08 abril, 2016

San Pompilio

 


¡Oh!, San Pompilio, vos, sois el hijo del Dios de la vida, su amado
santo, educador y predicador, además de ser llamado “El Taumaturgo
de Nápoles”. Muy niño hallasteis un cuadro de Nuestra Señora y
frente a ella, dijisteis: “Un día, cuando yo sea sacerdote, vendré y
celebraré la misa delante de este cuadro”. Y, así fue, porque vos,
deseasteis ardientemente ser sacerdote, pero, como ya teníais otro
hermano en el seminario, vuestro padre, os negó el permiso. Pero,
él, murió con fama de santidad y vos,  fugasteis de la casa paterna,
para lograr vuestro propósito y exponiendo fuertes razones para
ello, lograsteis que vuestro padre aceptase que quedaseis con los
escolapios. Ya ordenado, os dedicasteis a enseñar a los niños pobres
en las Escuelas Pías y aunque vuestra salud era mala, a pesar de ello,
nunca faltabais a vuestras clases y vuestros alumnos mostraban
felices progresos. Veíais lo lejos lo que sucedía en otra parte, y
anunciabais los mismos. Un día estando en clase mirando a lo lejos
dijisteis a vuestros alumnos: “Algo grave está sucediendo a uno
de los nuestros”. Y, preguntasteis: “¿Quién falta en la clase?”. Y,
os respondieron: “Juan Capretti”. Y dijisteis: “Recemos por él,
porque está en grave peligro”. Y, enviando un alumno le dijisteis:
“Vaya a la casa de Juan y pregunte por él”. Y, lo encontraron en el
suelo tendido, lo sacudieron y despertó. Luego contó: “Sentí un
terribilísimo dolor de cabeza y creí que me moría. Pero de un
momento a otro como que una mano pasó sobre mi frente y recobré
la salud”. El mensajero volvió a la clase a contar lo sucedido, y vos,
dijisteis: “Dios ha escuchado la oración que dirigimos por nuestro
amigo Juan”. Vuestra devoción a Nuestra Señora era inmensa. A
todos os recomendabais: “Sean muy devotos de la Nuestra Señora”.
Más tarde, fuisteis a vuestra casa y celebrasteis una misa frente
al cuadro que de niño encontrasteis en el sótano. Y, exclamasteis:
“Bendito sea Dios que me ha permitido cumplir aquellas palabras
que de niño dije al encontrar este cuadro de la Virgen Santa en el
sótano”: “Un día celebraré misa ante la imagen de Nuestra Señora”.
Trabajabais con campesinos y pastores pobres. Andabais kilómetros y
kilómetros y se os gastaban vuestros zapatos y caminabais descalzo,
y a quien os llamaba la atención diciéndoos que esto era indigno
de un sacerdote, os respondíais: “No se afane que así andaba Nuestro
Señor”. Vuestra sotana era remendada y así, cumplíais lo que Jesús
había dicho: “Dichosos los pobres porque de ellos será el Reino
de los Cielos”. Hacíais el viacrucis en vivo y os cargabais al hombro
una cruz y descalzo subíais a la montaña rezando con el pueblo.
En Nápoles predicabais fuerte contra los usureros y los que en casas
de compraventa favorecían a los tramposos y aquellos, os inventaron
calumnias y os acusaron. Pero, el pueblo de Nápoles se manifestó
en vuestro favor, que el rey tuvo que decretar que podíais volver a
la ciudad. Vuestros milagros y prodigios eran maravillosos y a diario.
Os, elevabais por los aires mientras rezabais. Aquella vida, os agotó
mucho, y voló vuestra alma la cielo, para coronada ser de luz, como
premio a vuestra entrega de amor. Y, un día en medio de vuestros
compañeros exclamasteis: “Oh la Madre preciosa. La Mamá linda
viene a llevarme al cielo”. Y, así, os marchasteis fiel y dulcemente;
¡oh!, San Pompilio; “vivo taumaturgo del amor del Dios de la vida”.


© 2016 by Luis Ernesto Chacón Delgado

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San Pompilio
Educador y predicador
08 de Abril
(año 1766).


San Pompilio fue llamado “El Taumaturgo de Nápoles” (Taumaturgo es el que consigue milagros, el que obra prodigios).

Nació en Montecalvo (Italia) en 1710, de una familia adinerada y de mucho abolengo, o sea, con antepasados que habían sido famosos e importantes.

Cuando apenas tenía diez años se encontró en el sótano de su casa un cuadro antiquísimo de la Sma. Virgen y quitándole el polvo, lo colocó en su habitación y le dijo a la mamá: “Un día, cuando yo sea sacerdote, vendré y celebraré la misa delante de este cuadro”. Sus hermanos se reían pero él estaba seguro de que sí iba a ser así.

Su padre quería que se dedicara a administrar los bienes de la familia, pero el joven deseaba ardientemente ser sacerdote. Sin embargo como ya tenía otro hermano en el seminario, el papá le negó el permiso para hacer estudios sacerdotales, añadiendo que le bastaba con tener un hijo sacerdote.

Más sucedió que el hermano seminarista murió con gran fama de santidad y entonces nuestro joven se reafirmó en su propósito de llegar a ser sacerdote. Y como su padre se oponía, un día, después de escuchar un hermoso sermón vocacional de un Padre Escolapio se puso de acuerdo con el predicador y se fugó de la casa paterna, dejando a su padre una carta pidiéndole excusas por ese atrevimiento.

El papá corrió a la casa de los Padres Escolapios a reclamar a su hijo, pero Pompilio le demostró tan grandes deseos de llegar al sacerdocio y le expuso tan fuertes razones para ello, que su padre tuvo al fin que aceptar y lo dejó en el seminario.

A los 24 años fue ordenado sacerdote y la comunidad lo dedicó a enseñar a los niños pobres de las Escuelas Pías (Escolapios se llaman los padres que enseñan en las Escuelas Pías).

Su salud era muy deficiente y una tos continua lo hacía sufrir mucho, pero a pesar de esto nunca faltaba a sus clases y sus alumnos hacían verdaderos progresos, muy notorios a todos.

Y entonces empezó a tener fama de ver a lo lejos lo que estaba sucediendo en otra partes. De vez en cuando se quedaba con la mirada fija en la lejanía y anunciaba hechos que sucedían a gran distancia. Un día estando en clase se quedó mirando hacia lo lejos y dijo a sus alumnos: “Algo grave está sucediendo a uno de los nuestros”. Luego preguntó: “¿Quién falta en la clase?”. Le respondieron: “Juan Capretti”. Se quedó un rato pensando y exclamó: “Recemos por él, porque está en grave peligro”. Luego envió a un alumno y le dijo: “Vaya a la casa de Juan y pregunte por él”. El muchacho llegó a la casa de Capretti y preguntó si sabían dónde estaba. La mamá y la hija, que se imaginaban que estaría en la escuela, corrieron a su habitación lo encontraron tendido por el suelo. Lo sacudieron y despertó de un ataque. Luego contó: “Sentí un terribilísimo dolor de cabeza y creí que me moría. Pero de un momento a otro como que una mano pasó sobre mi frente y recobré la salud”. Cuando el mensajero volvió a la clase a contar lo sucedido, el padre Pompilio dijo muy contento a los jóvenes: “Dios ha escuchado la oración que dirigimos por nuestro amigo Juan”.

