Principales celebraciones de la Iglesia Católica y la vida, obra y milagros de los Santos de la Iglesia Católica.
16 septiembre, 2024
Santos Cipriano y Cornelio Obispo y Papa; mártires

del Dios de la Vida y del Amor, y sus amados mártires. Vos,
Cornelio, Papa y Mártir, honor hicisteis al significado de
vuestro nombre: “fuerte como un cuerno”. A vos, os martirizaron
en persecución de Decio. Novaciano, el hereje proclamaba que
la Iglesia Católica no tenía poder para perdonar pecados
y que, el que renegaba de su fe, no más podía ser admitido.
También decía que el fornicario y el adúltero, no podían ser
perdonados jamás. Cornelio Papa, respondió con firmeza y
valor, que, si un pecador de verdad se arrepiente y desea,
una nueva vida, la Iglesia puede y debe perdonarle sus
antiguas faltas y admitirlo entre los fieles. A vos, Cornelio
os apoyaron San Cipriano desde África y los demás obispos
de occidente. El cruel Decio, os desterró de Roma y a causa
de vuestro martirio, entregasteis vuestra vida desterrado.
Y, vos, Cipriano, brillante obispo del áfrica, antes de San
Agustín, os dedicasteis a la tarea de educador, conferencista
y orador público. Poseíais inteligencia privilegiada, gran
habilidad para hablar en público, y personalidad impactante.
Os bautizasteis y permanecisteis siempre casto, y jamás
contrajisteis matrimonio. Renunciasteis a vuestros literatos
mundanos. Dijisteis vos: “Me parece que Dios ha expresado su
voluntad por medio del clamor del pueblo y de la aclamación
de los sacerdotes”. Un escritor escribió de vos así: “Era
majestuoso y venerable, inspiraba confianza a primera vista
y nadie podía mirarle sin sentir veneración hacia él. Tenía
una agradable mezcla de alegría y venerabilidad, de manera
que los que lo trataban no sabían qué hacer más: si quererlo
o venerarlo, porque merecía el más grande respeto y el mayor
amor”. Decio, deseaba acabar con los obispos, destruir los
libros sagrados e invitaba a todos, a renegar de la religión,
y a quemar incienso ante los dioses, acto con el cual eran
perdonados. Muchos caen en la trampa con tal de no perder
sus vidas. Vos Cipriano, huisteis y os escondisteis y desde
allí, enviabais cartas a los creyentes invitándolos a no
abandonar la religión por nada. De pronto se oyen voces
gritando: “Pedimos que Cipriano sea echado a los leones”.
Nunca logran su cometido demoníaco. Volvió la paz y vos,
volvisteis a vuestro cargo. Y a todo renegado que quiso volver
a la Iglesia, les exigisteis que hiciera penitencia. Luego
vinieron después espantosas persecuciones y los cristianos
prefirieron la muerte, antes que quemar incienso a dioses
falsarios y, así fueron mártires gloriosos. En plena peste
vendisteis lo más más valioso de la casa episcopal, para
ayudar a vuestra mies. Enterado el impío Decio, dicta pena
de destierro para todo creyente que asistiera a un acto
de culto cristiano, y pena de muerte para cualquier obispo
o sacerdote que se atreva a celebrar una ceremonia religiosa.
Y a vos, Cipriano os dictan pena de destierro, pero vos,
seguís cumpliendo con vuestras tareas y celebráis ceremonias
religiosas, y entonces os dictan la pena de muerte. «Yo soy
cristiano y soy obispo. No reconozco a ningún otro Dios,
sino al único y verdadero Dios que hizo el cielo y la tierra.
A Él, rezamos cada día los cristianos. Lo que le han ordenado
hacer, hágalo pronto. Que en estas cosas tan importantes
mi decisión es irrevocable, y no va a cambiar". El juez
Valerio, de mala gana dictó sentencia: “Ya que se niega
a obedecer las órdenes del emperador y no quiere adorar a
nuestros dioses, y es responsable de que todo este gentío
siga sus creencias religiosas, Cipriano; queda condenado a
muerte. Le cortarán la cabeza con una espada”. Vos, al oír
la sentencia, exclamasteis: ¡Gracias sean dadas a Dios! La
multitud gritaba: “Que nos maten también a nosotros, junto
con él”. Entonces, vos, ordenasteis regalarle veinticinco
monedas de oro al verdugo que os mataría y os vendasteis
los ojos y arrodillándoos, el verdugo os cortó la cabeza
con una espada. Y, así, en olor a multitud volaron al cielo,
vuestras almas, para coronadas ser de luz y eternidad como
justo premio a vuestras entregas de amor y fe, al Dios Vivo.
¡Oh! Santos Cornelio y Valerio, "vivas luces del Dios Vivo".
