20 abril, 2024

Santa Inés de Montepulciano, Religiosa y mística

 

 

¡Oh!, Santa Inés de Montepulciano; vos sois
la hija del Dios de la Vida, su sierva humilde
y amada santa, que entregasteis vuestro cuerpo
y alma a los brazos de su Providencia Divina,
desde el día aquél, en que, se os apareció
Santo Domingo de Guzmán y os dijo vívidamente:
“Es voluntad de Dios que tú viajes en la barca
de la Comunidad Dominicana”. Y, así, obediente
como erais, por la vida marchasteis, guiándoos
por su luz, y la luz, que vos misma fuisteis,
pues guiasteis como "viva lámpara" a las mujeres
y los hombres de vuestro tiempo y del nuestro.
¡Milagros y éxtasis! ¡Éxtasis y milagros!, como
el agua que corre, y que cae del cielo y todo
cuanto hacíais, decíais y pedíais, eran las
gracias que Dios Padre os concedía con amor.
Ayunabais casi todos los días y dormíais en el
suelo duro, teniendo por almohada una piedra.
Por orden médica, tuvisteis que trataros sin
muchas asperezas. Dice San Raimundo, que Dios
os permitía visiones celestiales, y que, un día
lograsteis ver cómo era Jesús cuando era Niño.
Cuando os encontrabais en la despensa, cierto
día, no hallasteis alimentos para vuestras monjas,
y entonces rezasteis con mucha fe y de pronto
se llenó de comestibles. Casi a menudo os veían
levantada por los aires mientras os llegaban
los éxtasis de la oración. Un día, un ángel se
os apareció ofreciéndoos un cáliz de amargura
y os dijo: “Como Jesús, en esta tierra tendrás
que beber el cáliz de la amargura, pero para
la eternidad te espera la corona de gloria que
nunca se marchita”. Cuando estabais a punto de
entregar vuestra alma a Dios, oísteis que vuestras
religiosas lloraban y les dijisteis emocionada:
“Si en verdad me aman, alégrense de que voy al
Padre Dios a recibir su herencia eterna. No se
afanen que desde la eternidad las encomendaré
siempre”. Y, luego os marchasteis de este mundo,
para recibir corona de luz, como justo premio
a vuestra entrega increíble de amor y viva fe;
¡Oh!, Santa Inés de Montepulciano "vivo amor por Cristo Vivo"

© 2024 by Luis Ernesto Chacón Delgado

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19 de Abril
Santa Inés de Montepulciano
Religiosa
(1317)

Oración
Que nos contagie Inés de su gran amor por Jesús Crucificado.

Historia

Nació en Montepulciano, (Italia) en 1268 y fue una de las figuras más brillantes de la Orden de Santo Domingo. A los 9 años obtuvo que sus padres (que eran de una de las principales familias de la ciudad) la dejaran irse a vivir a un convento de religiosas. Allí su seriedad y su comportamiento tan inteligente le atrajeron de tal manera la confianza de las superioras que cuando apenas tenía catorce años la encargaron ya de la portería del convento y de recibir las visitas.


Cuando ella tenía 15 años, la superiora de aquella comunidad fue trasladada a fundar un convento en otra ciudad, y pidió que le dejaran llevar como principal colaboradora a Inés, porque era una joven de una extraordinaria responsabilidad en todo lo que hacía.

Y sucedió por aquellos tiempos que las gentes de Montepulciano dispusieron crear unas casas para religiosas. Pidieron que les fuera enviada como superiora del nuevo convento la joven Inés, cuya santidad ya era notoria en todos los alrededores. Ella siendo tan joven, aceptó el cargo porque confiaba en que Dios le iba a ayudar de maneras sorprendentes. Y así sucedió.

Estaba Inés pensando a qué comunidad religiosa debia ella confiar a las monjitas de su nuevo convento, cuando una noche en una visión se le aparecieron en el mar muchas barcas con distintos patronos, invitándola a navegar en ellas. Pero una barca tenía por piloto a Santo Domingo de Guzmán y este santo le decía: “Es voluntad de Dios que tú viajes en la barca de la Comunidad Dominicana”. Desde entonces se propuso afiliar a sus religiosas a la Comunidad de padres Dominicos. Y así ella llegará a ser una de las glorias de esta comunidad, y lo mismo lo será su gran devota, Santa Catalina de Siena.

Desde muy joven ayunaba casi todos los días y dormía en el duro suelo y tenía por almohada una piedra. Después la salud se le resintió y por orden del médico tuvo que suavizar esas mortificaciones. San Raimundo cuenta que Dios le permitía visiones celestiales, que un día logró ver cómo era Jesús cuando era Niño. Otra vez estando la despensa del convento desprovista y no habiendo alimentos para las monjas, ella rezó con fe y la despensa apareció llena de comestibles.

La veían levantada por los aires mientras le llegaban los éxtasis de la oración. Un ángel se le apareció ofreciéndole un cáliz de amargura y le dijo: “Como Jesús, en esta tierra tendrás que beber el cáliz de la amargura, pero para la eternidad te espera la corona de gloria que nunca se marchita”.

