para sufrir de hambre y sed; sobreviviendo
heroicamente a esta condena y castigadas otra
vez, caminando descalzas hasta llegar a Sierra Morena.
¡Y así, lo hicieron! Y, viendo que nada os vencía, esta
vez, os encarcelaron hasta morir, y la primera en fallecer
fuiste vos, Justa; y vuestro cuerpo tirado a un pozo,
que recuperó después el obispo Sabino. Rufina, vos, os
negasteis a sucumbir con facilidad, y por ello, fuisteis
arrojada al anfiteatro dejándoos a expensas de un león
que solo movió la cola y lamió vuestras vestiduras.
El Prefecto, fuera de sí, y montado en cólera y rabia,
no aguantó más, y os mandó degollar y quemar vuestro
cuerpo, y nuevamente el obispo Sabino recogió vuestros
restos y os enterró junto a vuestra hermana. Y por ello,
por la entrega de vuestras almas, el Dios de la Vida y del
Amor, os coronó con coronas de luz y de eternidad;
¡Oh!, Santas, Justa y Rufina, “vivos luceros del Dios Vivo”.


© 2025 Luis Ernesto Chacón Delgado
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19 de julio
Santa Justa y Santa Rufina
Mártires y patronas de Sevilla
 
Cada 19 de julio la Iglesia celebra a dos mujeres españolas del siglo III, las hermanas Santa Justa y Santa Rufina, mártires, patronas de la ciudad de Sevilla (España), así como de los alfareros, pues ellas se ganaron la vida vendiendo cerámicas.
 
En Sevilla, su tierra natal, se les celebra el día 17 de julio, mientras que en el resto de España y en otros lugares el día central de las celebraciones es el 19 de julio. 
 
Más allá de la controversia
 
Existe una antigua controversia en torno a estas santas y su historicidad, dado que muchas de las fuentes en las que son mencionadas carecen de rigurosidad absoluta, sea por su temprana elaboración o por los típicos errores que abundan en los escritos de la antigüedad. Sin embargo, la tradición que las venera goza de tal fortaleza que hace perfectamente creíbles sus testimonios.
 
La Enciclopedia Católica señala: “Solamente Santa Justa es mencionada en el ‘Martyrologium Hieronymianum’, pero en los martirologios históricos (Quentin, “Les martyrologes historiques”) se le menciona como ‘Justina’”. Esto ha inducido a más de uno a ciertos malentendidos ocasionados por el nombre y a confundir a las hermanas con otras mujeres mártires. Lamentablemente, recién a partir de documentos del siglo VI ambas hermanas aparecen con los nombres con los que se les venera hoy. En consideración a esto (una fuente del siglo VI es una fuente considerada “cercana”) y a la tradición, reforzada por las Actas, es posible sostener que “no hay duda de que ambas santas son mártires históricas de la Iglesia española” (Enciclopedia Católica).
 
Hijas de la Iglesia
 
Las santas Justa y Rufina, fueron dos hermanas nacidas en Sevilla (España) en el siglo III. Ellas siendo aún muy jóvenes murieron martirizadas durante la persecución organizada por el emperador romano Diocleciano, según los antiguos relatos, por haberse negado a participar de los rituales ofrecidos a la diosa pagana Salambó (Salambona).
 
Justa y Rufina nacieron aproximadamente entre los años 268 y 270, en territorio perteneciente a Andalucía, Hispania, cuando esta formaba parte de los territorios de la península anexados al Imperio romano. Las hermanas eran parte de una familia muy modesta, pero de firmes costumbres y sólida fe cristiana.
 
Sus padres murieron cuando eran unas niñas. Entonces, el obispo de la ciudad, cercano a la familia, decidió apoyarlas y velar por ellas, animándolas a perseverar en la fe y la virtud. Luego, los cristianos las ayudaron a aprender un oficio -alfarería- con el que pudiesen ganarse la vida honradamente.
 
Comerciantes esforzadas e íntegras
 
Las hermanas se dedicaron a vender los recipientes de cerámica que hacían. Agradecidas con Dios por no haberlas abandonado, participaban activamente de la comunidad cristiana de su ciudad: oraban y asistían a la Eucaristía.
 
La gente del pueblo las conocía por su caridad y benevolencia, que concedían a todos sin distinción, sean paganos o cristianos. Las hermanas no temían dar testimonio de su fe frente a nadie y, en actitud ejemplar, pedían siempre por la conversión de los no cristianos. Proclamaban al Señor y enseñaban su doctrina a los gentiles.
 
Hacia el año 287, durante las celebraciones en honor a Venus, un grupo de mujeres pasó recorriendo las calles de Sevilla con un ídolo de la diosa Salambona (equivalente babilónico de Venus) cargado en hombros. Cuando estas divisaron a Justa y Rufina, les pidieron el donativo habitual para la festividad, además de que se hinquen y adoren a la estatuilla de la diosa. Las hermanas se negaron a entregar dinero y rechazaron rendir pleitesía alguna a la imagen. El desaire provocó la ira de la turba, que se lanzó contra ellas.
 
Firmes en la fe por la gracia
 
Diogeniano, prefecto romano en Sevilla, en respuesta a la “provocación” mandó apresar a Justa y Rufina, las interrogó y las amenazó con crueles tormentos si persistían en defender la religión cristiana. Sin embargo, pese a las amenazas, las santas se resistieron a renegar de su fe, exclamando que solo adorarían a Jesucristo:
 
"Eso que vos llamáis la diosa Salambona, no era más que un despreciable cacharro de barro cocido; nosotras adoramos al único Dios verdadero que está en los Cielos, y a su Hijo Jesucristo que se hizo hombre y murió por nosotros para salvarnos de nuestros pecados...".
 