14 septiembre, 2024
El Señor de Huanca

14 de septiembre
El Señor de Huanca
Valle Sagrado de los Incas
Fe en su máximo esplendor: así es la festividad del Señor del Señor de Huanca
A 50 km de la ciudad del Cusco, en el distrito de San Salvador (provincia de Calca), se encuentra una de las imágenes más importantes y veneradas del Perú: el Señor de Huanca. Considerada como milagrosa, se trata de una representación del Cristo martirizado ubicada en el interior del santuario del mismo nombre y a donde cada año llegan fieles y visitantes de todo el mundo para rendirle culto por su valiosa trascendencia; peregrinación que ha sido declarada en 2014 como Patrimonio Cultural de la Nación.
La festividad del Señor de Huanca se distingue de otras celebraciones por su carácter mágico, religioso y andino. En ella, se expresa la divinidad religiosa de dos maneras: la andina, en la cual el Apu Pachatusan es el espíritu guardián de la comunidad, y la europea, a través de la religión cristiana. Asimismo, también se aprecian distintas manifestaciones culturales y cultos religiosos relacionados a la identidad cusqueña.
El origen de una fiel devoción
Existen muchas versiones sobre cómo se inició el fervor por la imagen del señor de Huanca. Una de ellas se remonta al siglo XVII y narra la historia de un joven indio quien, cansado de los maltratos por parte de sus patrones españoles, escapó hasta Huanca y rezó durante todo el día para que no lo encontraran. Al caer la noche, mientras se encontraba oculto, se le apareció ante él la imagen de un Cristo sangrante. Emocionado por la revelación, el joven decidió llevar a uno de los pintores más destacados de la localidad a aquel lugar para inmortalizar sobre una piedra la figura que había visto. Según la leyenda, una fuerza divina guiaba el trazo del dibujante que a su vez realizaba la pintura exacta. Fue allí mismo donde posteriormente se construyó una capilla que luego se volvería el actual santuario.
Otra versión cuenta la historia de un minero llamado Pedro Valero quien se encontraba en grave estado de salud. Un día, conoció a un doctor de nombre Enmanuel que, milagrosamente, lo curó. Agradecido por el tratamiento, Pedro le preguntó cómo podría retribuir la atención; el joven médico solo le respondió que podía ir a visitarlo a su casa en el poblado de Huanca. Grande fue su sorpresa cuando, en 1778, llegó al lugar y los pobladores le dijeron que aquella localidad se encontraba deshabitada y que tan solo se encontraba una capilla abandonada. Contrariado por la noticia, Pedro insistió yendo hacia la pequeña ermita y halló una piedra pintada con un Jesucristo azotado. Lo increíble fue que el rostro del hijo de Dios era el mismo de la persona que lo había sanado.
Esta peregrinación ha sido declarada como Patrimonio Cultural de la Nación en 2014 .
Lo cierto es que las leyendas alrededor de esta imagen han logrado que la devoción hacia el Señor de Huanca se incremente con los años, lo que lo convierte en un punto de encuentro de oraciones y peticiones no solo para los pobladores de la zona, sino para los católicos de todo el mundo.(Enturperú).
Exaltación de la Santa Cruz

¡Exaltación!
¡Oh¡ Santo Día de la Exaltación
De la Santa Cruz!
Dulce madero
Vuelto a Casa
Cautivo de los persas
Heraclio emperador
Os rescató
Para Tierra Santa y el mundo todo
¡Por los Siglos de los Siglos!
¡Amén!
© 2022 by Luis Ernesto Chacón Delgado
___________________________________________
Santa Cruz
¡Oh!, Exaltación de la Santa Cruz, os recordamos hoy,
porque recuperada fuisteis por el emperador Heraclio,
quien os logró rescatar de los Persas, impíos ladrones,
que os hurtaron de Jerusalén. Y, él mismo, con gran
pompa y lujo, planeó vuestro arribo y, ya de pronto
en plena procesión se dio cuenta de que, capaz no era
de avanzar. Entonces Zacarías, Arzobispo de Jerusalén
os dijo: “Es que todo ese lujo de vestidos que lleva,
están en desacuerdo con el aspecto humilde y doloroso
de Cristo, cuando iba cargando la cruz por estas calles”.
Entonces el emperador dejó lujo y realeza de lado
y descalzo empezó a caminar. Y, así, recién recorrer
las calles pudo en piadosa procesión. Y, para evitar
que os la robasen de nuevo, partida fuisteis en pedazos.
Uno para Roma, otro para Constantinopla, uno tercero
en cofre de plata para Jerusalén. Otro tanto, se partió
en pequeñísimas astillas para las iglesias de todo mundo.
Y, así, Vuestro Madero Santo llamado “Veracruz”,”Verdadera
Cruz”, alumbra la tierra toda con el mensaje de Vuestro Amor;
¡Oh Cruz Bendita de Cristo Jesús, Dios y Señor Nuestro!
¡Oh, Gloriosísima y Viva Exaltación de la Santa Cruz!