Santa Catalina de Siena que fue a Montepulciano a visitar el cadáver de Santa Inés, el cual después de 30 años, todavía se encontraba incorrupto, profesaba una gran veneración a esta santa y en una carta que escribió a las religiosas de esa comunidad les dice: 

“Les recomiendo que sigan las enseñanzas de la hermana Inés y traten de imitar su santa vida, porque dio verdaderos ejemplos de caridad y humildad. Ella tenía en su corazón un gran fuego de caridad, regalado por el mismo Dios, y este fuego le producía un inmenso deseo de salvar almas y de santificarse por conseguir la salvación de muchos. Y después de la caridad lo que más admiraba en ella era su profunda humildad. Siempre oraba y se esforzaba por conservar y aumentar estas dos virtudes. Y lo que le ayudaba mucho a crecer en santidad era que se había despojado de todo deseo de poseer bienes materiales o de darle gusto a sus inclinaciones sensuales, y el dominar continuamente su amor propio. Su corazón estaba totalmente lleno de amor a Cristo Crucificado, y este amor echaba fuera los amores mundanos y los apegos indebidos a lo que es terrenal. Ella ofrecía en sacrificio a Dios su propia sensualidad. Para esta buena religiosa el mejor tesoro era Cristo crucificado, en quien meditaba siempre y a quien tanto amaba”.

 Hermoso relato redactado por una gran santa, acerca de otra santa también muy admirable.

San Raimundo cuenta que muchos testigos le declararon haber presenciado hechos milagrosos en la vida de Santa Inés.

Cuando estaba moribunda, oyó que sus religiosas lloraban y les dijo emocionada: “Si en verdad me aman, alégrense de que voy al Padre Dios a recibir su herencia eterna. No se afanen que desde la eternidad las encomendaré siempre”.Murió en el mes de abril del año 1317 a la edad de 49 años, y en su sepulcro se han obrado muchos milagros.

(http://www.ewtn.com/SPANISH/Saints/Inés_de_Montepulciano_4_19.htm)








 

19 abril, 2024

San Expedito, el Santo de las causas justas y urgentes

 


¡Oh!, San Expedito, vos, sois el hijo del Dios de la Vida,
su amado santo y mártir, y que, comandante legionario siendo,
defendisteis al Romano Imperio de los Bárbaros con valor
y audacia. Pero, un día, las armas dejasteis para convertiros
en fervoroso cristiano y por ello, martirizado fuisteis
y, junto a vos, también alzaron vuelo las almas de vuestros
compañeros Caio, Gálatas, Hermógenes, Aristónico y Rufo,
que adornan hoy, la celeste eternidad. En el momento
supremo de vuestra conversión se os acercó el demonio,
en forma de un cuervo que os gritaba: “cras, cras cras”,
que en latín significa “Mañana, Mañana, Mañana”. Así,
trataba de persuadiros para que dejaseis vuestra decisión
para después ya que, el demonio sabe que lo que se deja
para mañana, sin hacer se queda. Pero vos, tomando gran
decisión, lo aplastasteis con rapidez diciendo: “¡Hodie!,
¡Hodie!, ¡Hodie!”, que significa “¡Hoy¡, ¡Hoy!, ¡Hoy!”. Acotando:
“No dejaré nada para mañana, a partir de HOY seré cristiano”.
Y, así, os convertisteis en soldado de Cristo, utilizando
desde ese momento, vuestro valor y disciplina para el Reino
de Dios. Así, honor hicisteis a vuestro nombre, “Expedito”,
pues significa, prontitud y segura intercesión. Por, ello
a vos, os invocamos en urgentes problemas, sabiendo de que,
lo importante, la renuncia es, a la vida de pecado y luego,
abrazarnos a la Cruz salvadora de Cristo. Por ello, venerado
sois por los jóvenes, los estudiantes, los enfermos y los que,
se encuentran en urgentes problemas laborales y de familia.
Sois, además, de las causas justas su protector, y que; nosotros
digamos “HOY”, también a Jesús y aplastemos los engaños
del demonio. En la iconografía, os representan como un
soldado con una cruz, que lleva escrita la palabra “Hodie”,
que significa “Hoy”, y, con una hoja de palma por vuestro
valeroso martirio. A vuestros pies hay un cuervo y la palabra “cras”,
que significa “mañana”. Por todo ello y, por vuestro valor
y audacia; Cristo, a quien elegisteis, os coronó con corona
de luz, como justo premio a vuestra entrega increíble
y extraordinaria de amor y fe. ¡Aleluya! ¡Aleluya! ¡Aleluya!
¡oh!, San Expedito, “viva prueba del Amor a Cristo: ¡hodie, hodie, hodie!”.

© 2023 by Luis Ernesto Chacón Delgado
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ORACIÓN A SAN EXPEDITO PARA PEDIR SU APOYO EN LAS CAUSAS JUSTAS

San Expedito bendito protector nuestro:
guerrero y mártir que ahora gozas del Paraíso Eterno,
hoy me arrodillo ante ti para pedir tu asistencia,
te reclamo con urgencia y fervor
para que vengas en mi auxilio.