Tras las crueles torturas, Santa Justa murió a causa del debilitamiento, encerrada en una celda sin agua ni alimento. Por su lado, Santa Rufina, quien sobrevivió brevemente a su hermana, terminó degollada por orden directa de Diogeniano.
 
Valientes sevillanas 
 
La tradición ha hecho de las santas hermanas las patronas de Sevilla y de los gremios de alfareros y cacharreros. También lo son de Valencia, Palencia y otras ciudades de España. Sus restos fueron venerados en esta ciudad desde el tiempo de su martirio hasta la invasión árabe en el año 711, cuando tuvieron que ser escondidos para su protección.
 
El siglo pasado dichos restos fueron redescubiertos en Alcalá de los Gazules (Cádiz); y hoy, debajo de la iglesia de la Trinidad en Sevilla, pueden encontrarse las celdas en las que Justa y Rufina pasaron sus últimas horas.(ACI prensa).

18 julio, 2025

San Arnulfo de Metz Obispo, patrono de los cerveceros y de la cerveza

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18 de julio
San Arnulfo de Metz
Obispo
 
Cada 18 de julio la Iglesia Católica celebra a San Arnulfo de Metz, obispo, santo de origen franco, conocido como el ‘patrono de la cerveza’.
 
Arnulfo vivió entre finales del siglo VI y la primera parte del siglo VII y se desempeñó como consejero e intendente del palacio merovingio de la antigua Austrasia (nombre con el que se designaba a la parte nororiental del reino Franco) hasta que abandonó la vida secular para abrazar la vida religiosa.
 
La virtud y la cerveza 
 
San Arnulfo o Arnoldo (ambos nombres se usan indistintamente en español) es patrono de la cerveza y de los cerveceros. 
 
Sin embargo, como señalaba hace unos años el P. José de Jesús Aguilar, subdirector de Radio y Televisión de la Arquidiócesis de México, el mencionado patronazgo no debe ser entendido como “de la embriaguez o de los borrachos, porque eso no tiene nada de santidad”. “La embriaguez es parte del pecado de gula”, añadía el P. Aguilar.
 
Sobre las razones de este patronazgo, el P. Aguilar explicaba que “durante cierta época la gente utilizaba los ríos como basureros e incluso la gente lanzaba [a las aguas] cadáveres de personas y animales, por lo que tomar agua de los ríos llegaba a ocasionar la muerte”.
 
Por eso y “para prevenir enfermedades y la peste”, el santo, como parte de su ministerio, “predicaba sobre el peligro de tomar agua en tales circunstancias. Arnulfo recomendaba tomar cerveza porque en aquella región se elaboraba con mucha facilidad”, concluye el P. Aguilar. 
 
La virtud de la cerveza
 
Resulta interesante que el proceso de preparación de la cerveza -que incluye la fermentación de la cebada y la cocción en agua- fuera identificado como “saludable” en la antigüedad, en contraposición al consumo directo de agua que pudiera estar contaminada. 
 
En otras palabras, la intuición de San Arnulfo y los cerveceros de su época pudo haber salvado muchas vidas. 
 
Nada humano es ajeno a la Iglesia 
 
San Arnulfo fue un santo profundamente humano, preocupado por la salud espiritual de los fieles, así como de su salud corporal. Su vida, en muchos sentidos, tuvo poco de “extraordinaria” si se consideran los estándares de la época. En otro sentido, su vida resulta ejemplar y única. 
 
Nació en el año 580 en el seno de una familia acomodada en Mosela, un territorio que perteneció a los antiguos merovingios y hoy es parte de Austria .
 
En su juventud entró al servicio de la corte bajo Brunegilda, princesa visigoda, y el rey Teodoberto II, rey franco de Austrasia, quien lo incluyó en la lista regular de oficiales reales: fue comandante militar y tuvo seis provincias bajo su responsabilidad.
 
En el año 612 renunció a todos sus cargos y, pese a estar casado y tener dos hijos, fue autorizado para ingresar a la vida religiosa. Fue ordenado sacerdote y luego obispo de Metz, sede que ocupó por un acuerdo entre el poder civil y el eclesiástico. En el año 627 se retiró al monasterio de Remiremont (Francia), donde falleció el 19 de julio de 640, a los 57 años. 
 
El milagro de la cerveza
 
Un año después de su muerte, los pobladores de los alrededores del monasterio pidieron que su cuerpo fuera exhumado y llevado a su ciudad de Metz para enterrarlo en la iglesia local, en la que predicó a Cristo con todas sus fuerzas, y donde también habló de las virtudes de la cerveza.
 
Según la tradición, durante el viaje de traslado de los restos del santo -que resultó largo y agotador- los fieles a quienes se les encargó la tarea, muertos de sed, se detuvieron para comprar cerveza a un comerciante local, al lado del camino. Lamentablemente descubrieron que quedaba muy poca, menos de un barril para compartir, y, sin embargo, la cerveza alcanzó para satisfacer la sed de todos.
 
“A esto se le conoce como el milagro de la cerveza y es la razón por la que se considera a San Arnulfo el Santo Patrón de los cerveceros y la cerveza”, afirmó el P. Aguilar, quien alienta a los fieles a pedirle al santo que esta bebida "nunca sea consumida por los niños y siempre sea bebida con moderación".(ACI prensa).