© 2024 by Luis Ernesto Chacón Delgado
__________________________________________
14 de Septiembre
Exaltación de la Santa Cruz
La fiesta del Triunfo de la Santa Cruz se hace en recuerdo de la recuperación de la Santa Cruz obtenida en el año 614 por el emperador Heraclio, quien la logró rescatar de los Persas que se la habían robado de Jerusalén.
Al llegar de nuevo la Santa Cruz a Jerusalén, el emperador dispuso acompañarla en solemne procesión, pero vestido con todos los lujosos ornamentos reales, y de pronto se dió cuenta de que no era capaz de avanzar. Entonces el Arzobispo de Jerusalén, Zacarías, le dijo: “Es que todo ese lujo de vestidos que lleva, están en desacuerdo con el aspecto humilde y doloroso de Cristo, cuando iba cargando la cruz por estas calles”.
Entonces el emperador se despojó de su manto de lujo y de su corona de oro, y descalzo, empezó a recorrer así las calles y pudo seguir en la piadosa procesión. La Santa Cruz (para evitar nuevos robos) fue partida en varios pedazos. Uno fue llevado a Roma, otro a Constantinopla, un tercero se dejó en un hermoso cofre de plata en Jerusalén. Otro se partió en pequeñísimas astillas para repartirlas en diversas iglesias del mundo entero, que se llamaron “Veracruz”(verdadera cruz).
Nosotros recordamos con mucho cariño y veneración la Santa Cruz porque en ella murió nuestro Redentor Jesucristo, y con las cinco heridas que allí padeció, pagó Cristo nuestras inmensas deudas con Dios y nos consiguió la salvación.
A San Antonio Abad (año 300, fiesta el 17 de enero) le sucedió que el demonio lo atacaba con terribilísimas tentaciones y cuentan que un día, angustiado por tantos ataques, se le ocurrió hacerse la señal de la Cruz, y el demonio se alejó. En adelante cada vez que le llegaban los ataques diabólicos, el santo hacía la señal de la cruz y el enemigo huía. Y dicen que entonces empezó la costumbre de hacer la señal de la cruz para librarse de males.
De una gran santa se narra que empezaron a llegarle espantosas tentaciones de tristeza. Por todo se disgustaba. Consultó con su director espiritual y este le dijo: “Si Usted no está enferma del cuerpo, ésta tristeza es una tentación del demonio”. Le recomendó la frase del libro del Eclesiástico en la S. Biblia: “La tristeza no produce ningún fruto bueno”. Y le aconsejó: “Cada vez que le llegue la tristeza, haga muy devotamente la señal de la cruz”. La santa empezó a notar que con la señal de la cruz se le alejaba el espíritu de tristeza.
Cuando Nuestra Señora se le apareció por primera vez a Santa Bernardita en Lourdes (Año 1859), la niña al ver a la Virgen quiso hacerse la señal de la cruz. Pero cuando llegó con los dedos frente a la cara, se le quedó paralizada la mano. La Virgen entonces hizo Ella la señal de la cruz muy despacio desde la frente hasta el pecho, y desde el hombro izquierdo hasta el derecho. Y tan pronto como la Madre de Dios terminó de hacerse la señal de la cruz, a la niña se le soltó la mano y ya pudo hacerla ella también. Y con esto entendió que Nuestra Señora le había querido dar una lección: que es necesario santiguarnos más despacio y con más devoción.
Mire a la gente cuando pasa por frente a una iglesia. ¿Cómo le parece esa cruz que se hacen? ¿No es cierto que más parece un garabato que una señal de la Cruz? ¿Cómo la haremos de hoy en adelante? Como recuerdo de esta fecha de la exaltación de la Santa Cruz, quiero hacer con más devoción y más despacio mi señal de la Cruz.
( http://www.ewtn.com/spanish/Saints/Exaltación_de_la_Santa_Cruz.htm)
13 septiembre, 2024
San Juan Crisóstomo, Padre de la Iglesia y Patrono de los predicadores

¡Oh!, San Juan Crisóstomo, vos, sois el hijo del Dios
de la Vida y su amado santo, llamado “Crisóstomo”
que significa “boca de oro” porque, vuestras prédicas
riquísimo manjar eran. Vuestra casa la convertisteis
en monasterio dedicándoos al estudio, la oración
y la penitencia. Marchasteis al desierto por seis
años a la muerte de vuestra madre a continuar orando,
penitencias haciendo y leyendo la Santa Biblia. Y,
de vuelta a la ciudad, continuasteis predicando bajo
la guía del Santo Espíritu. Escritor prolijo, trece
libros nos legasteis que prueba son de vuestra alma
exquisita y espíritu diáfano. Aplauso y llanto y
viceversa, en vuestras prédicas recogíais, prueba
de abrir el alma y el espíritu, para luego en frutos,
recoger vivas conversiones. Y, de la trifulca de
los impuestos al “Discurso de las estatuas”, que,
conmovieron a vuestros fieles e hicieron de vos,
famoso predicador del mundo de aquél entonces. No más
castigos a la ciudad, por vuestros ruegos. Vos,
aconsejabais diciendo: “sed pobres en el vestir, en
el comer, y en el mobiliario, y así, buen ejemplo
dar y, con lo que ahorréis ayudad a los necesitados”.