Las necesidades urgentes que hay en mi vida
no me permiten el descanso
vivo en estado de preocupación y de depresión continua.

Me siento solo y desesperado,
el abatimiento me acompaña,
el desconcierto me guía, y el sufrimiento se ha apoderado de mi.

Tú que eres el santo patrón de las causas justas y urgentes,
ayúdame, santo glorioso, a levantarme.

Te pido que acudas presto y derrames sobre mí
el valor, la energía, la esperanza,
que alivies mis penurias y miserias,
para que con tu mediación logre solucionar
las angustiosas necesidades,
los problemas económicos que me apremian
y la ruina de la que no se como salir,
te pido que con tu caridad me concedas:

(Mencionar ahora la petición).

Ayúdame a utilizar mi coraje,
a desarrollar mi fuerza y potenciar mi voluntad,
para que la terrible situación por la que ahora estoy pasando,
se resuelva pronto y todo quede en un recuerdo,
que todo sea una experiencia que tuve que pasar
para aprender y mejorar,
y que solucionados los obstáculos
se abran mis puertas a un futuro de éxito y prosperidad.

Glorioso San Expedito, oye mi suplica,
te ruego atiendas mis ruegos con urgencia.

Gracias san Expedito, santo benevolente,
pues se que estas aquí conmigo, escuchándome,
y que mi mejoría comenzará en este mismo momento,
yo te lo agradeceré el resto de mi vida
y llevare tu nombre al que lo precise.

Amén.
Rezar tres Padrenuestros, tres Avemarías y tres Gloria

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19 de Abril
San Expedito
“El Santo de las Causas justas y urgentes”


San Expedito, fue un militar romano que vivió entre los siglos III y IV. Antes de su conversión comandó la legión romana Fulminata XII, bajo el mando del emperador Diocleciano. Se le cuenta entre los mártires de la Iglesia católica.


Según la tradición de la Iglesia, cuando San Expedito ya había tomado la decisión de abrazar el cristianismo, el Maligno se le presentó en forma de cuervo y empezó a gritar: “cras, cras, cras”, que en latín significa: “mañana, mañana, mañana”. Lo que quería el demonio era enfriarle el deseo de conocer a Cristo, que le llenaba el corazón, a sabiendas de que posponer un poquito una decisión tan grande, aunque sea solo por un día, podría acarrear una victoria del mal para siempre.

El Santo de inmediato aplastó al cuervo tentador, diciendo: “¡Hodie, hodie, hodie!”, que quiere decir “hoy, hoy, hoy”. “No dejaré nada para mañana, a partir de hoy seré cristiano”, añadió. De ahí en adelante, Expedito vivió la fe hasta el último de sus días, entregando su sangre en el martirio.

A San Expedito se le considera protector ante las dificultades surgidas en el trabajo, intercesor por las familias y abogado en caso de juicios. Su rápida y contundente respuesta al demonio le convirtió en intercesor en problemas urgentes. Su fiesta se celebra cada 19 de abril.

San Expedito también es protector de la juventud, los estudiantes y enfermos. Se le representa como un soldado con una cruz en la que está escrito “hodie” (hoy) y la hoja de palma que simboliza el martirio. A sus pies se representa un cuervo con la palabra “cras” (mañana).

En este día, miles de fieles se congregan en la Parroquia Nuestra Señora Balvanera de Buenos Aires, para venerar la antigua imagen de San Expedito que se conserva en el templo. Sus devotos participan de las Misas, confesiones y la bendición de objetos.

(https://www.aciprensa.com/noticias/hoy-es-fiesta-de-san-expedito-mediador-ante-problemas-urgentes-11798)

18 abril, 2024

Beato José Moreau, Presbítero y Mártir

 Beato José Moreau 

18 de Abril

Beato José Moreau
Mártir
 
“El Hijo del Hombre vendrá en la gloria de su Padre con sus ángeles, y entonces pagará a cada uno conforme a sus obras” (Mt 16, 27).
 
Cada 18 de abril la Iglesia Católica recuerda al Beato José Moreau, presbítero y mártir francés, quien murió guillotinado por odio a la fe durante la Revolución Francesa. Como él, muchísimos católicos padecieron la persecución y el martirio.
 
José Moreau nació en Saint-Laurent-de-la-Plaine (Francia) en 1763. Fue ordenado sacerdote y llegó a ser párroco de la ciudad donde nació, en la diócesis de Angers. Instaurada la Primera República tras la Revolución Francesa, se sucedieron varias olas de violencia, incluyendo las dirigidas contra los católicos.
 
Un Viernes Santo, a la espera del Domingo de Resurrección

Tanto a los clérigos como a los religiosos se les obligaba a jurar la denominada “Constitución Civil del Clero” y, con ello, someterse irrestrictamente al poder político anticlerical. Como el beato se negó a juramentar, fue arrestado. Un tiempo después pudo ser liberado gracias a la intervención del ‘Ejército católico y real de Vandea’ (Vendée, Loira, Francia), que aglutinaba a las diversas fuerzas antirrevolucionarias. Lamentablemente el P. Moreau volvió a ser detenido cuando retomaba su labor pastoral, y enviado nuevamente a prisión. Al cuestionar la proclama revolucionaria de “libertad e igualdad” y negarse por segunda vez a jurar la abusiva Constitución fue condenado a muerte.
 