Su devoción a la Sma. Virgen era inmensa. En sus ratos libres fabricaba camándulas y las regalaba a todos los que querían rezar el rosario. A todos les recomendaba: “Sean muy devotos de la Sma. Virgen María”.
Cuando después de varios años de ser sacerdote, fue por primera vez a celebrar la Santa Misa en su casa, su madre, sin recordar lo que él había dicho en su niñez, le preparó el altar frente al cuadro que de niño había sacado del sótano. Pompilio al final de la misa exclamó: “Bendito sea Dios que me ha permitido cumplir aquellas palabras que de niño dije al encontrar este cuadro de la Virgen Santa en el subterráneo: “Un día celebraré misa ante esta imagen de la Sma. Virgen”.

Los superiores lo enviaron de misionero a pueblos muy alejados, donde no había sino campesinos y pastores pobres. El andaba kilómetros y kilómetros y se le gastaban mucho sus zapatos y no tenía dinero para reponerlos. Entonces dispuso caminar descalzo y así lo hizo por muchísimos caminos. A quien le llamaba la atención diciéndole que esto era indigno de un sacerdote, le respondía: “No se afane que así andaba Nuestro Señor”. Su sotana era de lo más remendado que se encontraba, pero así imitaba también la pobreza de Jesús, y cumplía lo que dijo el Divino Maestro: “Dichosos los pobres porque de ellos será el Reino de los Cielos”. Y con estas penitencias lograba la conversión de muchos pecadores.

En Semana Santa hacía el viacrucis al vivo y él se cargaba al hombro una pesadísima cruz y descalzo subía a una montaña rezando el santo viacrucis con el pueblo. Las gentes se admiraban de su santidad y de sus penitencias y trataban de hacer también algunos sacrificios.

Fue enviado a Nápoles y allá predicaba muy fuerte contra los usureros y los que en casas de compraventa favorecen a los tramposos. Entonces los dueños de las compraventas dispusieron inventarle toda clase de calumnias y lo acusaron ante el Sr. Arzobispo. Y lograron convencerlo. El prelado les dio permiso de que llevaran la acusación ante el rey. Y tantas mentiras dijeron que el rey decretó que el padre Pompilio debía ser expulsado.

Llegaron los policías a la casa de los Padres a llevarse al Padre al destierro, pero él subiéndose a la carroza les dijo que sin permiso del superior no podía alejarse. Y por más fuerte que les dieron a los caballos, no se movieron. Entonces llamaron al Superior el cual le dijo: “Pueden irse, Padre”, y en ese momento pareció como que les hubieran soltado las patas a los caballos y salieron a galope.

Los que lo llevaban al destierro lo vieron suspirar y le preguntaron: “¿Por qué suspira, por tener que irse al destierro?”. Y él respondió: “Suspiro porque el que se inventó todas estas calumnias, le ha tocado irse ahora para la eternidad a dar cuentas a Dios”. Y así fue. Aquel mismo día el inventor de las calumnias murió de repente.

Y el pueblo de Nápoles hizo tantas manifestaciones en favor del padre Pompilio, que el rey tuvo que decretar que podía volver a la ciudad. Pero para evitar más problemas los superiores lo dedicaron a predicar en los pueblos de los alrededores.
Y sucedió que un niño se cayó a un hoyo muy profundo y parecía que se ahogaba. La mamá llamó a nuestro santo. El se puso a rezar y el agua del pozo se fue subiendo y sacó al niño hasta la orilla, sin haberse ahogado.

Sus milagros y prodigios eran continuos y maravillosos. A veces se elevaba por los aires mientras rezaba.Pero los agotadores trabajos por la salvación de las almas lo debilitaron y en 1766, cuando apenas tenía 56 años, un día en medio de sus compañeros religiosos exclamó: “Oh la Madre preciosa. La Mamá linda viene a llevarme al cielo”. Y murió dulcemente.

Petición

Quiera Dios enviarnos muchos profesores y predicadores tan entusiastas y fervorosos como San Pompilio, aunque no logren hacer tantos milagros como él.
Tened fe y nada será imposible para vosotros. (Jesucristo)

07 abril, 2016

San Juan Bautista de la Salle

 
 
¡Oh!, San Juan Bautista de la Salle, vos, sois el hijo del Dios
de la vida, su amado santo y el fundador de los “Hermanos
Cristianos”. Vos, pertenecías a una clase adinerada, pero Dios,
encontró en vos, un instrumento para sus planes. Fundasteis
las primeras escuelas profesionales y las más antiguas escuelas
normales y, además, una Comunidad religiosa, en su género
primera en la educación en todo el mundo. En sí, un genio
en el arte de educar y enseñar. Si vos, existierais, os aterraríais
de ver que la educación se ha organizado como si Dios no
existiera y se preocupa solo, de hacer de los seres humanos
unos “animalitos” bien amaestrados. Pero, sin fe, sin Vos, Dios
de la luz y la eternidad, nada podemos. Para vos, vuestra obsesión,
obtener era la salvación del alma de vuestros educandos y crecer
en la fe. Vuestro paso por San Suplicio en París, os formaron
para toda vuestra vida. Ordenado sacerdote y por vuestra posición
social y parecíais para altos cargos eclesiásticos destinado. Un
día, murió vuestro director espiritual y os dejó encargado una obra
para niños pobres: una escuela para niños y un orfelinato para
niñas pobres, allí, la Divina Providencia os encaminó a la gran
obra que os tenía destinada: ser el reformador de la educación.
Vos, le disteis un cambio total a los antiguos métodos de educación.
Antiguamente se educaba con base en gritos y golpes, y vos,
reemplazasteis el sistema del terror por el método del amor.
El éxito de los “Hermanos Cristianos” fue inmenso desde el principio
en vuestra congregación, y, un quince de agosto os consagró a
la Santísima Virgen y desde entonces,  fervorosos propagadores
de la devoción a la Madre de Dios. Siendo de familia muy rica,
repartisteis vuestros bienes a los pobres y os dedicasteis a vivir
como uno más. Vos, renunciasteis a ser Superior General de vuestra
Congregación, y pedíais permiso hasta para hacer pequeños
gastos. Viajabais a pie, y pidiendo limosna para alimentaros,
durmiendo en casas muy pobres, llenas de plagas y, en el crudo
invierno, con varios grados bajo cero, que más tarde, os afectaron
el resto de vuestra vida. Vuestra sotana y manto eran tan pobres
y descoloridos, que no servían de limosna, para algún pobre.
Vuestra humildad, grande era que os creíais indigno de ser superior
de la comunidad. Jamás os cansasteis de recomendar a vuestros
religiosos y amigos que la preocupación número uno del educador
debe ser siempre, que los educandos crezcan en el amor a Dios y
en la caridad hacia el prójimo, y que cada maestro esforzarse
debe, con toda su alma por tratar de que los alumnos su inocencia
conserven y, si la han perdido, recuperen su amistad con Dios
por medio de la conversión y de un inmenso horror al pecado.
El educador debe de orar y dar buen ejemplo y tratar a todos
como Cristo lo recomendó en el evangelio: “haciendo a los demás
todo el bien que deseamos que los demás no hagan a nosotros”.
Y, así, luego de gastar vuestra santa vida, voló vuestra alma
al cielo, para, coronada ser de luz eterna, como premio a vuestra
entrega de amor. Patrono de los Educadores del mundo entero;
¡Oh!, San Juan Bautista de la Salle, “viva luz y amor a Dios”.