Con vuestros sermones atacasteis toda clase de lujos,
en el vestir y en sus mobiliarios. Y, cuando obró
el mal en vos, dijisteis: “¿Qué, me destierran? ¿A
qué sitio me podrán enviar que no esté mi Dios allí
cuidando de mí? ¿Qué, me quitan mis bienes? ¿Qué,
me pueden quitar si ya los he repartido todos? ¿Qué,
me matarán? Así me vuelvo más semejante a mi Maestro
Jesús, y cómo Él, daré mi vida por mis ovejas”. Ni
bien salisteis, terremoto en Constantinopla y de
terror llenos los gobernantes os rogaron que no os
marchaseis y, volvieseis, para poner calma. Y, así
fue. Y, un inmenso gentío salió a recibiros hasta
las lágrimas. Pero, más tarde, vuestros enemigos os
desterraron al mar Negro y os trataron brutalmente
haciéndoos caminar más de diez kilómetros a pleno sol
ardiente, lo cual os debilitó y os sentisteis muy
agotado y quedasteis dormido. Entonces, Basilisco
Santo, se os apareció en sueños y os decía: “ánimo,
Juan, mañana estaremos juntos”. ¡Y, así, fue! Vos,
dijisteis antes de morir: “Sea dada la gloria a Dios
por todo”. Y, luego de haber gastado vuestra santa
vida en buena lid, voló vuestra alma al cielo, para
coronada ser con corona de luz, como premio a vuestra
increíble entrega de amor y fe. ¡Aleluya! ¡Aleluya!
¡oh! Santo Patrono de los predicadores de la tierra;
¡oh!, San Juan Crisóstomo, “viva boca del Dios Vivo".
© 2024 by Luis Ernesto Chacón Delgado
___________________________________________
13 de Septiembre
San Juan Crisóstomo
Patrono de los predicadores
Año 407
A
este santo arzobispo de Constantinopla, la gente le puso el apodo de
“Crisóstomo” que significa: “boca de oro”, porque sus predicaciones eran
enormemente apreciadas por sus oyentes. Es el más famoso orador que ha
tenido la Iglesia. Su oratoria no ha sido superada después por ninguno
de los demás predicadores.
Nació
en Antioquía (Siria) en el año 347. Era hijo único de un gran militar y
de una mujer virtuosísima, Antusa, que ha sido declarada santa también.
A
los 20 años Antusa quedó viuda y aunque era hermosa renunció a un
segundo matrimonio para dedicarse por completo a la educación de su hijo
Juan. Desde sus primeros años el jovencito demostró tener admirables
cualidades de orador, y en la escuela causaba admiración con sus
declamaciones y con las intervenciones en las academias literarias. La
mamá lo puso a estudiar bajo la dirección de Libanio, el mejor orador de
Antioquía, y pronto hizo tales progresos, que preguntado un día Libanio
acerca de quién desearía que fuera su sucesor en el arte de enseñar
oratoria, respondió: “Me gustaría que fuera Juan, pero veo que a él le
llama más la atención la vida religiosa, que la oratoria en las plazas”.
Juan
deseaba mucho irse de monje al desierto, pero su madre le rogaba que no
la fuera a dejar sola. Entonces para complacerla se quedó en su hogar
pero convirtiendo su casa en un monasterio, o sea viviendo allí como si
fuera un monje, dedicado al estudio y la oración y a hacer penitencia.
Cuando
su madre murió se fue de monje al desierto y allá estuvo seis años
rezando, haciendo penitencias y dedicándose a estudiar la S. Biblia.
Pero los ayunos tan prolongados, la falta total de toda comodidad, los
mosquitos, y la impresionante humedad de esos terrenos le dañaron la
salud, y el superior de los monjes le aconsejó que si quería seguir
viviendo y ser útil a la sociedad tenía que volver a la ciudad, porque
la vida de monje en el desierto no era para una salud como la suya.
El
llegar otra vez a Antioquía fue ordenado de sacerdote y el anciano
Obispo Flaviano le pidió que lo reemplazara en la predicación. Y empezó
pronto a deslumbrar con sus maravillosos sermones. La ciudad de
Antioquía tenía unos cien mil cristianos, los cuales no eran demasiado
fervorosos. Juan empezó a predicar cada domingo. Después cada tres días.
Más tarde cada día y luego varias veces al día. Los templos donde
predicaba se llenaban de bote en bote. Frecuentemente sus sermones
duraban dos horas, pero a los oyentes les parecían unos pocos minutos,
por la magia de su oratoria insuperable. La entonación de su voz era
impresionante. Sus temas, siempre tomados de la S. Biblia, el libro que
él leía día por día, y meditaba por muchas horas. Sus sermones están
coleccionados en 13 volúmenes. Son impresionantemente bellos.