El 18 de abril de 1794, día de Viernes Santo, el P. Moreau fue llevado a la plaza principal de Angers y fue guillotinado públicamente. En el Martirologio romano puede leerse en el propio del día: “En Anjou, en Francia, beato José Moreau, presbítero y mártir, que durante la Revolución Francesa fue degollado un Viernes Santo en odio a la fe cristiana (1794)”.
 
100 mártires
 
José Moreau fue beatificado el 19 de febrero de 1984 por San Juan Pablo II, dentro del grupo de los ’99 mártires de la diócesis de Angers’. Ese día, después del rezo del Ángelus, el Santo Padre dijo:
«Hoy he tenido el gozo de elevar al honor de los altares a un numeroso grupo de nuevos Beatos, mártires: 99 de ellos pertenecen a la diócesis del Oeste de Francia y sufrieron el martirio en Angers: durante la Revolución Francesa aceptaron la muerte para conservar "su fe y su religión" y para manifestar su adhesión a la Iglesia católica romana; eran sacerdotes, religiosas, hombres y, en su mayor parte, mujeres. Supieron seguir a Cristo por el camino doloroso de la cruz».
 
El mártir que completó la centena aquel día fue Juan Bautista Mazzucconi, asesinado en Oceanía, en 1855.(ACI prensa).

17 abril, 2024

Santa Catalina Tekakwitha, la primera santa piel roja

 

Santa Catalina Tekakwitha. La primera santa piel roja. Ella es considerada, junto a San Francisco de Asís, patrona de la naturaleza y de la ecología. Cabe señalar que en Estados Unidos -a diferencia del resto del mundo- su fiesta se celebra el 14 de julio.

Marcada por el dolor

Catalina nació en 1656 en Ossernenon (hoy Auriesville, Nueva York, Estados Unidos), una villa habitada en ese entonces por la tribu Mohawk. Su madre fue una mujer cristiana, integrante de la tribu algonquina, mientras que su padre fue jefe tribal de los Mohawk.

Con tan sólo cuatro años, Catalina perdió a sus padres y a su hermano a causa de una epidemia de viruela. Ella también contrajo la enfermedad, pero logró sobrevivir, aunque quedó con el rostro desfigurado y con la vista dañada. Serían sus tíos quienes la acogerían en su casa y se harían cargo de ella.

El don de la fe en Cristo

A los 11 años, Catalina tuvo la oportunidad de conocer la fe cristiana gracias a los jesuitas franceses que evangelizaron el territorio Mohawk. Sin embargo, es bien conocida la resistencia que había entre muchos pueblos nativos de Norteamérica para acoger el mensaje cristiano. Ese no fue el caso de Catalina, pero sí de su familia y su tribu.

La joven pidió ser bautizada a los 20 años, haciendo frente a la oposición de sus familiares y al rechazo de su comunidad. Convertida en blanco de numerosos maltratos, Catalina decidió dejar su pueblo y emprender camino hacia Sault Ste. Marie, un pueblo cristiano cerca de Montreal (hoy Michigan), habitado por indios conversos de Canadá. El trayecto recorrido para salvarse de la persecución fue de longitudes épicas: 320 km. (200 millas), a través de montañas, ríos y la inclemencia del clima.

Portadora del Evangelio

En Sault Ste. Marie, el día de Navidad, Santa Catalina hizo su Primera Comunión y prometió solemnemente a Dios permanecer virgen por el resto de sus días. Así, consagrada a Dios, se dedicó a la vida de oración y virtud. Se convirtió en evangelizadora de sus coetáneos y en ferviente defensora de los mismos. Acompañada por la guía espiritual de los miembros de la Compañía de Jesús, Catalina acrecentó día a día su amor por Cristo, especialmente presente en la Eucaristía; un amor que revertía en servicio a sus hermanos.

Partió a la Casa del Padre el 17 de abril de 1680, durante la Semana Santa de aquel año. Tenía tan sólo 24 años. Sus últimas palabras fueron: “¡Jesús, te amo!”. Su muerte fue ocasión de numerosas conversiones entre los suyos, al punto de que se hizo de su tumba en Caughnawaga -lugar donde murió- destino para los peregrinos. En 1884, el P. Clarence Walworth mandó erigir un monumento al lado de su sepultura.

Identidad católica de América

La dulce Catalina dejó una huella imborrable en la memoria de las tribus que formaban la nación iroquesa (una confederación de seis tribus nativas) y hoy es motivo de orgullo para todo el pueblo católico norteamericano. Ella es uno de los más hermosos frutos que el Evangelio ha producido en Estados Unidos y Canadá, un “puente” que une razas y tradiciones. Con justa razón se le conoce como “El Lirio de los Mohawks”.