 

© 2016 by Luis Ernesto Chacón Delgado
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07 de Abril
San Juan Bautista de la Salle
Educador
(año 1719)


Es el fundador de los Hermanos Cristianos y nació en Francia en 1651. Nació en Reims y murió en Rouen, las dos ciudades que hizo famosas Santa Juana de Arco.

Su vida coincide casi exactamente con los años del famoso rey Luis XIV. Probablemente su existencia habría pasado desapercibida si se hubiera contentado con vivir de acuerdo a su clase social adinerada, sin preocuparse por hacer ninguna obra excepcional en favor del pueblo necesitado. Pero la fuerza misteriosa de la gracia de Dios encontró en él un instrumento dócil para renovar la pedagogía y fundar las primeras escuelas profesionales y las más antiguas escuelas normales y fundar una Comunidad religiosa que se ha mantenido en principalísimos puestos en la educación en todo el mundo. Este santo fue un genio de la pedagogía, o arte de educar.

Si San Juan Bautista de la Salle viviera hoy aquí en la tierra abriría los ojos aterrado al ver que la educación se ha secularizado, o sea se ha organizado como si Dios no existiera y sólo se preocupa por hacer de los seres humanos unos animalitos muy buen amaestrados, pero sin fe, sin mirar a la eternidad ni importarle nada la salvación del alma. Porque para él, lo imprescindible, lo que constituía su obsesión, era obtener la salvación del alma de los educandos y hacerlos crecer en la fe. Si no hubiera sido por estos dos fines, él no habría emprendido ninguna obra especial, porque esto era lo que en verdad le interesaba y le llamaba la atención: hacer que los educandos amaran y obedecieran a Dios y consiguieran llegar al reino eterno del cielo.

Juan Bautista había estudiado en el famoso seminario de San Suplicio en París y allí recibió una formidable formación que le sirvió para toda su vida. Fue ordenado sacerdote y por su posición social y sus hermosas cualidades parecía destinado para altos cargos eclesiásticos, cuando de pronto al morir su director espiritual lo dejó como encargado de una obra para niños pobres que el santo sacerdote había fundado: una escuela para niños y un orfelinato para niñas pobres, dirigido por unas hermanitas llamadas de El Niño Jesús. Allí en esa obra lo esperaba la Divina Providencia para encaminarlo hacia la gran obra que le tenía destinada: ser el reformador de la educación.

La Salle le dio un viraje de 180 grados a los antiguos métodos de educación. Antes se enseñaba a cada niño por aparte. Ahora La Salle los reúne por grupos para darles clases (en la actualidad eso parece tan natural, pero en aquel tiempo era una novedad). Antiguamente se educaba con base en gritos y golpes. El padre Juan Bautista reemplazaba el sistema del terror por el método del amor y de la convicción. Y los resultados fueron maravillosos. La gente se quedaba admirada al ver cómo mejoraba totalmente la juventud al ser educada con los métodos de nuestro santo.

No les enseñaba solamente cosas teóricas y abstractas, sino sobre todo aquellos conocimientos prácticos que más les iban a ser de utilidad en la vida diaria. Y todo con base en la religión y la amabilidad.
La Salle empezó a reunir a sus profesores para instruirlos en el arte de educar y para formarlos fervorosamente en la vida religiosa. Y con los más entusiastas fundó la Comunidad de Hermanos de las Escuelas Cristianas que hoy son unos 15,000 en más de mil colegios en todo el mundo. Y siguen siendo una autoridad mundial en pedagogía, en el arte de educar a la juventud. El éxito de los Hermanos Cristianos fue inmenso desde el principio de su congregación, y ya en vida del santo abrieron colegios en muchas ciudades y en varias naciones. Un 15 de agosto los consagró San Juan Bautista a la Santísima Virgen y han permanecido fervorosos propagadores de la devoción a la Madre de Dios.

Al principio algunos le fallaron porque el santo era tan bondadoso que no podía imaginar mala voluntad en ninguno de sus discípulos. Para él todo el mundo era bueno, y por mucho que lo hubieran ofendido estaba siempre dispuesto a perdonar y a volver a recibir al que había faltado. Y tuvo la prueba dolorosísima de ver que algunos lo engañaron y se dejaron contagiar por el espíritu del mundo. Pero luego sus asesores lo convencieron para que no aceptara a ciertos sujetos no confiables y que expulsara a algunos que se habían vuelto indignos. Y el santo aceptando con toda humildad y mansedumbre los buenos consejos recibidos procedió a purificar muy a tiempo su congregación.

Siendo de familia muy rica, repartió todos sus bienes entre los pobres y se dedicó a vivir como un verdadero pobre. Los últimos años cuando renunció a ser Superior General de su Congregación, pedía permiso al superior hasta para hacer los más pequeños gastos. Los viajes aunque a veces muy largos, los hacía casi siempre a pie, y pidiendo limosna para alimentarse por el camino, durmiendo en casitas pobrísimas, llenas de plagas y de incomodidades.

Una vez pasó todos los tres meses del crudísimo invierno, en una habitación sin calefacción y con ventanas llenas de rendijas y con varios grados bajo cero. Esto le trajo un terrible reumatismo que durante todo el resto de su vida le produjo tremendos dolores y las anticuadas curaciones que le hicieron para ese mal lo torturaron todavía mucho más.

En su juventud, por ser de familia muy adinerada, había gozado de una alimentación refinada y muy sabrosa. Cuando se dedicó a vivir la pobreza de una comunidad fervorosa y en la cual, los alimentos eran rudos y desagradables, tenía que aguantar muchas horas sin comer, para que su estómago fuera capaz de recibirle esos alimentos tan burdos.