Era
un verdadero pescador de almas. Empezaba tratando temas elevados y de
pronto descendía rápidamente como un águila hacia las realidades de la
vida diaria. Se enfrentaba enardecido contra los vicios y los abusos.
Fustigaba y atacaba implacablemente al pecado. Tronaba terrible su
fuerte voz contra los que malgastaban su dinero en lujos e inutilidades,
mientras los pobres tiritaban de frío y agonizaban de hambre.
El
pueblo le escuchaba emocionado y de pronto estallaba en calurosos
aplausos, o en estrepitoso llanto el cual se volvía colectivo e
incontenible. Los frutos de conversión eran visibles.
El
emperador Teodosio decretó nuevos impuestos. El pueblo de Antioquía se
disgustó y por ello armó una revuelta y en el colmo de la trifulca
derribaron las estatuas del emperador y de su esposa y las arrastraron
por las calles. La reacción del gobernante fue terrible. Envió su
ejército a dominar la ciudad y con la orden de tomar una venganza
espantosa. Entre la gente cundió la alarma y a todos los invadió el
terror. El Obispo se fue a Constantinopla, la capital, a implorar el
perdón del airado emperador y las multitudes llenaron los templos
implorando la ayuda de Dios.
Y fue entonces cuando Juan
Crisóstomo aprovechó la ocasión para pronunciar ante aquel populacho sus
famosísimos “Discursos de las estatuas” que conmovieron enormemente a
sus miles de oyentes logrando conversiones. Esos 21 discursos fueron
quizás los mejores de toda su vida y lo hicieron famoso en los países de
los alrededores. Su fama llegó hasta la capital del imperio. Y el
fervor y la conversión a que hizo llegar a sus fieles cristianos,
obtuvieron que las oraciones fueran escuchadas por Dios y que el
emperador desistiera del castigo a la ciudad.
En el año 398,
habiendo muerto el arzobispo de Constantinopla, le pareció al emperador
que el mejor candidato para ese puesto era Juan Crisóstomo, pero el
santo se sentía totalmente indigno y respondía que había muchos que eran
más dignos que él para tan alto cargo. Sin embargo el emperador Arcadio
envió a uno de sus ministros con la orden terminante de llevar a Juan a
Constantinopla aunque fuera a la fuerza. Así que el enviado oficial
invitó al santo a que lo acompañara a las afueras de la ciudad de
Antioquía a visitar las tumbas de los mártires, y entonces dio la orden a
los oficiales del ejército de que lo llevaran a Constantinopla con la
mayor rapidez posible, y en el mayor secreto porque si en Antioquía
sabían que les iban a quitar a su predicador se iba a formar un tumulto
inmenso. Y así fue que tuvo que aceptar ser arzobispo.
Apenas
posesionado de su altísimo cargo lo primero que hizo fue mandar quitar
de su palacio todos los lujos. Con las cortinas tan elegantes fabricaron
vestidos para cubrir a los pobres que se morían de frío. Cambió los
muebles de lujo por muebles ordinarios, y con la venta de los otros
ayudó a muchos pobres que pasaban terribles necesidades. El mismo vestía
muy sencillamente y comía tan pobremente como un monje del desierto. Y
lo mismo fue exigiendo a sus sacerdotes y monjes: ser pobres en el
vestir, en el comer, y en el mobiliario, y así dar buen ejemplo y con lo
que se ahorraba en todo esto ayudar a los necesitados.
Pronto,
en sus elocuentes sermones empezó a atacar fuertemente el lujo de las
gentes en el vestir y en sus mobiliarios y fue obteniendo que con lo que
muchos gastaban antes en vestidos costosísimos y en muebles ostentosos,
lo empezaran a emplear en ayudar a la gente pobre. El mismo daba
ejemplo en esto, y la gente se conmovía ante sus palabras y su modo tan
pobre y mortificado de vivir.
En aquellos tiempos había una ley
de la Iglesia que ordenaba que cuando una persona se sentía injustamente
perseguida podía refugiarse en el templo principal de la ciudad y que
allí no podían ir las autoridades a apresarle. Y sucedió que una pobre
viuda se sintió injustamente perseguida por la emperatriz Eudoxia y por
su primer ministro y se refugió en el templo del Arzobispo. Las
autoridades quisieron ir allí a apresarla pero San Juan Crisóstomo se
opuso y no lo permitió. Esto disgustó mucho a la emperatriz. Y unos
meses más tarde Eudoxia peleó con su primer ministro y se propuso
echarlo a la cárcel. Él corrió a refugiarse en el templo del arzobispo y
aunque la policía de la emperatriz quiso llevarlo preso, San Juan
Crisóstomo no lo permitió. El ministro que antes había querido llevarse
prisionera a una pobre mujer y no pudo, porque el arzobispo la defendía,
ahora se vio él mismo defendido por el propio santo. Eudoxia ardía de
rabia por todo esto y juraba vengarse pero el gran predicador gritaba en
sus sermones: “¿Cómo puede pretender una persona que Dios le perdone
sus maldades si ella no quiere perdonar a los que le han ofendido?”