Santa Catalina fue beatificada por San Juan Pablo II en 1980, y canonizada por el Papa Benedicto XVI en octubre de 2012.

(https://ec.aciprensa.com/wiki/Beata_Kateri_Tekakwitha)

16 abril, 2024

Santa Bernardette Soubirous, Vidente de la Virgen de Lourdes

 

Biografía de Santa Bernadette de Soubirous

 

  ¡Oh! Santa Bernardette, vos sois la hija del Dos de la Vida
vidente de Nuestra Señora de Lourdes y su amada santa
“Sí, Madre querida, tú te has abajado hasta la tierra para
aparecerte a una débil niña. Tú, reina del cielo y la tierra,
has querido servirte de lo que había de más humilde según
el mundo”; describisteis vuestra visión de que la Madre
de Dios, se os haya aparecido. Os bautizaron con el nombre
de Marie-Bernard, pero os llamaban “Bernardette”. Os
preocupaba el no poder prepararos para recibir la Primera
Comunión, y también no haber recibido aún la Eucaristía.
Por ello, pedisteis a vuestros padres retornar a casa para
recibir la preparación para la Primera Comunión, y ellos
os escucharon y como premio, se os aparece la Virgen María,
en la gruta de Lourdes, como “la Inmaculada Concepción”.
Luego de las apariciones, vos, mantuvisteis la sencillez y la
Modestia. Hicisteis vuestra Primera Comunión el Día del
Corpus Christi y seguidamente, fuisteis blanco de mofas
y burlas y con ello, vuestra salud, que era mala empeoró
y casi siempre estabais enferma. La Santa Madre de Nuestro
redentor os dijo: “No te prometo hacerte feliz en este
mundo, sino en el próximo”. Y aquellas palabras, con
creces se cumplieron. Decidisteis abrazar la vida religiosa
y visitasteis por última vez a vuestra amada gruta para
despediros antes de ingresar al noviciado. Durante la
ceremonia, solo pudisteis asentir con gestos para dar
vuestro consentimiento, ya que no podías hablar. Aquel
día recibisteis el velo de profesa y un año más tarde,
hicisteis vuestros votos perpetuos. Vuestros dolores
continuaron, quedando postrada definitivamente.
Padecisteis fuertes tentaciones, llegando a pensar que
no os salvarías, y que Dios os había abandonado y a
pesar de ello, vuestro amor por la Santa Madre de
Nuestro Redentor, os fortaleció y no venció el enemigo
En plena Semana Santa, pedisteis a las religiosas que
rezaran con vos, el Santo Rosario. Al terminar uno de
los Avemarías, vuestro rostro dibujó una sonrisa como
si vos vierais de nuevo a Nuestra Señora, en la gruta
de Lourdes. Poco después, en medio de la oración voló,
vuestra alma al cielo, para recibir corona de luz,
como justo premio a vuestra entrega de amor increíble;
exclamando: “Santa María, Madre de Dios, ruega por
mi, pobre pecadora, pecadora”, ¡Aleluya! ¡Aleluya!
¡Oh! Santa Bernardette, “vivo amor por la Madre del Dios Vivo”

© 2024 by Luis Ernesto Chacón Delgado

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16 de Abril
Santa Bernardette Soubirous
Vidente de la Virgen de Lourdes

“Sí, Madre querida, tú te has abajado hasta la tierra para aparecerte a una débil niña… Tú, reina del cielo y la tierra, has querido servirte de lo que había de más humilde según el mundo”; con estas hermosas palabras, Santa Bernardette Soubirous, la vidente de la Virgen de Lourdes, describió su experiencia por el don inconmensurable de que la Madre de Dios se le haya aparecido. Su fiesta se celebra cada 16 de abril.

Santa Bernardette nació el 7 de enero de 1844 en Lourdes (Francia), en el seno de una familia muy pobre. Al ser bautizada recibió el nombre de Marie-Bernard, pero tanto sus familiares como sus amigos solían llamarla por el diminutivo “Bernardette”.

La pequeña Bernardette quedó a cargo de una nodriza, quien, una vez que alcanzó la edad propicia, la envió a pastorear ovejas. Era muy común que los niños en la campiña francesa, dada la carencia de recursos, tuviesen que trabajar desde muy pequeños. A Bernardette se le hacía muy difícil el trabajo, no porque no quisiese ayudar a la familia, sino porque le impedía prepararse para recibir la Primera Comunión. Era la única niña del pueblo que con casi 14 años no había recibido aún la Eucaristía. Esto se debía, paradójicamente, a que era muy buena pastora, por lo que la obligaban a cuidar más tiempo las ovejas.

Bernardette reclamó entonces que se haya descuidado así su vida espiritual, más cuando deseaba de corazón recibir a Cristo en la Eucaristía y llevarlo en el pecho. Debido a esto, pidió a sus padres retornar a casa para recibir la debida preparación para la Primera Comunión, largamente postergada. A Dios gracias, sus padres aceptaron y con el deseo de cumplir su sueño es que se le aparece la Virgen María, en la gruta de Lourdes. Era la Señora del Cielo frente a ella, presentándose a sí misma como “la Inmaculada Concepción”.