17 julio, 2025

Las dieciséis carmelitas mártires de Compiègne

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17 de Julio
Las dieciséis carmelitas mártires de Compiègne

Un día después de la fiesta de la Virgen del Carmen, hoy, 17 de julio, la Iglesia Católica recuerda a las dieciséis carmelitas mártires de Compiègne (Francia). Estas valerosas mujeres fueron asesinadas por odio a Cristo en tiempos de la Revolución Francesa (1789-1799). A estas mártires se les llama también “teresianas”, en alusión a la Beata Teresa de San Agustín, priora del monasterio carmelita de Compiègne.

Tiempos de confusión

Las carmelitas se establecieron en Compiègne en 1641 y, fieles al espíritu de Santa Teresa de Jesús, con su ejemplo se ganaron la estima de los lugareños. Sin embargo, iniciada la Revolución, se desató un régimen persecutorio contra la Iglesia y sus representantes. El convento en el que vivían las religiosas fue cerrado y sus integrantes forzadas a vivir como seglares, de acuerdo a la ley revolucionaria de 1790.

El siguiente paso fue obligar a las religiosas a firmar el llamado “juramento revolucionario”, por el que se comprometían a defender los valores de la Revolución: libertad, igualdad y fraternidad. Sometiéndose a dicha ley evitaron ser deportadas, pero tuvieron que disgregarse. Fue así que las integrantes de la comunidad pasaron a residir en cuatro casas distintas, en la clandestinidad.

Cuando la situación parecía haberse calmado un poco, Teresa de San Agustín, antigua priora del convento, propuso a sus hermanas retomar la disciplina de la vida conventual, aunque estuviesen exclaustradas. De ese modo, pese a vivir separadas, las monjas retomaron la relación de obediencia con su superiora y comenzaron a comunicarse entre ellas a diario.

“En vano se afanan sus constructores, si el Señor no protege la ciudad” (Sal 127,1)

Los ideales revolucionarios, mientras tanto, quedaban expuestos como palabras que se lleva el viento. En nombre de estos, al amparo de la “Razón” y el deseo de justicia, muchas atrocidades fueron cometidas, como la que se narra a continuación.

En determinado momento, algunos partidarios de la Revolución en Compiègne se percataron de lo que las hermanas hacían y las denunciaron ante el “Comité de Salud Pública”. De inmediato, se ordenó registrar sus casas e incautar toda "prueba de vida conventual”. Se hallaron una estampa del Sagrado Corazón, algunas cartas y escritos.

 Esto era más que suficiente para acusarlas de complotar secretamente en pos del “restablecimiento de la monarquía y la desaparición de la República”. Lo que les esperaba era, al menos, la cárcel.

Afortunadamente, algunas carmelitas lograron escapar, aunque la mayoría -unas dieciséis- fue apresada. Los revolucionarios, entonces, reunieron a las prisioneras en un solo recinto. Estando una frente a la otra, las mujeres se encomendaron a la Virgen del Carmen y acordaron retractarse del juramento revolucionario, y no aceptar más imposiciones que comprometieran su fe.

Cuando se solicitó que firmaran de nuevo el juramento, las carmelitas se negaron. Acto seguido, fueron acusadas de “conspiradoras contra la Revolución”.

En la “Ciudad de la Luz”

Las dieciséis fueron enviadas rumbo a París, con las manos atadas, encima de dos carretas con paja. Al arribar a su destino fueron encerradas en la prisión de la Conciergerie, que tenía la fama de ser la antesala de la guillotina. Allí las ubicaron, al lado de presos comunes y, por supuesto, de presbíteros, religiosos y laicos comprometidos acusados de conspiradores también.

En la prisión, las carmelitas se convirtieron en modelo de piedad y firmeza. Establecieron una suerte de régimen de oración conventual y lo cumplían frente a todos, carceleros y reos, sin ningún temor. Las monjas, incluso, se las arreglaron para celebrar a la Virgen del Carmen el 16 de julio.

Aquel fue un día glorioso en la prisión, en el que se pudo respirar algo de serena alegría y solemnidad.

Vestidas de blanco, llevando palmas en las manos

A la mañana siguiente, 17 de julio de 1794, las hermanas comparecieron ante el Tribunal Revolucionario. Este sentenció la pena de muerte para todas; la forma de la ejecución: muerte por decapitación.

Al pie de la guillotina, las carmelitas cantaron el “Te Deum”, renovaron sus promesas y votos, y subieron una por una a entregar la vida, como ofrenda a Cristo. Así se cumpliría lo que cien años antes había vaticinado una carmelita de la misma comunidad de Compiègne. Aquella religiosa tuvo una visión en la que aparecían las monjas del monasterio vestidas de blanco, llevando la palma del martirio en las manos.

Las dieciséis carmelitas de Compiègne fueron beatificadas por el Papa San Pío X en 1906.

(https://www.aciprensa.com/noticias/hoy-se-recuerda-a-16-carmelitas-martires-decapitadas-durante-la-revolucion-francesa-56300)