Su sotana y su manto eran tan pobres y descoloridos, que un pobre no se los hubiera aceptado como limosna. Su humildad era tan grande que se creía indigno de ser el superior de la comunidad. Estaba siempre dispuesto a dejar su alto puesto y alguna vez que por calumnias dispuso la autoridad superior quitarlo de ese cargo, él aceptó inmediatamente. Pero todos los Hermanos firmaron un memorial anunciando que no aceptaban por el momento a ningún otro como superior sino al Santo Fundador y tuvo que aceptar el seguir con el superiorato.

No se cansaba de recomendar con sus palabras y sus buenos ejemplos, a sus religiosos y amigos que la preocupación número uno del educador debe ser siempre el tratar de que los educandos crezcan en el amor a Dios y en la caridad hacia el prójimo, y que cada maestro debe esforzarse con toda su alma por tratar de que los jovencitos conserven su inocencia si no la han perdido o que recuperen su amistad con Dios por medio de la conversión y de un inmenso horror al pecado y a todo lo que pueda hacer daño a la santidad y a todo lo que se oponga a la eterna salvación.

Pasaba muchas horas en oración y les insistía a sus religiosos que lo que más éxito consigue en la labor de un educador es orar, dar buen ejemplo y tratar a todos como Cristo lo recomendó en el evangelio: “haciendo a los demás todo el bien que deseamos que los demás no hagan a nosotros”.

San Juan Bautista de la Salle murió el 7 de abril de 1619 a los 68 años. Fue declarado santo por el Sumo Pontífice León XIII en el año 1900. El Papa Pío XII lo nombró Patrono de los Educadores del mundo entero.

Petición

Santo educador: tú que recomendabas que se le concediera la máxima importancia a la clase de religión, considerándola la más provechosa de todas en todo colegio y escuela, pídele al buen Dios que la clase de religión vuelva a estar en primerísimo lugar en nuestros centros de educación y no vaya a ser reemplazada jamás por otras asignaturas menos importantes. Y ruégale a Dios que nos envíe muchos y santos y muy fervorosos profesores de religión.

(http://www.ewtn.com/SPANISH/Saints/Juan_Bautista_de_la_Salle.htm)

06 abril, 2016

San Samuel




¡Oh!, San Samuel, vos, sois el hijo del Dios de la vida,
su amado santo y Profeta, a quien servisteis en su Templo
santo, y que, vuestro nombre, honor hizo al pedido de vuestra
madre de darle un hijo varón. Además, por mandato divino,
a David ungisteis rey, y, de cuyo linaje, al mundo vendría
el Salvador del Mundo. Vuestra madre, de alegría plena,
al Señor cantó así: “Mi corazón se regocija por el Señor,
porque no hay santo como nuestro Dios, pues Él, a la mujer
estéril le permite tener hijos. El Señor hunde en el abismo
y levanta; da la pobreza y la riqueza; humilla y enaltece.
El levanta del polvo al desvalido; alza de la basura al pobre.
El guarda los pasos de sus amigos. El es un Dios que sabe;
Él es quien pesa todas las acciones”. Pidió el pueblo que se
le diera un rey. Y, vos, consultasteis a Dios, y el Señor
os dijo, que el rey sería Saúl. Y, vos, lo llamasteis y
lo proclamasteis rey ante todo el pueblo. Pero, Saúl, empezó
a desobedecer a Dios, el Señor os dijo: “He retirado mi
espíritu de Saúl y lo he pasado a David. Irás a Belén y
ungirás a ese joven como rey”. Y, vos, lo ungisteis. Ya
anciano, vos, reunisteis a todo el pueblo y les dijisteis:
“Durante cuarenta años los he guiado espiritualmente. Ahora
les pido que si alguno tiene alguna queja contra mí la diga
claramente. Y si a alguno le he quitado algo o le he hecho
algún mal, que lo diga sin más”. Y el pueblo entero os
respondió: “Ningún mal nos has hecho y a nadie le has quitado
nada, y nadie tiene la menor queja contra ti”. Y, así, y
luego de haber gastado vuestra santa vida en buena lid,
voló, vuestra alma al cielo, para coronada ser con corona
de luz, como justo premio a vuestra entrega de amor y fe;
¡Oh!, San Samuel; “viva, encarnación del Dios de la vida”.

© 2016 by Luis Ernesto Chacón Delgado

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06 de Abril
San Samuel
Profeta
06 de Abril
(año 1100 a.C.)


Samuel significa “Dios me ha escuchado” (Samu: me ha escuchado El: Dios). En la S. Biblia la historia de Samuel es una de las más interesantes y hermosas. Está narrada en los libros que se titulan 1º y 2º de Samuel, en el Antiguo Testamento.

Era hijo de Elcana y Ana, dos israelitas muy creyentes. Ana tenía la enfermedad de la esterilidad que le impedía tener hijos y por eso la otra esposa de su marido la humillaba continuamente. Ana lloraba de continuo y ya no quería ni comer.

Y sucedió que un año cuando subieron a rezar en la Casa de oración de Israel en Silo, Ana se quedó mucho tiempo junto al altar rezando con mucha fe y gran fervor. Y el sacerdote Helí al verla mover tanto los labios le dijo: “Ud. debe estar borracha y así no debería venir acá”. Ella le respondió: “No estoy borracha, lo que estoy es muy angustiada y he venido a implorar el favor de mi Dios”. El sacerdote le dijo: “Vete en paz, que el Señor ha escuchado tu oración”.

Entonces Ana le hizo a Dios este voto o promesa: “Si me concedes un hijo varón, te lo ofreceré para que se dedique a servirte a Ti en la Casa de oración”. Y se volvió contenta a su casa lejana.

Y al año le dio Dios a Ana su primer hijo, al cual le puso por nombre Samuel, que significa “Dios me ha escuchado”, porque ella decía “Dios ha escuchado la oración que yo le hice pidiéndole un hijo”.

Cuando el niño ya fue grandecito, la mamá lo llevó a la Casa de oración en Silo y se lo ofreció a Dios para que se dedicara para siempre a servir junto al altar. Y llevó de regalo al templo un novillo de tres años, un bulto de harina y una vasija de vino y entonó un hermoso himno diciendo: “Mi corazón se regocija por el Señor, porque no hay santo como nuestro Dios, pues El a la mujer estéril le permite tener hijos. El Señor hunde en el abismo y levanta; da la pobreza y la riqueza; humilla y enaltece. El levanta del polvo al desvalido; alza de la basura al pobre. El guarda los pasos de sus amigos. El es un Dios que sabe; El es quien pesa todas las acciones”.

El sacerdote del templo se llamaba Helí y tenía dos hijos muy atrevidos que cometían muchas fechorías y maldades y el papá no se atrevía a corregirlos. Los pecados de esos jóvenes disgustaban mucho a Dios y el se propuso enviarles un castigo.