Después de las apariciones, Bernardette mantuvo la sencillez y la modestia, sin buscar el bullicio ni la popularidad. Hizo su Primera Comunión el 3 de junio de 1858, el día del Corpus Christi. Como otros videntes de la Virgen, Bernardette fue blanco de incomprensiones y burlas. Por otro lado, su salud era mala y casi siempre estaba enferma. Sufrió de vómitos de sangre, asma crónica, se enfermó de tuberculosis, problemas gástricos, caries en los huesos, abscesos en los oídos y al final le apareció un tumor de una rodilla.

La Virgen le había dicho a Santa Bernardette: “No te prometo hacerte feliz en este mundo, sino en el próximo”. Aquellas palabras de María se cumplieron con creces.

En 1860 las Hermanas de la Caridad de Nevers, que servían en la escuela y el hospital, le ofrecieron asilo titular. Allí le asignaron una hermana para que le enseñe a leer y escribir. Más adelante decidió abrazar la vida religiosa y pidió ser aceptada por la Madre Superiora del Hospicio. A los 22 años va por última vez a la amada gruta para despedirse, antes de ingresar al noviciado.

Su salud decayó gravemente y la madre Superiora aceptó que hiciese sus votos prontamente, porque todo indicaba que la muerte se avecinaba. Durante la ceremonia, ella solo pudo asentir con gestos para dar su consentimiento, ya que no podía hablar. Aquel día recibió el velo de profesa. Era el 30 de octubre de 1867. Un año más tarde, en 1868, y con 23 años, hizo sus votos perpetuos.

Sus padecimientos continuaron, aunque solo cuando le apareció un tumor en la rodilla se vio obligada a quedar postrada definitivamente. Era el año de 1878. Muchos dolores en el alma acompañaron a los dolores físicos. A veces las tentaciones fueron muy duras. Por ejemplo, la hermana Bernardette llegó a pensar que no podría salvarse, o que Dios la había abandonado. A pesar de ello, su amor por la Virgen siempre la fortaleció y no se dejó vencer. Era evidente que la Madre de Dios siempre estaba a su lado.

Durante la Semana Santa de 1879 -el 16 de abril- pidió a las religiosas que rezaran con ella el Rosario. Al terminar uno de los Avemarías, su rostro dibujó una sonrisa como si viera de nuevo a la Virgen en la gruta de Lourdes. Poco después, en medio de la oración expiró. Era alrededor de las 3:15 pm de aquel día. “Santa María, Madre de Dios, ruega por mí pobre pecadora… pecadora”, fueron sus últimas palabras.

Hoy, su cuerpo permanece incorrupto en su capilla en Nevers, sin haber perdido la lozanía, tal y como si estuviese dormida.

(https://www.aciprensa.com/noticias/hoy-celebramos-a-santa-bernardette-soubirus-la-vidente-de-la-virgen-de-lourdes-87714)

15 abril, 2024

San Telmo, Patrono de los Navegantes y Marineros

 San Telmo

¡Oh!, San Telmo, vos sois, el hijo del Dios
de la vida y el mismo que dijo: “Ya que hoy
el mundo se ha burlado de mí, de ahora en
adelante yo me burlaré del mundo”, y así, de
lado dejando terrenales honores, vestisteis
hábitos dominicos y pronto, vuestra palabra
y sabia predicación, tocaba el alma y el ser
y el corazón. Miles de voces, os imploran
cuando perdidas en la inmensidad de la mar y
de la angustia se hallan y os Claman, que por
sus vidas intercedáis, porque, vos, cesáis
el tiempo malo y lo tornáis cual si fueran
palomas mansas, y, con su vanidad y orgullo
acabáis, como si se tratara del mismo hombre,
que, necio, no deja de ser y que, cuando en
desgracia está, sólo se acuerda de Dios, por
que su mal andar, lo ahogó, en un océano por
la oscuridad cubierto. Predicador de pescadores
de los siete mares y marineros; hoy brilláis
luciendo corona de luz, como justo premio a
vuestra entrega total de amor y fe. Santo
Patrono de los marineros y navegantes del Mundo
¡Oh! San Telmo, "viva fe en el Dios Vivo y eterno".

© 2024 by Luis Ernesto Chacón Delgado


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20 de Abril
San Telmo
Predicador
(año 1240.)

Petición

Algo parecido queremos decir nosotros: cuando las olas de nuestras tentaciones y los huracanes de las pasiones quieran hundir la débil navecilla de nuestra alma, San Telmo bendito: ruega a Cristo por nosotros para que seamos salvos y logremos llegar al puerto de la eternidad feliz.

Su nombre era Pedro González Telmo, pero el pueblo lo llamaba Telmo, y como San Telmo ha sido invocado siempre por sus devotos que han conseguido de él muchos favores. En momentos de especial peligro los marineros han gritado: “San Telmo bendito, ayúdame”, y han recibido ayudas que nadie ha podido explicar.