16 julio, 2025

Nuestra Señora del Carmen, patrona de los marineros y pescadores

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 ¡Oh!, Nuestra Señora del Carmen, Vos, sois la Virgen
“Bienaventurada del Monte Carmelo”, monte en el que Elías
logró, que el pueblo de Israel, a dar culto volviese
al Dios Vivo y eterno que, más tarde, algunos, buscando
la soledad se retiraron para hacer eremítica vida, origen
dando a vuestra orden de contemplativa vida, que os tiene
como “Patrona y Protectora”, Santa Madre de Dios. Desde
los ermitaños establecidos en el Monte Carmelo: “Los
Carmelitas”, por su profunda devoción a Vos, Santísima
Virgen, conocidos son porque ellos, la nube interpretaron
de la visión de Elías, como símbolo Vuestro. Cinco siglos
antes de la proclamación como santísimo dogma, el
misal Carmelita contenía una Misa para Vos, “Inmaculada
Concepción”. Con Elías, profeta, que la pureza de la fe
en el Dios único y verdadero defendió; Vuestra Orden,
“frutos vivos de la fe” ha dado como: Santa Teresa de Ávila,
San Juan de la Cruz, Santa Teresa del Niño Jesús y Santa
Teresa Benedicta de la Cruz, en los tiempos modernos.
Los Carmelitas desde siempre han difundido vuestra devoción,
señalándoos como modelo de oración, contemplación
y de dedicación a Dios, porque Vos, creísteis que Jesús,
Verbo encarnado, el cúlmen es, del encuentro del hombre
con Dios. Los marineros, mucho antes de la cibernética
de las estrellas, para marcar su rumbo en la mar dependían
y por ello, a Vos, se os dirigen como, “Estrella del Mar”,
que guía por las aguas tortuosas y difíciles de la vida, hacia
el puerto seguro que es Cristo Jesús, Dios y Señor Nuestro.
Y, el día aquél en que, por la invasión de los sarracenos,
obligados se vieron a abandonar el Monte Carmelo, Vos, Madre
de Dios, os aparecisteis mientras cantaban el “Salve Regina”
y os prometió ser para vosotros su “Estrella del Mar”. Y, así,
acompañasteis y acompañáis a vuestros hijos, esparcidos
sobre la faz de la tierra, vistiendo hábito en honor a Vos,
porque sus vidas os pertenecen a Vos, y por Vos, a Cristo Jesús;
¡Oh!, Nuestra Señora del Carmen, “Viva Estrella del Mar de Dios”.

© 2025 by Luis Ernesto Chacón Delgado

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16 de julio
Nuestra Señora del Carmen
Advocación Mariana
Patrona de los marineros y pescadores

Memoria de la Bienaventurada Virgen María del Monte Carmelo, monte en el que Elías consiguió que el pueblo de Israel volviese a dar culto al Dios vivo y en el que, más tarde, algunos, buscando la soledad, se retiraron para hacer vida eremítica, dando origen con el correr del tiempo a una orden religiosa de vida contemplativa, que tiene como patrona y protectora a la Madre de Dios.

Desde los antiguos ermitaños que se establecieron en el Monte Carmelo, Los Carmelitas han sido conocidos por su profunda devoción a la Santísima Virgen. Ellos interpretaron la nube de la visión de Elías (1 Reyes 18, 44) como un símbolo de la Virgen María Inmaculada. Ya en el siglo XIII, cinco siglos antes de la proclamación del dogma, el misal Carmelita contenía una Misa para la Inmaculada Concepción.

En las palabras de Benedicto XVI, 15,VII,06:
“El Carmelo, alto promontorio que se yergue en la costa oriental del Mar Mediterráneo, a la altura de Galilea, tiene en sus faldas numerosas grutas naturales, predilectas de los eremitas. El más célebre de estos hombres de Dios fue el gran profeta Elías, quien en el siglo IX antes de Cristo defendió valientemente de la contaminación de los cultos idolátricos la pureza de la fe en el Dios único y verdadero. Inspirándose en la figura de Elías, surgió al Orden contemplativa de los «Carmelitas», familia religiosa que cuenta entre sus miembros con grandes santos, como Teresa de Ávila, Juan de la Cruz, Teresa del Niño Jesús y Teresa Benedicta de la Cruz (en el siglo, Edith Stein). Los Carmelitas han difundido en el pueblo cristiano la devoción a la Santísima Virgen del Monte Carmelo, señalándola como modelo de oración, de contemplación y de dedicación a Dios. María, en efecto, antes y de modo insuperable, creyó y experimentó que Jesús, Verbo encarnado, es el culmen, la cumbre del encuentro del hombre con Dios. Acogiendo plenamente la Palabra, «llegó felizmente a la santa montaña» (Oración de la colecta de la Memoria), y vive para siempre, en alma y cuerpo, con el Señor. A la Reina del Monte Carmelo deseo hoy confiar todas las comunidades de vida contemplativa esparcidas por el mundo, de manera especial las de la Orden Carmelitana, entre las que recuerdo el monasterio de Quart, no muy lejano de aquí [Valle de Aosta]. Que María ayude a cada cristiano a encontrar a Dios en el silencio de la oración.

La estrella del Mar y los Carmelitas

Los marineros, antes de la edad de la electrónica, dependían de las estrellas para marcar su rumbo en el inmenso océano. De aquí la analogía con La Virgen María quien como, estrella del mar, nos guía por las aguas difíciles de la vida hacia el puerto seguro que es Cristo.

Por la invasión de los sarracenos, los Carmelitas se vieron obligados a abandonar el Monte Carmelo. Una antigua tradición nos dice que antes de partir se les apareció la Virgen mientras cantaban el Salve Regina y ella prometió ser para ellos su Estrella del Mar. Por ese bello nombre conocían también a la Virgen porque el Monte Carmelo se alza como una estrella junto al mar.

Los Carmelitas y la devoción a la Virgen del Carmen se difunden por el mundo

La Virgen Inmaculada, Estrella del Mar, es la Virgen del Carmen, es decir a la que desde tiempos remotos se venera en el Carmelo. Ella acompañó a los Carmelitas a medida que la orden se propagó por el mundo. A los Carmelitas se les conoce por su devoción a la Madre de Dios, ya que en ella ven el cumplimiento del ideal de Elías. Incluso se le llamó: “Los hermanos de Nuestra Señora del Monte Carmelo”. En su profesión religiosa se consagraban a Dios y a María, y tomaban el hábito en honor ella, como un recordatorio de que sus vidas le pertenecían a ella, y por ella, a Cristo.