El niño Samuel se quedaba cada noche a dormir en la Casa de oración para cuidarla. Y una noche oyó que lo llamaban diciendo: “¡Samuel! ¡Samuel!”. El jovencito creyó que era Helí el que lo llamaba y corrió a donde el sacerdote y le dijo: “Aquí estoy señor. ¿Me ha llamado?”. Helí le dijo: “No te he llamado. Vete a dormir en paz”. Pero la voz de Dios volvió a llamar: – “¡Samuel!, ¡Samuel!”. El jovencito corrió otra vez donde Helí para ver para qué lo necesitaba. Y así sucedió por tres veces. Entonces Helí se dio cuenta de que era Dios el que lo llamaba y le dijo: “Si te vuelve a llamar le dirás: Habla Señor que tu siervo escucha”. Y así lo hizo Samuel cuando Dios lo volvió a llamar y entonces oyó que Dios decía: “Voy a castigar a Helí y a sus hijos con terrible mal, porque los hijos hicieron grandes males y el padre no los ha corregido”.

Y sucedió entonces que los filisteos atacaron al pueblo de Israel. Y los hijos de Helí se fueron con todo el ejército a defender la patria. Y se llevaron el Arca de la Alianza (donde estaba el Maná y las tablas de la Ley con los 10 Mandamientos) y se dio una gran batalla y los filisteos derrotaron a los israelitas e hicieron una gran matanza y asesinaron a los dos hijos de Helí y se robaron el Arca de la Alianza. Cuando un mensajero llegó a contar a Helí que se habían robado el Arca y habían matado a sus dos hijos, el pobre anciano que estaba sentado en una silla, se fue para atrás del susto y se desnucó.

El pueblo eligió entonces como sacerdote al joven Samuel y Dios empezó a traerle sus mensajes y a guiarlo en todo, porque Samuel era un santo. Los filisteos devolvieron el Arca y hubo paz.

El Pueblo pidió que se le diera un rey. Samuel consultó a Dios, y el Señor le dijo que el rey sería Saúl, el cual era el último de la última familia, de la más pequeña tribu de Israel. Samuel lo llamó y le echó aceite sagrado sobre su cabeza y lo proclamó rey anto todo el pueblo.

Y sucedió que Saúl empezó a desobedecer a lo que Dios ordenaba, y entonces el Señor le dijo a Samuel: “He retirado mi espíritu de Saúl y lo he pasado a David. Irás a Belén y ungirás a ese joven como rey”.

Samuel se fue a Belén a buscar a David. Este era un pastor de ovejas y estaba en el campo cuidando los animales. Samuel lo hizo venir y echando aceite sagrado sobre su cabeza lo ungió, y desde entonces el espíritu de Dios vino a David y lo fue guiando en todas sus acciones.

Ya anciano, Samuel reunió a todo el pueblo y les dijo: “Durante 40 años los he guiado espiritualmente. Ahora les pido que si alguno tiene alguna queja contra mí la diga claramente. Y si a alguno le he quitado algo o le he hecho algún mal, que lo diga sin más”. Y el pueblo entero le respondió: “Ningún mal nos has hecho y a nadie le has quitado nada, y nadie tiene la menor queja contra ti”.

Y así terminó santamente su larga vida este hombre que desde muy pequeñito fue llevado por su madre a servir junto al altar a Dios y que cada día y cada hora, tuvo por único fin de su existencia agradar a Nuestro Señor. Que Dios nos envíe muchos sacerdotes tan santos como Samuel.

¿Has visto a uno que cumple bien su deber? Ese ocupará puestos importantes. (S. Biblia. Proverbios).

(http://www.ewtn.com/SPANISH/Saints/Samuel.htm)

05 abril, 2016

San Vicente Ferrer

¡Oh!, San Vicente Ferrer, vos sois el hijo del Dios
de la vida, su amado santo, y que, vuestra vida
inspirada estuvo en amor hacia Cristo, Nuestra
Señora y principalmente en los pobres. Cada viernes,
en recuerdo de Cristo crucificado, y cada sábado,
en honor de Nuestra Señora, hasta el final de vuestros
días entregasteis en señal de sacrificio santo.
El maligno, os asaltó durante vuestra juventud y
claro, lo vencisteis, en Dios confiando únicamente.
Fervorosa e increíblemente predicabais, y Dios feliz,
os escuchaba y los milagros del cielo llovían. Se os
apareció entonces Nuestro Señor Jesucristo, San
Francisco y Santo Domingo de Guzmán y os dio la orden
de dedicaros a predicar por ciudades, pueblos, campos
y países. Y, vos, fiel cumplidor como erais, así,
lo hicisteis. El norte de España, el sur de Francia,
el norte de Italia, y Suiza, saben de vos hasta hoy.
Convertisteis a judíos y moros, en España, de manera
increíble. Antes de predicar rezabais por más de cinco
horas, para a Dios pedir que vuestra palabra, fuese
eficaz. Y, así era. En el mismo suelo dormíais y
ayunabais el tiempo todo. Predicación, procesiones,
conversiones, rezos y llantos, a Dios alabando siempre.
“Mi cuerpo y mi alma no son sino una pura llaga de
pecados. Todo en mí tiene la fetidez de mis culpas”.
Decíais vos, que, santo como erais, increíble parecía.
Vuestra vida terrena se os acabó, pero vuestra alma,
está hoy, coronada de gloria, de luz y eternidad de vida,
como justo premio a vuestra entrega de amor y fe;
¡oh!, San Vicente Ferrer, “vivas palabras de Cristo”.

© 2016 by Luis Ernesto Chacón Delgado
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5 de Abril
San Vicente Ferrer
Presbítero

Martirologio Romano: San Vicente Ferrer, presbítero de la Orden de Predicadores, de origen español, que recorrió incansablemente ciudades y caminos de Occidente en favor de la paz y la unidad de la Iglesia, predicando a pueblos innumerables el Evangelio de la penitencia y la venida del Señor, hasta que en Vannes, lugar de Bretaña Menor, entregó su espíritu a Dios. († 1419)

Fecha de canonización: 3 de junio de 1455 por el Papa Calixto III.

“Bebe el agua del maestro Vicente” se dice todavía en España para recomendar el silencio. La expresión se refiere a un sabio consejo que el dominico san Vicente Ferrer dio a una mujer que le preguntaba qué podía hacer para congeniar con el malhumorado marido. “Tome este frasco de agua -contestó el santo- y cuando tu esposo regrese del trabajo, tómate un sorbo y mantenlo en la boca el mayor tiempo posible”. Era el mejor modo de hacer que la mujer tuviera la boca cerrada y no contestara al marido.