Siendo sobrino del obispo de Astorga, este le costeó la educación religiosa para que se hiciera sacerdote, y una vez ordenado lo nombró presidente de los canónigos de esa ciudad. Pero su educación había sido más mundana que espiritual y lo que buscaba Telmo no era salvar almas sino conseguir honores, y en él dominaban más el orgullo y el deseo de aparecer, que la virtud. Y Dios dispuso corregirlo. Y así fue que el día en que se dirigía lleno de vanidad por las calles de Astorga a tomar posesión de su puesto de presidente de los empleados de la catedral, el caballo en el que viajaba con tanto orgullo y ostentación, empezó a corcovear y lo derribó entre un barrizal, en medio de las risas de la gente. Telmo se levantó de esa caída y exclamó: “Ya que hoy el mundo se ha burlado de mí, de ahora en adelante yo me burlaré del mundo”, y dejando sus puestos honrosos se entró de religioso dominico en un convento.

Después de haberse preparado muy cuidadosamente en la comunidad de los dominicos para dedicarse a la predicación, empezó sus sermones por pueblos y ciudades con gran aceptación de las gentes. Tenía que predicar en las plazas porque la gente no cabía en los templos. Su voz era sonora, su pronunciación perfecta y su estilo directo. Hablaba francamente contra los vicios y en favor de la buena conducta, y sus sermones producían efectos admirables. Pasaba muchas horas estudiando los sermones que iba a pronunciar, y muchas horas más rezando por los hombres a Dios, antes de hablarles de Dios a los hombres.

Y lo oyó predicar el rey San Fernando y quedó tan encantado de su modo de hablar que lo nombró capellán de su ejército que victorioso iba recobrando ciudad por ciudad y pueblo por pueblo, del poder de los moros. Allí en el ejército tuvo que dedicarse Telmo con todas sus energías a corregir vicios de los militares y a contenerlos para que en las ciudades que conquistaban no cometieran excesos y crueldades.

Un día unos militares disgustados dispusieron armarle una trampa a su castidad y le enviaron una mujer hermosa y corrompida a que tratara de hacerlo ofender a Dios. Cuando el santo vio que llegaba impúdicamente a su habitación, no teniendo otro medio de alejarla, prendió fuego a los materiales que allí lo rodeaban y entre llamas y humo hizo salir huyendo a la corruptora.

Los militares jóvenes de las altas clases sociales se sintieron muy molestos por los sermones de Telmo en el ejército, porque no les toleraba sus vicios y maldades y se propusieron amargarle la vida lo más posible. El, al darse cuenta de que el ambiente de allí no era apto para su modo de obrar y de pensar, se retiró del ejército y empezó otro apostolado muy especial: la evangelización de los pescadores y marineros en la región de Tuy. Y allí sí fue mejor aceptado. Lo primero que hizo fue organizarlos en asociaciones para que defendieran sus derechos y se ayudaran mutuamente.

Luego como sacerdote se dedicó a ser padre de los pobres, amigo de todos, consejero de los que necesitaban ser aconsejados, corregidor de vicios, pacificador de peleas y riñas y buen ejemplo para todos de una vida sin mancha y llena de espíritu y sacrificio y oración.

Y sucedió que los marineros y pescadores empezaron a encomendarse a las oraciones de Telmo cuando se iban al mar, especialmente en tiempos de tormentas y vendavales. “¡Fray Telmo, encomiéndenos hoy que el tiempo está difícil!”, le decían al embarcarse. El santo les prometía su oración y en plena mar brava cuando los remeros veían que se iban a hundir en las aguas formidables, exclamaban: “Dios mío, por las oraciones de Fray Telmo, ¡sálvame!”, y sentían que misteriosamente se libraban de aquellos inminentes peligros de muerte. En los procesos para su beatificación hay centenares de testimonios como estos. Un día en plena tempestad cuando varios pescadores estaban en grave peligro de perecer, San Telmo se puso a rezar por ellos y la tempestad se calmó rapidísimamente, sin que nunca antes hubieran visto una calma así de repentina.

En la Semana Santa a principios de abril al predicar un sermón se despidió de sus oyentes avisándoles que muy pronto pasaría a la eternidad. No era viejo. Había nacido en 1185 y apenas tenía 55 años. Pero su salud estaba muy débil a causa de tantos sacrificios y largas horas de estudio y frecuentísimas predicaciones.

Estaba verdaderamente desgastado por tantos años de esfuerzos por conseguir la gloria de Dios y el bien de las almas y su propia santificación. Y el 14 de abril del año 1240, durmióse para este mundo y despertó para empezar la vida eterna en el cielo.

Y desde entonces empezó una interminable serie de prodigios conseguidos por su intercesión: salvarse de naufragios que parecían irremediables. Calma instantánea de tempestades. Conversión de pecadores. Apaciguamiento entre los que estaban peleados. Solución de graves situaciones económicas. Y por muchos años y hasta siglos, los marineros de España y de Portugal, cuando estaban en gravísimos peligros, lo primero que gritaban era: “¡San Telmo bendito, protéjanos!”. Y cuando las tempestades arreciaban, los que estaban en alta mar repetían: “Es hora de invocar a San Telmo bendito”.