La devoción a la Virgen del Carmen se propagó particularmente en los lugares donde los carmelitas se establecieron.

España
Entre los lugares en que se venera en España la Virgen de España como patrona está Beniaján, Murcia. Vea ahí mas imágenes.

América
Es patrona de Chile; en el Ecuador es reina de la región de Cuenca y del Azuay, recibiendo la coronación pontificia el 16 de Julio del 2002. En la iglesia del monasterio de la Asunción en Cuenca se venera hace más de 300 años. Es además venerada por muchos en todo el continente.

(http://www.es.catholic.net/op/articulos/31890/nuestra-seora-del-carmen.html)

14 julio, 2025

San Francisco Solano, "El Apóstoñ de Nuevo Mundo, Patrono de Perú, Paraguay, Chile, Bolivia y Argentina"

 Imagen


 ¡Oh!, San Francisco Solano, vos sois el hijo del Dios
del vida y su amado santo, a quien os llamaron “el
Taumaturgo del nuevo mundo” por los muchos prodigios
y milagros que, de Dios obtuvisteis en Sudamérica. Desde
pequeño, erais de corazón pacificador, pues, cuando
los sables y discordias se peleaban, la paz volvía
en el acto, gracias a vuestra intervención. Franciscano
de alma, vida y corazón, os dedicasteis a predicar
y predicar, con increíbles resultados, pues, vuestros
sermones, llegaban hasta el fondo del corazón, causando
conversiones, pues, mucho rezabais y orabais antes
de cada predicación. Vos, y Fray Buenaventura, amigo
vuestro, a los enfermos de tifo y a los más necesitados
socorristeis, tanto espiritual y materialmente. Pero,
para pena y dolor vuestro, aquél amigo se contagió
y murió. Y, vos, luego, os contagiasteis pero, Dios, os
curó, increíblemente. El rey Felipe Segundo, pidió a
los franciscanos que misioneros fueran enviados
a Sudamérica, y a vos os tocó y así, llegasteis por el Nuevo
Mundo, para predicar a los nativos. Viajasteis a pie
y sorteando incontables peligros y sufrimientos, desde Lima
hasta Tucumán y hasta las pampas y el Chaco Paraguayo,
confiando sólo en Dios y por el deseo movido de almas
salvar. Dios os concedió la eficacia de la palabra
y la gracia de la simpatía y de la buena voluntad para
conseguir a vuestros oyentes. Un Jueves Santo, predicabais,
y os enfrentasteis a los indios, crucifijo en mano, logrando
que os entendieran en su propio idioma y después, aceptaron
ser evangelizados y bautizados en la religión católica.
El Chaco Paraguayo, Uruguay, el Río de la Plata, Santa Fe
y Córdoba de Argentina, saben de vos, y vuestro amor por
el Dios Vivo. Siempre a pie, indígenas convirtiendo
y colonos españoles, y a imitación pura de vuestro patrono
San Francisco, sentíais también, cariño por los animales
de Dios. Las aves os rodeaban muy a menudo, y luego
a vuestra voz, por los aires salían alegremente cantando,
alabando al Dios de la Vida. “Si piden perdón a Dios, no
les sucederá nada malo”, dijisteis en pleno temblor.
Y, todos así, lo hicieron y nada malo sucedió aquel día allí.
“Por las maldades de estas gentes, todo lo que está a
mi alrededor será destruido y no quedará sino, el sitio
desde donde estoy predicando”. ¡Y así fue! Y, el día
en que Dios os llamó, una bandada de pajaritos cantando
entró a vuestra habitación y vos dijisteis: “Que Dios sea
glorificado”, y luego, expirasteis santamente, para, coronado
ser con corona de luz como justo premio, a vuestra entrega
increíble de amor y fe. Aquella noche vuestra habitación
se iluminó como señal de la presencia del Dios de la Vida.
¡oh!, San Francisco Solano, “vivo evangelizador del Dios Vivo”.



© 2025 by Luis Ernesto Chacón Delgado

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14 de Julio
San Francisco Solano
Misionero
(año 1610)


Francisco Solano, llamado “el Taumaturgo del nuevo mundo”, por la cantidad de prodigios y milagros que obtuvo en Sudamérica, nació en 1549, en Montilla, Andalucía, España. Su padre era alcalde de la ciudad, y el jovencito desde muy pequeño se caracterizó por su habilidad en poner paz entre los que se peleaban. Cuando había algún duelo a espada, bastaba que Francisco corriera a donde los combatientes a suplicarles que no se pelearan más, para que hicieran las paces.


Estudió con los Jesuitas, pero entró a la comunidad Franciscana porque le atraían mucho la pobreza y la vida tan sacrificada de los religiosos de San Francisco. Los primero años de sacerdocio los dedicó a predicar con gran provecho en el sur de España. Sus sermones no tenían nada de rebuscado ni de elegante, pero llegaban hasta el fondo del corazón de los pecadores y conseguían grandes conversiones. Es que rezaba mucho antes de cada predicación.


Llegó a Andalucía la peste del tifo negro y Francisco y su compañero Fray Buenaventura se dedicaron a atender a los enfermos más abandonados. Buenaventura se contagió y murió (y ahora es santo también) luego se contagió también Francisco y creyó que ya le había llegado la hora de partir para la eternidad, pero luego, de la manera más inesperada, quedó curado. Con eso se dio cuenta de que Dios lo tenía para obras apostólicas todavía más difíciles.