Eudoxia
se unió con un terrible enemigo que tenía Crisóstomo, y era Teófilo de
Alejandría. Este reunió un grupo de los que odiaban al santo y entre
todos lo acusaron de un montón de cosas. Por ej. Que había gastado los
bienes de la Iglesia en repartir ayudas a los pobres. Que prefería comer
solo en vez de ir a los banquetes. Que a los sacerdotes que no se
portaban debidamente los amenazaba con el grave peligro que tenían de
condenarse, y que había dicho que la emperatriz, por las maldades que
cometía, se parecía a la pérfida reina Jetzabel que quiso matar al
profeta Elías, etc., etc.
Al oír estas acusaciones, el emperador,
atizado por su esposa Eudoxia, decretó que Juan quedaba condenado al
destierro. Al saber tal noticia, un inmenso gentío se reunió en la
catedral, y Juan Crisóstomo renunció uno de sus más hermosos sermones.
Decía: “¿Qué me destierran? ¿A qué sitio me podrán enviar que no esté mi
Dios allí cuidando de mí? ¿Qué me quitan mis bienes? ¿Qué me pueden
quitar si ya los he repartido todos? ¿Qué me matarán? Así me vuelvo más
semejante a mi Maestro Jesús, y como El, daré mi vida por mis ovejas…”
Ocultamente
fue enviado al destierro, pero sobrevino un terremoto en Constantinopla
y llenos de terror los gobernantes le rogaron que volviera otra vez a
la ciudad, y un inmenso gentío salió a recibirlo en medio de grandes
aclamaciones.
Eudoxia, Teófilo y los demás enemigos no se dieron
por vencidos. Inventaron nuevas acusaciones contra Juan, y aunque el
Papa de Roma y muchos obispos más lo defendían, le enviaron desterrado
al Mar Negro. El anciano arzobispo fue tratado brutalmente por algunos
de los militares que lo llevaban prisionero, los cuales le hacían
caminar kilómetros y kilómetros cada día, con un sol ardiente, lo cual
lo debilitó muchísimo. El trece de septiembre, después de caminar diez
kilómetros bajo un sol abrasador, se sintió muy agotado. Se durmió y vio
en sueños que San Basilisco, un famoso obispo muerto hacía algunos
años, se le aparecía y le decía: “Animo, Juan, mañana estaremos juntos”.
Se hizo aplicarlos últimos sacramentos; se revistió de los ornamentos
de arzobispo y al día siguiente diciendo estas palabras: “Sea dada
gloria a Dios por todo”, quedó muerto. Era el 14 de septiembre del año
404.
Eudoxia murió unos días antes que él, en medio de terribles
dolores. Al año siguiente el cadáver del santo fue llevado solemnemente a
Constantinopla y todo el pueblo, precedido por las más altas
autoridades, salió a recibirlo cantando y rezando. El Papa San Pío X
nombró a San Juan Crisóstomo como Patrono de todos los predicadores
católicos del mundo. Que Dios nos siga enviando muchos predicadores como
él. ¿Si Dios está con nosotros, quién podrá contra nosotros? (San Pablo
Rom.8).
(http://www.ewtn.com/spanish/Saints/Juan_Crisostomo.htm)
12 septiembre, 2024
El Santísimo Nombre de María
¡Oh!, Santa Madre del Redentor, “María”, es vuestro
Santísimo Nombre y, el Sanro Evangelio así, lo dice:
“Y el nombre de la Virgen era María”. Y, Vuestro nombre,
traído del cielo por el mismo Dios, tenía en secreto,
“misión sagrada”, y, regalado como nombre a la “Madre
del Dios Vivo”. Y, así, desde siempre y por todos los
siglos, se ha invocado Vuestro Santísimo Nombre con
amor, respeto y confianza. “¡María!”, el dulce y bello
de cuantos nombres que se han pronunciado en esta
tierra después de el de Jesús! San Bernardo, dice de
Vuestro Nombre así: “No apartéis vuestra mirada del
resplandor de esta estrella, si no queréis sucumbir
entre las olas del mundo. Cuando soplen vientos de
tentaciones y las tribulaciones os abatan, invocad a
María. Cuando las furiosas olas de soberbia, ambición
o envidia os amenacen tragaros, mirad a la estrella,
¡invocad a María! Si la ira, avaricia o impureza
quieren hundir la nave de vuestra alma, mirad a la
estrella, ¡llamad a María! Si, desesperado estáis por
la multitud de vuestros pecados y anegado por vuestras
miserias y empezáis a desconfiar de vuestra salvación,
¡pensad en María!. En los peligros y sufrimientos, en
vuestros trabajos y luchas, pensad en María, ¡invocad
a María¡ Que su nombre no se aleje de vuestro corazón
ni se separe de vuestros labios». Y, él mismo muy
amoroso, en su segunda homilía de la Anunciación dice:
“Siguiéndola a ella, no te desviarás. Rogándole, serás
fuerte. Mirándola, no te equivocarás. Agarrándote, no
caerás. Siendo ella protectora, no temerás. Capitana,
no te fatigarás. Siendo propicia, llegarás”. Por ello
y sólo para Vuestros nombres el de “Jesús y María”,
la liturgia una fiesta especial ha establecido, porque
vosotros sois “Redentor y Corredentora”. ¡Unidos a la
Iglesia y con ella, alegrémonos venerando felices el
nombre de María, para llegar a las alegrías del cielo!