La anécdota hace ver la humana simpatía de este hombre, acérrimo fustigador de las costumbres, que le mereció de sus contemporáneos el título de “ángel del Apocalipsis”, porque en sus sermones acostumbraba amenazar con flagelos y tribulaciones.

Vicente nació en Valencia (España) en 1350. A los 17 años había ya terminado con tanto éxito sus estudios de filosofía y teología que sus profesores lo incluyeron inmediatamente en el cuerpo docente.
Entró al convento de los dominicos de Valencia y fue ordenado sacerdote en 1375, una fecha que en la historia de la Iglesia se recuerda como el comienzo del gran cisma de Occidente (1378-1417). La gran confusión dividió a los cristianos en dos obediencias: a Roma y a Aviñón. Era inevitable que aun espíritus rectos, como Vicente Ferrer, estuvieran de parte del Papa ilegítimo. La buena fe de Vicente Ferrer se prueba con el hecho de que él hizo todo lo posible para solucionar el gran conflicto y restituir así la unidad a la Iglesia. Recorrió toda Europa, entusiasmando con su gran oratoria a las muchedumbres de fieles, atraídos también por un fenómeno especial: al predicador dominico -que sólo conocía el castellano, el latín y un poco de hebreo- le entendían todos los fieles de las diversas naciones a donde él iba, cada uno en su lengua, repitiéndose así el milagro de Pentecostés.

Auténtico predicador del mensaje cristiano, San Vicente recuperaba todo el vigor juvenil aun en avanzada edad tan pronto subía al púlpito o en los palcos improvisados en las plazas, porque las iglesias no eran suficientes para las grandes muchedumbres; y esto a pesar de no conmover al auditorio con palabras de esperanza, sino que fustigaba las costumbres con tono amenazador. Lograda la unidad del pontificado con el concilio de Constanza y con la elección de Martín V, Vicente recorrió el norte de Francia tratando de poner fin a la guerra de los Cien años. Murió el 5 de abril de 1419, durante la misión en Vannes, y fue canonizado por su compatriota Calixto III en 1455.

Oración

¡Amantísimo Padre y Protector mío, San Vicente Ferrer! Alcánzame una fe viva y sincera para valorar debidamente las cosas divinas, rectitud y pureza de costumbres como la que tú predicabas, y caridad ardiente para amar a Dios y al prójimo. Tú, que nunca dejaste sin consuelo a los que confían en ti, no me olvides en mis tribulaciones. Dame la salud del alma y la salud del cuerpo. Remedia todos mis males. Y dame la perseverancia en el bien para que pueda acompañarte en la gloria por toda la eternidad. Amén.
Tres Padrenuestros a San Vicente Ferrer pidiendo por las necesidades de todos sus devotos.

(http://www.es.catholic.net/santoraldehoy/)

04 abril, 2016

San Isidoro de Sevilla

 


¡Oh!, San Isidoro de Sevilla, vos, sois el hijo del Dios
de la vida y su amado santo y, quiso Él, que, de “santos”,
vuestra familia fuera. Y, bastó ello, para convertiros
en hombre sabio y prudente, y, que, ensalzasteis al Dios
eterno con exégetas escritos sobre cada uno de los Libros
de la Sagrada Biblia, cuya lectura os encantaba, amabais
y recomendabais su lectura a los fieles del tiempo vuestro.
Las viejas calles de Sevilla, saben de vos y del amor a
los pobres, que en sí, sustento vuestro era, el tiempo
todo. Sin duda alguna, vos, el “verdadero puente” fuisteis
entre la Edad Antigua y la Edad Media. Vos, aunque fuisteis
el obispo más sabio de vuestro tiempo, ello no os quitó
el sueño y os dedicasteis a amar a Dios con toda vuestra
fuerza. Dueño de la mejor biblioteca de la nación, varios
libros escribisteis, entre ellos “Las Etimologías”, conocido
como el “Primer Diccionario” que en Europa se hizo. También
escribisteis “La Historia de los Visigodos” y biografías
de hombres ilustres. San Ildefonso, dice de vos así: “la
facilidad de palabra era tan admirable en San Isidoro, que
las multitudes acudían de todas partes a escucharle y todos
quedaban maravillados de su sabiduría y del gran bien que
se obtenía al oír sus enseñanzas”. Cuando sentisteis que
abandonaríais este mundo, pedisteis perdón públicamente
por todas las faltas de vuestra vida pasada y suplicasteis
al pueblo, que rogara por vos, a Dios. Y, así, cuando todo
fue hecho, y vos, habíais gastado vuestra en vida, en buena
lid, Dios, os recogió para cubrir vuestra alma de gloria y
eternidad, como justo premio a vuestra entrega de amor y fe;
¡oh!, San Isidoro de Sevilla; “vivo regalo del Dios de la Vida”.


© 2016 by Luis Ernesto Chacón Delgado

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4 de abril en Perú
San Isidoro de Sevilla
Arzobispo
(año 636)


Isidoro significa: “Regalo de la divinidad (Isis: divinidad. Doro: regalo)”. Nació en Sevilla en el año 556. Era el menor de cuatro hermanos, todos los cuales fueron santos y tres de ellos obispos. San Leandro, San Fulgencio y Santa Florentina se llamaron sus hermanos.

Su hermano mayor, San Leandro, que era obispo de Sevilla, se encargó de su educación obteniendo que Isidoro adquiriera el hábito o costumbre de dedicar mucho tiempo a estudiar y leer, lo cual le fue de gran provecho para toda la vida.

Al morir Leandro, lo reemplazó Isidoro como obispo de Sevilla, y duró 38 años ejerciendo aquel cargo, con gran brillo y notables éxitos.

Isidoro fue el obispo más sabio de su tiempo en España. Poseía la mejor biblioteca de la nación. Escribió varios libros que se hicieron famosos y fueron muy leídos por varios siglos como por ej. Las Etimologías, que se pueden llamar el Primer Diccionario que se hizo en Europa. También escribió La Historia de los Visigodos y biografías de hombres ilustres.

San Isidoro es como un puente entre la Edad Antigua que se acababa y la Edad Media que empezaba. Su influencia fue muy grande en toda Europa y especialísimamente en España, y su ejemplo llevó a muchos a dedicar sus tiempos libres al estudio y a las buenas lecturas.

Fue la figura principal en el Concilio de Toledo (año 633) del cual salieron leyes importantísimas para toda la Iglesia de España y que contribuyeron muy fuertemente a mantener firme la religiosidad en el país.

Se preocupaba mucho porque el clero fuera muy bien instruido y para eso se esforzó porque en cada diócesis hubiera un colegio para preparar a los futuros sacerdotes, lo cual fue como una preparación a los seminarios que siglos más tarde se iban a fundar en todas partes. Dice San Ildefonso que “la facilidad de palabra era tan admirable en San Isidoro, que las multitudes acudían de todas partes a escucharle y todos quedaban maravillados de su sabiduría y del gran bien que se obtenía al oír sus enseñanzas”.