Pidió a sus superiores que lo enviaran de misionero al Africa, y no le fue aceptada su petición. Pero poco después el rey Felipe II pidió a los franciscanos que enviaran misioneros a Sudamérica y entonces sí fue enviado Francisco a extender la religión por estas tierras. Fue una gran alegría para su corazón.


Y sucedió que una terrible tempestad lanzó el barco contra unas rocas frente a Panamá y se partió en dos. No había sino una embarcación para volver a tierra firme, y el misionero prefirió aguardar allá en esos escollos con los esclavos negros que él había venido instruyendo durante el viaje y acompañarlos hasta que llegara otra barca a salvarlos. Y aprovechó esos tres días de terror y peligro, para acabar de instruirlos y bautizarlos allí mismo. Varios de ellos perecieron luego entre aquellas olas pero ya habían sido bautizados.


La pequeña embarcación los llevó a unas costas inhospitalarias y allá pasaron días terribles de hambre y peligros. Cuando los marineros se desesperaban lo único que podía calmarlos era la intervención del Padre Francisco. Cuando había peleas, al único que le hacían caso para dejar de pelear, era el Padre Solano. Al fin lograron que un barco los recogiera y los llevara a la ciudad de Lima.


Fray Francisco Solano recorrió el continente americano durante 20 años predicando, especialmente a los indios. Pero su viaje más largo fue el que tuvo que hacer a pie, con incontables peligros y sufrimientos, desde Lima hasta Tucumán (Argentina) y hasta las pampas y el Chaco Paraguayo. Más de 3,000 kilómetros y sin ninguna comodidad. Sólo confiando en Dios y movido por el deseo de salvar almas.


Y le sucedió en aquel gran viaje misionero, que lograba aprender con extraordinaria facilidad los dialectos de aquellos indios a las dos semanas de estar con ellos. Y le entendían todos admirablemente sus sermones. Sus compañeros misioneros se admiraban grandemente de este prodigio y lo consideraban un verdadero milagro de Dios. Pero lo más admirable es que las tribus de indios, aun las más belicosas, y opuestas a los blancos, recibían los sermones del santo con una docilidad y un provecho que parecían increíbles. Dios le había concedido la eficacia de la palabra y la gracia de conseguir la simpatía y buena voluntad de sus oyentes.


Fray Francisco llegaba a las tribus más guerreras e indómitas y aunque al principio lo recibían al son de batalla, después de predicarles por unos minutos con un crucifijo en la mano, conseguía que todos empezaran a escucharle con un corazón dócil y que se hicieran bautizar por centenares y miles.


Un Jueves Santo estando el santo predicando en La Rioja (Argentina) llegó la voz de que se acercaban millares de indios salvajes a atacar la población. El peligro era sumamente grande, todos se dispusieron a la defensa, pero Fray Francisco salió con su crucifijo en la mano y se colocó frente a los guerreros atacantes y de tal manera les habló (logrando que lo entendieran muy bien en su propio idioma) que los indígenas desistieron del ataque y poco después aceptaron ser evangelizados y bautizados en la religión católica.


El Padre Solano tenía una hermosa voz y sabía tocar muy bien el violín y la guitarra. Y en los sitios que visitaba divertía muy alegremente a sus oyentes con sus alegres canciones. Un día llegó a un convento donde los religiosos eran demasiado serios y recordando el espíritu de San Francisco de Asís que era vivir siempre interior y exteriormente alegres, se puso a cantarles y hasta a danzar tan jocosamente que aquellos frailes terminaron todos cantando, riendo y hasta bailando en honor del Señor Dios.


San Francisco Solano misionó por más de 14 años por el Chaco Paraguayo, por Uruguay, el Río de la Plata, Santa Fe y Córdoba de Argentina, siempre a pie, convirtiendo innumerables indígenas y también muchísimos colonos españoles. Su paso por cada ciudad o campo, era un renacer del fervor religioso. Un día en el pueblo llamado San Miguel, estaban en un toreo, y el toro feroz se salió del corral y empezó a cornear sin compasión por las calles. Llamaron al santo y éste se le enfrentó calmadamente al terrible animal. Y la gente vio con admiración que el bravísimo toro se le acercaba a Fray Francisco y le lamía las manos y se dejaba llevar por él otra vez al corral.


A imitación de su patrono San Francisco de Asís, el padre solano sentía gran cariño por los animalillos de Dios. Las aves lo rodeaban muy frecuentemente, y luego a una voz suya, salían por los aires revoloteando, cantando alegremente como si estuvieran alabando a Dios.


Por orden de sus superiores, los últimos años los pasó Fray Francisco en la ciudad de Lima predicando y convirtiendo pecadores. Entraba a las casas de juegos y hacía suspender aquellos vicios y llevaba a los jugadores a los templos. En los teatros, en plena función inmoral hacía suspender la representación y echaba un fogoso sermón desde el escenario, haciendo llorar y arrepentirse a muchos pecadores. En plena plaza predicaba al pueblo anunciando terribles castigos de Dios si seguían cometiendo tantos pecados y esto conseguía muchas conversiones.


Un día estando predicando en una misa la tierra empezó a temblar. Las gentes quisieron salir huyendo, pero él les dijo: “Si piden perdón a Dios, no les sucederá nada malo”. Todos pidieron perdón y nada malo sucedió aquel día allí. Otro día en pleno sermón exclamó: “Por las maldades de estas gentes, todo lo que está a mi alrededor será destruido y no quedará sino el sitio desde donde estoy predicando”. Y así sucedió años después. llegó un terremoto y destruyó el templo y todos los alrededores, y el único sitio que quedó sin que le pasara nada, fue aquel desde donde el santo había predicado.