¡Oh!, Santísimo Nombre de María, “Vivo Amor del Dios Vivo.
© 2024 by Luis Ernesto Chacón Delgado
________________________________________
“María”
¡Que gozo y alegría!
el nombre de María
pronunciar siempre.
María, por nombre
sus padres, le pusieron.
Y, María, nombre
hebreo es, y en latín
es «Domina»; «Soberana«
o «Señora» significa.
Y, éso, es Ella, por
la autoridad misma
de su Hijo, soberano
y Señor del universo.
Alegres pues, llamemos
a María, Nuestra
Señora, como a Jesús
llamamos Nuestro Señor;
porque su nombre
pronunciado, afirmar
su poder es, implorar
su ayuda y bajo su
maternal protección,
siempre ponernos.
¡Que gozo y alegría!
el nombre de María
pronunciar siempre.
© 2012 luis Ernesto Chacón Delgado
_______________________________________
12 de Setiembre
El Santísimo Nombre de María
Por: Padre Tomás Morales, s. j.
MARÍA, EL NOMBRE DE LA VIRGEN
“Y el nombre de la Virgen era María”, nos dirá el Evangelio. En la Sagrada Escritura y en la liturgia el nombre tiene un sentido más profundo que el usual en el lenguaje de nuestros días. Es la expresión de la personalidad del que lo lleva, de la misión que Dios le encomienda al nacer, la razón de ser de su vida.
El nombre de la Madre de Dios no fue escogido al azar. Fue traído del cielo. Todos los siglos han invocado el nombre de María con el mayor respeto, confianza y amor… Si los nombres de personajes bíblicos juegan papel tan importante en el drama de nuestra redención y están llenos de sentido, ¡cuánto más el de María!… Madre del Salvador, tenía que ser el más simbólico y representativo de su tarea en mundo y eternidad. El más dulce y suave, y, al mismo tiempo, el más bello de cuantos nombres se han pronunciado en la tierra después del de Jesús. Sólo para los nombres de María y Jesús ha establecido la liturgia una fiesta especial en su calendario.
España se anticipó en solicitar y obtener de la Santa Sede la celebración de la fiesta del Dulce Nombre de María. Nuestros cruzados, después de ocho siglos de Reconquista, apenas descubierta América, pidieron su celebración en 1513. Cuenca fue la primera diócesis que la solemnizó.
La Virgen en sus distintas advocaciones, coronada de estrellas o atravesada de espadas dolorosas, resume en su culto los amores de la Península Ibérica. Creció bajo su manto, desde las montañas de Covadonga al iniciar la gran cruzada de Occidente, hasta terminarla invocando su nombre en aguas de Lepanto. La carabela de Colón descubriendo América, la prodigiosa de Magallanes dando la primera vuelta al mundo, bordarán también entre los pliegues de sus velas henchidas al viento, el dulce nombre de María, Reina y Auxilio de los cristianos.
Después de la derrota de Lepanto, los turcos se retiran hacia el interior de Persia. Cien años más tarde, con inesperado coraje, reaccionan y ponen sitio a Viena. Alborea límpido y radiante el sol del 12 de septiembre de 1663. El ejército cruzado ‑sólo unos miles de hombres‑ se consagra a María. El rey polaco Juan Sobieski ayuda la misa con brazos en cruz. Sus guerreros le imitan. Después de comulgar, tras breve oración, se levanta y exclama lleno de fe: ¡Marchemos bajo la poderosa protección de la Virgen Santa María!»
Se lanzan al ataque de los sitiadores. Una tormenta de granizo cae inesperada y violenta sobre el campamento turco. Antes de anochecer, el prodigio se ha realizado. La victoria sonríe a las fuerzas cristianas que se habían lanzado al combate invocando el nombre de María, vencedora en cien batallas. Inocencio XI extiende a toda la iglesia la festividad del dulce y santísimo nombre de María para conmemorar este triunfo de la Virgen.
«Y el nombre de la Virgen era María»… Preguntas: «¿quién eres?»> Con suavidad te responde: «Yo, como una viña, di aroma fragante. Mis flores y frutos son bellos y abundantes. Soy la madre del amor hermoso, del temor, de la santa esperanza. Tengo la gracia del camino y de la verdad. En mí está la esperanza de la vida» (cf. Si 24, 16‑21).