Su amor a los pobres era inmenso, y como sus limosnas eran tan generosas, su palacio se veía continuamente visitado por gentes necesitadas que llegaban a pedir y recibir ayudas.

De todas las ciencias la que más le agradaba y más recomendaba era el estudio de la Sagrada Biblia, y escribió unos comentarios acerca de cada uno de los libros de la S. Biblia. Cuando sintió que iba a morir, pidió perdón públicamente por todas las faltas de su vida pasada y suplicó al pueblo que rogara por él a Dios. A los 80 años de edad murió, el 4 de abril del año 636.
La Santa Sede de Roma lo declaró “Doctor de la Iglesia”.

 (http://www.ewtn.com/SPANISH/Saints/Isidoro.htm)

03 abril, 2016

Fiesta de la Divina Misericordia

 




¡Oh!, Jesús Divina Misericordia

¡Misericordia del Padre!
En las obras Corporales y Espirituales
En los corazones de vuestros discípulos
Y en los hombres de hoy
El camino sois Vos y ninguno más
Misericordia de paz gritamos hoy
«Como El Padre me ha enviado, así también os envío yo»
«Paz a vosotros” dijisteis a vuestros discípulos
Vuestra Paz, es la que anhelan los hombres hoy
Porque vuestra misericordia es eterna
¡Oh!, Jesús Divina Misericordia, en Vos, confío.

© 2016 by Luis Ernesto Chacón Delgado
 


Fiesta de la Divina Misericordia  
Segundo Domingo de Pascua


“La humanidad no conseguirá la paz hasta que no se dirija con confianza a Mi misericordia” (Diario, 300)

La Fiesta de la Divina Misericordia tiene como fin principal hacer llegar a los corazones de cada persona el siguiente mensaje: Dios es Misericordioso y nos ama a todos … “y cuanto más grande es el pecador, tanto más grande es el derecho que tiene a Mi misericordia” (Diario, 723). En este mensaje, que Nuestro Señor nos ha hecho llegar por medio de Santa Faustina, se nos pide que tengamos plena confianza en la Misericordia de Dios, y que seamos siempre misericordiosos con el prójimo a través de nuestras palabras, acciones y oraciones… “porque la fe sin obras, por fuerte que sea, es inútil” (Diario, 742).


Con el fin de celebrar apropiadamente esta festividad, se recomienda rezar la Coronilla y la Novena a la Divina Misericordia; confesarse -para la cual es indispensable realizar primero un buen examen de conciencia-, y recibir la Santa Comunión el día de la Fiesta de la Divina Misericordia.

La escencia de la devoción

La esencia de la devoción se sintetiza en cinco puntos fundamentales:

1. Debemos confiar en la Misericordia del Señor.

Jesús, por medio de Sor Faustina nos dice: “Deseo conceder gracias inimaginables a las almas que confían en mi misericordia. Que se acerquen a ese mar de misericordia con gran confianza. Los pecadores obtendrán la justificación y los justos serán fortalecidos en el bien. Al que haya depositado su confianza en mi misericordia, en la hora de la muerte le colmaré el alma con mi paz divina”.


2. La confianza es la esencia, el alma de esta devoción y a la vez la condición para recibir gracias.

“Las gracias de mi misericordia se toman con un solo recipiente y este es la confianza. Cuanto más confíe un alma, tanto más recibirá. Las almas que confían sin límites son mi gran consuelo y sobre ellas derramo todos los tesoros de mis gracias. Me alegro de que pidan mucho porque mi deseo es dar mucho, muchísimo. El alma que confía en mi misericordia es la más feliz, porque yo mismo tengo cuidado de ella. Ningún alma que ha invocado mi misericordia ha quedado decepcionada ni ha sentido confusión. Me complazco particularmente en el alma que confía en mi bondad”.


3. La misericordia define nuestra actitud ante cada persona.

“Exijo de ti obras de misericordia que deben surgir del amor hacia mí. Debes mostrar misericordia siempre y en todas partes. No puedes dejar de hacerlo ni excusarte ni justificarte. Te doy tres formar de ejercer misericordia: la primera es la acción; la segunda, la palabra; y la tercera, la oración. En estas tres formas se encierra la plenitud de la misericordia y es un testimonio indefectible del amor hacia mí. De este modo el alma alaba y adora mi misericordia”.


4. La actitud del amor activo hacia el prójimo es otra condición para recibir gracias.

“Si el alma no practica la misericordia de alguna manera no conseguirá mi misericordia en el día del juicio. Oh, si las almas supieran acumular los tesoros eternos, no serían juzgadas, porque la misericordia anticiparía mi juicio”.


5. El Señor Jesús desea que sus devotos hagan por lo menos una obra de misericordia
al día.


“Debes saber, hija mía que mi Corazón es la misericordia misma. De este mar de misericordia las gracias se derraman sobre todo el mundo. Deseo que tu corazón sea la sede de mi misericordia. Deseo que esta misericordia se derrame sobre todo el mundo a través de tu corazón. Cualquiera que se acerque a ti, no puede marcharse sin confiar en esta misericordia mía que tanto deseo para las almas”.

La Santa Sede decreta día de la Divina Misericordia

Una propuesta de Santa Faustina Kowalska

La Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos publicó el 23 de mayo del 2000 un decreto en el que se establece, por indicación de Juan Pablo II, la fiesta de la Divina Misericordia, que tendrá lugar el segundo domingo de Pascua. La denominación oficial de este día litúrgico será «segundo domingo de Pascua o de la Divina Misericordia».


Ya el Papa lo había anunciado durante la canonización de Sor Faustina Kowalska, el 30 de abril: «En todo el mundo, el segundo domingo de Pascua recibirá el nombre de domingo de la Divina Misericordia. Una invitación perenne para el mundo cristiano a afrontar, con confianza en la benevolencia divina, las dificultades y las pruebas que esperan al genero humano en los años venideros».


Sin embargo, el Papa no había escrito estas palabras, de modo que no aparecieron en la transcripción oficial de sus discursos de esa canonización.


Santa Faustina, que es conocida como la mensajera de la Divina Misericordia, recibió revelaciones místicas en las que Jesús le mostró su corazón, fuente de misericordia y le expresó su deseo de que se estableciera esta fiesta. El Papa le dedicó una de sus encíclicas a la Divina Misericordia («Dives in misericordia»).


Los apóstoles de la Divina Misericordia están integrados por sacerdotes, religiosos y laicos, unidos por el compromiso de vivir la misericordia en la relación con los hermanos, hacer conocer el misterio de la divina misericordia, e invocar la misericordia de Dios hacia los pecadores. Esta familia espiritual, aprobada en 1996, por la archidiócesis de Cracovia, está presente hoy en 29 países del mundo.