En mayo de 1610 empezó a sentirse muy débil. Los médicos que lo atendían se admiraban de su paciencia y santidad. El 14 de julio, una bandada de pajaritos entró cantando a su habitación y el Padre Francisco exclamó: “Que Dios sea glorificado”, y expiró. Desde lejos las gentes vieron una rara iluminación en esa habitación durante toda la noche.

(http://www.ewtn.com/SPANISH/Saints/Francisco_Solano.htm)

13 julio, 2025

Domingo 15 (C) del tiempo ordinario

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13 de julio
Domingo 15 (C) del tiempo ordinario
 
Texto del Evangelio (Lc 10,25-37): En aquel tiempo, se levantó un maestro de la Ley, y para poner a prueba a Jesús, le preguntó: «Maestro, ¿que he de hacer para tener en herencia la vida eterna?». Él le dijo: «¿Qué está escrito en la Ley? ¿Cómo lees?». Respondió: «Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas y con toda tu mente; y a tu prójimo como a ti mismo». Díjole entonces: «Bien has respondido. Haz eso y vivirás».
 
Pero él, queriendo justificarse, dijo a Jesús: «Y ¿quién es mi prójimo?». Jesús respondió: «Bajaba un hombre de Jerusalén a Jericó, y cayó en manos de salteadores, que, después de despojarle y golpearle, se fueron dejándole medio muerto. Casualmente, bajaba por aquel camino un sacerdote y, al verle, dio un rodeo. De igual modo, un levita que pasaba por aquel sitio le vio y dio un rodeo. Pero un samaritano que iba de camino llegó junto a él, y al verle tuvo compasión; y, acercándose, vendó sus heridas, 
echando en ellas aceite y vino; y montándole sobre su propia cabalgadura, le llevó a una posada y cuidó de él. Al día siguiente, sacando dos denarios, se los dio al posadero y dijo: ‘Cuida de él y, si gastas algo más, te lo pagaré cuando vuelva’.
 
»¿Quién de estos tres te parece que fue prójimo del que cayó en manos de los salteadores?». Él dijo: «El que practicó la misericordia con él». Díjole Jesús: «Vete y haz tú lo mismo».
 
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«Un samaritano (...) tuvo compasión; y, acercándose, vendó sus heridas (...) y, montándole sobre su propia cabalgadura...»
Rev. D. Jordi POU i Sabater
(Sant Jordi Desvalls, Girona, España)
 
Hoy, nos preguntamos: «Y, ¿quién es mi prójimo?» (Lc 10,29). Cuentan de unos judíos que sentían curiosidad al ver desaparecer su rabino en la vigilia del sábado. Sospecharon que tenía un secreto, quizá con Dios, y confiaron a uno el encargo de seguirlo... Y así lo hizo, lleno de emoción, hasta una barriada miserable, donde vio al rabino cuidando y barriendo la casa de una mujer: era paralítica, y la servía y le preparaba una comida especial para la fiesta. Cuando volvió, le preguntaron al espía: «¿Dónde ha ido?; ¿al cielo, entre las nubes y las estrellas?». Y éste contestó: «¡No!, ha subido mucho más arriba».
 
Amar a los otros con obras es lo más alto; es donde se manifiesta el amor. ¡No pasar de largo!: «Es el propio Cristo quien alza su voz en los pobres para despertar la caridad de sus discípulos», afirma el Concilio Vaticano II en un documento.
 
Hacer de buen samaritano significa cambiar los planes («llegó junto a él»), dedicar tiempo («cuidó de él»)... Esto nos lleva a contemplar también la figura del posadero, como dijo san Juan Pablo II: «¡Qué habría podido hacer sin él? De hecho, el posadero, permaneciendo en el anonimato, realizó la mayor parte de la tarea. Todos podemos actuar como él cumpliendo las propias tareas con espíritu de servicio. Toda ocupación ofrece la oportunidad, más o menos directa, de ayudar a quien lo necesita (...). El cumplimiento fiel de los propios deberes profesionales ya es practicar el amor por las personas y la sociedad».
 
Dejarlo todo para acoger a quien lo necesita (el buen samaritano) y hacer bien el trabajo por amor (el posadero), son las dos formas de amar que nos corresponden: «‘¿Quién (...) te parece que fue prójimo?’. ‘El que practicó la misericordia con él’. Díjole Jesús: ‘Vete y haz tú lo mismo’» (Lc 10,36-37).
 
Acudamos a la Virgen María y Ella —que es modelo— nos ayude a descubrir las necesidades de los otros, materiales y espirituales.
 
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Pensamientos para el Evangelio de hoy
 
«Cuán grande y admirable cosa es la caridad. Roguemos, pues, y supliquémosle que, por su misericordia, nos permita vivir en la caridad» (San Clemente de Roma)
 
«Buen Samaritano es todo hombre sensible al sufrimiento ajeno, el hombre que ‘se conmueve’ ante la desgracia del prójimo. Es necesario cultivar esta sensibilidad del corazón, que testimonia la compasión hacia el que sufre» (San Juan Pablo II)
 
«Cuando le hacen la pregunta: ‘¿Cuál es el mandamiento mayor de la Ley?’ (Mt 22,36), Jesús responde: ‘Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente. Este es el mayor y el primer mandamiento. El segundo es semejante a éste: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos penden toda la Ley y los Profetas’ (Mt 22,37-40). El Decálogo debe ser interpretado a la luz de este doble y único mandamiento de la caridad, plenitud de la Ley» (Catecismo de la Iglesia Católica, nº 2.055)(ACI prensa).