ESTRELLA, LUZ, DULZURA
María, Estrella del mar. En las tormentas de la vida, cuando la galerna ruge y encrespa olas, cuando la navecilla del alma está a punto de naufragar: Dios te salve, María, Estrella del mar.
María, Esperanza. Eso significa también su nombre arco iris de ilusión y anhelo que une el cielo con la tierra. «Feliz el que ama tu santo nombre ‑grita San Buenaventura , pues es fuente de gracia que refresca el alma sedienta y la hace fecunda en frutos de justicia».
Está llena de luz y transparencia. Sostiene en sus brazos a la luz del mundo (cf. Jn 8, 12). Irradia pureza. El nombre de María indica castidad, apunta Pedro Crisólogo. Azucenas y jazmines, nardos y lirios, embalsaman el ambiente con la fragancia de sus perfumes. Pero María, iluminada y pura, nos embriaga con el aroma de su virginidad incontaminada. Nos invita a todos: ,Venid a mí los que me amáis, saciaos de mis frutos. Mi recuerdo es más dulce que la. miel, mi heredad mejor que los panales» (Si 24, 19‑20).
María, mar amargo, simboliza asimismo su nombre. Asociada a la redención dolorosa de Cristo, su corazón es mar de amargura inundado de sufrimientos. Pide reparación y amor aún hoy, en Fátima y Lourdes. Dios te salve María, mar amargo de dolores. Angustia de madre, que ve con tristeza que sus hijos se condenan…
«María, nombre cargado de divinas dulzuras» (San Alfonso de Ligorio, ‑ 1 de agosto). «Puede el Altísimo fabricar un mundo mayor, extender un cielo más espacioso ‑exclama Conrado de Sajonia‑, pero una madre mejor y más excelente no puede hacerla»». Años antes, San Anselmo (‑‑ 21 de abril), prorrumpía lleno de admiración: «Nada hay igual a ti, de cuanto existe, o está sobre ti o debajo de ti. Sobre ti, sólo Dios. Debajo de ti, cuanto no es Dios>>.
«Dios te salve, María…» San Bernardo, entusiasmado al mirarla, siente su corazón arrebatarse en amor. Cantaba un día la Salve con sus monjes en un anochecer misterioso. Llenos de melancolía y esperanza, los cistercienses despiden el día rodeando a la Virgen. Al llegar a la petición final ‑‑‑después de este destierro, muéstranos a jesús, fruto bendito de tu vientre‑, Bernardo sigue solo balbuceando lleno de Júbilo, loco de amor: <«¡Oh clementísima, oh piadosísima, oh dulce Virgen María…!»
MIRA A LA ESTRELLA, INVOCA A MARÍA
“Estrella de los mares. Ave, Maris stella”, le canta la Iglesia. La estrella irradia luz sin corromperse. De María nace Jesús sin mancillar su pureza virginal. Ni el rayo de luz disminuye la claridad de la estrella, ni el Hijo de la Virgen marchita su integridad. María es la noble y brillante estrella que baña en su luz todo el orbe. Su resplandor ilumina la tierra. Enardece corazones, florecen virtudes, se amortiguan pasiones y se ahogan los vicios.
Es la estrella bella y hermosa reluciendo en las tinieblas del mundo y marcándonos la ruta del cielo.
San Bernardo nos dice en este día del Santísimo y Dulce Nombre de María: “No apartes tu mirada del resplandor de esta estrella, si no quieres sucumbir entre las olas del mundo. Cuando soplen vientos de tentaciones o te abatan tribulaciones, mira a la estrella, invoca a María. Cuando olas furiosas de soberbia, ambición o envidia amenacen tragarte, mira a la estrella, invoca a María. Si la ira, avaricia o impureza quieren hundir la nave de tu alma, mira a la estrella, llama a María. Si, desesperado por la multitud de tus pecados, anegado por tus miserias, empiezas a desconfiar de tu salvación, piensa en María. En los peligros, en los sufrimientos, en tus trabajos y luchas, piensa en María, invoca a María. Que su nombre no se aleje de tu corazón ni se separe de tus labios”.
«Dios te salve, María…» Es tu santo, el de todos tus hijos. Recibe nuestra felicitación emocionada, llena de confianza en el poder de tu nombre santísimo. Unámonos a la Iglesia y con ella alegrémonos venerando el nombre de María para merecer llegar a las eternas alegrías del cielo.
El Santísimo y Dulce Nombre de María será para nosotros emblema de victoria. Así ella va delante señalando luminosa el camino… Nos apropiamos las palabras de San Bernardo que continúan su segunda homilía de la Anunciación. “Siguiéndola a ella, no te desviarás. Rogándole, serás fuerte. Mirándola, no te equivocarás. Agarrándote, no caerás. Siendo ella protectora, no temerás. Capitana, no te fatigarás. Siendo propicia, llegarás”.
(http://www.mariologia.org/solemnidaddulcenombredemaria01.htm)
11 septiembre, 2024
Nuestra Señora de Coromoto, Patrona de Venezuela