El decreto vaticano aclara que la liturgia del segundo domingo de Pascua y las lecturas del breviario seguirán siendo las que ya contemplaba el misal y el rito romano.

(https://www.aciprensa.com/recursos/fiesta-de-la-divina-misericordia-segundo-domingo-de-pascua-2120/)

San Ricardo de Chichester




¡Oh!, San Ricardo de Chichester, vos, sois el hijo del Dios
de la vida, su amado santo y obispo, que, por la realeza
maltratado, os sentisteis todo el tiempo afable y generoso
en ayudar a los pobres y menesterosos. Vivía, en vuestro
tiempo el clero, en los lujos transitorios que el poder da
y el pueblo, en cruel y galopante miseria, además de triste,
y resignado por su ignorancia y sumido en la superstición.
Ante ésta situación, alzasteis vuestra bandera, de justicia
y moral, para luchar contra aquél mal, para restablecer
lo perdido y, de manera especial, contra los avaros. Obispo
vagabundo fuisteis, en vuestra legítima diócesis, e hicisteis
de obispo misionero, a pie, y viajando para la palabra de Dios
diseminarla entra las casas de pescadores y además, catequizar
a gente los humilde, compartiendo de olla, los alimentos.
El poder y los vicios de vuestra época, condenasteis con gran
energía y, a cabo llevasteis, una pastoral de amor y de fe,
con el evangelio de Cristo. Todo un escándalo para altos
eclesiásticos que gustan de fastuosidades y de monjes que
disfrutan de buena mesa! Condenasteis los abusos de poder y
los vicios de vuestra época, con energía y, de modo especial
presentasteis una defensa del derecho frente a la arbitrariedad
y al abuso de poder. Dios, jamás os abandonó y vos, habiendo
gastado vuestra santa vida en buena lid, voló, vuestra santa
alma al cielo en la casa asilo “Mas Dieu” para sacerdotes
pobres y peregrinos, y, ella, coronada fue con corona de luz
como justo premio a vuestra entrega de amor increíble y fe,
gran navegante a contra corriente por la verdad la justicia;
¡oh!, San Ricardo de Chichester, “viva misericordia de Dios”.

© 2016 Luis Ernesto Chacón Delgado

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3 de Abril
San Ricardo de Chichester
Obispo

Martirologio Romano: En Chichester, en Inglaterra, san Ricardo, obispo, que, desterrado por el rey Enrique III y restituido después en la sede, se mostró generoso en ayudar a los pobres (1235).



Etimológicamente: Ricardo = Aquel que es un líder, es de origen germánico.
Fecha de canonización: 22 de enero de 1262 por el Papa Urbano IV.

A finales del siglo XII nace Ricardo, en Wyche, en una familia de trabajadores del campo. Choca la austeridad y dureza permanente de su vida con el estilo de los grandes de su tiempo. Los obispos son “lores” y amantes de los cuidados humanos; los monjes abundan en la prosperidad y el lujo; los nobles son ambiciosos y en el trono se aprecia una corriente fuertemente regalista. La clase baja del pueblo es pobre y está sumida en la ignorancia y en la superstición. Ricardo es enérgico e intransigente cuando se tratan asuntos en los que está presente la injusticia, la inmoralidad o la avaricia.

Posiblemente esta condición natural en él sea lo que le lleva a un distanciamiento, cuando no rechazo de los poderosos. El caso es que la austeridad vivida en casa de sus padres -cuando fue niño- debió prepararle para la misión que había de desempeñar de adulto.

Marcha a estudiar a Oxford donde tiene buenos maestros franciscanos y dominicos; y como los recursos no estiran más, pasó hambre y frío. Una corta estancia en París y vuelta a Oxford, graduándose en Artes. En Bolonia aprende durante siete años los cánones, haciendo lo que hoy llamaríamos la carrera de Derecho. Cuando vuelve a Oxford es nombrado Canciller de la Universidad, Canciller del arzobispado de Canterbury y también de Lincoln, donde estaba de obispo su antiguo amigo y profesor Grosseteste. Ejerce la docencia en Orleáns por dos años y allí se ordena sacerdote.

El Arzobispo de Canterbury lo nombra obispo de Chichester, a la muerte del obispo Ralph Neville. Y aquí comienza una etapa de dificultades mayores y de vigoroso testimonio.

El rey Enrique III, que se apodera por sistema de los beneficios eclesiásticos vacantes, se opone rotundamente a esta elección. Además, prefiere para la sede libre a Roberto Passelewe por razones de “erario real”. Interviene el papa Inocencio IV que está presidiendo en este tiempo el concilio de Lyon, confirmando el nombramiento de Ricardo y consagrándolo personalmente, el 5 de marzo de 1245. Pero esto pone peor las cosas. Y es que el alto prestigio adquirido por el papado desde el siglo IX ha venido a menos desde que se hundió la Casa de Hohenstaufen y los papas se han inclinado hacia Francia; la rivalidad existente entre Inglaterra y Francia provoca de rebote reacciones contra Roma que se manifiestan en un fuerte nacionalismo inglés, en la resistencia del trono a aceptar las decisiones del papa y en intransigencias e intromisiones en las materias mixtas. Hasta los Legados pontificios son mal recibidos, si no ignorados, en la corte inglesa.

En estas circunstancias, el nombramiento de Ricardo ha caído, humanamente, en mal momento. El rey ha mandado cerrarle físicamente las puertas del palacio episcopal y ha prohibido darle cobijo y dinero. El temor de la gente a la venganza real lleva a que se vea a Ricardo-obispo vagabundo por su legítima diócesis, haciendo de obispo misionero, viajando a pie y desprovisto de servicio. Debía ser una estampa curiosa en la época en que los obispos eran “lores” y jamás trabajaban sin séquito. Visita las casas de los pescadores y catequiza a los humildes con quienes comparte alimento. ¡Todo un escándalo para altos eclesiásticos que gustan de fastuosidades y de monjes que disfrutan de buena mesa! Condena los abusos de poder y los vicios de la época con extraordinaria energía; de modo especial presenta una defensa a ultranza del derecho frente a la arbitrariedad y al abuso de poder; predica la doctrina evangélica frente al nepotismo reinante.

Fueron ocho años de obispo en que supo mantenerse, con fortaleza, libre de presiones. De hecho, nadie se explica cómo fue posible reunir una y otra vez a su Cabildo para sacar adelante las Constituciones que son de esa época y sientan los modos de hacer en adelante, señalando una praxis pastoral distinta y más adecuada a los principios evangélicos.

Murió en la casa-asilo -“Mas-Dieu”- para sacerdotes pobres y peregrinos, a los 55 años.

Navegar contra corriente tiene sabor de Evangelio, pero precisa rectitud, austeridad y disposición a aceptar el sufrimiento.
(http://www.es.catholic.net/santoraldehoy/)