12 julio, 2025

Santa Verónica, enjugó el sudor y la sangre de Cristo camino al Calvario

De acuerdo a la tradición, Santa Verónica fue la mujer que, conmovida por  los sufrimientos de Cristo en su camino al Calvario, se apiadó de Él y se  acercó a enjugar el 

¡Oh! Santa Verónica, vos sois la hija del Dios
de la Vida y su amada santa. Aquella mujer que,
conmovida por los dolores de Cristo en su camino 
al Calvario, os apiadiasteis de Él y os acercasteis
a enjugar el sudor y la sangre que cubrían su 
rostro, utilizando vuestro velo de cabeza. Y así,   
quedó impreso con sangre bendita el rostro de  
de vuestro amado Jesús. Hoy, convertido está, en
"reliquia definitiva" del Dios-hecho-hombre, 
semejante al Sábana Santa de Turín. Vuestro velo
era un paño liviano, muy sencillo, confeccionado 
a la usanza de la época, pero que después de haber 
quedado grabada el rostro de Cristo, está c0nvertido
en célebre objeto de incalculable valor espiritual, 
por mostrar el rostro de Nuestro Señor Jesucristo.
!Oh! Santa Verónica, "amor piadoso por el Dios Vivo"
 
 © 2025 by Luis Ernesto Chacón Delgado
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12 de Julio
Santa Verónica 
 
Cada 12 de julio la Iglesia Católica recuerda a Santa Verónica, o, simplemente, ‘la Verónica’ (Serafia); la mujer que, conmovida por los dolores de Cristo en su camino al Calvario, se apiadó de Él y se acercó a enjugar el sudor y la sangre que cubrían su rostro. De acuerdo a la tradición, ella utilizó el velo de su cabeza para este propósito, en el que quedaría ‘impreso’ con sangre el rostro de Jesús, por lo que podría afirmarse que dicho velo es como una ‘reliquia definitiva’ del Dios-hecho-hombre, semejante al caso de la Sábana Santa de Turín.
 
El velo de Santa Verónica era un paño liviano, muy sencillo, confeccionado a la usanza de la época, pero que después de haber quedado grabada la cara de Cristo en él, se convertiría en un objeto célebre, de enorme importancia e incalculable valor, puesto que es capaz de ver el rostro del Señor. Por eso, también, se le empezaría a conocer como ‘la Santa Faz’ o ‘el Velo de la Verónica’.
 
Una mujer llamada ‘Verónica’
 
El nombre ‘Verónica’ aparece en un texto apócrifo: Los hechos (actas) de Pilato, conocido también con el título de Evangelio de Nicodemo; no así en los Evangelios canónicos. Y es bastante probable que ese no haya sido su nombre real. ‘Verónica’ parece ser más bien un nombre adjudicado por la tradición, procedente del latín, producto de la yuxtaposición de los términos vera [verdadero] e icon [imagen]; ‘Verónica’ quiere decir en consecuencia ‘imagen verdadera’, ‘verdadero ícono’.
 
‘Verónica’ también podría ser la variación del nombre macedonio: ‘Berenice’. Este se encuentra documentado desde el siglo IV y posee un significado lleno de simbolismo: ‘la que lleva a la victoria’. En apoyo de esta posibilidad acuden algunos textos de la Baja Edad Media, donde aparece como el nombre de la hemorroísa de los Evangelios sinópticos, a quien Jesús curó milagrosamente.
 
De acuerdo a cierta tradición, Santa Verónica fue una mujer piadosa que vivía en Jerusalén, y que, tras la Pasión del Señor, se dirigió a Roma llevando consigo el velo con la ‘Santa Faz’. Este habría sido expuesto para la veneración pública, tocando las almas de muchas personas, quienes se habrían convertido al catolicismo con tan solo verlo. La historia en torno al ‘Velo de la Verónica’ caló tan hondo en la fe del pueblo que la ejemplar acción de la mujer ha sido perennizada en oración de la Iglesia, como es el caso de la sexta estación del Vía Crucis.
 
Otros relatos milagrosos
 
Existen tradiciones numerosas sobre el poder milagroso de Santa Verónica y su velo. Se dice que, estando en Roma, la santa tuvo un encuentro con el emperador romano Tiberio que se hallaba gravemente enfermo. Verónica lo habría hecho tocar la sagrada imagen e implorar a Dios su misericordia y Tiberio habría recuperado la salud en el acto. A partir de ese evento, la santa decidió quedarse en la capital del imperio y permanecer cerca de los Apóstoles San Pedro y San Pablo. Al morir, el velo habría pasado a manos del Papa Clemente I (ca. 88/921​ - 97/99).
 
Con motivo del primer año santo de la historia, en 1300, el Velo de la Verónica se convirtió en una de las mirabilias urbis romanae [maravillas de la ciudad de Roma] atrayendo gran cantidad de peregrinos a la Basílica de San Pedro.
 
Santa Faz de Manoppello
 
El Velo de la Verónica, sin embargo, fue trasladado varias veces a lo largo de los siglos posteriores hasta que se le perdió el rastro después del Año Santo celebrado en 1600.
 
Recientemente (1999), el sacerdote jesuita alemán Heinnrich Pfeiffer, profesor de Historia del Arte de la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma, anunció que había encontrado el sagrado paño en una iglesia de los Frailes Menores Capuchinos en Manoppello (Italia), donde habría permanecido desde 1660. Esta iglesia hoy lleva el nombre de ‘Iglesia de la Santa Faz’.
 
El Papa Benedicto XVI fue el primer Pontífice en visitar dicho santuario para orar y dirigir un discurso en el que reflexionó en torno a la esencia del cristianismo (septiembre de 2006).( ACI Prensa).