14 abril, 2024

3er Domingo de Pascua

 Tercer Domingo de Pascua 2024 | ACI Prensa

Domingo 14 de Abril
3er Domingo de Pascua 
 
Texto del Evangelio (Lc 24,35-48): En aquel tiempo, los discípulos contaron lo que había pasado en el camino y cómo le habían conocido en la fracción del pan. Estaban hablando de estas cosas, cuando Él se presentó en medio de ellos y les dijo: «La paz con vosotros». Sobresaltados y asustados, creían ver un espíritu. Pero Él les dijo: «¿Por qué os turbáis, y por qué se suscitan dudas en vuestro corazón? Mirad mis manos y mis pies; soy yo mismo. Palpadme y ved que un espíritu no tiene carne y huesos como veis que yo tengo». Y, diciendo esto, les mostró las manos y los pies. Como ellos no acabasen de creerlo a causa de la alegría y estuviesen asombrados, les dijo: «¿Tenéis aquí algo de comer?». Ellos le ofrecieron parte de un pez asado. Lo tomó y comió delante de ellos.
 
Después les dijo: «Éstas son aquellas palabras mías que os hablé cuando todavía estaba con vosotros: ‘Es necesario que se cumpla todo lo que está escrito en la Ley de Moisés, en los Profetas y en los Salmos acerca de mí’». Y, entonces, abrió sus inteligencias para que comprendieran las Escrituras, y les dijo: «Así está escrito que el Cristo padeciera y resucitara de entre los muertos al tercer día y se predicara en su nombre la conversión para perdón de los pecados a todas las naciones, empezando desde Jerusalén. Vosotros sois testigos de estas cosas».
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«Mirad mis manos y mis pies; soy yo mismo»
Rev. D. Jaume GONZÁLEZ i Padrós (Barcelona, España)
 
Hoy, el Evangelio todavía nos sitúa en el domingo de la resurrección, cuando los dos de Emaús regresan a Jerusalén y, allí, mientras unos y otros cuentan que el Señor se les ha aparecido, el mismo Resucitado se les presenta. Pero su presencia es desconcertante. Por un lado provoca espanto, hasta el punto que ellos «creían ver un espíritu» (Lc 24,37) y, por otro, su cuerpo traspasado por los clavos y la lanzada es un testimonio elocuente de que se trata del mismo Jesús, el crucificado: «Mirad mis manos y mis pies; soy yo mismo. Palpadme y ved que un espíritu no tiene carne y huesos como veis que yo tengo» (Lc 24,39).
 
«Haz brillar sobre nosotros la luz de tu rostro, Señor», canta el salmo de la liturgia de hoy. Efectivamente, Jesús «abrió sus inteligencias para que comprendieran las Escrituras» (Lc 24,45). Es del todo urgente. Es necesario que los discípulos tengan una precisa y profunda comprensión de las Escrituras, ya que, en frase de san Jerónimo, «ignorar las Escrituras es ignorar a Cristo».
 
Pero esta compresión de la palabra de Dios no es un hecho que uno pueda gestionar privadamente, o con su congregación de amigos y conocidos. El Señor desveló el sentido de las Escrituras a la Iglesia en aquella comunidad pascual, presidida por Pedro y los otros Apóstoles, los cuales recibieron el encargo del Maestro de que «se predicara en su nombre (...) a todas las naciones» (Lc 24,47).
 
Para ser testigos, por tanto, del auténtico Cristo, es urgente que los discípulos aprendan -en primer lugar- a reconocer su Cuerpo marcado por la pasión. Precisamente, un autor antiguo nos hace la siguiente recomendación: «Todo aquel que sabe que la Pascua ha sido sacrificada para él, ha de entender que su vida comienza cuando Cristo ha muerto para salvarnos». Además, el apóstol tiene que comprender inteligentemente las Escrituras, leídas a la luz del Espíritu de la verdad derramado sobre la Iglesia.
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Pensamientos para el Evangelio de hoy
 
«La Pascua es, para nosotros, la fiesta de las fiestas, la solemnidad de las solemnidades, superior a no sólo a las fiestas humanas y terrenales, sino también a las fiestas del mismo Cristo que se celebran en su honor» (San Gregorio Nacianceno)
«¿Cómo podemos nosotros ser testigos de “todo esto”? Sólo podemos ser testigos conociendo a Cristo y, conociendo a Cristo, conociendo también a Dios. Es un proceso existencial, es un proceso de la apertura de mi yo, de mi transformación por la presencia y la fuerza de Cristo» (Benedicto XVI)
«¿Cómo? Cristo resucitó con su propio cuerpo: ‘Mirad mis manos y mis pies; soy yo mismo’ (Lc 24,39); pero Él no volvió a una vida terrenal. Del mismo modo, en Él ‘todos resucitarán con su propio cuerpo, que tienen ahora’ (Concilio de Letrán IV), pero este cuerpo será ‘transfigurado en cuerpo de gloria’ (Flp 3,21), en ‘cuerpo espiritual’ (1Cor 15,44)» (Catecismo de la Iglesia Católica, nº 999)